España
El Gobierno se disculpa ante Torra por el discurso del general de la Guardia Civil en Barcelona
El discurso que ha pronunciado este miércoles el general jefe de la Guardia Civil en Cataluña, Pedro Garrido, con motivo de la festividad de la patrona del cuerpo, sigue levantando ampollas. El general Garrido hizo mención al terrorismo de los CDR, advirtió que volverán a responder contundentemente ante disturbios como los del 1-O utilizando la expresión en catalán ‘ho tornarem a fer’ (usado como lema por el independentismo) y recordó que la «revolución de las sonrisas» se ha convertido en «odio». Habían asistido al acto el secretario general de la Conselleria de Interior, Brauli Duart; el director general de los Mossos d’Esquadra, Pere Ferrer, y el comisario jefe de la policía autonómica, Eduard Sallent, que permanecieron hasta el final del desfile aunque no acudieron al aperitivo posterior. Antes de abandonar el acto, Brauli Duart y Pere Ferrer se despidieron de la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera; del director general de la Guardia Civil, Félix Azón, y del propio Pedro Garrido.
La Generalitat pidió por carta al Gobierno el «cese inmediato» del jefe de la Guardia Civil en Cataluña, Pedro Garrido, al considerar que su discurso durante la fiesta del Instituto Armado fue una «provocación» que «socava» la relación con los Mossos d’Esquadra.
Para el Govern, los Mossos son la policía integral de Cataluña y el cuerpo policial de referencia para la totalidad de catalanes: «Poner en duda su actuación ante sus máximos mandos no es sólo una ofensa a los cerca de 17.000 Mossos que actualmente están en activo, sino también es una ofensa para todo el pueblo catalán».
Pere Aragonès, vicepresidente de la Generalitat, acusó a la Guardia Civil de posicionarse políticamente, lo que consideró «una vergüenza».
Por su parte, Eduard Pujol. portavoz de JxCat en el Parlament tildó de «infame» el discurso del general Garrido y aprovechó para exigir «disculpas» por las cargas del 1-O.
ERC y Bildu exigieron en el Congreso que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, adopte medidas disciplinarias.
El Gobierno de Pedro Sánchez ya se ha disculpado ante Torra por el discurso del general Azón, según alertó el diputado de Vox, Ignacio Gil Lázaro, en el debate de Canal 23 Horas celebrado en la noche del jueves. También sugirió la posible destitución de Azón por parte del ministro Marlaska, que no se ha pronunciado sobre estas manifestaciones.
Según cuenta El Mundo, en Interior están muy molestos por las palabras del general y el malestar se extiende a todo el Gobierno de Pedro Sánchez, que entiende que estamos en un momento delicado en Cataluña, de máxima tensión por la inminente sentencia, y que hay que medir todas las palabras.
Fuentes de Interior consideran que las palabras del general Garrido «no pueden ser más inoportunas». Admiten que, pese a que públicamente se habla de una gran colaboración entre los Mossos y el resto de Fuerzas de Seguridad del Estado, aún hay mucho camino por recorrer para que esa coordinación esté normalizada. Y añaden que en vísperas de la sentencia del 1-O, cuando les corresponde a los Mossos hacerse cargo de la seguridad ciudadana, este discurso no genera más que «una muestra de desconfianza».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
