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Europa

Francia: más muerte a la libertad de expresión

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Por Guy Millière. El 28 de septiembre, en un «Congreso de la Derecha» que tuvo lugar en París, organizado por Marion Marechal, exdiputada del Parlamento francés y ahora directora del Instituto de Ciencias Sociales, Económicas y Políticas de Francia. El objetivo del congreso era unir a las facciones políticas francesas de derechas. En su discurso de apertura, el periodista Éric Zemmour criticó duramente el islam y la islamización de Francia. Describió las «zonas de exclusión» del país («Zones Urbaines Sensibles») como «enclaves extranjeros» en territorio francés y retrató como un proceso de «colonización» la creciente presencia de los musulmanes franceses que no se integran.

Zemmour citó al escritor argelino Boualem Sansal, que dijo que las zonas de exclusión son «pequeñas repúblicas islámicas en formación». Zemmour dijo que hace unas décadas, los franceses podían hablar con libertad sobre el islam, pero que eso es hoy imposible, y condenó el uso del «difuso concepto de islamofobia, que imposibilita criticar al islam, al restablecer la idea de blasfemia para beneficio exclusivo de la religión musulmana».

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El islam agrava todos nuestros problemas. Es un doble peligro (…) ¿Estarán los jóvenes franceses dispuestos a vivir como minoría en la tierra de sus antepasados? Si es así, merecen ser colonizados. Si no, tendrán que luchar (…) Las viejas palabras de la República: laicismo, integración, orden republicano… ya no significan nada (…) Todo ha sido puesto patas arriba, pervertido, vaciado de significado.

El discurso de Zemmour fue retransmitido en directo en el canal de televisión LCI. Los periodistas de otros canales acusaron de inmediato a LCI de contribuir a la «propaganda del odio». Algunos dijeron que se debía retirar la licencia de transmisión a LCI. Una periodista, Memona Hinterman-Affegee, exmiembro del Consejo Superior de Medios Audiovisuales (Conseil supérieur de l’audiovisuel) de Francia, el organismo que regula los medios electrónicos franceses, escribió en el periódico Le Monde:

LCI usa una frecuencia que es parte del dominio público, y por lo tanto pertenece a toda la nación (…) LCI ha fallado en su misión y ha perdido el control de su programa, y debe ser sancionada de manera ejemplar.

Los periodistas de Le Figaro, el periódico para el que escribe Zemmour, escribieron un comunicado de prensa exigiendo su despido inmediato. En la mayoría de canales de radio y televisión se oyeron llamadas al boicot total de Zemmour, insistiendo en que había sido varias veces condenado por «racismo islamófobo».

Alexis Brézet, director general de Le Figaro, dijo que había expresado su «desaprobación» a Zemmour y que le había recordado la necesidad de «acatar estrictamente la ley», pero no lo despidió. SOS Racisme, un movimiento de izquierdas creado en 1984 para combatir el racismo, lanzó una campaña para boicotear a las empresas que se anunciaran en Le Figaro y dijo que su objetivo era coaccionar a los directores del periódico para que despidieran a Zemmour. La importante emisora de radio RTL, que daba trabajo a Zemmour, decidió despedirlo inmediatamente, diciendo que su presencia en antena era «incompatible» con el espíritu de convivencia «que caracteriza a la emisora».

Un periodista que trabaja para RTL y LCI, Jean-Michel Aphatie, dijo que Zemmour era un «delincuente reincidente» que no debería poder hablar en ninguna parte, y lo comparó con el negacionista antisemita del Holocausto Dieudonné Mbala Mbala:

«A Dieudonné no se le permitió hablar en Francia. Tiene que esconderse. Eso está bien, puesto que quiere difundir el odio. A Éric Zemmour habría que tratarlo de la misma manera».

Se publicaron caricaturas donde se mostraba a Zemmour con un uniforme de las Waffen SS. Otro periodista, Dominique Jamet, que al parecer no vio ningún problema en comparar a un judío con un nazi, dijo que Zemmour le recordaba al ministro de la Propaganda de Hitler, Joseph Goebbels. En internet, las amenazas de muerte contra Zemmour se multiplicaron. Algunos publicaron las veces que Zemmour cogía el metro, en qué estaciones, y sugirieron que alguien debería empujarlo a la vía.

