Internacional
El COVID-19 podría desaparecer antes de que llegue la vacuna: «Cada vez es menos agresivo» declara Giuseppe Remuzzi, máxima autoridad europea en el virus
Así lo indicó Giuseppe Remuzzi, director del Instituto de Investigaciones Farmacológicas Mario Negri de Milán, en entrevista con el programa ‘Piazzapulita’.
Los pacientes de hoy son completamente diferentes a los de hace tres o cuatro semanas. Las hospitalizaciones y los ingresos en cuidados intensivos continúan disminuyendo. Antes, a la sala de emergencias llegaban 80 personas. En actualidad, llegan máximo 10”, afirmó Remuzzi en el espacio televisivo.
El médico italiano, considerado como uno de los expertos que más conoce sobre el virus en Europa, enfatizó en el programa (trasmitido por el canal La7) que la situación ha cambiado notoriamente y que el coronavirus “cada vez es menos agresivo”.
Remuzzi, igualmente, manifestó en ‘Piazzapulita’ que si las cosas continúan evolucionando de esta manera, cuando esté disponible la vacuna, que está siendo desarrollada por varios países, el COVID-19 habrá desaparecido y la pandemia estará controlada.
“Esta [vacuna] va a servir para otro virus. Yo veo a estos enfermos que no son los mismos de antes. No es algo menor. Es algo grande, algo impresionante. Es algo maravilloso”, agregó el director del instituto italiano.
Este fin de semana, por otro lado, Paul Stoffels, jefe científico de la compañía estadounidense Johnson & Johnson, aseguró que la empresa farmacéutica tendrá listas cerca de 1.000 millones de dosis de la vacuna contra el coronavirus para principios del próximo año.
“Vamos a comenzar las pruebas en humanos en el mes de septiembre y esperamos contar con los datos suficientes para finales de 2020. Estamos trabajando para tener 1.000 millones de vacunas para el 2021”, señaló el funcionario en ABC News.
Remuzzi finalmente aseguró en ‘Piazzapulita’ que la solución más efectiva para combatir el brote actualmente es usando el tratamiento plasma convaleciente (sangre de recuperados de la enfermedad).
De acuerdo con el último reporte de la Universidad Johns Hopkins, en Italia se han presentado 30.739 muertes asociadas al virus y 219.814 casos de contagio diagnosticados, de los cuales 106.587 ya superaron la enfermedad.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
