Opinión
El mazazo de la culpabilidad
Se ha escrito ya casi todo acerca de la sentencia de los ERE falsos, el fondo de reptiles y el régimen clientelar andaluz. Pero a este columnista le ha cogido a tres días de su escrito semanal y no tiene más remedio que pedir disculpas por incidir de nuevo en el asunto. Ustedes sabrán disculparme. Hace poco más de año y medio escribí en esta misma página -y perdón por la autocita- un suelto titulado «¿Responsables o Culpables?»: tenía dudas de si la conducta de Chaves y Griñán estaba guiada por la torpeza como administradores o la intención malsana de malversar dinero público en beneficio de los intereses electorales de su partido. Advertí ser cercano humanamente a ambos, personas de afabilidad y austeridad personal ciertamente contrastada: Chaves y Griñán, añadía, no son Pujol, que se ha enriquecido, ha evadido capitales, ha defraudado a Hacienda y ha fracturado la sociedad catalana de forma no sé si reversible. Los presidentes andaluces no manejaron un 3% de todo lo que pasara por sus manos, vine a decir. Solo cabía dilucidar si se trataba de responsables políticos que incumplieron la obligación de saber lo que se movía bajo sus pies, que no detectaron ni cortaron de raíz un fraude masivo, que no supieron lo que pasaba siendo su obligación saberlo todo o si fueron consentidores y autores, y por lo tanto culpables, de un manejo pervertido de recursos públicos en beneficio de la presencia electoral todopoderosa del PSOE en la tristísima Andalucía clientelar.
Las evidencias han llevado al Tribunal a dar respuesta categórica: son culpables. La responsabilidad no era solo política: también lo era penal, ya que los jueces no conciben que un manejo de ese calibre pudiera realizarse a espaldas de los máximos responsables de la Administración. Desde ese momento, la situación de ambos es bien distinta: Chaves ha sido condenado a inhabilitación para el desempeño de unas funciones a las que jamás planeaba volver a postularse, con lo cual solo le pesa la erosión en el prestigio personal, que no es poco, pero Griñán ha sido condenado a seis años de cárcel, a expensas de que el Supremo lo confirme o no.
Ambos han recibido solidaridad humana de sus próximos, pero saben que están solos y que hoy son el objeto de todo tipo de invectivas, muchas humanamente exageradas. Pero lo cierto es que lo que el Tribunal ha venido a hacer es condenar una forma de gobernar, la soberbia de creerse inexpugnables después de más de treinta años de poder y la acción calculada y consciente de más de una ilegalidad. Esa soberbia de saberse ganador una y otra vez a la que me refiero conduce, en ocasiones, a despreciar los mecanismos de intervención y control que toda Administración posee. Y ese fue el gran error que impide hoy a los responsables juzgados y condenados a argumentar su inocencia: el Tribunal dice que lo sabían y que les parecía muy bien. En la Andalucía que tantas glorias electorales ha dado al socialismo patrio merodeaba un sentido de impunidad del que pocos quisieron deshacerse, sabedores de que no había más reproche público a sus repetidas conductas que los llevados a cabo por un puñado de resistentes al acomodaticio papel de la mayoría de medios de comunicación, debidamente regados en función de sus posturas más o menos críticas.
La sentencia deja en lugar políticamente comprometido a diversos actores del teatrillo local y nacional. Por mucho que Pedro Sánchez quiera esconderse o que Susana Díaz advierta que con ella no va la cosa, la decisión de los jueces es un volquete de basura vertido sobre sus predios. Ciertamente lo que les acaezca a ambos nunca significará una milésima parte de lo que puede significar en prestigio o libertad para varios socialistas aturdidos por un mazazo considerable.
España
Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».
Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.
Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.
Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?
Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.
Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.
En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.
Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.
Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.
Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.
El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.
Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.






