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Europa

(VÍDEO) Debemos proteger a las mujeres. Y no lo estamos haciendo

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Y para demostrarlo, he aquí el grito de auxilio de las mujeres europeas, blancas, oriundas desde hace milenios del Occidente civilizado y civilizador.

Debemos proteger a nuestras mujeres. Sobre todo, de esos remedos dañados que se autodenominan “feministas” y que no son más que artefactos estropeados que se vanaglorian de sus defectos.

Y después, de los políticos que están abriendo las puertas a una inmigración descontrolada y criminal que abusa, maltrata, viola y mata a las mujeres blancas, a las que odian y desean al mismo tiempo.

La voz de las mujeres sanas, el grito de supervivencia de Europa; las Guardianas del genoma de Occidente:


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Europa

Un demoledor informe de dos diputados revela el elevado grado de infiltración islamista en los servicios públicos franceses

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El diario parisino Le Figaro ha publicado un demoledor informe sobre la infiltración islamista en los servicios públicos galos que ha conmocionado a la sociedad francesa. La investigación, realizada por dos diputados de la Asamblea Nacional, Éric Diard y Eric Poulliat, analiza sectores claves para la vida pública, desde las Fuerzas de Seguridad a los transportes o las prisiones, pasando por la educación o los deportes, y pone negro sobre blanco lo que las élites políticas, intelectuales y culturales francesas llevan varias décadas negando: el islam militante y conquistador está avanzando a un ritmo rapidísimo en el suelo francés. Tal y como explica el propio Le Figaro en un fulminante artículo editorial, “además de efectuar sangrientos y espectaculares actos de terrorismo, el islamismo se está colando por todas las partes de la sociedad francesa como si fuera una zarza. En cuanto a la delincuencia, incluso podemos hablar hoy de un islamismo de cuello blanco. El número de salafistas detectados habría aumentado en quince años de 5.000 a 50.000 militantes”.

El trabajo revela que, a fecha del 29 de mayo de 2019, 21.039 personas se encontraban registradas en Francia como posibles protagonistas de procesos de radicalización terrorista islamista. De este monto total, 10.092 elementos radicalizados “están completamente activos” y alrededor de 1.500 ejercen “profesiones sensibles en sectores estratégicos como el transporte terrestre y aéreo, la seguridad o la atención directa de cara al público”. De hecho, los relatores de la Asamblea Nacional francesa explican que, por ejemplo, es muy importante tener en cuenta que en sectores como los de las policías municipales o los de la seguridad privada, los controles anti-radicalización islamista son “menos estrictos”, elemento que tiene una importancia clave: miles de estos profesionales serán reclutados de cara a los Juegos Olímpicos de París de 2014 y, por lo tanto, resulta urgente “reforzar los controles” y poner en marcha nuevos organismos de inspección.

El informe de los diputados Éric Diard y Eric Poulliat denuncia que “la política de prevención y detección de la radicalización islamista sigue sin desarrollarse en los servicios de salud pública” y considera escandaloso que, en el ámbito de la educación superior, por ejemplo, no exista ninguna línea de colaboración entre las universidades de París y la Prefactura de Policía (DRPP) de la capital francesa. El propio prefecto de la Policia, Michel Delpuelch, citado en el texto, explica que, en su opinión, “existe una cierta renuencia por parte de la Universidad a ponerse en contacto con la policía, ya que el DRPP nunca ha recibido un informe de ninguno de estos centros”. Los autores de la investigación proponen que en todas las universidades franceses se desarrolle “un sistema de vigilancia” contra la radicalización islamista, nombrando un encargado de este tema e impulsando comités de seguridad.

