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El superestado han de China: el nuevo Tercer Reich

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Enfrentamiento entre la policía china y las mujeres uigures durante una protesta en Urumqi, la capital de Sinkiang el 7 de julio de 2009.
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Por Gordon G. Chang.- Más de un millón de personas, por ningún otro motivo que su etnia o su religión, están presas en campos de concentración en lo que Beijing llama Región Autónoma Uigur de Sinkiang y los habitantes tradicionales del área, los uigures, conocen como Turquestán Oriental. Además de los uigures, en esos campos también hay presos de etnia kazajo.

En esta zona conflictiva, que aparece en los mapas como la parte noroeste de la República Popular China, están dividiendo a las familias. Los niños de los uigures encarcelados y los padres kazajos son “confinados” en “escuelas” separadas del exterior por alambradas y muchas patrullas policiales. Se les niega la educación en su propia lengua y se les obliga a aprender chino mandarín. Los controles son parte de la llamada política de “hanificación”, un programa de asimilación forzosa. “Han” es el nombre del grupo étnico dominante en China.

Como la cifra de uigures y kazajos que mueren en los campos es considerable, Beijing está construyendo crematorios para erradicar los entierros tradicionales y deshacerse de los cadáveres.

Los campos, un crimen contra la humanidad, están proliferando. China está construyendo unas instalaciones familiares, a las que da nombres eufemísticos como “centros de formación profesional” en el Tíbet, al suroeste de China.

Al mismo tiempo, Beijing está intentando de nuevo eliminar la religión en todo el país. Los cristianos han sufrido cada vez más ataques en todo China, al igual que los budistas. El presidente de China, Xi Jinping, exige que las cinco religiones reconocidas —el reconocimiento oficial es un mecanismo de control— se sometan a una “sinización”. Los chinos, en su despiadado e implacable empeño, están destruyendo mezquitas e iglesias, obligando a devotos musulmanes a beber alcohol y comer cerdo, haciendo que funcionarios han vivan en hogares musulmanes y acabando con la educación religiosa infantil.
Este empeño, que tiene antecedentes en la historia china, se ha intensificado desde que Xi se convirtió en el secretario general del Partido Comunista en noviembre de 2012.

Al mismo tiempo, Xi ha promovido, mucho más que sus predecesores, el concepto de un orden mundial gobernado por una sola soberanía: la china.

En líneas generales, la visión de Xi del mundo es notablemente similar a la del Tercer Reich o al estalinismo, al menos al anterior a los asesinatos de masas.

El Tercer Reich y la República Popular China comparten un virulento racismo, lo que en China se llama educadamente “chovinismo han”. La categoría han, que se dice que supone alrededor del 92% de la población de la República Popular, es en realidad una amalgama de grupos étnicos relacionados.

La mitología china sostiene que todos los chinos son descendientes del Emperador amarillo, que se cree que reinó en el tercer milenio a. E. C. Los chinos se consideran a sí mismos una rama de la humanidad separada del resto del mundo, una visión reforzada por medio del adoctrinamiento en las escuelas, entre otros.

Los académicos chinos suscriben esta idea del carácter separado de los chinos con la teoría evolutiva del “Hombre de Pekín”, según la cual, los chinos no comparten un ancestro común africano con el resto de la humanidad. Esta teoría de la evolución única de los chinos ha reforzado, como era de esperar, las opiniones racistas.

Como resultado del racismo, muchos en China, incluidos los funcionarios, “se creen que pertenecen a una categoría distinta e implícitamente superiores al resto de la humanidad”, escribe Fei-Ling Wang, autor de The China Order: Centralia, World Empire, and the Nature of Chinese Power [El orden chino: Centralia, el Imperio mundial y la naturaleza del poder chino].

El racismo, por lo tanto, está institucionalizado y se promueve abiertamente. Esto se manifestó dolorosamente el año pasado, en la sátira de 13 minutos en La Gala de la Fiesta de la Primavera de la Televisión Central de China, el principal programa de espectáculos de China. En “Celebrémoslo juntos”, una actriz china con la cara pintada de negro hacía de madre kenyana, con unos senos enormes y un trasero descomunal. Peor aún, su compinche era un mono de tamaño humano. La mezcla del mono y la mujer recordaba a la exposición del Museo de la Provincia de Hubei, “Esto es África”, que en 2017 expuso una serie de fotografías de africanos colocadas junto a imágenes de primates.

