España
El Congreso gastó más de 1,4 millones de euros en viajes de diputados en la legislatura fallida
El Congreso gastó más de 1,4 millones de euros en viajes de diputados entre abril y septiembre, periodo que incluye los cuatro meses que ha durado la legislatura fallida que surgió de las elecciones del 28 de abril, así como semanas con las Cortes disueltas.
En concreto, la legislatura arrancó el 21 de mayo, día en que se constituyeron las Cortes, y finalizó el 24 se septiembre, cuando se disolvieron por la nueva convocatoria electoral. El semestre analizado es más amplio y va del 1 de abril hasta el 30 de septiembre, con lo que incluye las semanas que la Cámara ha estado disuelta, bien sea por la convocatoria de las elecciones del 28A o por las del 10N (última semana de septiembre)
En estos seis meses, la Cámara facturó 1.337.717,45 euros en desplazamientos nacionales de sus señorías, a los que hay que añadir los más de 60.000 euros que destinó a pagar viajes fuera de España.
Así, entre el 1 de abril y el 30 de septiembre, el Congreso pagó 859.576,1 euros para sufragar los viajes de sus señorías a sus circunscripciones, los denominados de ‘actividad parlamentaria’. De esta cantidad, 323.813,81 euros se invirtieron entre abril y junio y el grueso –los 535.762,29 restantes– entre julio y septiembre.
Este último periodo incluye dos meses inhábiles en la Cámara -julio y agosto-, aunque hay que tener en cuenta que fue en julio cuando se celebró el fallido Pleno de investidura y se constituyeron la mayoría de comisiones parlamentarias.
Los gastos para la asistencia de diputados a actos políticos ascendieron en ese semestre a 216.488,2 euros, repartidos casi en partes iguales en los dos trimestres analizados, mientras que en viajes institucionales únicamente se invirtieron 8.721,88 euros entre abril y junio.
Estas cifras incluyen billetes da avión, tren y autobús, así como indemnización por kilometraje en vehículo privado, además de los gastos de gestión, cancelaciones, cambios y billetes emitidos pendientes de utilización.
Más los viajes internacionales
A estas cantidades hay que sumar los más de 60.000 euros que se han dedicado para desplazamientos internacionales, en los que también suelen participar senadores, que integran junto con los diputados las delegaciones de asambleas parlamentarias internacionales de la que forman parte las Cortes españolas.
En concreto, entre abril y mayo se realizaron un total de siete desplazamientos al extranjero, de los que dos aún están pendientes de facturación. Los cinco ya facturados costaron 59.762 euros y aún hay que sumar los que se realizaron entre mayo y septiembre para tener la cifra completa de todo el periodo. Algunos de estos desplazamientos se realizaron ya con las Cortes disueltas.
El más caro de los ya facturados lo realizó la delegación española en la Asamblea de la Unión Interparlamentaria (UIP) para asistir en Doha (Catar) a la reunión de la 140 Asamblea General de este organismo, que tuvo lugar entre el 6 y el 10 de abril y costó 43.370,71 euros.
Esta cantidad incluye sólo los gastos de desplazamiento y alojamiento en los distintos destinos, pero no los gastos de los diputados durante su estancia fuera del país. Hasta 2017 los parlamentarios que participaban en estos viajes percibían una dieta diaria de 150 euros, pero el Congreso sustituyó esta cantidad por un sistema de abono de gastos debidamente justificados.
España
Europa se muere de «multiculturalismo». Matémoslo antes de que nos mate
Pierre Claire.- En 2001, el primer ministro neerlandés Wim Kok gobernaba un país que se enorgullecía de ser el laboratorio mundial del multiculturalismo. Un año después, Pim Fortuyn (sociólogo, antiguo marxista, figura de la ultra derecha neerlandesa que criticaba el multiculturalismo, la inmigración y el islam en los Países Bajos) fue asesinado por haber dicho que el modelo no funcionaba. El debate se cerró antes de empezar, estaba imposible discutir en el paraiso multicultural de Europa…
Ese es el problema central del multiculturalismo como ideología, porque ha vuelto imposible su propia evaluación. Criticar el modelo es estar contra la diversidad según los progresistas. Cuestionar sus resultados es abogar por el repliegue identitario, algo que a algunos les parece detestable y por lo que te insultan.
El multiculturalismo como hecho es interesante con sociedades compuestas por culturas distintas que coexisten, intercambian. El multiculturalismo como dogma es otra cosa con la afirmación de que todas las prácticas culturales valen lo mismo, que exigir una adaptación es una forma de opresión y que señalar las disfunciones equivale a racismo encubierto. Ese deslizamiento entre el hecho y la doctrina es el juego de manos intelectual del que nadie habla.
Es ese dogma el que produjo el escándalo de Rotherham, en el Reino Unido, dónde durante quince años, más de 1.400 jóvenes fueron víctimas de redes organizadas de abuso sexual, bandas de captación formadas principalmente por hombres paquistaníes. Los trabajadores sociales lo sabían. La policía lo sabía. Los cargos electos locales lo sabían. Nadie actuó, por miedo a ser acusado de racismo. El informe oficial de 2014 lo dijo con todas las letras. No fue un fallo de información. Fue un fracaso moral sistémico, producido por una ideología.
El mismo mecanismo explica lo que pasó en Colonia, en diciembre de 2015, con cientos de agresiones sexuales en la Nochevieja, deliberadamente minimizadas durante días por las autoridades alemanas. No por incompetencia, pero por cálculo político. Admitir los hechos amenazaba con estigmatizar a una comunidad. Asi, se silenciaba a las víctimas, y las feministas no decían nada porque los delincuentes no eran los buenos.
La izquierda no puede hacer este balance. Reconocer que el multuculturalismo sin limite produce zonas sin ley, comunidades impermeables a los valores liberales, mujeres abandonadas por el feminismo oficial porque sus verdugos pertenecen a una minoría protegida, sería repudiar treinta años de política identitaria. Un repudio del que ningún partido de izquierda es todavía capaz.
Y sin embargo los hechos se acumulan. En Francia, diversos estudios documentan el retroceso de la convivencia mixta, de la libertad vestimentaria femenina y de la práctica religiosa extrema en ciertos barrios, por la presión comunitaria. En Suecia, la violencia de bandas ha alcanzado cifras récord, concentrada en barrios donde la integración había sido declarada exitosa durante décadas.
La integración exitosa no es el borrado de las culturas. Es la adhesión compartida a una base común de derechos y deberes, que se aplica a todos sin excepción cultural. Exigir el respeto de ciertas valores y leyes no es un crimen racista, sino algo normal…
El verdadero racismo (el que la izquierda no ve) está en el silencio. Tratar a comunidades enteras como menores morales a quienes no se puede aplicar los mismos estándares que al resto no es benevolencia, es condescendencia disfrazada de virtud.
La igualdad real empieza por la exigencia igual. No por la exención permanente.
