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Internacional

El desquiciado y desesperado ataque de Rusia a la mayor central nuclear europea, calificado de «crimen de guerra»

Redacción

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La fuerzas militares rusas aumentaron su letalidad y atacaron la planta nuclear más grande de Europa para intentar someter a Ucrania, dado que más de 50 % de la electricidad del país invadido depende de este tipo de energía.

Ucrania no es la única nación que peligra como consecuencia de las decisiones desquiciadas de Vladímir Putin. Una gran parte de la humanidad, específicamente todo el continente europeo, se mantiene en alerta tras la decisión del Kremlin de atacar la planta nuclear de Zaporiyia NPP, en la ciudad de Energodar, la central más grande de Europa que produce este tipo de energía y una de las diez más grandes del mundo. Las preocupaciones también se sienten del otro lado del Atlántico. Estados Unidos calificó este viernes el ataque a la central nuclear como un «crimen de guerra».

“Europa está en riesgo de repetir una catástrofe. Los rusos deben parar”, dijo el asesor presidencial de Ucrania, Mykhailo Podolyak, después del aumento de la letalidad de las fuerzas rusas que provocó un incendio en tres de los cinco pisos de un edificio de la planta alcanzado por un proyectil. Los residentes de la zona intentan bloquear el área.

 

Para Estados Unidos, esto es un ejemplo de la manera «temeraria» con la que Moscú está llevando a cabo la invasión a Ucrania. «Es un crimen de guerra atacar una planta de energía nuclear. El bombardeo de Putin a la planta nuclear más grande de Europa lleva su reinado de terror un paso más lejos», señaló este viernes la embajada estadounidense en Ucrania en su cuenta de Twitter.

 

Por otro lado, la organización Greenpeace asegura que una posible liberación de radiactividad a la atmósfera, tanto del núcleo del reactor como de la piscina de combustible gastado, propiciaría un desastre peor que la catástrofe de Fukushima de 2011.

La comparación no es poca cosa. Este accidente nuclear ocurrido en Japón después de un terremoto de magnitud 9.0 MW liberó una fatal contaminación radioactiva y derivó en la evacuación de 154.000 habitantes en un radio de 20 kilómetros.

Un caos en control

De lo que sucedió puertas adentro de la central nuclear ucraniana se han conocido algunos detalles. No hay fuga de radiación y ningún reactor está comprometido, pero sí hay daños directos a la planta. Los reactores dependen en gran medida de la red eléctrica para operar los sistemas de refrigeración, de la disponibilidad de técnicos y personal nuclear y del acceso a equipos pesados ​​y logística.

Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA), dependiente de Naciones Unidas, precisó que “un proyectil alcanzó un edificio dentro de la planta nuclear” y “provocó un incendio local que fue extinguido por la brigada de bomberos», pero “los sistemas de monitorización de radiación están funcionando correctamente”. Dos empleados del equipo de seguridad de la planta resultaron heridos.

Por ahora, de los seis reactores que tiene la central, tres están cerrados, asegura la OIEA a través de su cuenta de Twitter.

 

Mientras, Grossi anunció su disposición de viajar a la central nuclear de Chernóbil (NPP) para garantizar el compromiso de las partes en conflicto en el país con la seguridad y la protección de todas las centrales nucleares de Ucrania, ya que las 2200 toneladas de combustible nuclear de las que dispone corren el riesgo de sobrecalentarse y evaporarse hasta un punto en el que el revestimiento metálico podría incendiarse y liberar la mayor parte del inventario radiactivo.

 

Blancos sensibles

Vladímir Putin apuntó a un blanco más estratégico. Zaporiyia tiene seis reactores y una potencia de 5700 megavatios. Su capacidad quintuplica, según datos de El País, a la estación Almaraz, la mayor de España, que tiene solo 1100 megavatios.

Después de Francia y Eslovaquia, Ucrania es el tercer país del mundo que más depende de la energía nuclear para cubrir su demanda eléctrica. En 2020, más de 50 % de su electricidad provino de los 15 reactores que reúnen sus cuatro plantas ubicadas en distintas zonas.

Putin sigue atacando puntos álgidos que comprometen la seguridad de Ucrania y de toda Europa. Es una lectura que deja esta maniobra en la central nuclear, luego de que sus detonaciones previas en las instalaciones de un centro de residuos radiactivos en Kiev no dejaran daños en el edificio, ni indicios de una liberación tóxica. Este propósito se vio frustrado, debido a que esta sede solo contenía fuentes radiactivas en desuso y otros desechos de baja actividad de hospitales e industrias.

Una amenaza clara

Las acciones de Putin amenazan directamente la seguridad de toda Europa. Así asume el ataque el primer ministro británico, Boris Johnson.  El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, lo tipifica como “terrorismo nuclear” y advierte que Rusia quiere “repetir Chernóbil”, el accidente nuclear más grave de la historia, ocurrido en el norte de Ucrania en 1986. Quizá. Ya hubo enfrentamientos en la zona de exclusión de Chernóbil al inicio de la invasión.

“Alertamos a todos sobre el hecho de que ningún otro país, excepto Rusia, ha disparado contra plantas de energía nuclear”, señaló Zelenski.

