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Opinión

Doctor en burrología

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Cuando uno se casa con una señora que dice ser “licenciada en marketing”, cuando realmente solo ha hecho unos cursillos de marketing en un centro privado, pero que se auto licencia en la universidad de su imaginación, ¡porque yo lo valgo, que soy de Bilbao!, es lógico que en marido en cuestión, para no ser menos que su esposa, aspire a ser doctor.

Al fin y al cabo, el doctorado es como el sombrero, un aditamento que no sirve para nada, salvo para dar un poco más de empaque y prestancia, en este caso intelectual, al interesado, aunque tenga la cabeza huera, pero eso es lo de menos.

Con un buen tipo, que haría las delicias de los entendidos clientes de su suegro, y un buen sombrero, digo doctorado, uno puede pasar por lo que no es, que al fin y al cabo, vivimos en la sociedad de la apariencia.
Uno estudia su licenciatura en un centro privado, caro, carísimo, nada menos que el Real Colegio Universitario María Cristina, de El Escorial, que conozco perfectamente, pues durante varios años me he alojado allí durante los cursos de verano de la Universidad Complutense de Madrid.

Ese centro pertenece a los Padres Agustinos, que son los encargados del Monasterio de El Escorial, desde hace siglos, y cuando residí allí se podía estudiar dos carreras, Derecho y Economía. Ignoro si ahora imparten alguna más.
Es un centro privado, privadísimo, y elitista a más no poder. Solamente los “pollos” de la buena sociedad madrileña, o ricos de provincias, pueden permitirse estudiar allí.

El Real Colegio Universitario está adscrito a la Universidad Complutense de Madrid, y si el pijo que ha estudiado allí es “socialisto” –no es un error-, al licenciarse puede decir que ha estudiado en la Universidad Complutense de Madrid, para dar el pego de ser un proletario, que ha cursado estudios en una masificada e izquierdosa universidad, aunque sus padres sean de clase media alta, el economista y director gerente de un organismo oficial durante el gobierno de Felipe González, y ella abogada y funcionaria de la seguridad social, etc.

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Las aulas son muy pequeñas, reducidas, aptas para unos 25 alumnos, más o menos (tampoco conté los asientos o pupitres), y si los padres del alumno en cuestión pagan puntualmente los carísimos recibos mensuales correspondientes…, no sé porque el alumno no va a aprobar, ya que en este caso, más que alumnos, son clientes. ¡Y ya se sabe que el cliente siempre tiene razón!

Una vez terminada la carrera, hay que ir a por el sombrero, y para eso nada mejor que una universidad privada, de esas que no hacen muchas preguntas, y dan por bueno cualquier bodrio para obtener el ansiado título de doctor.
Al fin y al cabo, la escuela de doctorado, como se llama ahora, es una vía de financiación de las universidades, tanto públicas como privadas, si bien es cierto que en las públicas suele haber bastante más seriedad y exigencia que en las privadas, salvo alguna excepción, que también las hay.

(Para más información, puede verse mi artículo “Venta de doctorados universitarios en España”, publicado en este mismo diario digital, en fechas recientes).

Se monta un “tribunal” de amiguetes, y si no saben nada del tema de la tesis, tanto mejor, miel sobre hojuelas, pues entonces será mucho más difícil que “ataquen” al doctorando, y se le promueve al grado superior universitario, el doctorado. (Solo hay que pagar el almuerzo o la comida posterior, en un restaurante de postín, faltaría más, que la tradición universitaria es la tradición).

Que el “doctor” en cuestión sea un memo de mucho cuidado es lo de menos. Siempre se le puede hacer Doctor en Burrología.

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Excuso decirles que estas cosas no pasa en España. España es un país serio. Y yo me lo creo.

*Abogado y escritor. Académico correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.

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2 Comments

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    Adolfo

    07/07/2019 at 14:32

    Además de doctor en burrología, yo hablaría de doctor en doctorados falsos.

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    Adolfo

    18/11/2018 at 13:01

    Además de doctor en burrología, yo hablaría de doctor en doctorados falsos.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

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En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

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Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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