El Gobierno francés presentó una queja oficial contra Zemmour por «insultos públicos» y «provocación pública a la discriminación, el odio y la violencia». La investigación pasó a manos de la policía. Alguien que sea acusado en Francia de «provocación pública a la discriminación, el odio y la violencia» se enfrenta a una pena de cárcel de un año y a una multa de 45.000 euros.

Cualquier que lea el texto del discurso de Zemmour del 28 de septiembre puede ver que no incita a la discriminación, el odio o la violencia, y que no hace una sola declaración racista: el islam no es una raza, es una religión.

El discurso de Zemmour describe una situación de la que ya han hablado varios escritores. Zemmour no es el primero que dice que las zonas de exclusión son áreas peligrosas a las que la policía ya no puede entrar, o que están bajo el control de imames radicales y bandas musulmanas que atacan y expulsan a los no musulmanes. Zemmour no es el único escritor que describe las consecuencias de la inmigración masiva de musulmanes que no se integran en la sociedad francesa. El encuestador Jerome Fourquet, en su reciente libro L’Archipel français (El archipiélago francés) señala que Francia es hoy un país donde los musulmanes y no musulmanes viven en sociedades separadas «hostiles entre sí». Fourquet también hace hincapié en un creciente número de musulmanes que viven en Francia y dicen que quieren vivir de acuerdo con la ley de la sharia y situarla por encima de la ley francesa. Fourquet señala que el 26% de los musulmanes franceses nacidos en Francia sólo quieren obedecer a la sharia; para los musulmanes franceses nacidos en el extranjero, la cifra aumenta al 46%. Zemmour sólo añadió que lo que estaba pasando es una «colonización».

Zemmour había sido llevado a juicio muchas veces en el pasado reciente, y ha tenido que pagar fuertes multas. El 19 de septiembre, recibió una multa de 3.000 euros por «incitación al odio racial» e «incitación a la discriminación» por haber dicho en 2015 que «en innumerables suburbios franceses, donde muchas jóvenes llevan velo, está teniendo lugar una lucha para islamizar los territorios».

En una sociedad donde existe la libertad de expresión, sería posible debatir el uso de esas afirmaciones, pero hoy, en Francia, la libertad de expresión ha sido casi completamente destruida.

Otros escritores aparte de Zemmour han sido llevados a juicio y excluidos totalmente de todos los medios, simplemente por describir la realidad. En 2017, el gran historiador Georges Bensoussan publicó un libro, Une France soumise (Una Francia sumisa), tan alarmante como lo que dijo Zemmour hace unos días. Bensoussan, en una entrevista, citó al sociólogo argelino Smaïn Laacher, que había dicho que «en las familias árabes, los niños maman el antisemitismo de la madre». Laacher nunca fue acusado. Bensoussan, sin embargo, tuvo que ir a la corte penal. Aunque fue absuelto, fue despedido del Memorial del Holocausto de París, donde trabajaba hasta entonces.

En 2011, otro escritor, Renaud Camus, publicó un libro, El gran reemplazo. En él, hablaba del declive de la cultura occidental en Francia y su sustitución gradual por la cultura islámica. También señaló la creciente presencia en Francia de una población musulmana que se niega a integrarse, y añadió que los estudios demográficos muestran una tasa de natalidad más alta en las familias musulmanas que en las no musulmanas.

Inmediatamente, los tertulianos en los medios acusaron a Camus de «racismo antimusulmán» y lo llamaron «teórico de la conspiración». Sus estudios demográficos se omitieron. Nunca había mencionado ni la raza ni la etnia, y sin embargo fue descrito como defensor del «supremacismo blanco» y fue al instante excluido de la radio y la televisión. Ya no puede publicar nada en ningún periódico o revista de Francia. De hecho, ya no tiene editor: tiene que autopublicarse. En los debates en Francia, se refieren a él como un «extremista racista» y se le atribuyen cosas que nunca ha dicho. Después se le niega la posibilidad de responder.

La diferencia entre Éric Zemmour y Georges Bensoussan o Renaud Camus es que Zemmour ha publicado libros que se han convertido en éxitos de ventas antes de que hablara explícitamente de la islamización de Francia.

