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Asia

El superestado han de China: el nuevo Tercer Reich

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Enfrentamiento entre la policía china y las mujeres uigures durante una protesta en Urumqi, la capital de Sinkiang el 7 de julio de 2009.
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Por Gordon G. Chang.- Más de un millón de personas, por ningún otro motivo que su etnia o su religión, están presas en campos de concentración en lo que Beijing llama Región Autónoma Uigur de Sinkiang y los habitantes tradicionales del área, los uigures, conocen como Turquestán Oriental. Además de los uigures, en esos campos también hay presos de etnia kazajo.

En esta zona conflictiva, que aparece en los mapas como la parte noroeste de la República Popular China, están dividiendo a las familias. Los niños de los uigures encarcelados y los padres kazajos son “confinados” en “escuelas” separadas del exterior por alambradas y muchas patrullas policiales. Se les niega la educación en su propia lengua y se les obliga a aprender chino mandarín. Los controles son parte de la llamada política de “hanificación”, un programa de asimilación forzosa. “Han” es el nombre del grupo étnico dominante en China.

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Como la cifra de uigures y kazajos que mueren en los campos es considerable, Beijing está construyendo crematorios para erradicar los entierros tradicionales y deshacerse de los cadáveres.

Los campos, un crimen contra la humanidad, están proliferando. China está construyendo unas instalaciones familiares, a las que da nombres eufemísticos como “centros de formación profesional” en el Tíbet, al suroeste de China.

Al mismo tiempo, Beijing está intentando de nuevo eliminar la religión en todo el país. Los cristianos han sufrido cada vez más ataques en todo China, al igual que los budistas. El presidente de China, Xi Jinping, exige que las cinco religiones reconocidas —el reconocimiento oficial es un mecanismo de control— se sometan a una “sinización”. Los chinos, en su despiadado e implacable empeño, están destruyendo mezquitas e iglesias, obligando a devotos musulmanes a beber alcohol y comer cerdo, haciendo que funcionarios han vivan en hogares musulmanes y acabando con la educación religiosa infantil.
Este empeño, que tiene antecedentes en la historia china, se ha intensificado desde que Xi se convirtió en el secretario general del Partido Comunista en noviembre de 2012.

Al mismo tiempo, Xi ha promovido, mucho más que sus predecesores, el concepto de un orden mundial gobernado por una sola soberanía: la china.

En líneas generales, la visión de Xi del mundo es notablemente similar a la del Tercer Reich o al estalinismo, al menos al anterior a los asesinatos de masas.

El Tercer Reich y la República Popular China comparten un virulento racismo, lo que en China se llama educadamente “chovinismo han”. La categoría han, que se dice que supone alrededor del 92% de la población de la República Popular, es en realidad una amalgama de grupos étnicos relacionados.

La mitología china sostiene que todos los chinos son descendientes del Emperador amarillo, que se cree que reinó en el tercer milenio a. E. C. Los chinos se consideran a sí mismos una rama de la humanidad separada del resto del mundo, una visión reforzada por medio del adoctrinamiento en las escuelas, entre otros.

Los académicos chinos suscriben esta idea del carácter separado de los chinos con la teoría evolutiva del “Hombre de Pekín”, según la cual, los chinos no comparten un ancestro común africano con el resto de la humanidad. Esta teoría de la evolución única de los chinos ha reforzado, como era de esperar, las opiniones racistas.

Como resultado del racismo, muchos en China, incluidos los funcionarios, “se creen que pertenecen a una categoría distinta e implícitamente superiores al resto de la humanidad”, escribe Fei-Ling Wang, autor de The China Order: Centralia, World Empire, and the Nature of Chinese Power [El orden chino: Centralia, el Imperio mundial y la naturaleza del poder chino].

El racismo, por lo tanto, está institucionalizado y se promueve abiertamente. Esto se manifestó dolorosamente el año pasado, en la sátira de 13 minutos en La Gala de la Fiesta de la Primavera de la Televisión Central de China, el principal programa de espectáculos de China. En “Celebrémoslo juntos”, una actriz china con la cara pintada de negro hacía de madre kenyana, con unos senos enormes y un trasero descomunal. Peor aún, su compinche era un mono de tamaño humano. La mezcla del mono y la mujer recordaba a la exposición del Museo de la Provincia de Hubei, “Esto es África”, que en 2017 expuso una serie de fotografías de africanos colocadas junto a imágenes de primates.

