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Opinión

El rechazo al folclore español, por el Teniente Coronel Enrique Area Sacristán

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Enrique Area Sacristán (*).- En la ideología del nacionalismo catalán y, por contagio, en el vasco, siempre ha tenido un gran peso el rechazo a toda manifestación cultural identificada con el folclore más habitual que de España se conoce allende nuestras fronteras. Este fenómeno, que experimentó renovado vigor como reacción al andalucismo cultural tan promovido por el franquismo como atractivo turístico, tiene, sin embargo, raíces más profundas. El romanticismo y la Renaixença, con toda su recuperación del pasado catalán, rechazó, con razón, todo el mare magnum del folclorismo andalucista que impregnó el siglo XIX español con olvido del resto de la enorme tradición cultural popular; y lo rechazó, no solo por ajeno a lo catalán, sino, también, por considerarlo síntoma de la decadencia de España.

Efectivamente, en el siglo XIX nace, a partir de la invasión napoleónica, un modo de ver España que pusieron de moda, precisamente, los viajeros y artistas románticos de otros países europeos. La que hoy conocemos despectivamente como la España de la pandereta, fue una creación de aquellos otros europeos, principalmente franceses, que vieron o quisieron ver en España algo que encajase con su ansia de exotismo, aunque ello no tuviese que ver mucho con la realidad. Más que los propios españoles, en opinión de Lainz, los inventores de muchas de las manifestaciones folclóricas que hoy se tienen por típicas y ancestrales son los Merimée, Hugo, Dumas, Gautier y otros, que crearon una España digna de sus románticas ensoñaciones. El problema es que, posteriormente, por mil motivos que no viene al caso explicar, la realidad imitó al arte.

Aunque los franceses efectuaron el grueso del trabajo, no conviene olvidar otros autores como el norteamericano Washington Irving con sus Cuentos de la Alhambra, o los rusos Glinka y Rimsky Korsakov con sus jotas y caprichos españoles.

Relatando el viaje que Franz Liszt realizara por España en 1844, Federico Sopeña califica la visita a nuestro país como el viaje “que era entonces como el necesario e ineludible certificado de romanticismo…; Para el romántico España lo reúne todo: exotismo, frontera con lo árabe, mundo aparte, guitarra, bandoleros y sol”.

¿Por qué lo andaluz? Porque era lo más diferente, lo más pintoresco a los ojos del resto de los europeos. Los edificios islámicos, la música y otra serie de manifestaciones culturales peculiares de Andalucía la debieron hacer diferente para ellos e interpretaron, equivocadamente, que eso era toda España. Obviamente otras regiones de la península no podían presentarse como tan pintorescas para un francés, un inglés o un alemán, ni desde el punto de vista cultural ni desde el paisajista. Quizá por eso se las olvidara y se las siga olvidando a la hora de intentar comprender en que consiste esa riquísima y variadísima nación a la que llamamos España.

*Teniente coronel de Infantería y doctor por la Universidad de Salamanca.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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