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Europa

Francia: más muerte a la libertad de expresión

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Por Guy Millière. El 28 de septiembre, en un “Congreso de la Derecha” que tuvo lugar en París, organizado por Marion Marechal, exdiputada del Parlamento francés y ahora directora del Instituto de Ciencias Sociales, Económicas y Políticas de Francia. El objetivo del congreso era unir a las facciones políticas francesas de derechas. En su discurso de apertura, el periodista Éric Zemmour criticó duramente el islam y la islamización de Francia. Describió las “zonas de exclusión” del país (“Zones Urbaines Sensibles”) como “enclaves extranjeros” en territorio francés y retrató como un proceso de “colonización” la creciente presencia de los musulmanes franceses que no se integran.

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Zemmour citó al escritor argelino Boualem Sansal, que dijo que las zonas de exclusión son “pequeñas repúblicas islámicas en formación”. Zemmour dijo que hace unas décadas, los franceses podían hablar con libertad sobre el islam, pero que eso es hoy imposible, y condenó el uso del “difuso concepto de islamofobia, que imposibilita criticar al islam, al restablecer la idea de blasfemia para beneficio exclusivo de la religión musulmana”.

El islam agrava todos nuestros problemas. Es un doble peligro (…) ¿Estarán los jóvenes franceses dispuestos a vivir como minoría en la tierra de sus antepasados? Si es así, merecen ser colonizados. Si no, tendrán que luchar (…) Las viejas palabras de la República: laicismo, integración, orden republicano… ya no significan nada (…) Todo ha sido puesto patas arriba, pervertido, vaciado de significado.

El discurso de Zemmour fue retransmitido en directo en el canal de televisión LCI. Los periodistas de otros canales acusaron de inmediato a LCI de contribuir a la “propaganda del odio”. Algunos dijeron que se debía retirar la licencia de transmisión a LCI. Una periodista, Memona Hinterman-Affegee, exmiembro del Consejo Superior de Medios Audiovisuales (Conseil supérieur de l’audiovisuel) de Francia, el organismo que regula los medios electrónicos franceses, escribió en el periódico Le Monde:

LCI usa una frecuencia que es parte del dominio público, y por lo tanto pertenece a toda la nación (…) LCI ha fallado en su misión y ha perdido el control de su programa, y debe ser sancionada de manera ejemplar.

Los periodistas de Le Figaro, el periódico para el que escribe Zemmour, escribieron un comunicado de prensa exigiendo su despido inmediato. En la mayoría de canales de radio y televisión se oyeron llamadas al boicot total de Zemmour, insistiendo en que había sido varias veces condenado por “racismo islamófobo”.

Alexis Brézet, director general de Le Figaro, dijo que había expresado su “desaprobación” a Zemmour y que le había recordado la necesidad de “acatar estrictamente la ley”, pero no lo despidió. SOS Racisme, un movimiento de izquierdas creado en 1984 para combatir el racismo, lanzó una campaña para boicotear a las empresas que se anunciaran en Le Figaro y dijo que su objetivo era coaccionar a los directores del periódico para que despidieran a Zemmour. La importante emisora de radio RTL, que daba trabajo a Zemmour, decidió despedirlo inmediatamente, diciendo que su presencia en antena era “incompatible” con el espíritu de convivencia “que caracteriza a la emisora”.

Un periodista que trabaja para RTL y LCI, Jean-Michel Aphatie, dijo que Zemmour era un “delincuente reincidente” que no debería poder hablar en ninguna parte, y lo comparó con el negacionista antisemita del Holocausto Dieudonné Mbala Mbala:

“A Dieudonné no se le permitió hablar en Francia. Tiene que esconderse. Eso está bien, puesto que quiere difundir el odio. A Éric Zemmour habría que tratarlo de la misma manera”.

