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El superestado han de China: el nuevo Tercer Reich

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Enfrentamiento entre la policía china y las mujeres uigures durante una protesta en Urumqi, la capital de Sinkiang el 7 de julio de 2009.
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Por Gordon G. Chang.- Más de un millón de personas, por ningún otro motivo que su etnia o su religión, están presas en campos de concentración en lo que Beijing llama Región Autónoma Uigur de Sinkiang y los habitantes tradicionales del área, los uigures, conocen como Turquestán Oriental. Además de los uigures, en esos campos también hay presos de etnia kazajo.

En esta zona conflictiva, que aparece en los mapas como la parte noroeste de la República Popular China, están dividiendo a las familias. Los niños de los uigures encarcelados y los padres kazajos son «confinados» en «escuelas» separadas del exterior por alambradas y muchas patrullas policiales. Se les niega la educación en su propia lengua y se les obliga a aprender chino mandarín. Los controles son parte de la llamada política de «hanificación», un programa de asimilación forzosa. «Han» es el nombre del grupo étnico dominante en China.

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Como la cifra de uigures y kazajos que mueren en los campos es considerable, Beijing está construyendo crematorios para erradicar los entierros tradicionales y deshacerse de los cadáveres.

Los campos, un crimen contra la humanidad, están proliferando. China está construyendo unas instalaciones familiares, a las que da nombres eufemísticos como «centros de formación profesional» en el Tíbet, al suroeste de China.

Al mismo tiempo, Beijing está intentando de nuevo eliminar la religión en todo el país. Los cristianos han sufrido cada vez más ataques en todo China, al igual que los budistas. El presidente de China, Xi Jinping, exige que las cinco religiones reconocidas —el reconocimiento oficial es un mecanismo de control— se sometan a una «sinización». Los chinos, en su despiadado e implacable empeño, están destruyendo mezquitas e iglesias, obligando a devotos musulmanes a beber alcohol y comer cerdo, haciendo que funcionarios han vivan en hogares musulmanes y acabando con la educación religiosa infantil.
Este empeño, que tiene antecedentes en la historia china, se ha intensificado desde que Xi se convirtió en el secretario general del Partido Comunista en noviembre de 2012.

Al mismo tiempo, Xi ha promovido, mucho más que sus predecesores, el concepto de un orden mundial gobernado por una sola soberanía: la china.

En líneas generales, la visión de Xi del mundo es notablemente similar a la del Tercer Reich o al estalinismo, al menos al anterior a los asesinatos de masas.

El Tercer Reich y la República Popular China comparten un virulento racismo, lo que en China se llama educadamente «chovinismo han». La categoría han, que se dice que supone alrededor del 92% de la población de la República Popular, es en realidad una amalgama de grupos étnicos relacionados.

La mitología china sostiene que todos los chinos son descendientes del Emperador amarillo, que se cree que reinó en el tercer milenio a. E. C. Los chinos se consideran a sí mismos una rama de la humanidad separada del resto del mundo, una visión reforzada por medio del adoctrinamiento en las escuelas, entre otros.

Los académicos chinos suscriben esta idea del carácter separado de los chinos con la teoría evolutiva del «Hombre de Pekín», según la cual, los chinos no comparten un ancestro común africano con el resto de la humanidad. Esta teoría de la evolución única de los chinos ha reforzado, como era de esperar, las opiniones racistas.

Como resultado del racismo, muchos en China, incluidos los funcionarios, «se creen que pertenecen a una categoría distinta e implícitamente superiores al resto de la humanidad», escribe Fei-Ling Wang, autor de The China Order: Centralia, World Empire, and the Nature of Chinese Power [El orden chino: Centralia, el Imperio mundial y la naturaleza del poder chino].

El racismo, por lo tanto, está institucionalizado y se promueve abiertamente. Esto se manifestó dolorosamente el año pasado, en la sátira de 13 minutos en La Gala de la Fiesta de la Primavera de la Televisión Central de China, el principal programa de espectáculos de China. En «Celebrémoslo juntos», una actriz china con la cara pintada de negro hacía de madre kenyana, con unos senos enormes y un trasero descomunal. Peor aún, su compinche era un mono de tamaño humano. La mezcla del mono y la mujer recordaba a la exposición del Museo de la Provincia de Hubei, «Esto es África», que en 2017 expuso una serie de fotografías de africanos colocadas junto a imágenes de primates.