Los responsables de la investigación, que se ha construido sobre decenas de entrevistas y centenares de horas de investigación y análisis de normativas y estretegias institucionales, hace una mención especial sobre la pujanza de la radicalización islamista en el sector deportivo francés. “La radicalización islamista en el contexto de la práctica deportiva puede adoptar diversas formas. Puede consistir en exigir una oración colectiva en los vestuarios o, incluso, en las competiciones, hasta la exigencia de que toda la comida haya de ser exclusivamente halal o la obligación de llevar calzoncillos en la ducha. Algunos competidores se niegan a inclinarse ante sus oponentes afirmando que solamente se inclinan ante Alá. En lo que hace referencia a la vestimenta, los ‘leggings’ que cubren todas las partes del cuerpo, los hiyab y velos se están extendiendo en la práctica competitiva, aunque algunas regulaciones prohíben este tipo de ropa. Pero, por otro lado, parece que las federaciones delegadas respaldan algunos de estos trajes (por ejemplo, usar ‘leggings’). En caso de conflicto, el velo a veces es reemplazado por un pañuelo.

Algunos clubes no están abiertos para las mujeres o éstas no pueden entrenar allí al mismo tiempo que los hombres. Una federación de deportes de combate incluso habría pedido a su director técnico nacional que tomara en cuenta las fiestas religiosas musulmanas para establecer el calendario de competiciones”.

Le Figaro explica en su editorial que esta gangrena proselitista es el fruto “tanto de años de cobardía como de una ‘benevolencia’ culpable de las autoridades”. Para el periódico galo resulta escandaloso que todos los que hacen sonar la campana de alarma ante la infiltración islamista en los servicios públicos franceses sean considerados como reaccionarios, intolerantes e iluminados. “Sin embargo, es importante no invertir la carga de la prueba. Solo describen la situación de un país que se niega a abrir los ojos” y que olvida lo que afirmó el propio Gerard Collomb antes de abandonar su puesto en el Ministerio del Interior: “Hay que temer que mañana vivamos ‘cara a cara’ una versión local de la guerra de civilizaciones”.

Por todo esto, afirma Le Figaro, debemos enviar señales evidentes de firmeza ante esta infiltración islamista. “Esperamos estas señales del Presidente de la República”.

(La Tribuna del País Vasco)


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Europa

Los activistas más violentos de la izquierda alemana viven en casa con sus padres

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Un estudio llevado a cabo en Alemania sobre personas que han sido arrestadas por cometer actos violentos en manifestaciones de izquierda o de extrema-izquierda celebradas en Berlín a lo largo de los últimos años ha revelado que el 92% de estos ‘activistas’, en usu mayor parte hombres, vive con sus padres y uno de cada tres está desempleado.

Estos datos, hechos públicos por el diario germano Bild, se han extraído de una investigación realizada sobre 873 sospechosos de izquierda y de extrema-izquierda que fueron investigados por las autoridades entre 2003 y 2013. De éstos, el 84 por ciento eran hombres y el 72 por ciento tenían entre 18 y 29 años. Más de la mitad de los arrestos se realizaron en los distritos berlineses de Friedrichshain, Kreuzberg y Mitte, principalmente durante las manifestaciones.

En cuanto a la tipología de los delitos cometidos por los militantes de extrema-izquierda destaca mayoritariamente el ataque a policías (80%) o las agresiones a manifestantes de partidos de derecha (15%).

La investigación realizada por la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV) en Alemania también ha descubierto que algunos de estos activistas de izquierda y extrema izquierda intentaron cometer más de 11 asesinatos.

(La Tribuna del País Vasco)


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Europa

La ley sobre blasfemia de Gran Bretaña por la puerta trasera

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El 16 de mayo, en un debate parlamentario, el secretario de Comunidades de Reino Unido, James Brokenshire (en la imagen) rechazó la definición oficial de "islamofobia" —descrita como una "ley sobre blasfemia por la puerta trasera"— de la Comisión sobre británicos musulmanes del Parlamento basándose en que es demasiado vaga y tiene "posibles consecuencias para la libertad de expresión". Dijo que la definición no es conforme con la Ley de Igualdad de 2010.
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Por Soeren Kern.- Días después de que el Gobierno británico rechazara su definición oficial de “islamofobia” propuesta, el Consejo Musulmán de Gran Bretaña, la mayor organización islámica del país, pidió una investigación oficial del Partido Conservador por islamofobia.

