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Internacional

El ‘Make Turkey Great Again’ enfrenta a Erdogan con Estados Unidos

Redacción

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Si Turquía, un miembro de la OTAN, sigue adelante con la compra del sistema ruso de defensa 2-400, se arriesga a la imposición de sanciones de EEUU al amparo de la Ley para Contrarrestar la Influencia de Rusia en Europa y Eurasia, de 2017. En la imagen, una batería rusa S-400.

Por Burak Bekdil.- El ápice de la crisis estival entre Turquía y Estados Unidos, en teoría dos aliados en la OTAN, ha dado paso a un pesimismo cauto. Pocos turcos recuerdan hoy los días de las multitudinarias protestas contra el presidente Donald Trump y su Administración; protestas a menudo pueriles, como cuando las turbas se reunieron para quemar dólares falsos o destrozar iPhones delante de las cámaras.

Lo de ahora es una calma extremadamente frágil.

Tras mantener vacante el puesto desde octubre de 2017, el pasado día 15 Washington propuso a David Satterfield, diplomático de carrera, como nuevo embajador en Ankara, nombramiento que aún ha de ser confirmado por el Senado norteamericano.

En Ankara, al embajador Satterfield le espera un complejo puzle.

No hay indicios de que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, vaya a reconsiderar –o incluso recalibrar– su asertiva agenda neo-otomana. Mientras el país se prepara para las trascendentales elecciones municipales del 31 de marzo, su popularidad se dispara entre unas masas que quieren que Turquía sea grande otra vez. Una derrota inesperada en las urnas podría ser el comienzo del fin para el régimen de Erdogan, que ya dura 17 años.

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Una de las prioridades de Erdogan en la escena regional, mientras las tropas estadounidenses se disponen a abandonar el norte de la vecina Siria, es evitar el surgimiento de un cinturón kurdo al sur de su país. La salida de las tropas estadounidenses podría dejar expuestos a los kurdos sirios –aliados de EEUU en la lucha multinacional contra el Estado Islámico– ante una incursión militar turca. EEUU apoya la existencia de una zona de separación en el norte de Siria para mantener a los milicianos kurdos y a los soldados turcos alejados, pero Erdogan insiste en el control exclusivo de Turquía sobre una franja que tendría 32 kilómetros de profundidad. El autócrata turco también rechaza el plan de Estados Unidos para crear una fuerza multinacional que vigile la zona.

En el puzle turco-estadounidense hay un plan de Erdogan para convertir a Turquía en el primer miembro de la OTAN que despliega el sistema de defensa y antimisiles S-400, de fabricación rusa. Ankara ha rechazado en repetidas ocasiones las demandas de sus aliados occidentales de que abandone el acuerdo con los rusos y opte por una arquitectura de defensa fabricada en Occidente. Más recientemente, el pasado día 20, el subsecretario turco de Industrias de Defensa –a cargo de las adquisiciones del Ejército–, Ismail Demir, declaró que el S-400 estaría operativo en octubre.

El S-400 es otra posible fuente de discordias entre Washington y Ankara. Las palabras de Demir parecían una respuesta oficial turca al vicepresidente Mike Pence, que sólo unos días antes reiteró sus advertencias a Turquía para que no siguiera adelante con la compra del S-400. Pence advirtió en la Conferencia de Seguridad de Múnich:

No nos quedaremos de brazos cruzados mientras miembros de la OTAN compran armas a nuestros adversarios. No podemos garantizar la defensa del Oeste si nuestros aliados se hacen cada vez más dependientes del Este.

La advertencia de Pence de «no quedarse de brazos cruzados» también afecta a otro plan turco para comprar equipamiento militar, esta vez de Occidente. Turquía forma parte de un consorcio multinacional, encabezado por EEUU, que está construyendo la próxima generación de aviones de combate F-35, y se ha comprometido a adquirir un mínimo de cien aparatos. El pasado día 19 Trump firmó una ley de gasto que bloquea la transferencia de los F-35 a Turquía. La entrega de los mismos seguirá bloqueada hasta que el secretario de Estado y el secretario de Defensa presenten una actualización del informe sobre la compra turca del S-400.

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Si Ankara sigue adelante con la adquisición del S-400, la ley del Congreso exige que los Departamentos norteamericanos incluyan una descripción detallada de sus planes para la imposición de sanciones de acuerdo con la sección 231 de la Ley para Contrarrestar la Influencia Rusa en Europa y Eurasia, de 2017 (Ley Pública 115-44).

