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Europa

El Senado de Francia quiere prohibir que las mujeres lleven velo en salidas escolares

Redacción

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El Senado francés, con mayoría del partido conservador Los Republicanos (LR), quiere incluir en el código escolar -en contra la opinión del Gobierno y de la mayoría presidencial- una prohibición de vestir velo y cualquier tipo de símbolo religioso en las salidas escolares.

Este debate político llega en un momento de tensión por el ataque protagonizado este lunes por un excandidato del Frente Nacional a una mezquita en Bayona, donde dejó dos heridos graves de bala, pero también por el rechazo de un consejero regional de la derecha identitaria a dejar hablar en una sesión de la Asamblea Parlamentaria de Borgoña a una mujer con velo.

La proposición de ley de LR busca ampliar la prohibición en vigor desde 2004 de los símbolos religiosos ostentosos en la escuela, que se aplica a los alumnos, al personal docente y al resto de empleados, a «las personas que participan, incluido en la salida escolar, en actividades vinculadas a la enseñanza dentro o fuera de los establecimientos».

Aunque la propuesta habla en general de los símbolos religiosos, se entiende que las principales afectadas serían las madres musulmanas de los niños que lleven velo.

El Senado debatió este martes el texto presentado por los conservadores Max Brisson y Jacqueline Eustache-Brinio (LR), que fue cuestionado en primer lugar por el ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, quien se opuso al considerar la idea «contraproducente».

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«Yendo más allá de lo necesario, la ley sería contraproducente porque enviaría un mensaje de desavenencia a las familias. Lo que queremos es acercar las familias a las escuelas y es la mejor oportunidad para que tenga éxito el proyecto republicano», declaró el ministro este martes.

Brisson, por su parte, consideró que el debate es importante «siempre que se ciña al entorno escolar», mientras que el senador independiente Jean-Louis Masson instó directamente a zanjar en su conjunto «la problemática del comunitarismo musulmán».

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España

Lo único bueno que nos trae Europa: retuercen el brazo a Sánchez para aumentar el gasto en Defensa

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El portaaeronaves Juan Carlos I se renueva con 50 equipos para su nueva propulsión y 35.000 metros de cableado

La gran revisión del buque insignia ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas

Tras casi cuatro meses de trabajos, el buque insignia a L-61 Juan Carlos I estará puesto a flote este lunes 10 de noviembre, antes de iniciar las pruebas de mar previstas para la primera quincena de diciembre, según ha informado la Armada española.

El proyecto, uno de los más relevantes desde la entrega del buque a la Armada en 2010, ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas , reflejando la magnitud técnica y humana de la actuación. Los trabajos comenzaron el 17 de julio, con la entrada del buque en dique seco , y han incluido actuaciones críticas para garantizar su operatividad durante la próxima década.

El punto central de la modernización ha sido el reemplazo completo del sistema de propulsión, un proceso de alta complejidad que permitirá optimizar el rendimiento energético del buque. Se han desmontado los Pods existentes, desinstalado 48 equipos del sistema anterior e instalado 50 nuevos equipos para sustituir su propulsión de última generación.

El proyecto ha implicado el tendido y conectado de más de 35.000 metros de cableado —tanto de fuerza como de control— y la reutilización y reconexión de otros 31.000 metros ya existentes. Estas tareas aseguran la integración total del nuevo sistema y su compatibilidad con los sistemas eléctricos y de control del buque.

La inmovilización ha incluido un programa de trabajos de varada de gran envergadura: tratamiento de superficies del casco y la superestructura, revisión de hélices transversales, estabilizadores, anclas y cadenas, y la renovación de ánodos y sistemas de protección catódica (ICCP) . También se ha intervenido en el sistema antiincrustante MGPS, se han sustituido o revisado más de 200 válvulas de fondo y se han limpiado y pintado casi 80 tanques y sentinas.

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Entre las labores más complejas destacan también las de mantenimiento de los grupos generadores diésel, que han sido sometidas a un «overhaul» completo para garantizar la confiabilidad y disponibilidad necesarias para alimentar los nuevos sistemas de propulsión.

Modernización total

El capitán de corbeta Héctor Arias Macías, jefe de Máquinas del buque, ha subrayado la importancia técnica y humana del proyecto: «La modernización efectuada en el buque se traduce en una mayor confiabilidad de los sistemas y en una mejora sustancial de las condiciones de vida a bordo».

Según explica, las mejoras en habitabilidad se reflejarán en «las zonas de esparcimiento, aseos y cocinas, que se han renovado por completo junto con las cámaras frigoríficas». Arias ha destacado además «la empatía y profesionalidad con la que todo el personal y las empresas implicadas han afrontado el proyecto», y ha reconocido que «ver al buque de nuevo a flote, tras cuatro meses en dique seco, listo para la siguiente misión, nos llena de orgullo e ilusión».

Imagen del L-61 al frente de un grupo naval

Imagen del L-61 al frente de un grupo naval. Armada Española

 

Por su parte, Joaquín Pery Bohórquez, jefe de programa de Navantia, ha subrayado «la magnitud de esta inmovilización, tanto en términos de empleo en la Bahía de Cádiz, como en el trabajo conjunto con la Armada para garantizar la plena operatividad del buque y la mejora de la habitabilidad para la tripulación».

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Pery ha destacado que «han sido meses de intenso trabajo en los que Navantia se ha involucrado para entregar a tiempo y con la calidad que la Armada requiere», en una actuación que consolida la experiencia del astillero gaditano en el mantenimiento de grandes unidades navales.

El Juan Carlos I, puesto en servicio en 2010, es el buque de mayor tamaño y capacidad de la Armada Española, con una eslora de 231 metros, una cubierta de vuelo apta para aviones AV-8B Harrier II Plus y helicópteros, y capacidad para transportar un batallón completo de Infantería de Marina con sus vehículos y equipos.

Con esta modernización, el buque insignia de la Armada refuerza su papel como plataforma estratégica de proyección anfibia y aérea, preparada para afrontar las nuevas misiones nacionales e internacionales que le sean encomendadas.

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