A Fondo
El PSOE y sus planes europeos para secuestrar a nuestros jóvenes

¿Se acuerdan de «la mili»?
La mili o el servicio militar era un periodo de servicio en el que los jóvenes participaban de la defensa de España durante un limitado número de meses.
Una de las reclamaciones «irrenunciables» de la izquierda y de las hordas rojas fue, de siempre, eliminar esa «costumbre arcaica» que «cercenaba» la «libertad» de la juventud obligándola a «perder el tiempo» en algo inútil y a todas luces «trasnochado».
Ya imaginarán el resto de la historia. Ocurrió lo de siempre. El servicio militar fue eliminado por el primer gobierno de derechas desde la «Constitución» del 78.
Más o menos lo mismo que con los alardes feministoides de la izquierda mentirosa y canalla acerca del «empoderamiento femenino». Que las mujeres tuvieran derecho a voto en España fue decisión de las derechas. Las izquierdas se negaban, rabiosas, porque daban por hecho que la mujer, debido a su «limitada inteligencia y su facilidad para ser manipulada» votaría lo que le mandase el cura o el confesor.
Tal cual.
Pero estas cosas, al igual que la noticia de hoy, no aparecen en los medios de comunicación «al uso». Es decir, los medios de comunicación que abrevan de los Presupuestos del Estado o de los fondos reservados.
Pero en fin. Nosotros, más humildes, más idealistas y muchísimo más pobres, no tenemos causa ni razón para callarnos, así que les desvelaremos la noticia que anunciamos en el titular: no se trata de una comparación poética: Es radicalmente cierto: El PSOE quiere, desea, manda y ordena que los muchachos de entre 18 y 25 años tengan que marchar un mínimo de 3 meses a «algún país europeo» para ser profundamente adoctrinados y procesar sus cerebros hasta que queden convenientemente lavados, separados de su entorno, amistades, seres queridos y sobre todo, familia.
O, en las falaces y huecas palabras de las hordas socialistas:
La medida «ayudaría a visibilizar la solidaridad entre europeos» y a fomentar «vínculos afectivos y de amistad» para superar «las barreras y nacionalismos», así como «las tensiones y discrepancias hoy existentes».
«Haremos que todos los ciudadanos europeos, de entre 18 y 25 años, realicen un servicio público de carácter asistencial por un periodo de, al menos, tres meses en un país de la Unión Europea diferente al que han nacido».
Para el PSOE, de esta forma se contribuirá «a profundizar el conocimiento mutuo y luchar contra los estereotipos, entre los países del norte-sur y este-oeste de Europa, permitiendo a nuestros jóvenes aprender la historia, la cultura y las costumbres de otros Estados Miembros de nuestra Unión».
Pues nada; ahí quedan, negro sobre blanco, muy claras las intenciones de los globalistas vasallos del Nuevo Orden: alegres y felices esclavos paneuropeos sin patria, sin familia y sin raíces experimentando las mieles de pasar -seguramente por primera vez para casi todos- una larguísima temporada fuera de casa, fuera del control paterno y fuera de límites estúpidos, horarios establecidos y rutinas de vida.
Bien señores padres: esto es lo que hay. ¿Lo van a permitir también? ¿Van a seguir mirando el fútbol mientras se llevan a sus hijos?
A Fondo
Los dos minutos de odio. Por Diego Fusaro

Quienes hayan leído 1984 de George Orwell (una lectura muy recomendable siempre, y más aún en nuestra época tan orwelliana), recordarán sin duda la emblemática figura de Emmanuel Goldstein.
Él es el principal enemigo del Partido que gobierna Oceanía.
Debido a su oposición al Gran Hermano, todos los días, a partir de las 11:00, en todas las oficinas y lugares públicos, se celebran manifestaciones de histeria colectiva contra él: los «dos minutos de odio», como los califica la obra maestra de Orwell. Las masas hipnotizadas por la propaganda del Gran Hermano suspenden toda actividad para manifestar histéricamente su odio hacia Emmanuel Goldstein, del que no saben nada más que lo que el partido les dice a diario sobre él, presentándolo precisamente como el enemigo por excelencia, como la amenaza que pone en peligro la paz de su mundo.
También en este caso, como en muchos otros, la fantasía distópica de Orwell parece superada con creces por nuestro presente completamente distópico. También el Occidente actual, rectius uccidente, tiene su Emmanuel Goldstein, que sin embargo se llama Vladimir Putin.
A todas horas, la radio, la televisión y los periódicos de la civilización falsamente democrática del Gran Hermano repiten propagandísticamente que él es el enemigo, el peligro máximo, la amenaza suprema para el paraíso occidental Y las masas tecnonarcotizadas y teledependientes se prestan con estúpida euforia a esta representación de histeria colectiva, exhibiéndose en otras tantas variaciones tragicómicas de los dos minutos de odio de la memoria orwelliana.
Es una práctica antigua y probada del poder hacer creer que la contradicción y el enemigo están al otro lado del muro, en el espacio exterior con respecto a la sociedad totalmente administrada por el propio poder: de este modo, desviando siempre la mirada de las contradicciones internas de nuestra sociedad, se produce una unificación ficticia del interior, llamado a cooperar en función de la resistencia al enemigo exterior, del que tal vez, como hoy (pero lo mismo vale para Emmanuel Goldstein), se dice que está listo para invadir nuestra civilización.
Al igual que en la novela de Orwell, siempre hay un Emmanuel Goldstein detrás de cada contradicción, detrás de cada distorsión, detrás de cada mal, y lo mismo ocurre hoy en día en el orden discursivo dominante, que siempre y de nuevo señala a Putin —el nuevo Emmanuel Goldstein— como responsable de todos los males.
¿Alguien se atreve a discrepar de la Unión Europea de la vestal de los mercados apátridas Ursula von der Leyen?
Debe haber detrás la longa manus de Putin. ¿Alguien se atreve a criticar las políticas imperialistas de las barras y estrellas? Debe ser un agente secreto enviado por Putin a Occidente. ¿Alguien se atreve a cuestionar los equilibrios de la globalización neoliberal, cada vez más asimétrica? Por necesidad, es un infiltrado solapado de la Rusia de Putin. Releer a Orwell puede ser realmente beneficioso para un despertar colectivo del hechizo hipnótico de la sociedad del espectáculo y la manipulación milimétrica de las conciencias.
Apaguen la radio y la televisión, lean a Orwell. Quien se lo sugiere es, por supuesto, un espía enviado por Emmanuel Goldstein…
Por Diego Fusaro