Los esfuerzos sistemáticos de Turquía para financiar a organizaciones islamistas en Oriente Medio, así como en otros lugares de la Cuenca Mediterránea, son motivo de preocupación para los países occidentales –incluido Estados Unidos– con una agenda estabilizadora para la región. Como resultado de la afinidad ideológica de Erdogan con organizaciones como Hamás y los Hermanos Musulmanes, Turquía está librando una guerra fría con una larga lista de países de la zona, como Egipto, Arabia Saudí, Emiratos e Israel. Recientemente se añadieron nuevas tensiones a la lista cuando Libia y Argelia intervinieron cargamentos de armas turcos a milicias islamistas.

En diciembre, las autoridades libias informaron del hallazgo en la frontera libio-argelina de un cargamento turco de armas que incluía cohetes y 48 millones de municiones. Un funcionario argelino declaró al periódico Al Watan:

El propósito de esa actividad [turca] no sólo es desestabilizar Libia, sino enviar arsenales a zonas inestables, incluida Argelia.

La ideología antioccidental de Erdogan suele hacer extraños compañeros de cama para Turquía. El más reciente es Venezuela. Turquía se ha unido a Rusia, China e Irán en su respaldo al baqueteado régimen de Nicolás Maduro. Cuando, en noviembre, Trump firmó una orden ejecutiva que autorizaba las imposición de sanciones al oro venezolano –después de enviar a un emisario para advertir a Turquía contra su comercio–, una misteriosa empresa turca, Sardes, con sólo un millón de dólares de capital, había sacado metal precioso del país americano por valor de 900 millones de dólares.

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Con o sin embajador estadounidense en Ankara, hay pruebas más que suficientes para esperar unas muy accidentadas relaciones entre exiliados estratégicos que ahora son aliados sólo en teoría o, dicho con un léxico más realista, rivales ideológicos.

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Internacional

La taiga da otro bofetón a los calentólogos: en 35 años creció una superficie como la de España y media Francia

AGENCIAS

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Un estudio científico certifica el crecimiento de la mayor masa boscosa de la Tierra y su desplazamiento al norte, aunque muy lento.

Expertos de universidades y centros de investigación de Estados Unidos, China y Portugal han confirmado que la cobertura arbórea boreal, el sistema boscoso conocido también como taiga, se expandió en un 12%, entre 1985 y 2020, lo que significa que en ese periodo ganó unos 840.000 kilómetros cuadrados, una superficie similar a la suma de España y la mitad de Francia.

El equipo investigador, dirigido por dos científicos de la empresa norteamericana terraPulse –dedicada a analizar datos satelitales de interés medioambiental y agroforestal– estudió la evolución del bosque boreal, que en las últimas décadas ha experimentado el calentamiento más rápido de todos los biomas forestales.

Los resultados se han hecho públicos en un artículo difundido por la web de la European Geosciences Union –la organización líder en Europa dedicada a la investigación en ciencias de la Tierra, planetarias y espaciales– en el que los científicos reconocen que han encontrado una expansión forestal de una magnitud inesperada.

Por supuesto, este dato contradice una vez más las predicciones más alarmistas sobre el cambio climático, que aseguraban que el aumento de temperaturas conllevaría un gran incremento de los incendios y la expansión de las enfermedades de los árboles, lo que haría descender el total de la masa arbórea.

Lo que sí se ha confirmado es otra de las predicciones catastrofistas, aunque con matices: la taiga se está moviendo hacia el norte, pero a un ritmo bastante lento, ya que el estudio ha certificado que en las tres décadas y media que abarca el estudio, este sistema natural se ha desplazado en 0,29 grados de latitud media, es decir, en 32,3 kilómetros, lo que supone menos de mil metros al año.

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Estos resultados resultan muy significativos porque durante el último siglo la región boreal ha registrado el calentamiento climatológico más rápido de cualquier bioma forestal, con un aumento de más de 1,4 °C en la temperatura superficial anual. A pesar de ello, como se ve, la masa forestal ha crecido con fuerza.

Según el artículo, el bioma boreal es el bosque más extenso y ecológicamente intacto de la Tierra, cuya superficie forestal comprende un tercio del total mundial y representa el 20,8 % del sumidero global de carbono forestal.

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