Aquellos que han destruido las carreras de otros escritores por constatar hechos desagradables han hecho todo lo posible por condenar a Zemmour al mismo destino. Hasta la fecha no lo han logrado, así que ahora han decidido lanzar una fuerte ofensiva contra él. Lo que quieren es claramente su destrucción personal.

Zemmour no sólo se arriesga al veto profesional; como muchos otros escritores está siendo silenciado por una «masa linchante», y está arriesgándose la vida.

Casi nadie muestra ningún interés en defenderlo, como nadie defendió a Georges Bensoussan o Renaud Camus. Defender a alguien acusado de ser un «racista» conlleva el riesgo de que te acusen también de «racista». El terror intelectual reina ahora en Francia.

Hace unos días, el escritor y filósofo Alain Finkielkraut dijo que insinuar que «la islamofobia es el equivalente del antisemitismo de ayer» es escandaloso. Dijo que los «musulmanes no se arriesgan al exterminio», y que nadie debería «negar que el antisemitismo de hoy es el antisemitismo árabe musulmán». Añadió que Francia va de «una prensa amordazada a otra que destruye la libertad de expresión».

Francia, escribió Ghislain Benhessa, profesor de la Universidad de Estrasburgo, ya no es un país democrático y se está convirtiendo poco a poco en otra cosa muy diferente:

«Nuestro modelo democrático que se basaba en la libre expresión de las opiniones y la confrontación de ideas está cediendo paso a otra cosa (…) Las incesantes condenas morales infectan los debates y las opiniones discrepantes se consideran constantemente «nauseabundas», «peligrosas», «aberrantes» o «retrógradas», y por lo tanto, los elementos del lenguaje repetidos ad nauseam por los comunicadores oficiales serán pronto las últimas palabras consideradas aceptables. Las demandas judiciales, las acusaciones de indignidad y las proclamaciones de apertura van a dar a luz a un hermano gemelo malvado de la apertura: una sociedad cerrada».

El 3 de octubre, cinco días después del discurso de Zemmour, cuatro empleados de la policía fueron asesinados en la jefatura de la policía de París por un hombre que se había convertido al islam. El asesino, Mickaël Harpon, iba todas las semanas a una mezquita donde un imam, que ahora vive en una zona de exclusión a 16 km al norte de París, hacía comentarios radicales. Harpon llevaba trabajando en la jefatura de la policía 16 años. Hacía poco había compartido en las redes sociales un vídeo donde se veía a un imam llamando a la yihad, diciendo que «lo más importante que puede hacer un musulmán es morir como musulmán».

Los compañeros de Harpon dijeron que estaba encantado por los atentados yihadistas de 2015 en Francia, y dijeron que habían informado de las «señales de radicalización», en vano. La primera reacción del Gobierno fue decir que el asesino era un «trastornado mental» y que el atentado no tenía ninguna relación con el islam. El ministro del Interior francés, Christophe Castaner, declaró simplemente que había habido «disfunciones administrativas» y reconoció que el asesino había tenido acceso a expedientes clasificados como «secretos».

Un mes antes de eso, el 2 de septiembre, un hombre afgano que tenía el estatus de refugiado político en Francia, degolló a un joven e hirió a otras varias personas en una calle de Villeurbanne, un barrio a las afueras de Lyon. Anunció que la culpa de los que había matado o herido era que no «leían el Corán». La policía declaró inmediatamente que sufría trastornos mentales y que el ataque no tenía nada que ver con el islam.

En Francia, pronto nadie se atreverá a decir que ningún ataque abiertamente inspirado por el islam tiene alguna conexión con él.

Hoy, hay más de 600 zonas de exclusión en Francia. Cada año, cientos de miles de inmigrantes que llegan principalmente de países musulmanes se establecen en Francia y engrosan la población musulmana del país. La mayoría de los que les precedieron no se han integrado.

Desde enero de 2012, más de 260 personas en Francia han sido asesinadas en ataques terroristas, y más de un millar, heridas. Las cifras podrían aumentar en los próximos meses. Las autoridades seguirán diciendo que los atacantes eran «trastornados mentales».