Se publicaron caricaturas donde se mostraba a Zemmour con un uniforme de las Waffen SS. Otro periodista, Dominique Jamet, que al parecer no vio ningún problema en comparar a un judío con un nazi, dijo que Zemmour le recordaba al ministro de la Propaganda de Hitler, Joseph Goebbels. En internet, las amenazas de muerte contra Zemmour se multiplicaron. Algunos publicaron las veces que Zemmour cogía el metro, en qué estaciones, y sugirieron que alguien debería empujarlo a la vía.

El Gobierno francés presentó una queja oficial contra Zemmour por “insultos públicos” y “provocación pública a la discriminación, el odio y la violencia”. La investigación pasó a manos de la policía. Alguien que sea acusado en Francia de “provocación pública a la discriminación, el odio y la violencia” se enfrenta a una pena de cárcel de un año y a una multa de 45.000 euros.

Cualquier que lea el texto del discurso de Zemmour del 28 de septiembre puede ver que no incita a la discriminación, el odio o la violencia, y que no hace una sola declaración racista: el islam no es una raza, es una religión.

El discurso de Zemmour describe una situación de la que ya han hablado varios escritores. Zemmour no es el primero que dice que las zonas de exclusión son áreas peligrosas a las que la policía ya no puede entrar, o que están bajo el control de imames radicales y bandas musulmanas que atacan y expulsan a los no musulmanes. Zemmour no es el único escritor que describe las consecuencias de la inmigración masiva de musulmanes que no se integran en la sociedad francesa. El encuestador Jerome Fourquet, en su reciente libro L’Archipel français (El archipiélago francés) señala que Francia es hoy un país donde los musulmanes y no musulmanes viven en sociedades separadas “hostiles entre sí”. Fourquet también hace hincapié en un creciente número de musulmanes que viven en Francia y dicen que quieren vivir de acuerdo con la ley de la sharia y situarla por encima de la ley francesa. Fourquet señala que el 26% de los musulmanes franceses nacidos en Francia sólo quieren obedecer a la sharia; para los musulmanes franceses nacidos en el extranjero, la cifra aumenta al 46%. Zemmour sólo añadió que lo que estaba pasando es una “colonización”.

Zemmour había sido llevado a juicio muchas veces en el pasado reciente, y ha tenido que pagar fuertes multas. El 19 de septiembre, recibió una multa de 3.000 euros por “incitación al odio racial” e “incitación a la discriminación” por haber dicho en 2015 que “en innumerables suburbios franceses, donde muchas jóvenes llevan velo, está teniendo lugar una lucha para islamizar los territorios”.

En una sociedad donde existe la libertad de expresión, sería posible debatir el uso de esas afirmaciones, pero hoy, en Francia, la libertad de expresión ha sido casi completamente destruida.

Otros escritores aparte de Zemmour han sido llevados a juicio y excluidos totalmente de todos los medios, simplemente por describir la realidad. En 2017, el gran historiador Georges Bensoussan publicó un libro, Une France soumise (Una Francia sumisa), tan alarmante como lo que dijo Zemmour hace unos días. Bensoussan, en una entrevista, citó al sociólogo argelino Smaïn Laacher, que había dicho que “en las familias árabes, los niños maman el antisemitismo de la madre”. Laacher nunca fue acusado. Bensoussan, sin embargo, tuvo que ir a la corte penal. Aunque fue absuelto, fue despedido del Memorial del Holocausto de París, donde trabajaba hasta entonces.

En 2011, otro escritor, Renaud Camus, publicó un libro, El gran reemplazo. En él, hablaba del declive de la cultura occidental en Francia y su sustitución gradual por la cultura islámica. También señaló la creciente presencia en Francia de una población musulmana que se niega a integrarse, y añadió que los estudios demográficos muestran una tasa de natalidad más alta en las familias musulmanas que en las no musulmanas.

Inmediatamente, los tertulianos en los medios acusaron a Camus de “racismo antimusulmán” y lo llamaron “teórico de la conspiración”. Sus estudios demográficos se omitieron. Nunca había mencionado ni la raza ni la etnia, y sin embargo fue descrito como defensor del “supremacismo blanco” y fue al instante excluido de la radio y la televisión. Ya no puede publicar nada en ningún periódico o revista de Francia. De hecho, ya no tiene editor: tiene que autopublicarse. En los debates en Francia, se refieren a él como un “extremista racista” y se le atribuyen cosas que nunca ha dicho. Después se le niega la posibilidad de responder.