En los últimos años, los medios chinos han retratado con fealdad a los africanos en muchas ocasiones, y aunque la sátira del año pasado no fue la peor, fue llamativo porque la cadena estatal, que lo emitió para unos 800 millones de espectadores, dejó claro que los funcionarios chinos piensan en los africanos como objetos de burla e infrahumanos. En estas circunstancias, se puede afirmar sin temor a equivocarnos que esas opiniones son compartidas por los líderes de Beijing, que, alarmantemente, están apelando con más frecuencia al pueblo chino —y no sólo al que está en China— con argumentos basados en la raza.

La raza superior de este siglo tiene un problema, sin embargo. China, el Estado con más población del mundo, se enfrenta a un rápido declive demográfico. La tasa de natalidad del año pasado fue la más baja desde la fundación de la República en 1949. La población del país alcanzará su pico en 2029, según las Perspectivas de la Población Mundial 2017 que publica la División de Población de Naciones Unidas. Pero ese pico máximo podría en realidad llegar en los próximos dos años, ya que las cifras de la ONU se basan en los supuestos de Beijing, sumamente optimistas. Los demógrafos oficiales chinos, por ejemplo, no previeron el casi colapso de la tasa de natalidad del año pasado.

En 2024, se producirá otro acontecimiento crucial. En ese momento, por primera vez en al menos trescientos años —y quizá por primera vez desde que se tienen registros históricos—, China no será la sociedad con el mayor número de población del mundo. Ese honor irá a parar a un país que los chinos en general detestan y temen: la India. Cuando la India alcance su pico en 2061, tendrá una población de 398.088 millones de personas más que la de China.

Una vez que China empiece a menguar, lo hará rápido. En 2018, la población de China era 4,3 veces mayor que la de Estados Unidos. En 2100, se prevé que China tenga una población sólo 2,3 veces mayor.
La senda demográfica de China está fijada para décadas, y tendrá consecuencias trascendentales, y extremadamente adversas, para la sociedad china y el «poder nacional integral» del país. Tal vez por eso parece que Beijing esté tratando de compensar su colapso demográfico preparando la base para una raza de chinos sobrehumanos.

He Jianjui, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Shenzen anunció en noviembre que había utilizado CRISPR para editar embriones humanos y producir un nacimiento vivo, en este caso de gemelas. Afirmó que estaba haciendo que los bebés fuesen resistentes al VIH, pero se especula que también está intentado mejorar la inteligencia. En cualquier caso, el anuncio recordó a los experimentos eugenésicos de los nazis, especialmente porque existen evidencias de que el gobierno chino había respaldado el experimento de He, «el primero del mundo», considerado contrario a la ética y peligroso.

El que es peligroso sin duda es Xi Jinping. «Mao Zedong podría haberse aprovechado de los resentimientos raciales del tercer mundo cuando intentó unir a los pueblos de las antiguas colonias contra los imperialistas blancos, pero pensó que el comunismo era un fenómeno global que acabaría encontrando un hogar en todas partes y la utopía de Mao era para el futuro», dijo Charles Horner, del Hudson Institut. «El Partido Comunista Chino de Xi Jinping no es global, ni utópico en este sentido, sino que parece servir a una ‘sineidad’ esencial».

Horner ve desconcertantes similitudes entre la China de Xi y el Japón imperial de la década de 1930. «Como el Japón imperial de entonces, Xi y el Partido miran atrás, a un pasado mitologizado donde un benigno emperador unió al mundo entero para disfrutar de su gloria y compartir su munificencia».
Campos de concentración, racismo, eugenesia, ambiciones de dominación mundial. ¿Les resulta familiar?
Hay un nuevo Tercer Reich, y está en China.


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China está creando una nueva clase superior de ser humano

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El régimen chino carece de ética o decencia, no está constreñido por la ley y no tiene el menor sentido de la contención. Ahora bien, dispone de la tecnología necesaria para crear una nueva especie de humanos reforzados genéticamente y que lleven el paso de la oca. En la imagen (Kevin Frayer/Getty Images), soldados del Ejército de Liberación del Pueblo desfilando por Pekín, China, el 1 octubre de 2019.
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[sc name=»li1″ ]Bing Su, genetista del estatal Instituto Kunming de Zoología, injertó recientemente el gen humano MCPH1, que desarrolla el cerebro, en un mono. Ello podría hacer que la inteligencia de ese animal fuera más parecida a la humana que la de los primates inferiores. El próximo experimento de Su será injertar en monos los genes SRGAP2C, relacionado con la inteligencia humana, y FOXP2, relacionado con las capacidades lingüísticas.