(Gatestone Institute)


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Internacional

Así se perdió Francia para los franceses: la criminal complacencia con el Islam en las escuelas

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En Francia bulle una guerra de baja intensidad que pretende radicalizar la escuela. El ministro de Educación, Jean-Michel Blanquer, reveló que tras la decapitación del docente Samuel Paty, el pasado 6 de octubre, se registraron 800 "incidentes" islamistas en los centros educativos del país. En la imagen (Bertrand Guay/AFP, vía Getty Images), el colegio donde fue asesinado Paty, en Bois-d'Aulne, Conflans-Saint-Honorine.
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«A diferencia de usted y de tantos otros, coronel, Mila jamás se someterá», escribió el padre de la adolescente francesa al director de su academia en una carta publicada por Le Point. El 18 de enero de 2020, Mila O., una chica de 16 años, hizo comentarios insultantes sobre el islam durante un directo que estaba llevando a cabo desde su cuenta de Instagram.

En los comentarios, un chico musulmán le pidió una cita, pero ella le rechazó porque es gay. Entonces, él la acusó de racista y la llamó «sucia lesbiana». En un airado vídeo grabado nada más concluir el directo en el que fue insultada, Mila respondió diciendo que ella «odia la religión».

Mila prosiguió: «El Corán es la religión del odio; sólo hay odio ahí… El islam es una mierda». Desde entonces, ha recibido unos 50.000 mensajes y cartas con amenazas de violación, degollamiento, tortura y decapitación. Y ha tenido que saltar de un centro educativo a otro.

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Una vez más, Mila se ha visto sin centro al que acudir. En una red social, accidentalmente dio el nombre de su nueva academia militar y la dirección enseguida la excluyó por ser una potencial amenaza para la seguridad de los estudiantes. «Devastado por tanta cobardía», escribió el padre de Mila. «Ni siquiera el Ejército puede protegerla y permitirle seguir con su formación académica. ¿Qué podemos hacer nosotros, sus padres? Para nosotros, esto es una película de terror».

¿Ni siquiera el Ejército francés puede protegerla? «Tiene 17 años y vive como la redacción de Charlie Hebdo, en un búnker. ¡Esto es insoportable!», declaró el abogado de Mila, Richard Malka.

Pocos días después, Caroline L., profesora en la Facultad de Derecho de la Universidad de Aix-Marsella, recibió incontables amenazas de muerte por «islamófoba». El fiscal de Aix-en-Provence abrió una investigación por «insultos públicos por pertenencia a una religión». ¿Su delito? Caroline L. dijo lo siguiente a sus estudiantes:

No hay libertad de conciencia en el islam. Si has nacido de padre musulmán, eres musulmán para toda la vida. Es una suerte de religión transmitida por el sexo. Uno de los mayores problemas que tenemos con el islam, pero desgraciadamente no el único, es que no reconoce la libertad de conciencia, lo cual es absolutamente estremecedor.

El instituto Pierre Joël Bonté de Riom (Puy-de-Dôme) fue clausurado el 11 de enero por «insultos y amenazas de muerte» al profesorado. «Hemos decidido cerrar el centro por los insultos y amenazas de muerte, para proteger a los estudiantes y al personal docente», manifestó un portavoz. Pocas horas después, una profesora de Toulouse, Fatiha Boudjahlat, pidió protección policial tras recibir amenazas de consideración.

En 2015, el Estado Islámico proclamó que había que atacar las escuelas francesas y alentó a sus seguidores a «matar a los profesores»Según el experto en islamismo Gilles Kepel, «para los partidarios del isñam político, la escuela se ha convertido en un bastión que asaltar».

En un artículo en L’Express se señalaba trágicamente que los centros educativos son objeto de violentas campañas islamistas en todo el mundo. En 2014, 132 jóvenes murieron en un mortífero ataque islamista contra una academia militar de Peshawar (Pakistán). Entre 2009 y 2012, el Talibán paquistaní atacó 900 escuelas, según un informe de la ONG International Crisis Group. La premio nobel de la paz Malala Yusafzai, conocida por su lucha por la instrucción de las niñas, fue disparada en la cabeza por un talibán en Swat (Pakistán). Boko Haram, responsable de numerosos ataques en Nigeria, reivindicó el secuestro de 276 chicas en Chibok. En un ataque de islamistas afiliados a Al Qaeda contra la Universidad Garissa de Kenia fueron asesinados 142 estudiantes. En Burkina Faso se han clausurado más de 2.000 escuelas.