La diferencia entre Éric Zemmour y Georges Bensoussan o Renaud Camus es que Zemmour ha publicado libros que se han convertido en éxitos de ventas antes de que hablara explícitamente de la islamización de Francia.

Aquellos que han destruido las carreras de otros escritores por constatar hechos desagradables han hecho todo lo posible por condenar a Zemmour al mismo destino. Hasta la fecha no lo han logrado, así que ahora han decidido lanzar una fuerte ofensiva contra él. Lo que quieren es claramente su destrucción personal.

Zemmour no sólo se arriesga al veto profesional; como muchos otros escritores está siendo silenciado por una “masa linchante”, y está arriesgándose la vida.

Casi nadie muestra ningún interés en defenderlo, como nadie defendió a Georges Bensoussan o Renaud Camus. Defender a alguien acusado de ser un “racista” conlleva el riesgo de que te acusen también de “racista”. El terror intelectual reina ahora en Francia.

Hace unos días, el escritor y filósofo Alain Finkielkraut dijo que insinuar que “la islamofobia es el equivalente del antisemitismo de ayer” es escandaloso. Dijo que los “musulmanes no se arriesgan al exterminio”, y que nadie debería “negar que el antisemitismo de hoy es el antisemitismo árabe musulmán”. Añadió que Francia va de “una prensa amordazada a otra que destruye la libertad de expresión”.

Francia, escribió Ghislain Benhessa, profesor de la Universidad de Estrasburgo, ya no es un país democrático y se está convirtiendo poco a poco en otra cosa muy diferente:

“Nuestro modelo democrático que se basaba en la libre expresión de las opiniones y la confrontación de ideas está cediendo paso a otra cosa (…) Las incesantes condenas morales infectan los debates y las opiniones discrepantes se consideran constantemente “nauseabundas”, “peligrosas”, “aberrantes” o “retrógradas”, y por lo tanto, los elementos del lenguaje repetidos ad nauseam por los comunicadores oficiales serán pronto las últimas palabras consideradas aceptables. Las demandas judiciales, las acusaciones de indignidad y las proclamaciones de apertura van a dar a luz a un hermano gemelo malvado de la apertura: una sociedad cerrada”.

El 3 de octubre, cinco días después del discurso de Zemmour, cuatro empleados de la policía fueron asesinados en la jefatura de la policía de París por un hombre que se había convertido al islam. El asesino, Mickaël Harpon, iba todas las semanas a una mezquita donde un imam, que ahora vive en una zona de exclusión a 16 km al norte de París, hacía comentarios radicales. Harpon llevaba trabajando en la jefatura de la policía 16 años. Hacía poco había compartido en las redes sociales un vídeo donde se veía a un imam llamando a la yihad, diciendo que “lo más importante que puede hacer un musulmán es morir como musulmán”.

Los compañeros de Harpon dijeron que estaba encantado por los atentados yihadistas de 2015 en Francia, y dijeron que habían informado de las “señales de radicalización”, en vano. La primera reacción del Gobierno fue decir que el asesino era un “trastornado mental” y que el atentado no tenía ninguna relación con el islam. El ministro del Interior francés, Christophe Castaner, declaró simplemente que había habido “disfunciones administrativas” y reconoció que el asesino había tenido acceso a expedientes clasificados como “secretos”.

Un mes antes de eso, el 2 de septiembre, un hombre afgano que tenía el estatus de refugiado político en Francia, degolló a un joven e hirió a otras varias personas en una calle de Villeurbanne, un barrio a las afueras de Lyon. Anunció que la culpa de los que había matado o herido era que no “leían el Corán”. La policía declaró inmediatamente que sufría trastornos mentales y que el ataque no tenía nada que ver con el islam.

