España
El PP acusa a Albert Rivera de «hacer el trabajo sucio» a Sánchez y Torra en el debate
En el Partido Popular quedó un regusto extraño después del debate del lunes en RTVE. Por un lado, el equipo de Casado cree que cumplió el objetivo de presentarse como moderado y con propuestas. Por otro, fuentes populares admiten que quizás le faltó entrar más en el cuerpo a cuerpo y tener un protagonismo mayor. Pero todos coinciden en que es un debate a doble vuelta, y todavía queda la segunda parte, esta noche en Atresmedia. De momento, el secretario general del PP, Teodoro García Egea, ha convoca una rueda de prensa en Génova para subrayar que ayer «solo hubo un presidente», Pablo Casado, y ha criticado a Rivera por hacer el trabajo sucio a Sánchez y a los separatistas.
«Pedro Sánchez quiso embarrar el debate, como si fuese un patio de colegio. No tiene solución ninguna para el país, más allá de copiar otras campañas electorales», ha asegurado García Egea, quien ha comentado que «corre el rumor de que Ábalos sustituirá a un Pedro Sánchez noqueado por el tono presidencial de Casado y sus propuestas concretas».
Pero en el PP están especialmente sorprendido, y molestos, por el debate que hizo Rivera, con ataques continuos a Casado, con el que en teoría tendría que sumar para lograr una mayoría de centro-derecha. García Egea cree que Albert Rivera hizo el trabajo sucio a Sánchez: «El señor Rivera todavía no se ha enterado de que el enemigo de España es Pedro Sánchez y el adversario a batir es Pedro Sánchez. Todo lo que no entendió Rivera lo entendieron los españoles. Rivera le hizo el trabajo sucio a Sánchez, por atacar y atacar al único que puede frenarle, que es Casado. Le pido que no haga el trabajo sucio» de Sánchez y los separatistas.
«Ayer era día par, tocaba un Rivera que ataca. Hoy es día impar, no sabemos qué Rivera nos vamos a encontrar. Cambia de opinión según los días, pares o impares. Si alguien se confunde de adversario, tendrá que responder ante sus votantes», ha comentado el secretario general del PP.
El número dos del PP aseguró que «Pablo Casado representó ayer una España moderada, serena, que quiere vivir en paz, y que quiere mejorar el país». «Ayer solo hubo un presidente, Pablo Casado, el único que ofreció medidas concretas, más allá de efectos especiales», ha asegurado García Egea.
Según García Egea, Casado «confrontó con la izquierda y demostró que es la única alternativa posible y el presidente que necesita España». «Demostró que España puede elegir un gran líder como es Pablo Casado o un presidente nefasto como es Pedro Sánchez», ha subrayado el número dos del PP.
El PP se ha referido también a la propuesta de un Gobierno de coalición que defendió Albert Rivera. García Egea ha subrayado que los populares aspiran a un Ejecutivo con ministros del PP e «independientes», personas de la sociedad civil, y su objetivo es gobernar en solitario.
García Egea ha pedido una «oportunidad» a los españoles, porque nunca más el PP los va a «volver a defraudar». Cree que los indecisos van a ver entre ayer y hoy que Pablo Casado «ha hecho los deberes». «Los indecisos van a ir viendo poco a poco cuál es la única opción que los representa».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
