España
El desahogo de Alfonso Ussia
Alfonso Ussia.- Los que han gritado en Murcia que Ortega Lara vuelva al zulo y que añoran los «democráticos» asesinatos de Paracuellos, no son antifascistas. Son unos hijos de la gran puta, sin más. Unos criminales de la palabra que sueñan con los camiones callejeros repartiendo armas y municiones a los nuevos milicianos, que están igual de dispuestos a formar parte de las brigadas del amanecer que sus antecesores republicanos.
El periodismo es el gran culpable de la perversión del lenguaje. «Lucha armada» para suavizar la voz seca del terrorismo.
«Militantes comprometidos» para disfrazar el odio y el cianuro del comunismo. Es «demócrata» el socialista, el comunista, el separatista y el terrorista. Y todo aquel que no se incluya en los cuatro sectores de la infección anteriormente citados es un fascista. Fascistas de centro izquierda, fascistas de centro, fascistas liberales, fascistas demócrata-cristianos, fascistas conservadores… todos fascistas. Sentirse español, reconocerse constitucionalista, defender a la Corona y respetar los símbolos de España, es de fascistas. ¿Quiénes son los «antifascistas» para los medios de comunicación? Los que desean romper España, los que sueñan con destruir la Constitución que nos garantiza la libertad – la de ellos, también-, los que están obsesionados por derruir la Monarquía Parlamentaria, los que anuncian su proyecto de controlar los medios de comunicación hacia la información y el pensamiento únicos, los que procuran que el idioma que hablan en el mundo 500 millones de personas se prohíba en su raíz y origen, que es España. Los que rescatan símbolos inventados o podridos por la experiencia de la Historia y confunden el franquismo con los Reyes Católicos.
Esos son demócratas. Los que lloran por el bombardeo de Guernica y celebran la masacre de Cabra. Los que se sienten orgullosos cuando contemplan el bosque de tumbas, con más de seis mil árboles de cruces blancas en Paracuellos. Son «antifascistas», simplemente, amablemente tratados, arbitrariamente defendidos por los responsables de la información y de las empresas que buscan el caudal y el flujo del dinero a cambio de la ambigüedad permanente.
Creer en Dios es de fascistas. Admirar a las Fuerzas Armadas y las de Seguridad del Estado, es de fascistas. Elogiar la pasmosa maestría de la pintura de Augusto Ferrer-Dalmau, es de fascistas. De ahí que los académicos de Bellas Artes, que no le llegan al gran pintor catalán ni a la uña de los pies, son todos antifascistas. Pasear por el barrio de Salamanca es de fascistas. Tener un chalé en las afueras de Madrid – con excepción de La Navata-, es de fascistas. Comprar pasteles para la comida familiar del domingo, es de fascistas. El Nacimiento es de fascistas. Amparar la vida de los indefensos que mueren abortados con anterioridad a ver la luz, es de fascistas. Matar a los niños indefensos es de «personas libres, comprometidas y antifascistas», por no decirles lo que son. Ser partidario de Israel es de fascistas. Obligatoriamente hay que ser pro-palestino, proyihadista y pro-inmigrante.
Violar en grupo a una mujer es delito brutal –y lo es–, siempre que los violadores sean españoles. De ser inmigrantes, los violadores pasan a pertenecer al grupo de víctimas de la sociedad. Estudiar para aprobar los exámenes es propio de jóvenes fascistas, porque se pueden conseguir los títulos con democráticos suspensos. España ha sido dividida por los políticos y una gran parte del periodismo, entre fascistas y antifascistas.
Marchamos hacia el abismo. Otegui es hombre de paz y Puigdemont un héroe perseguido por el fascismo. Y un grupo de salvajes le grita a Ortega Lara que merece otros quinientos días de tortura en un agujero, y los periodistas les dicen «antifascistas», cuando son unos criminales en potencia y unos perfectos e insuperables hijos de la gran puta. Me he desahogado.
España
Acrecentado fariseísmo sindical. Por Jesús Salamanca Alonso
«Hoy, mencionar a los sindicatos mayoritarios es motivo de chanza, mofa y pitorreo burlesco y descontrolado. Siete años esperando las movilizaciones de calado y no han dado un solo paso».