En los últimos años, los medios chinos han retratado con fealdad a los africanos en muchas ocasiones, y aunque la sátira del año pasado no fue la peor, fue llamativo porque la cadena estatal, que lo emitió para unos 800 millones de espectadores, dejó claro que los funcionarios chinos piensan en los africanos como objetos de burla e infrahumanos. En estas circunstancias, se puede afirmar sin temor a equivocarnos que esas opiniones son compartidas por los líderes de Beijing, que, alarmantemente, están apelando con más frecuencia al pueblo chino —y no sólo al que está en China— con argumentos basados en la raza.

La raza superior de este siglo tiene un problema, sin embargo. China, el Estado con más población del mundo, se enfrenta a un rápido declive demográfico. La tasa de natalidad del año pasado fue la más baja desde la fundación de la República en 1949. La población del país alcanzará su pico en 2029, según las Perspectivas de la Población Mundial 2017 que publica la División de Población de Naciones Unidas. Pero ese pico máximo podría en realidad llegar en los próximos dos años, ya que las cifras de la ONU se basan en los supuestos de Beijing, sumamente optimistas. Los demógrafos oficiales chinos, por ejemplo, no previeron el casi colapso de la tasa de natalidad del año pasado.

En 2024, se producirá otro acontecimiento crucial. En ese momento, por primera vez en al menos trescientos años —y quizá por primera vez desde que se tienen registros históricos—, China no será la sociedad con el mayor número de población del mundo. Ese honor irá a parar a un país que los chinos en general detestan y temen: la India. Cuando la India alcance su pico en 2061, tendrá una población de 398.088 millones de personas más que la de China.

Una vez que China empiece a menguar, lo hará rápido. En 2018, la población de China era 4,3 veces mayor que la de Estados Unidos. En 2100, se prevé que China tenga una población sólo 2,3 veces mayor.
La senda demográfica de China está fijada para décadas, y tendrá consecuencias trascendentales, y extremadamente adversas, para la sociedad china y el “poder nacional integral” del país. Tal vez por eso parece que Beijing esté tratando de compensar su colapso demográfico preparando la base para una raza de chinos sobrehumanos.

He Jianjui, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Shenzen anunció en noviembre que había utilizado CRISPR para editar embriones humanos y producir un nacimiento vivo, en este caso de gemelas. Afirmó que estaba haciendo que los bebés fuesen resistentes al VIH, pero se especula que también está intentado mejorar la inteligencia. En cualquier caso, el anuncio recordó a los experimentos eugenésicos de los nazis, especialmente porque existen evidencias de que el gobierno chino había respaldado el experimento de He, “el primero del mundo”, considerado contrario a la ética y peligroso.

El que es peligroso sin duda es Xi Jinping. “Mao Zedong podría haberse aprovechado de los resentimientos raciales del tercer mundo cuando intentó unir a los pueblos de las antiguas colonias contra los imperialistas blancos, pero pensó que el comunismo era un fenómeno global que acabaría encontrando un hogar en todas partes y la utopía de Mao era para el futuro”, dijo Charles Horner, del Hudson Institut. “El Partido Comunista Chino de Xi Jinping no es global, ni utópico en este sentido, sino que parece servir a una ‘sineidad’ esencial”.

Horner ve desconcertantes similitudes entre la China de Xi y el Japón imperial de la década de 1930. “Como el Japón imperial de entonces, Xi y el Partido miran atrás, a un pasado mitologizado donde un benigno emperador unió al mundo entero para disfrutar de su gloria y compartir su munificencia”.
Campos de concentración, racismo, eugenesia, ambiciones de dominación mundial. ¿Les resulta familiar?
Hay un nuevo Tercer Reich, y está en China.


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(VÍDEO DE ASESINATO REAL) “…Érase una vez…”

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Para comenzar, queremos dejar claro que este artículo es un simple recuerdo histórico, y de ninguna manera estamos haciendo sugerencia alguna. Los hechos que vamos a relatar fueron perpetrados hace muchos años y, fuera aparte de toda opinión de criterio histórico, en aquel momento y lugar constituyeron un delito, por lo que nosotros no podemos de ninguna manera animar, incitar o de cualquier otra manera sugerir a nadie la repetición de hechos tan luctuosos.

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Aclarado lo anterior, debemos reconocer que a día de hoy muchos japoneses recuerdan como un héroe, un “samurai” moderno al jovencísimo estudiante de 17 años que impidió que en los años 60 del siglo pasado Japón se zambullera en el comunismo chino estableciendo un gobierno socialista y aliándose políticamente con China eliminando para ello a su tradicional aliado, Estados Unidos, del encaje político de extremo oriente, lo que hubiera provocado un cambio devastador en los equilibrios de poder en la Guerra Fría.