La disputa gira en torno a la iniciativa de la Comisión sobre musulmanes británicos —compuesta por unas dos docenas de diputados de varios partidos del Parlamento británico— de institucionalizar la definición de islamofobia en términos raciales en vez de religiosos.

La Comisión, en un informe de noviembre de 2018 titulado “La islamofobia definida”, propuso una definición de islamofobia de una sola frase: “La islamofobia tiene sus raíces en el racismo y es un tipo de racismo que toma por objetivo expresiones de musulmanidad o de musulmanidad percibida”.

La definición, resultado de seis meses de consultas, fue apoyada por cientos de organizaciones musulmanas, el alcalde de Londres, Sadiq Jan, y varios partidos políticos, incluido el Laborista, los Demócrata-Liberales y los conservadores escoceses.

Los defensores de la definición dicen que, aunque es cierto que el islam no es una raza, sino una religión —un conjunto de creencias e ideas—, y que los musulmanes son un conjunto de creyentes de diferentes razas, etnias y nacionalidades, muchos musulmanes experimentan prejuicios, discriminación y una forma de racismo que, dicen, es estructural. Omar Jan, director del think tank contra el racismo Runnymede Trust, explicó:

“Definir la islamofobia como racismo antimusulmán sitúa bien el problema al referirse a grupos de personas a las que se les adscriben atributos raciales y culturales negativos que pueden dar lugar a una amplia variedad de experiencias, sea un prejuicio inconsciente, la discriminación directa o indirecta, la desigualdad estructural o actos de odio”.

El 16 de mayo, en un debate parlamentario en la Cámara de los Comunes, el secretario de Comunidades de Reino Unido, James Brokenshire, rechazó la definición oficial de “islamofobia” de la Comisión —descrita como una “ley sobre blasfemia por la puerta trasera”— basándose en que es demasiado vaga y tiene “posibles consecuencias para la libertad de expresión”. Dijo que la definición no es conforme con la Ley de Igualdad de 2010, que define que la raza comprende el color de la piel, la nacionalidad y los orígenes nacionales o étnicos, y no la práctica religiosa.

Un portavoz del Gobierno dijo que la definición de la Comisión “no cuenta con el apoyo general” y necesitaba “una consideración más a fondo”.

Muchos británicos, musulmanes incluidos, están en contra de la definición propuesta y advierten de que podría blindar el islam del escrutinio y las críticas válidas.

En su intervención en la Cámara, John Hayes, diputado conservador, señaló:

“El informe de la Comisión identifica islamofobia como un ejercicio de racismo, que presume que la población musulmana de este país, o de cualquier país, es una raza. Puesto que el islam es una religión, esa propuesta es discutible en sus términos, como han explicado muchos críticos del informe”.

Las personas que se adhieren a esa religión vienen de toda clase de lugares, de todas las clases de color de piel y creencias, y adoptan todo tipo de prácticas diferentes. Como ocurre con los cristianos, algunos adoptan una visión más fundamentalista de su religión que otros. Describirlos como raza, en sí misma, es muy osado, y algunos dirían que es un punto de vista controvertido, sin embargo, es lo que hace el informe al identificar la islamofobia como una cuestión de antirracismo […].

El actual orden legislativo sobre la incitación al odio, la discriminación y muchas otras medidas permiten que la policía, si así lo quieren, persigan a las personas que se comportan de manera inaceptable y, mucho más en serio, de manera ilegal, y hay una discusión muy pertinente sobre si la policía no lo hace lo bastante. No quiero plantearla yo, pero otros podrían hacerlo. Desde luego, es cierto que la policía debería perseguir a esa gente, a los que habría que interrogar, imputar y, si procede, procesar. Sin embargo, el argumento de que partimos de una hoja en blanco oculta el hecho de que existe toda clase de leyes contra la discriminación y el racismo que nos permiten proteger a quienes podrían ser víctimas de dichos prejuicios.