En los últimos años, los medios chinos han retratado con fealdad a los africanos en muchas ocasiones, y aunque la sátira del año pasado no fue la peor, fue llamativo porque la cadena estatal, que lo emitió para unos 800 millones de espectadores, dejó claro que los funcionarios chinos piensan en los africanos como objetos de burla e infrahumanos. En estas circunstancias, se puede afirmar sin temor a equivocarnos que esas opiniones son compartidas por los líderes de Beijing, que, alarmantemente, están apelando con más frecuencia al pueblo chino —y no sólo al que está en China— con argumentos basados en la raza.

La raza superior de este siglo tiene un problema, sin embargo. China, el Estado con más población del mundo, se enfrenta a un rápido declive demográfico. La tasa de natalidad del año pasado fue la más baja desde la fundación de la República en 1949. La población del país alcanzará su pico en 2029, según las Perspectivas de la Población Mundial 2017 que publica la División de Población de Naciones Unidas. Pero ese pico máximo podría en realidad llegar en los próximos dos años, ya que las cifras de la ONU se basan en los supuestos de Beijing, sumamente optimistas. Los demógrafos oficiales chinos, por ejemplo, no previeron el casi colapso de la tasa de natalidad del año pasado.

En 2024, se producirá otro acontecimiento crucial. En ese momento, por primera vez en al menos trescientos años —y quizá por primera vez desde que se tienen registros históricos—, China no será la sociedad con el mayor número de población del mundo. Ese honor irá a parar a un país que los chinos en general detestan y temen: la India. Cuando la India alcance su pico en 2061, tendrá una población de 398.088 millones de personas más que la de China.

Una vez que China empiece a menguar, lo hará rápido. En 2018, la población de China era 4,3 veces mayor que la de Estados Unidos. En 2100, se prevé que China tenga una población sólo 2,3 veces mayor.
La senda demográfica de China está fijada para décadas, y tendrá consecuencias trascendentales, y extremadamente adversas, para la sociedad china y el “poder nacional integral” del país. Tal vez por eso parece que Beijing esté tratando de compensar su colapso demográfico preparando la base para una raza de chinos sobrehumanos.

He Jianjui, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Shenzen anunció en noviembre que había utilizado CRISPR para editar embriones humanos y producir un nacimiento vivo, en este caso de gemelas. Afirmó que estaba haciendo que los bebés fuesen resistentes al VIH, pero se especula que también está intentado mejorar la inteligencia. En cualquier caso, el anuncio recordó a los experimentos eugenésicos de los nazis, especialmente porque existen evidencias de que el gobierno chino había respaldado el experimento de He, “el primero del mundo”, considerado contrario a la ética y peligroso.

El que es peligroso sin duda es Xi Jinping. “Mao Zedong podría haberse aprovechado de los resentimientos raciales del tercer mundo cuando intentó unir a los pueblos de las antiguas colonias contra los imperialistas blancos, pero pensó que el comunismo era un fenómeno global que acabaría encontrando un hogar en todas partes y la utopía de Mao era para el futuro”, dijo Charles Horner, del Hudson Institut. “El Partido Comunista Chino de Xi Jinping no es global, ni utópico en este sentido, sino que parece servir a una ‘sineidad’ esencial”.

Horner ve desconcertantes similitudes entre la China de Xi y el Japón imperial de la década de 1930. “Como el Japón imperial de entonces, Xi y el Partido miran atrás, a un pasado mitologizado donde un benigno emperador unió al mundo entero para disfrutar de su gloria y compartir su munificencia”.
Campos de concentración, racismo, eugenesia, ambiciones de dominación mundial. ¿Les resulta familiar?
Hay un nuevo Tercer Reich, y está en China.

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China asesina a miles de sus presos para extraer sus órganos y venderlos al mejor postor

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La presión internacional sobre China, acusada de asesinar a miles de sus presos para extraer sus órganos y venderlos al mejor postor, ha aumentado exponencialmente después de que el Partido Republicano estadounidense haya aprobado una resolución en apoyo de las conclusiones de un grupo de abogados que, reunidos en Londres, han hecho pública una investigación que revela que China esta masacrando a miembros encarcelados del grupo espiritual Falun Gong y extrayendo sus órganos con el fin de trasplantarlos. Este panel de expertos ha exigido una profundización del estudio de estos hechos, que calificaron como «potencial genocidio», a tenor de las “pruebas claras” de que disponen.