En Francia bulle una guerra de baja intensidad que tiene por objeto radicalizar la escuela. Aunque muchos musulmanes no apoyen semejante transformación, el asalto parece haber empezado en 1989, año del bicentenario de la Revolución Francesa y de la publicación en el Hexágono de la novela de Salman Rushdie Los versos satánicos. En Creil, un centro educativo denegó la admisión a tres estudiantes por llevar el velo islámico. Las autoridades francesas trataron de rebajar la tensión mediante el diálogo y el apaciguamiento. No obstante, en un llamamiento publicado por Le Nouvel Observateur y firmado, entre otros, por Alain Finkielkraut y Elisabeth Badinter, varios intelectuales denunciaron el «Múnich de la escuela republicana».

La islamización de la escuela francesa está alcanzando un ritmo vertiginoso. En 1989, el grito fue «¡Profesores, no capitulen!». Desde entonces, algunos de los que se han negado a capitular lo han pagado con la vida.

En octubre de 2020, Samuel Paty, profesor de Historia, fue decapitado por un terrorista checheno por cumplir con su trabajo: instruir a sus alumnos en el respeto a los valores fundacionales de las sociedades occidentales y a las palabras que presiden sus escuelas (libertad, igualdad, fraternidad) debatiendo sobre la libertad de expresión y mostrándoles las viñetas de Mahoma publicadas por Charlie Hebdo.

«La convivencia es una fábula», escribió Alain Finkielkraut tras la decapitación de Paty. «Los espacios que pierde la República son espacios conquistados por el odio a Francia. Los ojos se han abierto, las pruebas ya no pueden seguir siendo ocultadas».

El ministro francés de Educación, Jean Michel Blanquer, reveló que tras la decapitación de Paty se produjeron 800 «incidentes» islamistas en los centros educativos del país.

En el Battières de Lyon, donde Paty empezó su carrera, un docente fue amenazado físicamente. Este profesor de Geografía e Historia había dado una clase sobre libertad de expresión siguiendo el programa de la asignatura. Entre otras cosas, dijo que Emmanuel Macron no es «islamófobo». El padre de uno de los alumnos –de quinto grado– fue a verle y lo desafió delante de testigos. «Fue explícito y muy intrusivo acerca de lo que se podía decir y no se podía decir en las clases», dijo uno de ellos. Conmocionado, el docente fue dado de baja por enfermedad y se le pidió que cambiara de centro.

En un instituto de Caluire-et-Cuire, cerca de Lyon, un estudiante amenazó a un profesor con «cortarle la cabeza». En Gisors, una chica distribuyó entre sus compañeros una imagen de la decapitación de Paty. En Albertville, Saboya, la Policía amonestó a cuatro escolares de diez años y a sus padres porque dijeron en clase que «ese profesor merecía morir». En Grenoble, un extremista musumám fue detenido por amenazar con decapitar a un profesor de Geografía e Historia llamado Laurent que sale en la TV. «Te cortaré la cabeza», le dijo. Laurent estaba preparando un vídeo de homenaje a Paty. En la escuela Pierre Mendès France de Saumur, un estudiante le dijo a su profesor: «Mi padre te decapitará».

Es imposible elaborar una lista exhaustiva de incidentes. Ocurren todos los días.

Una encuesta reciente da cuenta de los niveles de autocensura entre los profesores franceses. Para evitar episodios como esos, la mitad de los docentes admite que se autocensura en clase. Mediente el miedo, el terrorismo y la intimidación, el islamismo está cosechando lo que sembró.

Cómo permitimos al islamismo penetrar en la escuela es el título del libro que acaba de publicar Jean-Pierre Obin sobre el auge del islamismo en los centros educativos franceses. Obin, exinspector general de educación, coordinó en 2004 un informe sobre las manifestaciones de afiliación religiosa en los centros. No era el primer informe de un insider. Bernard Ravet fue, durante 15 años, director de tres de las escuelas más problemáticas de Marsella. En su libro ¿Director de colegio o imán de la República?, Ravet escribió:

El fanatismo lleva golpeando las puertas de decenas de centros desde hace más de diez años (…) Ha invadido el espacio físico de la República, centímetro a centímetro, imponiendo sus signos y parámetros.

El filósofo francés Robert Redeker escribió en 2006:

El islam trata de imponer sus normas en Europa, abrir las piscinas a determinadas horas sólo para las mujeres, prohibir la caricaturización de su credo, exige un menú especial para los niños musulmanes, combate por el uso del velo en la escuela, acusa de islamofobia a los espíritus libres.