En The Spectator, David Green, fundador y director ejecutivo de Civitas, un think tank de político no partidista de Londres, advirtió:

“Si esta definición se convierte en ley, nadie estará seguro de qué tipo de palabras podrían llevarlos al juzgado. Es precisamente esa incertidumbre lo que diferencia un Estado policial de una sociedad libre. Históricamente, el término ‘Estado de derecho’ se utilizaba para describir el sistema político en el que todo el mundo sabía cuándo se podía utilizar la ley contra ellos y cuándo tenían la libertad de actuar como a cada cual le pareciera oportuno. Como dijo John Locke, en Inglaterra había “una regla común a cuantos forman parte de esa sociedad”, lo que significaba “la libertad que me permite seguir mi propia voluntad en todo aquello no prescrito por la norma, y no estar sometido a la voluntad inconstante, incierta, desconocida y arbitraria de otro” […].

La ley [británica] no ampara el uso de las palabras con la intención de suscitar el odio racial y —sin duda por esta razón— la definición de la Comisión afirma que criticar el islam es una forma de racismo. Pero la raza y la religión son cosas muy distintas […].

Estamos ante un choque de dos formas muy distintas de ver una sociedad: el individualismo y el colectivismo, a grandes rasgos. El individualismo considera que el objetivo principal del Estado debe ser facilitar el desarrollo de nuestras cualidades personales […].

En una sociedad colectivista, el objetivo es que los gobernantes determinen cuál debe ser la conducta de los individuos […] y los que están en el poder establecen un código detallado y amenaza con el castigo a quien no lo cumpla. Y no agradecen la crítica como mecanismo de aprendizaje mutuo y rendición de cuentas del poder.

Hemos visto esas ideas autoritarias a lo largo de la historia de Europa y pensábamos que las habíamos dejado atrás […]. La definición de la Comisión es un intento de recrear esa atmósfera del pasado […].

Hay un amplio apoyo público a la libertad de expresión, y no es probable que acabe de forma oficial por una ley del Parlamento, pero se puede ir desgastando poco a poco. Darle un reconocimiento oficial a la definición de islamofobia de la Comisión será un paso gigantesco hacia un Estado policial arbitrario.

Los jefes de la policía británica han alertado de que la definición de islamofobia propuesta podría generar confusión entre los policías y obstaculizar la lucha contra el terrorismo islámico. En una carta a la primera ministra, Theresa May, que se filtró a The Times, Martin Hewitt, presidente del Consejo Nacional de Jefes de Policía (NPCC, por sus siglas en inglés), escribió que la definición de la Comisión podía exacerbar las tensiones con la comunidad musulmana y socavar las medidas políticas y tácticas antiterroristas.

Nos preocupa que la definición es demasiado amplia tal como está redactada, y podría generar confusión entre los agentes a la hora de velar por su cumplimiento y utilizarse para impugnar una legítima libertad de expresión sobre los actos históricos y teológicos de los países islámicos.

También existe el riesgo de que pueda ir en detrimento de los mandos antiterroristas que tratan de lidiar con el extremismo o impedir el terrorismo.

El primer diputado musulmán de Inglaterra, Jalid Mahmud, dijo que la definición daría lugar a una mayor segregación de las comunidades musulmanas:

“Yo defiendo la libertad para todos, pero estoy en contra de esto. Nosotros, como musulmanes, deberíamos estar orgullosos de quiénes somos e intentar alejarnos de la mentalidad de víctimas”.

En diciembre de 2017, el Barnabas Fund publicó un comunicado en el que recomendaba utilizar la palabra “musulmanofobia” para condenar el miedo y el odio hacia los musulmanes. Dijo que la palabra “islamofobia” sólo debería emplearse con el significado de miedo y odio al islam como ideología religiosa. El comunicado también subrayaba que el uso común de “islamofobia” para incluir el miedo y el odio también a los musulmanes es motivo de muchas confusiones.

El 15 de mayo, más de 40 académicos, escritores y funcionaros públicos británicos firmaron una carta abierta al secretario de Interior, Sayid Yavid. En la carta pedían al Gobierno, a los partidos políticos, a los ayuntamientos y a otras organizaciones que rechazaran la definición de islamofobia de la Comisión:

“Los abajofirmantes condenan de manera inequívoca, sin reservas y enérgicamente los actos de violencia contra los musulmanes y reconocen la urgente necesidad de abordar el odio antimusulmán. Sin embargo, estamos sumamente preocupados por la acrítica y apresurada adopción de la definición de islamofobia de la Comisión”.