En Francia, pronto nadie se atreverá a decir que ningún ataque abiertamente inspirado por el islam tiene alguna conexión con él.

Hoy, hay más de 600 zonas de exclusión en Francia. Cada año, cientos de miles de inmigrantes que llegan principalmente de países musulmanes se establecen en Francia y engrosan la población musulmana del país. La mayoría de los que les precedieron no se han integrado.

Desde enero de 2012, más de 260 personas en Francia han sido asesinadas en ataques terroristas, y más de un millar, heridas. Las cifras podrían aumentar en los próximos meses. Las autoridades seguirán diciendo que los atacantes eran “trastornados mentales”.

(Gatestone Institute)


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Europa

Suecia y su Estado del bienestar, en crisis

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Por Nima Gholam Ali Pour.- El Estado del bienestar sueco ha sido alabado a menudo por la izquierda de Estados Unidos. Sin embargo, tras la crisis migratoria de 2015, cuando Suecia se vio inundada de solicitantes de refugio sirios, Suecia se enfrenta ahora a una crisis que amenaza a todo el modelo de Estado del bienestar sueco.

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Suecia tenía 9,7 millones de habitantes en 2015, antes de que recibiera 162.000 solicitantes de asilo. El 70% de esos solicitantes de asilo llegaron de Siria, Afganistán e Irak. El 70% de esos solicitantes de asilo también eran hombres. La crisis migratoria creó una insostenible situación económica y social que hizo que el establishment sueco reconsiderara su postura sobre la inmigración de asilo, que, hasta entonces, había sido sumamente de izquierdas.

No obstante, la inmigración de asilo ha continuado. Entre 2016 y 2018, han solicitado el asilo en Suecia 70.000 inmigrantes más, y se les ha concedido a más de 105.000.

La inmigración genera un impacto demográfico que afecta a la identidad nacional y cultural de Suecia, además del aplastante efecto económico que tiene sobre el Estado del bienestar sueco.

El impacto demográfico se puede ver en ciudades como la tercera más grande de Suecia, Malmö, donde las personas de origen extranjero (nacidas en el extranjero o cuyos dos padres han nacido en el extranjero) ha aumentado del 31,9% en 2002 hasta el 45,9%de la población en 2018. Ya hay tres municipios suecos donde la mayoría de la población es de origen extranjero: Botkyrka, Södertälje y Haparanda. La pregunta es entonces cómo integrar a los extranjeros si la mayoría de la población de la ciudad es de origen extranjero. El 51% de los alumnos de primaria de Malmö o bien ha nacido en el extranjero o lo han hecho sus dos padres. Dentro de una generación, la tercera ciudad más grande de Suecia tendrá una población donde la mayoría será de origen extranjero. ¿Cómo se llevará a cabo la integración de los inmigrantes entonces, y qué grupo será integrado en cuál?

La integración de los inmigrantes en la sociedad sueca ha sido un fracaso, un problema sobre el que tanto los expertos como los políticos están de acuerdo. En marzo de 2018, el 58% de los inscritos en el paro había nacido fuera de Suecia, a pesar de que la cuota del grupo en la población supone sólo el 23%. En 2018, la tasa de desempleo entre los suecos de origen extranjero era del 15,4%, mientras que el paro entre los suecos nacidos en Suecia era del 3,8%.

La Ley EBO (Lagen om eget boende, Ley de Vida Independiente) permite a los solicitantes de asilo establecerse en cualquier parte del país. Los inmigrantes suelen establecerse en áreas donde ya lo han hecho otros inmigrantes, en parte por los bajos precios de las viviendas en esas zonas y en parte porque es más fácil que los inmigrantes formen redes allí. Este proceso refuerza la segregación y crea enclaves de inmigrantes en Suecia.

La mezcla de la gran afluencia de inmigrantes y la fallida política de integración ha tenido consecuencias para la cultura sueca, que está experimentando un rápido cambio y viendo desafiada su identidad. En muchas áreas donde los inmigrantes son mayoría, no hay forma de mantener la cultura sueca porque la población tiene una cultura claramente diferente de la sueca. Esto da lugar a, entre otras cosas, cambios en el lenguaje con que se celebran públicamente las festividades.

