Deportes
El fútbol se libra de la prohibición de publicitar apuestas: se permitirán en los partidos a partir de las 20.00
El juego ‘online’ podrá publicitarse en los partidos de fútbol y de otros acontecimientos deportivos, tanto en los estadios como en sus retransmisiones por radio y televisión, siempre que éstos comiencen a partir de las ocho de la tarde, según el borrador de real decreto que presentará el Ministerio de Consumo.
Así, estos eventos son una excepción a la limitación de la publicidad del juego online a la franja horaria comprendida entre la 1 y las 5 de la madrugada que contempla el borrador y que tampoco afectará a los anuncios de Loterías y Apuestas del Estado y de la ONCE, según han explicado fuentes del departamento que dirige Alberto Garzón.
De la misma forma, quedan exentos los patrocinios de las camisetas de los equipos deportivos, salvo aquellas de talla pequeña destinadas a la venta, si bien las fuentes no han precisado a qué tamaños concretos afectará.
Estas excepciones se justifican en un respeto a la Ley Audiovisual, han asegurado las mismas fuentes, que niegan haber recibido ningún tipo de presión por parte de los distintos agentes implicados en esta materia.
No obstante, tanto en el caso de los eventos deportivos como en el de Loterías y la ONCE, la publicidad estará sometida a restricciones de contenido, como son la prohibición de rostros famosos, de «interpelaciones agresivas» al consumo inmediato, de mensajes que sugieran que el juego es una salida a problemas económicos o que otorga superioridad moral o éxito a quienes participan, entre otros.
También queda vetada la de los bonos de captación y fidelización y limitará a cien euros las ofertas con las que los propios operadores los ofertan en su web; de la misma manera, no permitirá la recirculación de dinero aparejado a uno de esos bonos u ofrecérselo a consumidores de riesgo.
Entre las más de 100 medidas que recoge el borrador que este viernes presentará Garzón, y que según las mismas fuentes modificará «casi el 99% de la publicidad del juego», figura además la del veto de todos los anuncios del juego en red en vallas y soportes urbanos físicos como marquesinas o autobuses.
Sin embargo, la de bingos, casinos o salones de juego seguirá siendo competencia autonómica y dependerá de ellas la publicidad de estos establecimientos que, han apuntado las fuentes, ya es «bastante restrictiva» en la mayoría de comunidades.
Igualmente se restringen los anuncios en el interior y en los exteriores de locales a los que pueden acceder los menores, como las salas de cine, así como en las páginas de Internet destinadas a ellos.
Para proteger a este colectivo especialmente vulnerable, el borrador pretende exigir a los operadores que optimicen mecanismos de control parental para que la publicidad del juego sea inaccesible.
Los operadores que incumplan la normativa serán castigados de acuerdo con las sanciones recogidas en la ley del juego: por una falta grave, la multa será de entre 100.000 y 1 millón de euros y, en caso de reiteración, se dispararán a entre 1 millón y 50 millones de euros o incluso la revocación de la licencia.
Con todo ello, el Ministerio de Consumo confía en poder responder «a una demanda social creciente» para prevenir conductas adictivas y proteger a los jóvenes de las mismas. Y espera que el real decreto pueda ser una realidad este verano, antes de que dé comienzo la temporada deportiva.
Deportes
Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