Se está tomando esa vaga y expansiva definición sin un adecuado escrutinio o consideración apropiada de sus consecuencias negativas para la libertad de expresión, de cátedra y de prensa. La definición también perjudicará la cohesión social, al alimentar precisamente la misma intolerancia a los musulmanes que se propone prevenir.

Nos preocupa que las acusaciones de islamofobia se usen, como ya se están usando, para blindar las creencias islámicas y otros extremismos ante las críticas, y que formalizar esa definición dé lugar a que se emplee lo que en la práctica es una ley sobre la blasfemia por la puerta de atrás.

Evidentemente es mucho más probable que no se detecten los maltratos o prácticas dañinas, o las actividades de grupos e individuos que promueven ideas contrarias a los valores británicos, a causa del miedo a que los llamen islamófobos. Esto sólo irá a más si la definición de la Comisión se adopta como ley oficial.

Nos preocupa que la definición se utilice para acallar las críticas legítimas y la investigación. Aunque los autores de la Comisión han asegurado que no desean infringir la libertad de expresión, todo el contenido del informe, la propia definición y las primeras señales de cómo se podría utilizar indican que lo harían. No deberían tratarse las libertades civiles como una cuestión secundaria al intentar lidiar con los prejuicios antimusulmanes.

La fusión de raza y religión utilizada bajo el confuso concepto de “racismo cultural” amplía la definición más allá del odio antimusulmán para incluir las críticas “ilegítimas” a la religión islámica. El concepto de musulmanidad se puede en efecto transferir a las prácticas y creencias musulmanas, lo que permite que el informe diga que se instrumentalizan las críticas al islam para herir a los musulmanes.

Ninguna religión debería contar con una protección especial frente a las críticas. Como el odio a los sij, los cristianos o los hindúes, creemos que el término “odio antimusulmán” es más apropiado y menos proclive a infringir la libertad de expresión. No es deseable una proliferación de las “fobias”, como ya han afirmado las organizaciones sij y cristianas que reconocen la importancia de un debate libre sobre sus creencias.

El 28 de mayo, el Consejo Musulmán de Gran Bretaña, vinculado a los Hermanos Musulmanes, presentó ante la Comisión sobre derechos humanos e igualdad una denuncia de islamofobia en el seno del Partido Conservador. En su denuncia afirmaba:

“Hemos dado este paso tras llegar a nuestro conocimiento una insólita serie de casos que indican una cultura en el seno del Partido Conservador donde la islamofobia no sólo está generalizada, sino que es institucional. Solicitamos a la Comisión que estudie las pruebas e investigue este asunto con urgencia”.

El ayudante del secretario general del Consejo Musulmán, Miqdad Versi, admitió que el objetivo de la queja de la organización ante la Comisión de derechos humanos e igualdad era presionar al Gobierno para que aceptara su definición de islamofobia:

“El Gobierno, encabezado ahora por los conservadores, también ha decidido rechazar una definición de islamofobia aceptada por el Consejo Musulmán y algunos actores musulmanes clave, lo que nos hace preguntarnos cuál es el mensaje que quieren transmitir a las comunidades musulmanas”.

Cuando llegue la competición por el liderazgo [del Partido Conservador], ¿dará prioridad alguno de los candidatos a hacer frente a la magnitud de la islamofobia que ha consumido al Partido Conservador?

La petición de una investigación por islamofobia se produjo el mismo día en que la Comisión de derechos humanos e igualdad anunció una investigación oficial por antisemitismo en el Partido Laborista. La investigación determinará si el partido “ha discriminado, hostigado o victimizado ilícitamente a personas por ser judías”.

El Consejo Musulmán dijo que el momento elegido para presentar la denuncia —el mismo día de la investigación por antisemitismo— fue una coincidencia.


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