España
El despreciable traidor Pablo Casado reitera en Ceuta su ‘lealtad’ a Sánchez y valida el acuerdo PP-PSOE contra VOX
EN MEDIO DEL ‘CORDÓN SANITARIO’ AL PARTIDO LIDERADO POR SANTIAGO ABASCAL.
El líder del PP, Pablo Casado, ha viajado a Ceuta para validar el acuerdo de Juan Vivas (PP) con el PSOE contra VOX y ha manifestado que seguirá siendo leal al Ejecutivo de Pedro Sánchez en un «tema de Estado» como es «la relación de colaboración eficaz que hay que mantener y fortalecer con Marruecos».
Casado, que ya trasladó a Sánchez su apoyo tras la entrada el pasado 18 de mayo de más de 10.000 inmigrantes ilegales en la Ciudad Autónoma, no ha dudado en congratularse por que el PP haya sido más leal al Gobierno socialcomunista «que muchos de sus ministros».
Su llegada a Ceuta se ha producido después de evitar responder a ‘Financial Times’ si consideraba a VOX un partido democrático -el pasado mes de febrero, en cambio, dijo que el PSOE era «un gran partido»– y de abogar por un «Gobierno de salvación nacional» similar «al de Italia», con figuras de «diferentes orientaciones políticas». «El PP no es parte de un bloque con VOX. Puede gobernar si tiene un escaño más que Sánchez», añadió.
Y en medio del cordón sanitario de populares, socialistas y los partidos islamistas Coalición Caballas y Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía (MDyC) a VOX, el partido más votado en Ceuta de las pasadas elecciones generales, evidenciado en dos declaraciones institucionales.
La primera, aprobada antes del acto convocado por VOX tras la avalancha migratoria, rechazaba el derecho de manifestación de los ceutíes, y la segunda, tras la violencia del islamoizquierdismo contra la formación liderada por Santiago Abascal, equiparaba agresores y agredidos.
Además, el consejero popular de Medio Ambiente, Yamal Dris, llamó «sinvergüenza» y «fascista» al portavoz de VOX, Carlos Verdejo, en un Pleno de la Asamblea de Ceuta, y el presidente, Juan Vivas, que el pasado lunes elogió al Gobierno socialcomunista diciendo que «respondió al desafío y preservó integridad territorial», acusó a VOX de «poner en riesgo la convivencia en Ceuta» por denunciar la invasión.
¿Un ensayo de ‘gran coalición’?
En Ceuta, el PP gobierna de facto con los socialistas, con los que el pasado mes de noviembre pactó los Presupuestos. «Ha demostrado [el PSOE] que cuando hay voluntad de entendimiento por parte de un grupo de la oposición es posible el acuerdo con el Gobierno en temas fundamentales para los ceutíes», dijo el PP en un comunicado, al tiempo que agradeció su «actitud juiciosa».
En esta línea, Vivas aseveró que era «saludable» para la política que «dos formaciones diferentes, pero no antagónicas, como son el PP y el PSOE, (…) se pongan de acuerdo para conseguir la estabilidad política de la ciudad».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