Los desencuentros entre la CEOE y los sindicatos vasallos del sanchismo se han trasladado a los propios trabajadores. Las discrepancias en la negociación son el motivo de las movilizaciones impulsadas por los sindicatos mayorías que, dicho sea de paso, cada vez representan a menor número de trabajadores. El único «mérito» alcanzado por las dos formaciones mayoritarias es ser muy afines al sanchismo y al desaparecido «yolandismo», que repartía millones y cambiaba de traje como el que reparte chuches entre los niños de educación infantil. Son sindicatos sin credibilidad hacia los que no se descarta una movilización contra su fariseísmo cabalgante, mala gestión, su mediocridad, su parasitismo y su nula ocupación por los problemas de los trabajadores.
Hoy, mencionar a los sindicatos mayoritarios es motivo de chanza, mofa y pitorreo burlesco y descontrolado. Siete años esperando las movilizaciones de calado y no han dado un solo paso. Se han dedicado al parasitismo, a evitar las madrugadas y al pago de viajes de sus afiliados a paraísos exóticos con fondos del Erario público. Ahora investiga la fiscalía europea si tales viajes eran financiados también por fondos europeos. No entramos en sus Agencias de Viales, que son cosa privativa de ellos, siempre que no se usen fondos públicos.
De esos sindicatos, cada vez más afines a la mafia criminal sanchista y al ruinoso «yolandismo tombolero», requieren cada vez mayor control y mayor transparencia, entre otras cuestiones para poder confiar en ellos, aunque lo que no se ha hecho… mal lo pueden arreglar a toro pasado. Esa transparencia pasa por que sea el Tribunal de Cuentas quien actúe con rigor sobre la facturación, subvenciones y otros pagos. También la UCO debe actuar contra los ministerios de riego económico para callar bocas a los sindicatos y domesticarlos, sin asonadas ni alborotos ni movilizaciones ni ruido de ningún tipo.
Lo del «yolandismo» está por salir y sorprende que la prensa de investigación no haya sacado nada: se ha detenido en los siete mil euros del viaje a la entrega de los Óscar, el viaje a ver al Papa y pagos varios en hoteles gallegos y no gallegos. Pero eso es el chocolate del loro. Tranquilidad, que todo se sabe y todo se desgrana: pongamos como ejemplo el recorrido «archisobado» del Peugeot, pues resulta que no era un Peugeot, sino un Mercedes de más de setenta mil euros, que paraba cuatrocientos metros antes de llegar al destino. ¡Manda huevos! Falsos hasta para viajar. Es como si los sindicalistas de un sindicato obrero viajan en un Mercedes para hacer campaña electoral y paran en la misma puerta del destino donde lo pueden ver todos los trabajadores de esa empresa. ¿Entienden lo que quiero decir? ¿Sera, por eso, por lo que Félix Bolaños ha dicho «que no quiere verla (a Yolanda Díaz) en el sanchismo ni en la puerta de entrada. Él sabrá a qué se refiere, en qué está pensando y qué es lo que sabe de antemano que tanto le asusta.
Volviendo a las discrepancias iniciales, éstas tienen un claro origen: los salarios, el incumplimiento de la normativa y la propia negociación. El punto de inflexión no es otro, según la CEOE, que la reducción de jornada a 37,5 horas semanales. Lo sorprendente es que los sindicatos viciados nunca señalan la reducción de salarios en esa misma proporción ni se comprometen a pagar nada. Ellos piden y que paguen otros. ¡Cómo se nota que están acostumbrados a las gambas! Generalmente, cuando se consigue algo, suelen cargarse de méritos que no suelen ser suyos.
¡Qué poca dignidad sindical! ¡Cuánto abuso, corrupción y falsedad acumulan y encubre el Gobierno! Al menos, ya tenemos tres comunidades autónomas que van a ir eliminando las ayudas y subvenciones a los sindicatos y la próxima será la andaluza. Esta gente, con tal de no perder un euro, son capaces de acogerse a la «prioridad nacional» e intentar convencer a sus afiliados que la idea ha sido suya, aunque la defiendan los partidos. Por cierto, la idea de la «prioridad nacional» era la sorpresa que el PSOE tenía guardada para recuperar votos y lanzarla en la campaña andaluza, pero se le ha pinchado el globo y, lo que consideraban extraordinaria medida, ahora la rechazan. Torpes y cenizos hasta más no poder.
El demérito sindical radica en que ahora, cuando ven perdida su situación de privilegio, piden con urgencia que «se blinde su dotación económica». ¡Qué cara más dura y espalda más! ¿Cuántos crustáceos aspiran a descabezar? Hoy por hoy lo único que hay que blindar en los sindicatos es su urgente modernidad y el mantenimiento de sus estructuras con fondos de los afiliados, así como olvidarse de subvenciones, montantes económicos y patrimonio sindical que se otorgan para callar al oponente.
