A Fondo
Condenado a muerte, empalado y quemado… el «Ninot Batasunot» en respuesta al insulto de Alsasua
Haciendo un simil de la película justiciera de Charles Bronson y Henri Fonda «Hasta que llegó su hora», donde el bien vence sobre el mal, pues ha llegado la hora del Ninot Batasunot, que encarna todos los males del mundo terrorista radical vasco.
Son décadas de padecer diversas maldades, tales como humillaciones, vejaciones, acoso, muerte, etc por parte de los criminales abertzales hacia las FFAA, las FCS y en general, a todos los defensores de la unidad de nuestra Patria. Por todo ello gritamos desde ASABES basta a las lamentaciones, y al igual que hacen ellos, así actuaremos nosotros, eso sí, nosotros siempre en el marco de la ley, como ha dictado el Magistrado de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, que según el alegato en su auto, la lapidación y quema de un muñeco que representa a un GC vestido de uniforme (o sea, simulando que se encuentra en el ejercicio de sus funciones) no es delito, sino que se trata de una manifestación pública de libertad con total impunidad para con sus agresores.
A partir de ese mismo criterio jurídico, desde ASABES vamos a empalar y calcinar como a un gorrino a la brasa al ninot Batasunot, que emulará a todo el mundo filoterrorista vasco, pero que no se nos moleste nadie, vamos de «buen rollo», ya que se tratará de un elemental y básico ejercicio de libertad de expresión como indicó su ilustre Señoría .
ASABES se creó como una asociación para la defensa de la bandera española, por desgracia tan maltratada en su propio país, y para apoyar a las FFAA, las FCSE, Policías locales y autonómicos que estén dispuestos a acatar el actual marco jurídico, que no es otro que la Constitución.
Igualmente nació para defender al Jefe del Estado español y a la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, quedando exentos entre los uniformados, por supuesto los traidores, o los que carecen de vocación y en el caso de los los representantes de la Fe de Cristo, los infiltrados hechiceros, dedicados a la política roja-separatista o los múltiples invertidos pederastas, como por ejemplo la «sauna gay-pederasta» de monjes de Montserrat, amparados durante décadas por el separatismo catalán.
Al igual que el Ejército tiene por lema principal » Todo por la Patria», ASABES tiene su propio lema «Solo nos arrodillamos ante Dios». Por lo tanto, no nos debemos a personas en concreto, nos debemos a la causa común de sus doctrinas.
Por ende, ASABES no tiene otro enemigo, que los que lo son de Dios y de España, y a día de hoy los enemigos de Dios son diversos, desde el expansionismo islamista, pasando por la judeomasonería, los mismos enemigos, junto con el rojo-separatismo, de la unidad de España.
Por todo ello, en este caso le llegó su hora al Ninot Batasunot, reflejo del separatismo enemigo de la unidad de España. Y no dudaremos en contestar desde la legalidad de la misma manera y forma, tal cual se expresen los eternos enemigos de Dios y de España.
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Los dos minutos de odio. Por Diego Fusaro
Quienes hayan leído 1984 de George Orwell (una lectura muy recomendable siempre, y más aún en nuestra época tan orwelliana), recordarán sin duda la emblemática figura de Emmanuel Goldstein.
Él es el principal enemigo del Partido que gobierna Oceanía.
Debido a su oposición al Gran Hermano, todos los días, a partir de las 11:00, en todas las oficinas y lugares públicos, se celebran manifestaciones de histeria colectiva contra él: los «dos minutos de odio», como los califica la obra maestra de Orwell. Las masas hipnotizadas por la propaganda del Gran Hermano suspenden toda actividad para manifestar histéricamente su odio hacia Emmanuel Goldstein, del que no saben nada más que lo que el partido les dice a diario sobre él, presentándolo precisamente como el enemigo por excelencia, como la amenaza que pone en peligro la paz de su mundo.
También en este caso, como en muchos otros, la fantasía distópica de Orwell parece superada con creces por nuestro presente completamente distópico. También el Occidente actual, rectius uccidente, tiene su Emmanuel Goldstein, que sin embargo se llama Vladimir Putin.
A todas horas, la radio, la televisión y los periódicos de la civilización falsamente democrática del Gran Hermano repiten propagandísticamente que él es el enemigo, el peligro máximo, la amenaza suprema para el paraíso occidental Y las masas tecnonarcotizadas y teledependientes se prestan con estúpida euforia a esta representación de histeria colectiva, exhibiéndose en otras tantas variaciones tragicómicas de los dos minutos de odio de la memoria orwelliana.
Es una práctica antigua y probada del poder hacer creer que la contradicción y el enemigo están al otro lado del muro, en el espacio exterior con respecto a la sociedad totalmente administrada por el propio poder: de este modo, desviando siempre la mirada de las contradicciones internas de nuestra sociedad, se produce una unificación ficticia del interior, llamado a cooperar en función de la resistencia al enemigo exterior, del que tal vez, como hoy (pero lo mismo vale para Emmanuel Goldstein), se dice que está listo para invadir nuestra civilización.
Al igual que en la novela de Orwell, siempre hay un Emmanuel Goldstein detrás de cada contradicción, detrás de cada distorsión, detrás de cada mal, y lo mismo ocurre hoy en día en el orden discursivo dominante, que siempre y de nuevo señala a Putin —el nuevo Emmanuel Goldstein— como responsable de todos los males.
¿Alguien se atreve a discrepar de la Unión Europea de la vestal de los mercados apátridas Ursula von der Leyen?
Debe haber detrás la longa manus de Putin. ¿Alguien se atreve a criticar las políticas imperialistas de las barras y estrellas? Debe ser un agente secreto enviado por Putin a Occidente. ¿Alguien se atreve a cuestionar los equilibrios de la globalización neoliberal, cada vez más asimétrica? Por necesidad, es un infiltrado solapado de la Rusia de Putin. Releer a Orwell puede ser realmente beneficioso para un despertar colectivo del hechizo hipnótico de la sociedad del espectáculo y la manipulación milimétrica de las conciencias.
Apaguen la radio y la televisión, lean a Orwell. Quien se lo sugiere es, por supuesto, un espía enviado por Emmanuel Goldstein…
Por Diego Fusaro