La sustracción forzada de órganos es una forma de tráfico humano en el que determinadas personas son asesinadas específicamente para la extracción de partes importantes de su cuerpo con el fin de ser implantadas en otro sujeto. Los receptores de trasplantes en China incluyen ciudadanos chinos, así como un número considerable de “turistas internacionales de trasplantes” que viajan a China para recibir un órgano tras pagar cantidades considerables de dinero (por ejemplo, un trasplante de hígado puede costar 160.000 dólares) pero con tiempos de espera muy reducido. Según criminólogos expertos en este delito de lesa humanidad, en general, se cree que los receptores americanos, europeos o asiáticos de estos órganos no son conscientes de que la fuente de su trasplante ha sido el asesinato de un ‘donante’ inocente, generalmente un preso de conciencia, recluido en centros de detención, cárceles y prisiones secretas del Gobierno comunista.

El término “presos de conciencia” hace referencia a personas inocentes que han sido encarceladas por tener opiniones sociales, políticas o religiosas que no son toleradas por las autoridades pertinentes, en este caso las de la República Popular de China. En este país, actualmente, podrían hallarse detenidos 1,5 millones de presos de conciencia, que incluyen cristianos y tibetanos, pero que principalmente son practicantes del Falun Gong o los musulmanes uigures.

El Falun Gong es una disciplina espiritual tradicional china. En 1999, los funcionarios de este país estimaron que los seguidores chinos de esta práctica eran aproximadamente unos 70 millones. Ante la creciente popularidad de esta práctica espiritual, los funcionarios estatales de Pekín diseñaron la Oficina 610, una agencia de seguridad extrajudicial establecida por el Estado chino para erradicar por completo a los practicantes de Falun Gong.

Desde entonces se estima que más de un millón de practicantes de Falun Gong han estado en custodia en cualquier momento en la vasta red de campos de detención del país. En 2006, los informes sistemáticos de extracción forzada de órganos de presos de conciencia salieron a la luz, proporcionando una explicación tan espeluznante como rotunda sobre la fuente de los miles de órganos que sustentan la expansión nacional e internacional del trasplante de órganos en China.

Ahora, según destacan los expertos británicos, el actual encarcelamiento masivo de uigures en Xinjiang parece estar proporcionando un nuevo grupo de víctimas para la sustracción forzada de órganos. Testigos del tribunal informaron de condiciones brutales de detención en los campos de detención de Xinjiang, junto con el patrón familiar de análisis de sangre, escaneos de órganos y la desaparición misteriosa de prisioneros que habían sido previamente examinados.

Mientras tanto, el aeropuerto de Kashgar tiene una pista de aterrizaje y despegada prioritaria dedicada a la exportación de órganos humanos, hecho que envía una señal espeluznante del volumen de órganos que podrían haber sido extraídos de presos de conciencia asesinados.

Se estima que el comercio de órganos en China mueve un mercado anual superior a los 1.000 millones de dólares anuales. La industria de trasplantes de órganos de China se ha desarrollado a gran escala con una inversión significativa en hospitales, personal médico y otras infraestructuras.

En 2000, coincidiendo con el comienzo de la persecución contra la escuela del Buda Falun Gong, la industria de trasplante de órganos de China estalló en una fuerte actividad. Los órganos vitales estuvieron disponibles en cuestión de días, mientras que comenzaron a surgir informes de hígados de “emergencia” que se entregaban en cuatro horas. Los hospitales estatales y cientos de sitios web independientes comenzaron a anunciar tiempos de espera increíblemente cortos para operaciones de trasplante que involucraban corazones, hígados, riñones y córneas, así como la venta masiva de órganos en el mercado. El tiempo de espera para los trasplantes se redujo de días a horas, un marco de tiempo que ningún otro sistema nacional de trasplantes en el mundo ha podido lograr. A partir de este momento, comenzaron a surgir acusaciones globales alegando que el suministro de órganos de China para operaciones de trasplante no podría haberse originado únicamente en un proceso legal y voluntario de donación.

