Sociedad
¡Déjenlos en paz de una vez! Miles de españoles respaldan a los monjes benedictinos del Valle de los Caídos. ¡FIRME LA PETICIÓN!
El Gobierno trata de expulsar a la comunidad benedictina de la abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. «Nos oponemos de manera absoluta a este atropello, un ataque más a la libertad religiosa y de culto» señalan contundentes los firmantes de la campaña.
[C]erca de 30.000 ciudadanos se han dirigido al nuncio vaticano en España, monseñor Bernardito Cleopas, para pedir «su intervención en defensa de los derechos de los cristianos españoles» toda vez que la fiscalía ha recibido una petición para que la comunidad benedictina del Valles de los Caídos sea expulsada de su abadía serrana en Madrid.
Los ciudadanos defienden que, de acuerdo con los tratados firmados por El Vaticano y España, la reclamación de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica no puede tener encaje legal en España. Así, afirman que quienes pretenden la expulsión de los monjes benedictinos de la abadía de la Santa Cruz, «ocultan que cualquier cambio en la situación de la Basílica y la comunidad benedictina debe pasar por los tratados firmados por el Reino de España y la Santa Sede».
A través de la campaña, impulsada por HazteOir.org bajo el lema ‘Los benedictinos se quedan en el Valle‘, cerca de 30.000 ciudadanos expresan su rechazo al intento de expulsar a los monjes: «Nos oponemos de manera absoluta a este atropello, un ataque más a la libertad religiosa y de culto de los muchos que venimos padeciendo desde la llegada al poder del Gobierno actual».
En la petición, HazteOir.org recuerda que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica «es una organización izquierdista dedicada a la localización de las víctimas republicanas de la guerra civil. Su actividad coincide con precisión milimétrica con los enunciados de la ley de memoria histórica de Zapatero y con el proyecto de ley de memoria democrática de Sánchez» y alerta de que la llamada Ley de Memoria Democrática que impulsa el Gobierno de Sánchez «dictamina claramente la intención del Gobierno de acabar con el Valle».
Pese a todo, apuntan a un aliento de esperanza: «El Gobierno no ha concretado la forma en que pretende echar a los benedictinos de su basílica, ni lo que pretende hacer con el templo y la Cruz, así que todavía estamos a tiempo para reaccionar. Es urgente que sepan que nos tienen enfrente».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