¿Acaso nadie en China ha visto El planeta de los simios?

O puede que sí. «El desarrollo biotecnológico está siguiendo en China una derrota verdaderamente macabra», escribe Brandon Weichert, de The Weichert Report, en un artículo publicado en American Greatness.

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En una sociedad comunista con la ambición desatada, los investigadores están haciendo ciencia sobrecogedora. ¿Qué ocurre cuando mezclas el ADN de un cerdo con el de un mono? Que te cuenten los experimentadores chinos. ¿Y cuando desarrollas en animales órganos parecidos a los humanos? También te pueden contar.

Además, puede que Pekín esté ya diseñando supersoldados. «La inteligencia norteamericana dice que China ha llevado a cabo pruebas con efectivos del Ejército de Liberación del Pueblo para producir soldados con capacidades biológicas reforzadas», escribió John Ratcliffe, entonces director nacional de inteligencia, el pasado 3 de diciembre en un artículo titulado «China Is National Security Threat No. 1.» («China es la mayor amenaza para la seguridad nacional») y publicado en el Wall Street Journal.

No está claro hasta dónde han llegado los investigadores militares chinos. Ahora bien, están abogando por el empleo de la tecnología de edición genética CRISPR para mejorar las capacidades humanas, y la Comisión Militar Central del Partido Comunista está «apoyando la investigación en la mejora del rendimiento humano y un nuevo concepto de biotecnología».

El Ejército de Liberación del Pueblo (ELP) está yendo con todo a la modificación genética de los humanos. Como han informado los destacados analistas Elsa Kania y Wilson VornDick, hay «llamativos paralelismos en cuestiones abordadas por una serie de investigadores del ELP y científicos de instituciones influyentes».

Todas estas actividades chinas tienen por objeto la «hegemonía biológica». Como advierte Ratcliffe, «no hay barreras éticas en la búsqueda del poder por parte de Pekín».

Está claro que el Partido Comunista no piensa solo en meros soldados. Así, un investigador chino es también la primera –y hasta ahora única– persona que ha modificado genéticamente embriones humanos que produjeron nacimientos de seres vivos.

Cuando trabajaba en la Universidad Meridional de Ciencia y Tecnología, en Shenzhen, He Jiankui utilizó el CRISPR-Cas9 para eliminar en dos hermanas gemelas nacidas a finales de 2018 el gen CCR5, a fin de conferirles inmunidad ante el VIH pero quizá también para potenciar su inteligencia. El experimento evocó el programa eugenésico del Tercer Reich para crear una raza superior.

China está trance de crear el «comunista perfecto», ha afirmado Weichert, autor de Winning Space («Ganar el espacio»), a Gatestone. «China está gobernada por un régimen que cree en la perfectibilidad de la humanidad y, con el advenimiento de la genética y la investigación biotecnológica modernas, sus planificadores centrales disponen del propio genoma humano para perfeccionarlo de acuerdo con su agenda política».

Los científicos chinos ya han puesto rumbo al dopaje genético para hacer a las generaciones futuras más inteligentes e innovadoras que las de aquellos países que se nieguen a emplear sus controvertidos métodos. «Lo que estamos viendo en China es una convergencia de tecnología avanzada y biociencias de vanguardia capaz de alterar fundamentalmente toda la vida del planeta según los caprichos de un régimen nominalmente comunista», ha escrito Weichert.

Tras el clamor internacional provocado por sus peligrosos y antiéticos métodos, He fue finalmente multado y encarcelado por «llevar a cabo modificaciones genéticas ilegales de embriones humanos», pero, dado el régimen de vigilancia prácticamente total del Partido Comunista chino, obviamente contó con respaldo estatal para sus experimentos.

Sus esfuerzos no tenían, por otro lado, carácter aislado. En abril de 2015 Nature informó de que, en otro experimento inédito, investigadores de la Universidad Sun Yat Sen de Guangzhou modificaron embriones humanos no viables con el CRISPR-Cas9. «Una fuente familiarizada con esos trabajos de campo afirmó que había al menos cuatro grupos trabajando en la edición de embriones humanos en China», afirmaba en su web la conocida revista científica.

La persecución de He por parte de Pekín parece, pues, un intento de enfriar los ánimos e impedir que la comunidad científica internacional hiciera más preguntas respecto de las actividades que se están desarrollando en China.