En respuesta a las acusaciones generalizadas, el Gobierno chino ha presentado una narración cambiante e inconsistente para explicar el origen de los órganos que destina al trasplante. En 2001, una declaración oficial de un funcionario chino afirmó que “la principal fuente de órganos humanos proviene de donaciones voluntarias de ciudadanos chinos”. Sin embargo, solo cuatro años después, la declaración oficial cambió para afirmar que la mayoría de los órganos provenían de prisioneros fallecidos que, previamente, habrían dado su consentimiento. De cualquier forma, China se ha resistido hasta el momento a publicar datos hospitalarios, registros de trasplantes o estadísticas oficiales que permitan verificar sus afirmaciones.

(La Tribuna del País Vasco)

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A la Unión Europea: los mulás de Irán nunca serán vuestros amigos

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En la imagen: el centro de enriquecimiento de uranio de Isfahán en Irán
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Por Majid Rafizadeh / Gatestone Institute.- Es incomprensible hasta qué punto está dispuesta la Unión Europea a apaciguar a los mulás que gobiernan Irán. Es estupefaciente ver como la UE se alinea con el Gobierno fundamentalista de Irán en vez de apoyar a su viejo socio transatlántico, Estados Unidos.

Desde que el presidente Donald Trump retiró a Estados Unidos del defectuoso acuerdo, el Plan de Acción Conjunto y Completo (PACC), los líderes de Irán han estado constantemente presionando a Europa para que hiciese más para apaciguarlos, más de lo que es capaz de ofrecer.

Primero, la UE salió con un mecanismo llamado Apoyo al Intercambio Comercial (INSTEX, por sus siglas en inglés). Su objetivo era blindar al Gobierno iraní frente a las sanciones económicas, con el fin de ayudar a sus clérigos en el gobierno —y a Europa— a obtener más ingresos.

Después, Irán se volvió más agresivo y vulneró el límite de los 300 kg de uranio enriquecido, entre otros actos malignos (aquí, aquí y aquí). El aumento del nivel de enriquecimiento era una violación flagrante del acuerdo de Irán y contrario al deseo común internacional —salvo para los ayatolás iraníes— de reducir las tensiones regionales.

La Administración Trump, clasificó con razón este acto como “chantaje nuclear”, un ejemplo de lo que equivale a un esfuerzo cada vez más desesperado y apenas velado de obligar a los europeos a convencer a Estados Unidos de que levante las sanciones contra él.

Aunque Irán ha vulnerado claramente el PACC, y aunque el Organismo Internacional de Energía Atómica declaró que Irán había vulnerado el PACC, la respuesta de Europa ha sido el silencio. Tras una reunión con los ministros de Exteriores, la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Federica Mogherini, dijo que EU sigue concentrada en “mantener en vigor el acuerdo”, diciéndoles a los periodistas que Europa considerará que Irán “cumple plenamente” con el acuerdo nuclear.

En vez de reaccionar al hecho de que Irán representa una enorme amenaza para sus intereses de seguridad nacional, la UE, muy probablemente, intentará trazar otras vías para ayudar a los mulás que gobiernan Irán. En los últimos años, desde que se alcanzó el PACC entre los P5+1 (China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos más Alemania) y la República Islámica, el rastro de una serie de asesinatos y tramas terroristas —algunas con éxito y otras no— ha conducido a Teherán.

Una tarde de noviembre de 2017, cuando Ahmed Mola Nissi volvía andando a su casa en La Haya (Países Bajos), un asesino lo abatió a tiros delante de su casa. Nissi, ciudadano holandés de origen iraní, tenía 52 años y era una destacada figura del Movimiento de Lucha Árabe para la Liberación de Ahvaz, una organización activista que lucha por la creación de un Estado independiente en el oeste de Irán.

Por primera vez, las autoridades holandesas anunciaron públicamente que fue el Gobierno iraní quien había encargado el asesinato. Por la resistencia de Nissi al gobierno tiránico de Irán, se le puso una diana en la espalda, y se puso fin a su vida para que los gobernantes autócratas de Irán —a los que la UE apoya y protege— pudieran avanzar en sus objetivos.

La muerte de Nissi no es un caso aislado. Otro opositor político de Teherán, Alí Motamed, fue asesinado en circunstancias similares en Ámsterdam en 2015.

