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El lustro dorado de los clubes españoles
Emilio V. Escudero.- La resaca por el éxito de la selección española en su época más dorada no le sentó bien al fútbol nacional. Tras aquel periplo exitoso, que se cerró con el triunfo en la Eurocopa de 2012, llegó un año gris para los clubes del país. Un 2013 nefasto en el que, por primera vez en años, no hubo ni siquiera finalistas en ninguna de las competiciones europeas. Mancha que ha dejado paso a un lustro de dominio casi total en el continente, donde solo el Manchester United ha sido capaz de evitar un pleno total del fútbol español en las competiciones europeas y en el Mundial de clubes.
El conjunto inglés, campeón de la Europa League en 2017, se ha colado en medio del éxtasis nacional. Único traspié de los clubes españoles, que, con la victoria del Real Madrid en Abu Dabi, han acaparado todos los títulos posibles menos el conseguido por los «diablos rojos» el año pasado. «No sé si hay un secreto para ese éxito sin precedentes. Lo que está claro es que el dominio está ahí y que los datos no dejan lugar a la duda. Puede que el carácter colectivo del fútbol español explique en parte ese periplo triunfal. Aquí, el gran trabajo técnico y táctico se apoya en un espíritu colectivo que tarde o temprano termina dando sus frutos», afirma Vicente del Bosque, seleccionador durante buena parte de estos años de bonanza.
El Real Madrid ha sido la punta de lanza de este lustro de alegrías. Los blancos han ganado once de los 19 títulos levantados por los equipos españoles en estos cinco años. Le siguen el Barcelona y el Sevilla, con tres, y cierra la cuenta el Atlético de Madrid con su doblete -Europa League y Supercopa- en este 2018 que baja el telón. «Que haya tantos que aspiren a ganar habla muy bien de la Liga. Aquí no es cosa de un solo conjunto, como quizá ocurre en otros países. En España hay varios equipos de altísimo nivel», explica el salmantino, para el que la buena organización interna de los clubes redunda también en ese éxito.
Coincide con él Ginés Meléndez, durante años responsable de las secciones inferiores de la selección hasta hace pocos días. Por eso es uno de los técnicos que mejor conoce la trastienda del fútbol nacional. Voz autorizada para buscar una explicación a este ciclo glorioso. «Creo que no es algo de los últimos cinco años, sino que hay que mirar más atrás. A lo largo de este siglo, el dominio español en el fútbol ha sido brutal, tanto en categoría profesional como en las de formación. Hemos arrasado y así lo corroboran los datos. Creo que, si hubiera que buscar un origen, habría que hacerlo en el cambio de los sistemas de juego y en la formación de entrenadores. En ese sentido, hemos sabido encontrar un modelo ideal en el que se ha fijado medio mundo», señala Meléndez.
El técnico hace hincapié en el trabajo de formación por encima de la fortaleza económica a la hora de explicar los triunfos. «Si fuera una cuestión de dinero serían los equipos ingleses los que estarían arriba. Clubes como el PSG o el Manchester City tienen más recursos y hasta ahora no han ganado. Cada vez están más cerca, pero eso también es porque han invertido en formación», matiza el técnico.
Como si fueran vasos comunicantes, este lustro de felicidad de los clubes españoles no se ha reflejado en la selección. «No creo que sea incompatible una cosa con la otra. Al contrario. Nosotros siempre nos apoyamos en lo bien que lo hacían los equipos españoles para impulsar el equipo nacional. Luego ya es imposible estar ganando siempre. Si en 2014 y 2016 no pudimos vencer no creo que fuera porque los jugadores llegaran muy cansados al Mundial de Brasil o a la Eurocopa de Francia», apunta Del Bosque.
Estrellas extranjeras
La presencia de Messi y Cristiano Ronaldo en la Liga durante estos años explica una parte de este éxito, aunque para el exseleccionador ellos dos son solo una parte y no el núcleo principal de los triunfos. «Los extranjeros vienen a los equipos españoles por lo bien que se hacen aquí las cosas. Son parte del éxito, pero todos estos títulos no son por Messi o Ronaldo. Hay otros muchos extranjeros muy buenos como Modric, Suárez o Griezmann y todos ellos se apoyan en jugadores españoles de gran calidad», indica sobre el último ingrediente de un cóctel que ha llevado a los clubes españoles a dominar el fútbol desde 2014.
Panorama que, visto lo visto en la primera fase de la Champions y la Europa League, amenaza con perpetuarse muchos años más. Solo queda que esas alegrías puedan volver a contagiar a la selección como ocurría una década atrás.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
