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Opinión

Conquistando las Américas. Por Juan Manuel Jiménez Muñoz

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Horroroso, lector. Horroroso. Irene Montero, ministra de Igualdad, en un viaje calificado por Podemos como “vital y trascendente”, ha dado el salto a las Américas para convertir infieles mediante la diplomacia de precisión.

Irene es muy especial, y tiene sus cosillas, pero al menos es una persona honrada: en una ocasión, mucho antes de entrar en Podemos, encontró un puesto de trabajo y lo devolvió.

Como todos sabemos, el reciente viaje a Estados Unidos de Irene Montero se planteó en el seno del Gobierno. Y perdón por lo de seno. Se trataba de compensar la irrelevante visita a España del presidente norteamericano con una relevante visita a Norteamérica de nuestra primera espada en política, de ese genio genial de la geoestrategia geológica, de nuestra heroína (y cocaína) nacional, de la persona más lúcida de cuantas se sientan en el Consejo de Ministros, de la mente más prodigiosa que ha parido madre: la dueña de Galapagar.

Durante casi cuatro horas se debatió en el Consejo de Ministros una posible alternativa al viaje de Irene Montero a Estados Unidos: enviarla como embajadora permanente en Afganistán. Sánchez insistió mucho en ello, pero al final pesaron más en el debate las irrebatibles tesis de la ministra de Igualdad: las mujeres afganas ya han conquistado todos los derechos posibles, y donde hacía más falta su presencia era en Estados Unidos.

Decidido este primer punto, se pasó a la elección de las/los/les acompañantes de la ministra para tan triunfal y delicado viaje a la patria del capitalismo. Dado que la agenda de trabajo en Norteamérica iba a ser intensísima, Irene solicitó un séquito oficial no inferior a 400 personas. A saber: capellanes, halconeros, gentileshombres, escanciadores, catadores, coperos, damas de honor, confesores, mozos de cuadra, cocineros, mayordomos, guardaespaldas, bufones, chóferes, edecanes, vizcondesas, lacayos, aguadores, caballerizos y limosneros. Ah: y también el responsable de mantener en su punto el nivel de cloro de la piscina. Cagoensanpitopato.

Al final, por razones que se ignoran, el séquito quedó reducido a tan sólo tres personas distintas y un sólo Dios verdadero: las tres íntimas amigas de Irene Montero. O dicho de otra manera: las amigas más amigas de la hormiga Miga. Y es que la sólida amistad entre esas cuatro mujeres se sustenta en una férrea ecuación formada por los sueldos, los coches oficiales, los viajes pagados, las sutiles reverencias y los despachos oficiales. Sus modestos salarios, sin ir más lejos, oscilan entre los 119.566 euros anuales de Irene Montero y los 65.613 euros anuales de la peor amiga de la hormiga Miga. Niñera aparte.

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Decidido el séquito de Irene, ya entre humo de ayahuasca y vapores de cannabis, se debatió muy ampliamente en el Consejo de Ministros la manera del transporte. Nuestra Irene, para demostrar que las mujeres producen menos huella de carbono que los hombres, insistió en desplazarse a Norteamérica como Jesucristo por Judea: a lomos de un pollino.

En ese sesudo tira y afloja se invirtieron otras seis horas de debate, ya que el ministro de Asuntos Exteriores tuvo que hacer entender a Montero que entre Europa y América parece existir un pequeño charquito imposible de franquear por un pollino. Ah. Por cierto: mientras tanto, Pedro Sánchez tuvo que hacer entender al ministro de Consumo que un pollino no es un pollo joven, sino un elefante sin colmillos. Cagoentóloquesemenea con el debate entre catedráticos.

Por fin, tras consultar al geógrafo de La Moncloa y al veterinario de cabecera (Fernando Simón), optaron por el medio de transporte más idóneo y menos contaminante para viajar a las Américas: un enorme avión privado.

De esa forma, el humilde Falcon presidencial del <<Ministerio del Aire y del Espacio Galáctico>> se puso a disposición de Irene; la cual, con sus coleguis chupipandis, chachipirulis y chiripitifláuticas, a la velocidad de la luz (¡jo, tía!), se trasladó a Norteamérica para hacer unas cositas chulísimas: sobre todo, selfis.

Ya en los Estados Unidos, a pie de pista, a los sones del Himno Nacional de la Segunda República, Irene Montero fue recibida calurosamente por el tercer teniente de alcalde de la ciudad de Nueva York, a quien acompañaba su primo segundo por parte de madre. Desde allí, en bicicleta, se trasladaron todos, todas y todes a un Burger King de las afueras, donde se celebró una gran cena de gala con degustación de vinos no binarios.

Entre las reuniones de alto nivel mantenidas en Norteamérica por la ministra de Igualdad destacan siete: una, con el ama de llaves de la Casa Blanca; otra, con el pasante mayor del Senado; y otra, con el jefe de bedeles del Congreso. Sí, sí, lector. Ya sé que me faltan cuatro reuniones para llegar hasta siete, pero es que ahora no las recuerdo (ni yo, ni nadie).

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En todo caso, los problemas feministas de Estados Unidos han sido totalmente resueltos por Irene en los pocos días que ha durado su descanso vacacional, ya que el impacto de su viaje en la prensa estadounidense ha sido tremendo: las portadas del Washington Post y del New York Times han cedido los titulares de la guerra de Ucrania y de la crisis económica a nuestra estadista de Podemos.

Terminada su gira vacacional, con su vocacional tradición de servicio, Irene Montero regresó a Madrid para continuar trabajando en lo que más le gusta: hablar un idioma raro, podar las rosas de su jardín, repasar el saldo de su cuenta corriente y soplar las velitas de una tarta con sus íntimas amigas.

Ya se sabe que son anticapitalistas. Pero fijas-discontinuas.

Cagoentóloquesemenea y mitad del cuarto más.

Firmado:

Juan Manuel Jimenez Muñoz.

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Enviado especial a Norteamérica.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

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En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

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Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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