Las autoridades europeas también frustraron un plan terrorista cuyo objetivo era un multitudinario congreso de Free Iran en París, al que asistieron en junio de 2018 muchos oradores de alto nivel, entre ellos Newt Gingrich, expresidente de la Cámara de Representantes de EEUU, Rudy Giuliani, exalcalde de Nueva York y John Baird, exministro de Exteriores canadiense.

Un diplomático iraní y otros individuos de origen iraní fueron enseguida detenidos en Francia, Bélgica y Alemania. Después de una exhaustiva investigación, las autoridades francesas llegaron a la conclusión de que el régimen iraní estaba detrás del plan terrorista. De haber triunfado el atentado, se habrían perdido muchas vidas humanas, pero el devastador peaje que se habría cobrado de la comunidad que lucha por los derechos humanos habría sido inconmensurable. Ahora está claro que los que defienden la libertad y los derechos humanos llevan una diana en la espalda.

Esto no fue desde luego una trama puntual en Europa. También se detectaron ataques de Irán en 2018 en Dinamarca, donde las autoridades acusaron a Teherán de intentar asesinar a uno de sus ciudadanos.

El ministro de Exteriores, Anders Samuelsen, hizo hincapié en la gravedad de la trama diciendo: “Una agencia de inteligencia iraní ha planeado un asesinato en suelo danés. Esto es completamente inaceptable. De hecho, es difícil describir la gravedad del asunto. Esto se le ha dejado cristalino hoy al embajador iraní en Copenhague”.

A pesar de estos ataques, e intentos de ataques, y a pesar de que la UE siempre está sentando cátedra moral, ésta sigue suavizando su tono hacia Irán, presumiblemente por afán por hacer negocios incluso con un país clasificado como el principal Estado patrocinador del terrorismo.

Cuanto más apacigua la UE al Gobierno iraní, más poder le da para llevar a cabo sus actividades agresivas y terroristas.

La UE tiene que dejar de apaciguar a los mulás que gobiernan Irán que se dedican constantemente a las actividades terroristas en Europa, y unirse a su viejo socio transatlántico, EEUU, para presionar aún más al Gobierno fundamentalista de Irán.

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Turquía amenaza con reactivar la crisis migratoria europea

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En la imagen, el campo de refugiados de Adiyamán en Turquía (Fuente: UNHRC).
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Por Soeren Kern / Gatestone Institute.- Turquía ha amenazado con reabrir las compuertas de la migración masiva a Europa a menos que a los ciudadanos turcos se les permita viajar sin visado a la Unión Europea. La UE accedió a la liberalización de los visados en un acuerdo migratorio con Turquía en marzo de 2016, por el que Ankara se comprometía a contener el flujo de migrantes a Europa.

Las autoridades europeas insisten en que, aunque Turquía ha reducido el flujo de migrantes, no ha cumplido todos los requisitos para la liberalización de los visados. Además, los ministros de Exteriores de la UE decidieron el 15 de julio paralizar las conversaciones de alto nivel con Ankara como parte de las sanciones por la perforación petrolífera y de gas en la costa de Chipre.

En una entrevista con el canal de la televisión turca TGRT Haber el 22 de julio, el ministro de Exteriores turco, Mevlut Çavuşoğlu, dijo que Turquía estaba dejando de cumplir el acuerdo migratorio porque la UE no había honrado su promesa de conceder el acceso sin visado a los ciudadanos turcos para los 26 países europeos. “Hemos suspendido el acuerdo de readmisión. No nos vamos a quedar esperando en las puertas de la UE”, dijo.

Un día antes, el ministro del Interior turco, Süleyman Soylu, acusó a los países europeos de abandonar a Turquía a su suerte con el problema migratorio. En unas declaraciones publicadas por la agencia de noticias estatal, Anadolu, advirtió: “Nos estamos enfrentando a la mayor ola migratoria de la historia. Si abrimos las compuertas, ningún gobierno europeo podrá sobrevivir más de seis meses. Les aconsejamos que no pongan a prueba nuestra paciencia”.

El acuerdo migratorio, que entró en vigor el 1 de junio de 2016, fue negociado apresuradamente por los líderes europeos, desesperados por controlar una crisis en la que más de un millón de inmigrantes entraron en Europa en 2015.