Su artículo en Le Figaro se titulaba «¿Qué debería hacer el mundo libre ante la intimidación islamista?». Pocos días después, empezó a recibir amenazas de muerte. «No puedo trabajar y me he visto obligado a ocultarme», afirmó. «De alguna manera, los islamistas están consiguiendo castigarme en el territorio de la república como si fuera culpable de un delito de opinión».

Debimos haber prestado más atención a ese primer caso. Fue el primero en una ya larga serie de ataques contra profesores y centros educativos franceses. Catorce años después, Samuel Paty ha pagado con su vida, un profesor universitario acaba de recibir protección policial y otro ha tenido que abandonar su centro por amenazas. Si los extremistas consiguen intimidar a los colegios y universidades franceses, ¿por qué no van a poder someter a toda la sociedad?


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Internacional

‘Ley de la libertad’: Polonia comenzará a multar la censura de las Big Tech

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El viceministro de justicia de Polonia, Sebastian Kaleta, habló con Breitbart sobre la implementación de la ‘ley de la libertad’ la cual le permitirá al gobierno polaco multar la censura de las Big Tech cuando esta sea detectada.

“Cada vez que se utilice un algoritmo para limitar el alcance, se informará al usuario si se está limitando su alcance y por qué”, explicó el viceministro.

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El gobierno polaco designó una Junta de Libertad de Expresión que tendrá el poder de ordenar a las compañías de redes sociales restablecer las publicaciones censuradas luego de que los usuarios lo denuncien.

“El proceso de utilizar algoritmos para suprimir determinadas opiniones, siempre que no infrinjan la ley polaca, [será] regulado” y “si las plataformas de redes sociales infringen esta ley, serán multadas”, afirmó el Sr. Kaleta.

El viceministro argumentó que la decisión del gobierno de legislar a las Big Tech responde a que estas compañías se han convertido en un monopolio y fuera de ellas, la gente pierde la habilidad de comunicarse.

“Los propietarios de las compañías de redes sociales no dirigen un negocio cualquiera. Las grandes empresas tecnológicas son ahora monopolios”, dijo Kaleta, que para ilustrar su punto realizó una analogía.

“Imagínate que Alexander Graham Bell decidiera quién puede hablar por teléfono y que Thomas Edison decidiera dónde deben usarse las bombillas”, preguntó el viceministro.

Censura y persecución política, el marxismo de nuestros tiempos

Durante los 4 años de la administración Trump, Facebook, Twitter, Youtube y Google, jugaron un enorme rol en la censura o shadowban (censura invisible, solo el creador del contenido ve sus publicaciones) de las voces conservadoras, de los logros del expresidente y de cualquier contenido considerado políticamente incorrecto.

Para demonizar a Trump cualquier noticia positiva, era reportada como negativa por los medios de comunicación principales, poniendo a un gran segmento de la sociedad en contra de otro.

En los últimos meses de Trump en la Casa Blanca, la censura escaló a tal punto que el expresidente perdió su habilidad de comunicarse con los estadounidenses. De igual modo, aquellos que intentaban hacer eco de los dichos de Trump, también sufrieron censura, aun cuando muchas de estas personas viven de las redes sociales.

Habiendo sido ocupados y sometidos por los soviéticos, el gobierno conservador polaco actual, tiene un buen entendimiento de lo que sucede en el mundo en torno a la censura de las redes sociales y a aquellos que persiguen a los conservadores.

“La presión de la izquierda radical ha pasado de la corrección política blanda a una fase mucho más dura, la de la cultura de la cancelación… [es] muy preocupante, y recuerda más a las normas bolcheviques que a las democráticas”, dijo el viceministro.

Luego de que Trump dejara la Casa Blanca, los demócratas, “celebridades” de Hollywood y personajes famosos, iniciaron una ola de cancelación contra el expresidente y los republicanos que mostraron su apoyo.

Cuentas bancarias cerradas, personas despedidas de su trabajo, donaciones canceladas, e incluso leyes de la actual administración denominando “terroristas” a los estadounidenses que fueron al Capitolio aquel fatídico 6 de enero.

