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Marc Márquez renueva cuatro años con el equipo Repsol Honda

Redacción

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Honda se ha asegurado disponer de la gallina de los huevos de oro durante toda su plena madurez: ha renovado a su campeón Marc Márquez hasta el final del 2024, cuando el piloto de Cervera tendrá 31 años. Un contrato que a la firma japonesa le supone estabilidad y garantías de éxito en MotoGP, y al 93, poder seguir contando con el potencial del constructor más poderoso del Mundial y seguir siendo el mejor pagado de la parrilla.

Honda se asegura estabilidad y garantías de éxito “con el piloto más dominador” y Márquez, tener detrás al constructor más potente y seguir siendo el mejor pagado de la parrilla

Después de cerrar sus renovaciones Yamaha (firmó a Maverick Viñales y a Fabio Quartararo por dos años), Honda ha querido zanjar el futuro de su primer espada antes de comenzar el curso en Qatar, el próximo 8 de marzo. Lo curioso, en contraposición a la moda que se estila en MotoGP, es que HRC renueva a Márquez por 4 años y no por los 2 habituales, señal que de que no quieren prescindir del “piloto de Honda más dominador en la clase reina” del motociclismo. Los números le avalan: 56 victorias, 95 podios, 62 poles en sus 127 GP en MotoGP. Una efectividad abrumadora.

Yoshishige Nomura, presidente de HRC, justifica la renovación de Márquez por cuatro años en un hecho sencillo: “Las dos partes queríamos estar juntas y continuar ganando”. Así de simple. “Como campeón único que es, se merece un contrato único. Confío mucho en esta relación y deseo a todo el mundo involucrado un éxito continuo”, señaló el dirigente japonés.

Confianza sin límites

Por su parte, Marc Márquez, en declaraciones facilitadas por Honda, comenta que se siente “muy orgulloso” de anunciar su renovación con HRC por cuatro años. “Honda me dio la oportunidad de llegar a MotoGP con una moto de fábrica en el 2013. Desde mi primer año hemos triunfado juntos y estoy muy feliz de seguir formando parte de la familia Honda. HRC me da la confianza para prolongar mi relación y conseguir nuestro objetivo común y continuar nuestra historia de éxito”.

El objetivo del equipo Repsol Honda era renovar a Márquez antes de comenzar la temporada, para poder centrarse plenamente en el trabajo de pista y no perder energías ni tiempo en reuniones. Así lo expresaba Alberto Puig, team manager, preguntado sobre si temía que Marc emprendiese una nueva aventura cansado de ganar con Honda: “Esto le puede pasar a todo el mundo, somos humanos y cada uno debe mirar por sí mismo. Tiene contrato con nosotros este año y Honda le ofrecerá lo máximo para que acabe su carrera aquí. Queremos cerrar la renovación cuanto antes. Si pudiera ser, mañana mismo”.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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