Bajo el acuerdo, la UE se comprometió a pagar a Turquía 6.000 millones de euros, conceder la exención de visado para viajar a Europa a los 82 millones de ciudadanos turcos y reiniciar las conversaciones sobre el ingreso de Turquía en la UE. A cambio, Turquía accedió a frenar el flujo de inmigrantes a Europa, además de volver a aceptar a todos los inmigrantes y refugiados que llegaron ilegalmente a Grecia desde Turquía.

Turquía acoge actualmente una cifra estimada de 3,5 millones de inmigrantes y refugiados, principalmente sirios, iraquíes y afganos. Muchas de estas personas, presumiblemente, emigrarían a Europa si les dieran la oportunidad de hacerlo.

En respuesta a los comentarios de Çavuşoğlu, la portavoz de la UE, Natasha Bertaud, insistió en que el cumplimiento de Turquía de su acuerdo con la UE sigue siendo una condición para la liberalización de los visados.

Las autoridades turcas han acusado varias veces a la UE de no cumplir su parte del trato, especialmente en lo relativo a la liberalización de los visados y el acceso a la UE.

Bajo el acuerdo, los funcionarios europeos prometieron tramitar por la vía rápida la exención de visados para el acceso de los ciudadanos turcos a la zona Schengen, de libre tránsito, antes del 30 de junio de 2016, y reiniciar las conversaciones paralizadas sobre el ingreso de Turquía en la UE para finales de julio de 2016.

Para poder acceder a la exención del visado, Turquía tenía hasta el 30 de abril de 2016 para cumplir 72 condiciones, entre ellas: adaptar los pasaportes europeos a las normas de seguridad de la UE; compartir información sobre documentos falsificados y fraudulentos para viajar a la UE; y conceder permisos de trabajo a los inmigrantes no sirios en Turquía.

Los funcionarios europeos dicen que, aunque Turquía ha acatado la mayoría de las condiciones, no ha cumplido la más importante: suavizar sus rigurosas leyes antiterroristas, que se están utilizando para silenciar a los críticos del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.

Desde el fallido golpe de Estado turco el 15 de julio de 2016, más de 95.000 ciudadanos turcos han sido arrestados y al menos 160.000 funcionarios públicos, profesores, periodistas, policías y soldados han sido despedidos o suspendidos en varias instituciones gubernamentales.

En respuesta a la purga, el Parlamento Europeo pidió, el 13 de marzo de 2019, que se suspendieran las negociaciones entre la UE y Turquía sobre el ingreso de ésta. “Aunque el proceso de ingreso en la UE fue al principio una fuerte motivación para las reformas en Turquía, se ha producido una absoluta regresión en los ámbitos del Estado de derecho y los derechos humanos durante los últimos años”, según el texto adoptado.

A Turquía se le prometió por primera vez el ingreso en la UE en septiembre de 1963, cuando firmó un “Acuerdo de asociación” con el objetivo de establecer una unión aduanera para allanar el camino a un futuro ingreso en la UE. Turquía solicitó oficialmente el ingreso en la UE en abril de 1987, y las conversaciones empezaron en octubre de 2005.

Las conversaciones sobre el ingreso de Turquía en la UE llegaron a un punto muerto en diciembre de 2006, después de que el Gobierno turco se negara a abrir los puertos y aeropuertos turcos al comercio de Chipre. Desde entonces, las conversaciones han sido intermitentes, pero el proceso se ha estancado a causa de la oposición política de Francia y Alemania, entre otros.

Si Turquía se uniera a la UE, superaría a Alemania como mayor país de la UE en términos de población. En consecuencia, el mayor Estado de la UE sería musulmán. Algunos funcionarios europeos han advertido de que el ingreso de Turquía causaría una “implosión” en Europa y su “islamización”.

El expresidente francés Nicolas Sarkozy ha dicho que Turquía no tiene cabida en la UE. En una entrevista en febrero de 2016 con el canal informativo francés iTélé, expresó una opinión presumiblemente compartida por muchos europeos:

“Turquía no tiene cabida en Europa. Siempre me he adherido a esta postura, se basa en el sentido común. Esto no significa que yo tenga nada contra los turcos. Los necesitamos, son nuestros aliados en la OTAN. Pero si empezamos a explicarlo —que Turquía está en Europa—, habrá que decirles a los alumnos de los colegios europeos que las fronteras de Europa están en Siria. ¿Qué sentido tiene eso? No es sólo eso. ¿Cuál es la idea que explica Europa? Europa es una unión de países europeos. La pregunta es muy simple, incluso en sentido geográfico: ¿es Turquía un país europeo? Turquía sólo tiene una orilla del Bósforo en Europa. ¿Puede considerarse Turquía un país europeo en términos culturales, históricos y económicos? Si decimos eso, es que queremos la muerte de la Unión Europea”.