Varios medios suecos importantes publicaron artículos en junio ensalzando el Eid al Fitr, la fiesta que pone fin al Ramadán, el mes de ayuno islámico. Empresas muy conocidas en Suecia, como Arla Foods, ICA y COOP publicaron recetas en sus páginas para la ocasión. Varias voces ya han dicho que el Eid al Fitr, una fiesta musulmana, debería ser fiesta nacional en Suecia. Estas voces han provenido de los Socialdemócratas y la Iglesia de Suecia, dos instituciones que tienen una gran influencia en la sociedad sueca. A pesar de que el Eid al Fitr no se ha convertido —todavía— en una fiesta nacional, varios municipios optaron por celebrarlo.

En toda su existencia como nación, Suecia ha mantenido un fuerte lazo con su vecino ancestral, Finlandia, y el finés ha sido la segunda lengua más hablada allí. En 2018, el lingüista Mikael Parkvall señaló que el árabe es ahora la segunda lengua más hablada Suecia. Al mismo tiempo, muchos niños nacidos en Suecia aprenden sueco tan mal que no saben hablarlo correctamente, porque no se habla el suficiente sueco en los colegios de preescolar y primaria. El cambio se está desarrollando a un rápido ritmo.

No es sólo la sociedad sueca la que tendrá un aspecto radicalmente distinto dentro de una década. El Estado del bienestar sueco, que ha sido el sello distintivo del Estado sueco, famoso en todo el mundo, también está cambiando, e incluso puede que acabe siendo paulatinamente eliminado.

Los cálculos que sustentan el Estado del bienestar de Suecia se basan en el supuesto de que la mayoría de los adultos trabajan a jornada completa y pagan impuestos al Estado. El Estado tiene que recibir más de lo que paga en forma de diversas prestaciones sociales y pagos de transferencia. Cuando una gran cantidad de personas que reciben prestaciones sociales no encuentran trabajo o no están dispuestas a trabajar, hay una crisis. Esto es exactamente lo que ha pasado en Suecia con sus políticas migratorias de izquierdas.

Un ejemplo destacado en los medios suecos es Filipstad, un municipio con más de 10.000 habitantes. Allí, el porcentaje de habitantes de origen extranjero ha aumentado desde el 8,5% en 2002 al 22,7% en 2018. Entre 2012 y 2018, el grupo nacido en el país disminuyó en 640 personas, mientras que el grupo de origen extranjero aumentó en 963. Los que se mudan de Filipstad son de origen sueco y están en edad laboral. Al mismo tiempo, al gestor municipal de Filipstad, Claes Hultgren, le preocupa que los inmigrantes recién llegados carezcan de las habilidades necesarias para ingresar en el mercado laboral. La consecuencia para municipios como Filipstad es que deben hacer recortes en los servicios de asistencia social que el Ayuntamiento tiene la obligación de suministrar.

Filipstad no es el único municipio que sufre recortes. Según un informe de la asociación Municipios y Regiones de Suecia (SKR, por sus siglas en sueco), en 2023 habrá un déficit de 43.000 millones de coronas suecas en las operaciones municipales y regionales si los costes aumentan de acuerdo con el crecimiento de la población y el Estado no añade más recursos de los ya planeados.

El comisionado municipal socialdemócrata en Strömsund, un municipio sueco de 11.699 habitantes, advirtió:

“Todos los gastos corren a cargo de los municipios. Nunca habíamos tenido un desempleo tan bajo en el municipio entre los nativos, y, sin embargo, no damos abasto, y la explicación es que tampoco habíamos tenido nunca una tasa tan alta de paro entre los nacidos en el extranjero. Y acaban en la asistencia social, que en la práctica es ya, para muchos, un sustento de por vida”.