Sin embargo, Putin desvaría. Parece estar preso de la tensión e incertidumbre. Sus apariciones constantes delatan su estado. “No hay malas intenciones hacia nuestros vecinos”, dice, pero les advierte “que no escalen la situación, que no introduzcan ninguna sanción adicional. No vemos ninguna necesidad aquí de agravar o empeorar nuestras relaciones”. Claras amenazas. Y el problema es la falta de credibilidad nueve días después de tragedia y muerte.

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Internacional

Louis, 17 años, asesinado en Narbona: su madre convoca una marcha y exige justicia

Redacción

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La familia de Louis, de 17 años, asesinado tras una brutal paliza en una obra de Narbona, convoca una gran marcha el 5 de julio para exigir justicia. Su madre reclama que los acusados sean juzgados como adultos y que Francia deje de mirar hacia otro lado ante una violencia juvenil cada vez más salvaje.

Narbona vuelve a convertirse en símbolo de una Francia sacudida por la violencia. La familia de Louis, un adolescente de 17 años que murió después de ser atraído a una obra y golpeado hasta quedar inconsciente, ha convocado para el domingo 5 de julio una “marcha blanca” en su memoria. No será, según sus allegados, una simple ceremonia de duelo: será una llamada pública a la justicia, a la responsabilidad política y al fin de la impunidad.

La frase pronunciada por su madre resume el estado de ánimo de una familia rota y de una parte creciente de la sociedad francesa: “No es tiempo de duelo, es tiempo de guerra”. Una declaración durísima, nacida del dolor, que apunta directamente contra un sistema que, según la familia, no protegió a Louis pese a las advertencias previas.

Una marcha para que Louis sea “el último”

La concentración partirá a las 11:00 horas desde la plaza del Ayuntamiento de Narbona y llegará hasta el lugar en el que Louis fue agredido. La convocatoria ha sido presentada por la familia como “la última marcha”, una expresión con la que quieren dejar claro que no aceptan que este tipo de crímenes se normalicen ni se diluyan entre comunicados oficiales, minutos de silencio y promesas políticas vacías.

Su tía y madrina, Marie-Julie Marteau, ha explicado en medios franceses que la familia invita a ciudadanos, padres y responsables políticos de todos los partidos. El mensaje es directo: lo ocurrido a Louis no es solo una tragedia familiar, sino un asunto nacional.

 

La madre exige que los acusados sean juzgados como adultos

La madre de Louis ha reclamado que los presuntos autores sean tratados penalmente como adultos. Su argumento es tan sencillo como demoledor: quien mata como un adulto debe responder como un adulto. También exige una revisión profunda de la justicia de menores en Francia, convencida de que las normas actuales ya no sirven para responder a una delincuencia cada vez más violenta, organizada y consciente de sus actos.

La familia sostiene además que hubo alertas previas sobre la situación de Louis. El joven, que estaba bajo el sistema francés de protección de menores, ya habría sufrido agresiones anteriores. Esa circunstancia eleva el caso más allá del crimen concreto: obliga a preguntar qué falló, quién no actuó y por qué un menor señalado como vulnerable terminó abandonado a su suerte.

Una agresión grabada y una frialdad que indigna a Francia

Según las informaciones difundidas por medios franceses, Louis fue atraído a una obra en Narbona durante la noche del 19 al 20 de junio. Allí fue brutalmente golpeado por un grupo de jóvenes. La agresión habría sido grabada en vídeo por los propios atacantes, un detalle que ha provocado una ola de indignación por la crueldad del crimen y por la aparente ausencia de remordimiento.

Louis fue encontrado inconsciente, con graves lesiones en la cabeza y en el rostro. Fue ingresado en coma inducido y murió días después. Cinco sospechosos, entre ellos varios menores, han sido puestos bajo investigación por asesinato, de acuerdo con la prensa francesa. La investigación continúa abierta y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme.

“Creen que son intocables”

La tía de Louis ha descrito públicamente la escena con palabras que estremecen: los agresores se habrían grabado mientras el joven yacía malherido, e incluso habrían regresado al lugar para filmarse de nuevo. “Creen que son intocables”, denunció. Esa sensación de impunidad es precisamente lo que la familia quiere romper con la marcha del 5 de julio.

El caso ha reabierto en Francia el debate sobre la violencia juvenil, la eficacia de los servicios sociales, la justicia de menores y la respuesta del Estado ante ataques cometidos por grupos de adolescentes que actúan con una brutalidad extrema y, en ocasiones, con una exhibición pública de sus actos en redes sociales.

Un crimen que golpea el debate político francés

La muerte de Louis ha provocado reacciones políticas de alto voltaje. Dirigentes de distintos partidos han condenado el crimen y han reclamado una respuesta judicial firme. Pero, más allá de las declaraciones, el fondo del asunto sigue siendo el mismo: una sociedad que ve cómo determinados episodios de violencia extrema se repiten, mientras las familias de las víctimas sienten que el sistema llega tarde.

La marcha de Narbona no solo honrará la memoria de Louis. También será una prueba de la capacidad de Francia para mirar de frente un problema que ya no puede esconderse bajo eufemismos. Cuando una madre dice que ya no es tiempo de llorar, sino de luchar, lo que está haciendo es acusar a todo un sistema de haber fallado.

 

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