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De la Ley a la Ley, a través de la Ley (II PARTE)

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Así raíz del asesinato de Laura Luelmo en la provincia de Huelva, a manos de un hijo de satanás reincidente en el asesinato, me veo obligada, en defensa del pueblo humilde, llano e indefenso, que mayoritariamente es el que padece estos crímenes, en reivindicar de nuevo y con más contundencia la pena capital.

Muchos me dirán la bobada típica de que estoy escribiendo en caliente, a esos les digo que el anterior artículo sobre la pena de muerte lo escribí en frío, pero me da igual escribir en frío o en caliente, yo lo escribo para aportar una solución necesaria y efectiva 100%. Si este hijo del maligno hubiera sido ejecutado en su día, Laura estaría corriendo por El Campillo con toda tranquilidad, pero por desgracia, la realidad es otra, es la realidad que nos ofrecen estos cobardes, ineptos y estériles legisladores, más preocupados en mimar y dotar de todo tipo de derechos al criminal para su hipotética reinserción, que en defender al honrado ciudadano español con leyes duras, contundentes e inmisericordes, aplicables a sujetos peligrosos como el asesino por dos veces Bernardo Montoya.

Como expuse en el anterior artículo «De la Ley a la Ley» es necesaria y efectiva la pena de muerte, este asesino satánico, y digo satánico, porque en imágenes del programa Espejo Público de A3, se mostraba una fotografía del asesino vistiendo una camiseta con el lema «LUCIFER» acompañado de simbología esotérica. Los hechos, por desgracia, me dan la razón, el asesino Montoya es peligroso hasta aplicándole la cadena perpetua, de hecho, en el interior de la cárcel intentó asesinar de nuevo, en este caso a un Funcionario de prisiones (hecho relatado en el mencionado programa de A3 Espejo Público), siendo incluso un peligro para la vida de los propios internos.

Además de la seguridad y tranquilidad de que gozaríamos los ciudadanos de bien al ver ejecutado a este asesino u otros como él, el erario público también se vería compensado, imagínense el gasto que nos ocasiona el tener que pagar la manutención, médicos, educadores, etc. de todos estos parásitos criminales indeseables, por lo que la ventaja sería doble para la ciudadanía de bien. La ANVDV (Asociación Nacional de Víctimas de Delitos Violentos) debería ir a por todas, ser constante y más valiente, y por la parte que le afecta, encabezar esta noble reivindicación, que sabe de sobras que es necesaria y resolutiva. Sabemos que con la pena capital no se solucionarían totalmente estos horrendos crímenes, pero, si con la aplicación de la pena de muerte, un solo criminal se lo pensara antes de asesinar, con que tan solo que se salvara una vida, ya sería un triunfo para el pueblo honrado y justificaría plenamente la aplicación del efectivo castigo de la pena capital.

No voy a llorar por Laura, para eso ya está su familia y allegados, intento no entrar en el sufrimiento de las víctimas, que ya bastante dolor tienen. Me he propuesto como misión, si me lo permite AN, que cada delito cometido igual o similar al padecido por Laura, reivindicar soluciones con todas mis fuerzas para erradicar en lo máximo posible los delitos violentos que conlleven arrebatar la vida de los hombres de bien, y si una de esas soluciones es la Pena Capital, como solución que creo que es, allí estaré para defenderla y que sea bienvenida de nuevo, pero eso sí «De la Ley a la Ley y pasando por la Ley»… Les suena verdad? A mí también.

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Un saludo a los Españoles de bien.

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2 Comments

2 Comments

  1. Avatar

    Ramiro

    07/07/2019 at 13:29

    Totalmente de acuerdo. Hay ALIMAÑAS que debemos erradicar, por el bien de la sociedad.
    Así de claro.

  2. Avatar

    Ramiro

    23/12/2018 at 19:02

    Totalmente de acuerdo. Hay ALIMAÑAS que debemos erradicar, por el bien de la sociedad.
    Así de claro.

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Los dos minutos de odio. Por Diego Fusaro

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Quienes hayan leído 1984 de George Orwell (una lectura muy recomendable siempre, y más aún en nuestra época tan orwelliana), recordarán sin duda la emblemática figura de Emmanuel Goldstein.

Él es el principal enemigo del Partido que gobierna Oceanía.

Debido a su oposición al Gran Hermano, todos los días, a partir de las 11:00, en todas las oficinas y lugares públicos, se celebran manifestaciones de histeria colectiva contra él: los «dos minutos de odio», como los califica la obra maestra de Orwell. Las masas hipnotizadas por la propaganda del Gran Hermano suspenden toda actividad para manifestar histéricamente su odio hacia Emmanuel Goldstein, del que no saben nada más que lo que el partido les dice a diario sobre él, presentándolo precisamente como el enemigo por excelencia, como la amenaza que pone en peligro la paz de su mundo.

También en este caso, como en muchos otros, la fantasía distópica de Orwell parece superada con creces por nuestro presente completamente distópico. También el Occidente actual, rectius uccidente, tiene su Emmanuel Goldstein, que sin embargo se llama Vladimir Putin.

A todas horas, la radio, la televisión y los periódicos de la civilización falsamente democrática del Gran Hermano repiten propagandísticamente que él es el enemigo, el peligro máximo, la amenaza suprema para el paraíso occidental Y las masas tecnonarcotizadas y teledependientes se prestan con estúpida euforia a esta representación de histeria colectiva, exhibiéndose en otras tantas variaciones tragicómicas de los dos minutos de odio de la memoria orwelliana.

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Es una práctica antigua y probada del poder hacer creer que la contradicción y el enemigo están al otro lado del muro, en el espacio exterior con respecto a la sociedad totalmente administrada por el propio poder: de este modo, desviando siempre la mirada de las contradicciones internas de nuestra sociedad, se produce una unificación ficticia del interior, llamado a cooperar en función de la resistencia al enemigo exterior, del que tal vez, como hoy (pero lo mismo vale para Emmanuel Goldstein), se dice que está listo para invadir nuestra civilización.

Al igual que en la novela de Orwell, siempre hay un Emmanuel Goldstein detrás de cada contradicción, detrás de cada distorsión, detrás de cada mal, y lo mismo ocurre hoy en día en el orden discursivo dominante, que siempre y de nuevo señala a Putin —el nuevo Emmanuel Goldstein— como responsable de todos los males.

¿Alguien se atreve a discrepar de la Unión Europea de la vestal de los mercados apátridas Ursula von der Leyen?

Debe haber detrás la longa manus de Putin. ¿Alguien se atreve a criticar las políticas imperialistas de las barras y estrellas? Debe ser un agente secreto enviado por Putin a Occidente. ¿Alguien se atreve a cuestionar los equilibrios de la globalización neoliberal, cada vez más asimétrica? Por necesidad, es un infiltrado solapado de la Rusia de Putin. Releer a Orwell puede ser realmente beneficioso para un despertar colectivo del hechizo hipnótico de la sociedad del espectáculo y la manipulación milimétrica de las conciencias.

Apaguen la radio y la televisión, lean a Orwell. Quien se lo sugiere es, por supuesto, un espía enviado por Emmanuel Goldstein…

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Por Diego Fusaro

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