Opinión
«El día que los españoles murieron por dentro» por Susana Pérez Pedruelo
Un pueblo perdido, familias destrozadas, parejas rotas, corazones que posiblemente nunca lleguen a conocerse, una sociedad fragmentada, amigos que hoy son desconocidos.
Vidas perdidas irremediablemente, unas a consecuencia del “Bicho” directamente y otras de manera colateral; un goteo incesante de suicidios motivado por distintas causas: presiones laborales en nuestras Fuerzas Armadas, seres anónimos, salvo para sus seres queridos, que se van por no soportar la presión de un confinamiento. Situación de desesperación, en todo caso e independientemente de las circunstancias el resultado, el mismo: El SUICIDIO.
¿Cuándo ha perdido la identidad este pueblo, valiente en batallas pasadas y con una historia heroica? Los españoles han tirado la toalla y solo se dedican a reprocharse unos a otros por cuestiones que ya están o deberían estar enterradas.
Con una historia que sea mejor o peor, pero que es la que llevamos en nuestra sangre y que debería no solo servirnos para recordarnos lo que pasó sino, y sobre todo, para saber lo que no debe repetirse jamás.
Una Democracia que nunca ha sido real. Una Constitución actualmente secuestrada por un sistema que, evidentemente, no funciona
¿Cómo o con quién comenzó todo esto?
Posiblemente en la transición y en la ilusión de una democracia no asentada en unas bases sólidas y sin lugar dudas la mano que meció la cuna de aquel proceso de redacción de nuestra CARTA MAGNA tuvo algo que ver. Esto acompañado de un pueblo que clamaba libertad tras años de dictadura propició que se enarbolara la bandera de la Democracia, pero una Democracia que sirvió para convertir a los españoles en un pueblo infantilizado que solo se dedicó a pagar un alto precio por esa FALSA DEMOCRACIA y fue consentidor de todo tipo de abusos hasta llegar al abuso total y absoluto, EL ACTUAL.
Gobierno tras Gobierno han campado de manera corrupta y con total impunidad durante todos estos años. Partidos, sindicatos, todo tipo de instituciones corruptas y mientras, el pueblo estaba callado; posiblemente esperando que con el siguiente ejecutivo todo cambiase y se solucionase. Un pueblo que, confiado, esperaba ser gobernado por un ejecutivo con una catadura moral suficiente se hiciera cargo pero que, llegados al momento actual, nos damos cuenta de que eso no ha sucedido y que estamos en un país donde la moral de nuestros políticos brilla por su ausencia.
Tras años de bipartidismo entran en escena partidos o movimientos que se establecen en nuestro panorama político como aire fresco y renovador que ilusiona a parte de nuestra población. El Movimiento 15M que actualmente se encuentra en el gobierno en un pacto con el partido socialista, ese movimiento tan” progre” que prometía mucha igualdad pero que, pasados pocos meses, vemos que solo han traído la represión con un fin implantar una Dictadura comunista.
En contraposición VOX, a quien atacan todos los días por defender nuestra bandera, símbolo de nuestra patria que es quemada y pisoteada en cada ocasión.
Mientras tanto y ante este panorama político, una mano negra está moviendo los hilos a la que el Sr Abascal de manera sesgada hace referencia en el debate de la Moción de Censura en nuestro Congreso de los Diputados pero sin entrar en lo profundo del asunto y no explicando al pueblo español en que está consistiendo la labor de esa mano negra. De lo que realmente está pasando en España: mejor dicho; fuera de España. Como se dijo sobre el 11M, aquellos horribles atentados de Madrid sobre los que judicialmente se dictaminó que España y por ende los españoles no estaban preparados para conocer la verdad, LA VERDAD DE QUÉ, como de muchos otros asuntos. Esa mano negra que está en connivencia con nuestros gobernantes para implementar la maquiavélica agenda 2030 cuya finalidad es el dominio de la parte de la población que quede tras el exterminio de los que sobran.
La vergüenza del llamado CUARTO PODER, los medios de comunicación y desinformación que están siendo tan bien pagados por el gobierno social comunista y que más que dedicarse a la información veraz gestionan la DESINFORMACIÓN interesada del mismo manteniendo el terror de la población y ahora, con el Ministerio de la Verdad que lógicamente conlleva que la información alternativa no existirá. Esto se llama DICTADURA.
La inmigración ilegal pagada por esa mano negra y que los medios de desinformación ni mencionan. Ya no es una inmigración ilegal, es una invasión. No son personas que vengan huyendo del hambre y la miseria o de la guerra de sus países vienen a crear un ejército que más pronto que tarde terminará atacando a los españoles como ocurre ya en el resto de Europa.
ERTES disfrazados de falsas ayudas, paro que no se pagan. Cada vez mas empresas obligadas a tener que cerrar. Niños que se quedan sin colegios especiales.
Médicos que no cuentan la verdad de lo que está pasando. Un sistema judicial que no está regido por el principio básico de INDEPENDENCIA. Gobernantes con demasiados privilegios.
Y mientras este desolador paisaje se cierne sobre España la pregunta es cuantos españoles más han de morir para que España despierte del letargo en el que está profundamente dormida.
Un sueño convertido en UTOPIA. Dejemos las dos Españas y recordemos que SOLO EL PUEBLO SALVARÁ AL PUEBLO.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