El 9 de mayo de 2019, Erdogan dijo que Turquía estaba comprometida en unirse a la UE. Un comunicado difundido por el Ministerio de Exteriores turco decía:

“Turquía sigue comprometida con su objetivo de ser miembro de la UE y prosigue en sus esfuerzos en este respecto […] Lo que esperamos de la UE es que trate a Turquía en pie de igualdad con otros países candidatos y que elimine las barreras políticas que se interponen en las negociaciones de lo que se supone que es un proceso técnico […]

Aunque las negociaciones sobre nuestro ingreso están bloqueadas políticamente, Turquía sigue decidida en sus esfuerzos para alinearse con las normas de la UE. En la reunión de hoy, hemos expuesto los actuales desarrollos en Turquía y acordado los pasos que se tomarán en el próximo periodo.

El término del proceso de liberalización de los visados que permitirá a nuestros ciudadanos viajar a la zona Schengen sin visado es nuestra prioridad”.

Aun si Turquía cumpliera con todas las demandas de la UE, parece improbable que los ciudadanos turcos vayan a conseguir la exención de los visados en un futuro próximo. El 15 de julio, los ministros de Exteriores de la UE vincularon oficialmente el progreso de las relaciones entre Turquía y la UE a Chipre. Una medida adoptada por el Consejo Europeo el 15 de julio establece:

“El Consejo lamenta que, pese a los reiterados llamamientos de la Unión Europea para que Turquía ponga a fin a sus actividades ilegales en el Mediterráneo oriental, ese país ha continuado con sus operaciones de perforación al oeste de Chipre y ha iniciado una segunda operación de perforación al nordeste de Chipre en aguas territoriales chipriotas. El Consejo reitera las graves consecuencias negativas que tales acciones ilegales tienen de forma inmediata para el conjunto de las relaciones entre la UE y Turquía. El Consejo vuelve a hacer un llamamiento a Turquía para que se abstenga de tales acciones, actúe con espíritu de buena vecindad y respete la soberanía y los derechos soberanos de Chipre de conformidad con el Derecho internacional […].

En vista de las constantes y renovadas actividades ilegales de perforación realizadas por Turquía, el Consejo decide suspender […] las reuniones ulteriores de los diálogos de alto nivel entre la UE y Turquía.

El Consejo aprueba la propuesta de la Comisión de reducir la ayuda preadhesión a Turquía correspondiente a 2020”.

Quizá esté justificado que los funcionarios europeos adopten una postura dura contra Turquía, pero Ankara está en condiciones de generar un caos para la Unión Europea si opta por hacerlo. De hecho, Europa parece atrapada en una situación de la que no podrá salir airosa.

Si la UE aprueba la exención del visado, decenas de millones de turcos obtendrán inmediatamente un acceso sin trabas a la zona de libre tránsito de Europa. Los críticos de la liberalización del visado temen que millones de ciudadanos turcos puedan acabar emigrando a Europa. La revista austriaca Wochenblick informó de que 11 millones de turcos están viviendo en la pobreza y que “muchos de ellos están soñando con mudarse a la Europa central”.

Otros creen que Erdogan ve la exención del visado como una oportunidad para “exportar” el “problema kurdo” turco a Alemania. Markus Söder, líder de la Unión Social Cristiana, partido bávaro hermano de la Unión Demócrata Cristiana de la canciller Angela Merkel, advirtió de que millones de kurdos están preparados para aprovechar la exención de visado para huir a Alemania y escapar de la persecución a manos de Erdogan. “Estamos importando un conflicto interno turco. Al final, llegarán menos inmigrantes por barco, pero llegarán más por avión”.

Por otra parte, si la UE rechaza la exención del visado, y Turquía se venga reabriendo las compuertas migratorias, son potencialmente cientos de miles de inmigrantes de África, Asia y Oriente Medio los que podrían volver a fluir hacia Europa.

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