Hablamos de Inejiro Asanuma, el que fuera Presidente del PSJ, Partido Socialista de Japón. Fue elegido miembro de la Dieta en 1936, pero al comenzar la Guerra se retiró de la política, a la que no volvió hasta la derrota del Japón, algo muy en el estilo del socialismo mundial: es decir, la huida cobarde y el ocultamiento temeroso.

Provocó grandes escándalos, siendo el mayor de ellos el que provocó a la vuelta de un viaje por la China comunista -República Popular China- declarando ante los medios que USA era “el gran enemigo de China y de Japón”.

El 12 de Octubre de 1960 un joven estudiante nacionalista japonés irrumpió en medio de un debate político, subió a la tribuna en la que estaba hablando Inejiro Asanuma y con un golpe perfectamente medido y exquisitamente ejecutado en la mejor tradición samurai con un “wakizashi” (espada tradicional más corta que la conocida katana) atravesó de parte a parte a Inejiro matándolo en el acto.

Estos hechos fueron televisados en directo por la cadena japonesa NHK, dado que el debate así estaba siendo retransmitido. El video que presentamos más abajo refleja aquellos momentos.

Nunca sabremos si Otoya Yamaguchi, el ejecutor de Asanuma, tuvo cómplices para realizar el asesinato, o lo realizó todo él solo. Lo que sí sabemos es que, tres semanas más tarde de su crimen, estando encerrado en una institución juvenil, mezcló cuidadosamente pasta de dientes con algo de agua y dejó escrito en la pared: “Siete vidas por mi país. ¡Diez mil años por su Majestad Imperial, el Emperador!”.

Después hizo tiras con la sábana de su catre, y se ahorcó de una lámpara.

El Premio Nobel de literatura japonés, Kenzaburo Oe, escribió su novela “Seventeen” tomando como ejemplo a Otoya Yamaguchi.

Camiseta conmemorativa del asesinato

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De forma “underground”, en Japón se venden camisetas y otros recuerdos en memoria de Otoya Yamaguchi, “El Samurai que libró a Japón del socialismo”.

Celebrating The Assassination Of Inejiro Asanuma from Uchujin on Vimeo.


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(ENCUESTA PARA NUESTROS LECTORES) Nuevos indicios apuntan que la Organización Mundial de la Salud encubrió a China durante la propagación de la pandemia

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Por Matteo Goretti.-

La pandemia del COVID-19 tiene su primera víctima global: la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este organismo internacional surgido de la post guerra, que tiene entre sus responsabilidades prevenir y actuar sobre las epidemias, ha sido acusada por especialistas y gobiernos de ir detrás del virus y, por lo tanto, de no actuar adecuadamente para moderar su propagación. Las críticas señalan que esta organización dilató la toma de decisiones esenciales y omitió recomendar medidas sanitarias que más tarde fueron reconocidas como esenciales para combatir el virus. Nueva información relevante recientemente publicada confirma estos hechos.

Esta situación también impactó en nuestro país. A pesar de que el Gobierno aceptó e incorporó tempranamente los planes de la OMS, luego tuvo que cambiarlos apresuradamente cuando se demostró que eran insuficientes, como el caso del uso de las mascarillas y de los testeos, que al igual que la Organización, el Ministerio de Salud de la Nación primero desaconsejó para más tarde ordenar su implementación.

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Recientemente, un informe internacional elaborado por Five Eyes (una alianza que integran los Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda), que reprodujo el periódico británico The Daily Mail, mostró cómo el gobierno chino habría escondido la noticia de la expansión y peligrosidad del COVID-19, negándose a proporcionar muestras vivas a los centros y laboratorios internacionales que trabajan en el desarrollo de vacunas.

Entre las acusaciones se menciona que China negó al inicio de la epidemia la posibilidad de transmisión del virus entre seres humanos -que reconoció solo el 20 de enero-, y también que por un tiempo mantuvo en silencio la importancia que los portadores asintomáticos tienen en la transmisión de la enfermedad.

El informe menciona que la Comisión Nacional de Salud de China ordenó el 3 de enero que se destruyeran las muestras de virus y prohibió toda publicación sobre el tema. También hay polémica con la suerte corrida por Huang Yan Ling, investigadora del Instituto de Virología de Wuhan, que se cree que es la paciente cero. Mientras que el informe afirma que desapareció, el instituto chino negó que fuera la paciente cero y sostuvo que sigue viva, aunque dijo desconocer su paradero y eliminó su nombre de la base de datos.