Charlotta Mellander, profesora de Economía en la Jönköping International Business School, señaló lo siguiente sobre la crisis económica de los ayuntamientos:

Esto no es algo que haya pasado de la noche a la mañana, sino que las finanzas de los ayuntamientos han ido erosionándose durante mucho tiempo. Pero algo que ha afectado al problema es la recepción de refugiados en 2015, donde, desde el principio, los municipios que recibieron a la mayoría se encontraban en malas condiciones en términos de mercado laboral e integración. Y eso ha hecho que la situación sea aún más difícil.

Al principio de esta nueva década, a causa de la inmigración excesiva y las fallidas políticas de integración, Suecia se enfrenta a unos cambios culturales y económicos radicales que cambiarán fundamentalmente el país.

Hay una islamización en curso en algunas partes de Suecia, y las decisiones políticas que se tomen durante la década de 2020 influirán en el grado en que afecte esta islamización a la sociedad sueca.

¿Continuará la inmigración de asilo a Suecia desde los países musulmanes? ¿Seguirán las autoridades suecas financiando la cultura islámica con fondos públicos? ¿Adoptarán los inmigrantes la cultura sueca, o se mantendrá el fallido enfoque sobre la integración, y los suecos adoptarán cada vez más la cultura islámica?

Existen conflictos importantes entre estas dos culturas, así que la expansión de la cultura islámica en Suecia creará, sin duda, agitaciones de varios tipos. Hoy, hay más contradicciones que puntos en común entre las culturas islámica y sueca. La segregación es fuerte y las mezquitas se han implicado en escándalos varias veces a causa de los conflictos entre los valores del islam y los suecos.

Por lo tanto, la nueva década será inestable y decisiva para Suecia, y verá los grandes cambios políticos, culturales y económicos que inevitablemente se producirán.

(Gatestone)


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Europa

El Partido Verde alemán aboga por entregar pasaportes a millones de ‘refugiados climáticos’

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En Alemania, miembros de la cúpula del Partido Verde han propuesto que se permita a los llamados “refugiados climáticos” reubicarse en Alemania y recibir pasaportes una vez que lleguen.

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Una de las principales partidarias de la propuesta es Claudia Roth, una política ecologista que argumenta que los pasaportes alemanes deberían entregarse a aquellos que viven en las pequeñas naciones insulares del Pacífico, que según Roth, podrían estar en peligro debido al cambio climático, informa Bild .

La política propuesta no especificaba cuántos “refugiados climáticos” serían bienvenidos, pero la ONU ha estimado que el número de inmigrantes climáticos podría allegar a entre 25 millones y mil millones para el año 2050.

Sin embargo, en su propuesta, los Verdes mencionaron específicamente la cifra del Banco Mundial de 150 millones de refugiados climáticos provenientes de África, Asia del Sur y América del Sur para el año 2050. Según la propuesta de Green, todos estos “refugiados climáticos” serían candidatos para recibir un pasaporte alemán


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Europa

Salvini será procesado por impedir que 131 inmigrantes ilegales entrasen en Italia

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Procesado por impedir la entrada en su país de ilegales, defendiendo así la seguriadad colectiva de los italianos, algo a lo que deberían estar obligados todos los dirigentes europeos. No hay mejor ejemplo del grado de rendición al que han llegado estos retretes multiculturales y dispersos que se hacen llamar Unión Europea.

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El Senado italiano aprobó este miércoles retirar la inmunidad del líder de la Liga, Matteo Salvini, por su gestión de la inmigración cuando era ministro del Interior en la coalición de Gobierno con el Movimiento 5 Estrellas (M5S), confirmaron a EFE fuentes oficiales.

Salvini tendrá que sentarse en un tribunal y responder por sus políticas de puertos cerrados y por impedir a los imnmigrantes ilegales desembarcar en Italia, manteniéndoles durante días encerrados en los barcos de las ONG que los rescataban.

En concreto, el caso por el que Salvini tendrá que defenderse se remonta al pasado julio, cuando el entonces ministro del Interior impidió llegar a Italia a 131 migrantes salvados en el Mediterráneo y los mantuvo a bordo de un barco de la Guardia Costera italiana durante cinco días.


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