“Las señales de la izquierda son claras: si no estás de acuerdo con nosotros y nos criticas, el “sistema” que hemos creado no sólo hará que te despidan, sino que limitará tu acceso a determinados servicios y productos”, explicó el Sr. Kaleta que llamó a las personas detrás de esta tendencia “neo-marxistas”.

Álvaro Colombres Garmendia


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Internacional

La suprema estupidez y pertinaz cretinismo de la izquierda «progre»: No ver, no escuchar y no hablar del supremacismo de la izquierda

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Los académicos de la Universidad de York han eliminado la imagen de los tres monos sabios de una conferencia de historia del arte por considerar que los personajes representan un «estereotipo racial opresivo».

Todos conocemos el símbolo de los Tres Monos Sabios, ¿verdad? Hay hasta emojis de ellos. Uno se tapa los oídos, otro, los ojos, y el tercero, la boca, una viejísima exhortación a no prestar oídos al mal, no verlo y no hablarlo. Sabiduría oriental de esa que tanto gustaba a los progres de los sesenta y setenta del pasado siglo.

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Bueno, pues es horriblemente racista y debe desaparecer. Los académicos de la Universidad de York han eliminado la imagen de los tres monos sabios de una conferencia de historia del arte por considerar que los personajes representan un «estereotipo racial opresivo». Veremos cuánto duran los emojis.

Tengo para mí que la corrección política es, entre otras cosas, un medio de desactivar el sentido del humor. Se ponen tan serios, tan trágicos, que da cosa reírse en su cara cuando, en realidad, es la reacción de cualquier persona sana y normal ante sus «más difícil todavía», ante las pruebas de este concurso público de a ver quién dice la mayor estupidez. Y, del mismo modo, estoy convencida de que si respondiéramos colectivamente como nos pide el cuerpo y soltáramos la carcajada, todo el edificio se vendría abajo y podríamos tener una vida aproximadamente normal.

¿A qué «estereotipo racial opresivo» se refieren? Tengan, al menos, el valor de decirlo, para que veamos que son ustedes los últimos racistas de peso y cargo de nuestro tiempo

Pero nadie lo hará. La espiral de virtud es una proyección de estatus y poder, y siempre hay que adelantar por la izquierda para quedarse en el mismo sitio, demoliendo nuestra civilización y sentido común en el proceso.

A ver, señores académicos, que los tres monos en cuestión proceden de la cultura japonesa, un símbolo muy popular en el pueblo japonés entre los años 1185 y 1392. Cuéntennos, augustos próceres del saber, ¿a qué «estereotipo racial opresivo» se refieren? Tengan, al menos, el valor de decirlo, para que veamos que son ustedes los últimos racistas de peso y cargo de nuestro tiempo.

Porque, admitámoslo, el antirracismo de este palo es el último racismo con pase oficial. La ola de antidiscriminación es la cosa más brutalmente discriminatoria, igual que la ‘diversidad’ consiste en aplastar la variedad.

Veamos el caso. Lo único que se nos ocurre para juzgar «estereotipo racial opresivo» este de los tres monos es la identificación de los negros con simios. Y eso, naturalmente, es la prueba evidente de que el único criterio que importa, la única cultura que cuenta, es la nuestra, la de los blancos y, afinando aún más, la del varón heterosexual anglosajón.

«Los académicos neoyorquinos demuestran, una vez más, que en su afán de ser más antirracistas que nadie son los más repulsivamente racistas»

Porque es de cajón que esos monos fueron introducidos por una cultura para la que los negros, sencillamente, no existían, con lo que difícilmente podían pensar en ellos al representarlos. Más: en Occidente, donde no hay monos en la naturaleza, atribuyen a este animal rasgos simbólicos completamente diferentes que en Oriente. Aquí, «hacer el mono» no es exactamente un halago. En Asia, en cambio, es un animal sabio, lleno de connotaciones positivas. En China, el Mono es un signo zodiacal de gran fortuna. Como lo es, por ejemplo, el cerdo, otro animal que en nuestro entorno occidental equivale a un insulto.

Ahora, imagine que se le llama a alguien «león», o «águila». Es poco probable que se ofenda, ¿verdad? Porque nuestra cultura asocia cualidades positivas a esos animales, de un modo completamente arbitrario, porque «perro», un animal tan leal, inteligente y simpático, es un terrible insulto.