Estas acusaciones de destruir pruebas y silenciar las consecuencias de la propagación del virus que denuncia el informe, negadas por el gobierno chino, encendieron las alarmas a nivel global acerca de la veracidad de la información proporcionada por ese país en términos del número de contagios y muertes, y de las acciones de sus autoridades sanitarias para limitarlos y controlarlos.

Recientemente, algunos estudios en Francia han logrado rastrear al paciente cero en ese país, llegando hasta el mes de diciembre pasado. Es decir, al parecer el virus circulaba en el mundo antes de que China informara sobre su existencia.

A su vez, algunos atletas que participaron de los Juegos Militares Internacionales en octubre pasado en Wuhan, denunciaron que tuvieron síntomas compatibles con el coronavirus; incluso uno de ellos, del equipo español, dijo haber pasado por una fuerte neumonía al regresar a su país al finalizar la competencia el 27 de octubre.

La polémica se agudizó cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) aceptó las afirmaciones de Beijing y se supo que no consideró las alertas tempranas que recibió de Taiwan en diciembre pasado sobre la existencia de casos nunca visto antes y su peligrosidad. (Esta isla, cuya denominación es República de China, no puede integrar la OMS porque la República Popular China no la reconoce como Estado independiente).

Inmediatamente, cayeron sobre la OMS críticas provenientes de numerosos gobiernos y especialistas, acusándola de ser una organización filo-china y de moverse atendiendo cuestiones políticas más que sanitarias, lo cual habría favorecido la expansión del virus en el mundo.

Como se sabe, una de las principales responsabilidades de la OMS es la prevención y el monitoreo de las emergencias sanitarias a nivel mundial. Fundada en 1946, la Organización inició sus actividades el 7 de abril de 1948. Con sede en Ginebra; Suiza, la integran 194 países. Tiene distribuidas por el mundo 15 oficinas regionales y emplea a 7 mil personas. Su presupuesto bianual alcanza los seis mil millones de dólares. Los países que más aportan para su funcionamiento son los Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania y Japón. Estados Unidos es el principal contribuyente, con 450 millones anuales; China solo participa con 38 millones por año.

A pesar de que el virus fue secuenciado el 27 de diciembre, el gobierno chino transmitió la primera información a la OMS el 10 de enero. A la Organización pareció no importarle semejante atraso en la comunicación. En efecto, el mismo 10 de enero, su director general, el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus, tuiteó: “La rapidez y transparencia de China en este tema ha sido impresionante”.

A pesar de que crecía el brote a nivel local, la OMS comunicó que “no recomendaba ninguna medida de salud específica para los viajeros hacia y desde Wuhan” y se pronunció “contra la aplicación de cualquier restricción de viaje o comercio en China”.

El 14 de enero Ghebreyesus publicó un nuevo tuit en el que afirmaba que “No hay pruebas de que el virus se trasmita de hombre a hombre”. El Secretario General acababa de volver de Beijing, donde había felicitado públicamente al presidente chino, Xi Jinping, por la transparencia y buenas prácticas de su gobierno en el combate al coronavirus.

Más adelante, la OMS ensayaría una justificación con Larry Gostin, un alto funcionario de la Organización, al sostener en una nota publicada por el New York Times que “La OMS no disponía de los medios para verificar en el campo…; si queremos ser más piadosos, no hizo lo necesario, y se confió de China”.

Esta aparente mala praxis de la OMS se repitió con otras acciones y omisiones, que luego tuvieron que ser reconsideradas y rectificadas. Por ejemplo, los barbijos o tapabocas, definidas como “inútiles” por esta organización mundial, fueron recomendadas más adelante como medida de prevención para moderar la propagación del virus.

Lo mismo sucedió con los tests: la OMS los recomendó solo para los que tenían síntomas; luego cambió de opinión y propuso su aplicación extensiva. El Director General Ghebreyesus publicó el siguiente tuit recién el 16 de marzo: “Hay un único mensaje para todos nuestros Estados miembros: testear, testear, testear”.

La Organización también sostuvo al inicio que los pacientes asintomáticos no eran transmisores del virus, aunque luego reconoció que podrían serlo cuando la revista especializada Science publicó que el 80% de los contagios se debía a los asintomáticos.

Con estos antecedentes, no debería llamar la atención que la OMS dilatara la declaración de los sucesivos estadios o etapas de la epidemia hasta informar, tardíamente, que la situación había devenido en pandemia, todo lo cual debilitó la lucha contra el coronavirus. En efecto, la Organización tardó un mes en elevar de “moderada” a “elevada” la amenaza de epidemia fuera de China (28 de enero), y casi un mes y medio más en declarar el estado de pandemia (11 de marzo).

Algunos gobiernos, como los de Japón y Australia, ordenaron investigaciones con el propósito de determinar el origen del virus. La respuesta del gobierno chino fue inmediata: los amenazó con tomar represalias en el plano comercial si seguían adelante con la pesquisa.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, culpó a China de haber diseminado el virus, aunque luego se rectificó diciendo que no había sido a propósito sino “tal vez debido a la incompetencia”. Cargó contra la OMS por el manejo sanitario y la calificó de “marioneta de China”, suspendiendo en abril los aportes que realiza el país para su financiamiento.

Es prematuro evaluar el impacto que esta crisis sanitaria global tendrá en la reputación de China y si se verá afectado su plan de expansión económica y política en el mundo.

Recientemente, la prestigiosa publicación alemana Der Spiegel reprodujo un informe de la inteligencia de su país que revela que el presidente Xi Jinping le pidió a la OMS que retrase el anuncio de la pandemia y que niegue la transmisión del virus de persona a persona, todo lo cual coincide con las declaraciones de Ghebreyesus citadas más arriba. El gobierno chino negó haberlo hecho.

Sin embargo, en las primeras etapas de la epidemia en Wuhan el informe menciona que de manera repentina China dejó de exportar insumos de alta tecnología vinculados con la atención de los enfermos de coronavirus, como los respiradores, y que por el contrario comenzó a importarlos de otros países.

En síntesis, la información que acabamos de reseñar, que es pública, apunta a que la OMS habría participado en un encubrimiento o, en el mejor de los casos, omitido comunicar a tiempo información clave sobre la propagación del virus, al no tomar decisiones tempranas tendientes a encapsular la epidemia en China. Del mismo modo, son numerosos los indicios que muestran una actitud recurrente de complacencia de con China en este asunto.

Por supuesto, los detalles de esta historia solo podrán ser confirmados por una profunda investigación internacional independiente. Sin embargo, la tradicional opacidad de la información que caracteriza al régimen político chino hace pensar que llegar a la verdad será una tarea casi imposible.

¿Cree usted que el virus COVID-19 fue desarrollado de forma artificial por un laboratorio en China?

(Infobae)


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¿Tiene miedo China? Su gobierno comunista mafioso amenaza a Australia con tomar represalias económicas si insiste en investigar el origen del coronavirus

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China advirtió al gobierno australiano que los intentos para realizar una investigación sobre la propagación del coronavirus podría conducir a un boicot de los consumidores al vino australiano o interrumpir los viajes de los turistas del gigante asiático.

Australia se ha unido a los Estados Unidos en el llamamiento a una investigación exhaustiva de cómo el virus se transformó de una epidemia localizada en el centro de China en una pandemia que ha matado a más de 200.000 personas.

En respuesta, el embajador de China en Australia, Cheng Jingye, alertó que el impulso de una investigación independiente sobre los orígenes del brote era “peligroso”.

“El público chino está frustrado, consternado y decepcionado con lo que Australia está haciendo ahora”, declaró en una entrevista con el Australian Financial Review. “Si el estado de ánimo va de mal en peor, la gente pensará ‘¿por qué deberíamos ir a un país que no es tan amigable con China?’ Los turistas pueden tener dudas”, añadió, en referencia a un posible boicot a los viajes.

 

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Y añadió: “Depende de la gente decidir. Tal vez la gente común dirá: ‘¿Por qué deberíamos beber vino australiano? ¿Comer carne australiana?”

El representante del régimen chino también amenazó el flujo de estudiantes chinos a las universidades australianas, una fuente clave de ingresos que ya está amenazada por las restricciones de viaje de la pandemia. “Los padres de los estudiantes también pensarían si este lugar que encontraron no es tan amigable, incluso hostil, si es el mejor lugar para enviar a sus hijos aquí”, dijo.

Los comentarios marcan una significativa escalada de las tensiones entre Beijing y Canberra, cuyas relaciones ya están tensas. También reflejan la voluntad de una nueva generación de diplomáticos chinos de impulsar agresiva y públicamente los intereses del Partido Comunista, utilizando el poderío económico chino como palanca si fuera necesario.

Los expertos han dicho que una investigación completa sobre el brote de coronavirus podría impulsar el escrutinio de los gobernantes chinos y su respuesta a la crisis, y abrir la puerta al tipo de críticas al Partido que rara vez se toleran.

Cheng también acusó a Australia de hacerse eco de los temas de discusión de los Estados Unidos. “Algunos intentan culpar a China por sus problemas y desviar la atención”, dijo. “Es una especie de complacencia a las afirmaciones que hacen algunas fuerzas en Washington”.


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