A lo que voy: los académicos neoyorquinos demuestran, una vez más, que en su afán de ser más antirracistas que nadie son los más repulsivamente racistas. Primero, viendo una asociación imposible en un antiguo símbolo asiático y, segundo, despreciando por completo cualquier visión cultural que no sea la suya propia, por la que juzgan a todas las demás.

Recuerden bien esto, porque es lo que quieren decir en realidad con «multicultural»: imponer los prejuicios occidentales procedentes de la Ilustración a todas las demás culturas, dejando de ellas la espuma: gastronomía y folclore ocasional.

Es por eso mismo que solo los varones blancos y heterosexuales tienen méritos y deméritos personales, individuales. En mujeres, no blancos y de sexualidades alternativas, su mayor mérito, como estamos viendo en los comentarios sobre el gabinete formado por el presidente Joe Biden, es que tengan esos rasgos que aún se consideran exóticos.


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Europa

La náusea infinita y el vómito que no cesa. Lavado de cerebro sobre los géneros falsos: Polémica película de la BBC le enseña a los niños que existen más de 100 géneros

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Una nueva producción audiovisual educativa para niños de nueve a doce años está generando polémica dado su contenido que afirma que existen más de 100 géneros de sexo y además enseña a los niños que ser transgénero es una forma de ser “felices”.

La película de la BBC titulada “Identidad: comprensión de las identidades sexuales y de género” se ofrece en el sitio web del mencionado medio como parte del “paquete de educación sexual y relaciones” que se financia mediante fondos públicos.

De acuerdo con el Daily Mail, actualmente la mayoría de niños en edad escolar se ven obligados a llevar a cabo sus estudios en línea debido a las cuarentenas impuestas, impidiendo el acceso a las aulas.

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La película muestra a los niños pequeños confundidos preguntando a adultos sobre sexualidad y género, mientras que a estos se les dice que las identidades de género incluyen ‘bigenero’, ‘género queer’ y ‘pansexual’.

Una sección del largometraje muestra el momento en el que un alumno pregunta cuántas identidades hay, y su profesora Kate, una maestra designada como RSE (Relaciones y Educación sexual) responde a él y otro niño que hay muchas identidades de género, resaltando que ahora hay más de 100.

El lanzamiento de la película se antepuso a la guía publicada por el gobierno de Reino Unido del año pasado en la cual se aconseja a las escuelas que tengan cuidado con enseñar sobre temas sexuales a los niños.

“Los recursos utilizados para enseñar sobre este tema siempre deben ser apropiados para la edad y estar basados ​​en evidencia”, señaló el anuncio, mientras que los maestros “no deben reforzar estereotipos dañinos, por ejemplo, sugiriendo que los niños pueden ser de un género diferente en función de su personalidad”.

Por su parte, la BBC justificó los propósitos de la cuestionada producción argumentando que más de 50 profesores habían participado en la consulta e indicaron que el sitio web de la BBC Teach estaba formalmente establecido, agregando que debido a la naturaleza sensible del tema, se recomendaba a los profesores revisar el contenido antes de verlo con sus alumnos.

Al respecto, la diputada del Partido Conservador de Reino Unido, Jackie Doyle-Price, señaló: “Decirle a los niños que hay más de 100 géneros es una tontería y es potencialmente dañino, ya que corre el riesgo de normalizar algo que es extremadamente raro”.

La producción audiovisual no aborda en ningún momento la actual preocupación que encierra el incremento en el número de niños que afirman querer cambiar de género.

Tampoco toma en cuenta las polémicas intervenciones médicas a las que se someten algunos niños transgénero, como los fármacos bloqueadores de hormonas no probados cuyo uso ha sido efectivamente prohibido por un reciente fallo del Tribunal Superior, según el Daily Mail.

El mismo medio antes citado informó que el centro Tavistock del NHS que ofrece a niños servicios en cuestiones de género, fue calificado la semana pasada como “inadecuado” por una entidad de vigilancia tras descubrir que el personal no llevaba registros básicos de los niños que recibían tratamientos hormonales básicos.

Respecto a la película promovida por la BBC, el comentarista de radio Darren Grimes, expresó a través de su cuenta de Twitter: “Si estas son las ideas de la BBC sobre “educación”, entonces, francamente, prefiero que no se molesten”.


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