Por desgracia, los avances chinos en modificación genética de embriones humanos para supersoldados están persuadiendo a otros para hacer lo mismo. Así, pronto tendremos Le Terminator. Y es que el Gobierno francés acaba de dar su visto bueno a los soldados aumentados. «Hemos de ser claros: no todos tienen los mismos escrúpulos que nosotros y hemos de prepararnos para un futuro así», declaró Florence Parly, ministra de las Fuerzas Armadas de Francia.

Michael Clarke, del Kings College de Londres, le dijo al tabloide británico TheSun que hay una competición biológica alimentada por China. ¿Habrá pronto una carrera de «Homo robocopus», por emplear una expresión de la Sociedad Internacional de Ética Castrense?

Si así fuera, Pekín no sería la única culpable. «Lo más perturbador de estos desarrollos es que China ha ganado acceso al CRISPR y a la investigación genética y biotecnológica avanzada gracias a sus relaciones con EEUU y otras naciones desarrolladas de Occidente», declaró este mes Weichert a Gatestone. «Los laboratorios de investigación, los inversores biotech y los científicos norteamericanos se han afanado en investigar y hacer negocios con el incipiente sector biotecnológico chino explícitamente porque sus estándares éticos para la investigación en ese asunto tan sensible son muy bajos».

«Esto se demostrará una amenaza estratégica de larga duración para EEUU que pocos en Washington, Wall Street o Silicon Valley comprenden», dice Weichert, en referencia a la rauda weaponización china de la biotecnología.

El régimen chino carece de ética o decencia, no está constreñido por la ley y no tiene el menor sentido de la contención. Ahora bien, dispone de la tecnología necesaria para crear una nueva especie de humanos reforzados genéticamente y que lleven el paso de la oca.


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Lo cortés no quita lo valiente: China, reconozcámoslo, hace algunas cosas MUY BIEN: Exjefe de una empresa estatal china de gestión de activos, ejecutado por cargos de sobornos y malversación por valor de 260 millones de dólares

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Lai Xiaomin
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¿Se imaginan los ERE’s de Andalucía en CHINA? Una masacre, señoras y caballeros. Una masacre. 

Lai Xiaomin, exdirector de China Huarong Asset Management Co., la empresa estatal de gestión de activos financieros, y una de las más grandes del país, fue ejecutado este viernes por cargos de corrupción y enriquecimiento ilícito, tras apropiarse de más de 260 millones de dólares, informa AP.

La sentencia fue ejecutada por el Segundo Tribunal Popular Intermedio de la ciudad de Tianjin, que anteriormente condenó al exfuncionario a la pena de muerte, dado que había aceptado sobornos «asombrosamente enormes», poniendo en peligro la seguridad y estabilidad financiera nacional. El Tribunal falló que el daño financiero al Estado fue de 260 millones de dólares. También fue condenado por tener una segunda familia, a pesar de estar casado.

La investigación en contra de Lai Xiaomin, realizada por el organismo de control anticorrupción del gobernante Partido Comunista, empezó en el 2018. Posteriormente fue expulsado de la agrupación política y acusado de malgastar el dinero público y aceptar sobornos. Los investigadores incautaron decenas de millones de dólares en efectivo en sus propiedades.

La mayoría de las condenas a muerte, impuestas por los tribunales chinos, suelen ser suspendidas durante dos años y, por lo general, se conmutan por cadena perpetua, por lo que el caso de Lai Xiaomin ha sido excepcional.


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(VIDEO DESGARRADOR) CHINA: ¿Qué esconde el mayor régimen dictatorial del planeta? (SEGUNDA PARTE)

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“GENOCIDIO MEDICO“

Poco después del inicio de la persecución, el Partido Comunista Chino, se encontró con las prisiones casi llenas con practicantes de Falun Dafa, que en su gran mayoría no renunciaban a la práctica que había cambiado sus vidas para mejor. La superpoblación en las prisiones se convirtió en un problema cada vez más acuciante, que generaba unos gastos muy elevados.

Pero el PCCh rápidamente encontró la manera de “ahorrar”. “Capitalizar” a los practicantes de Falun Dafa de un modo distinto a llevarlos a los campos de trabajo forzados, es decir, vendiéndolos. No como esclavos, no vivos, sino “a trozos”. Así idearon los cimientos de una industria macabra que por su tamaño no tiene precedentes en la historia de la humanidad: la sustracción forzada de órganos a gran escala auspiciada por el Estado. Lo que siguió fue un verdadero “genocidio médico”, que sigue aún en funcionamiento y que genera enormes beneficios.

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¿Cómo funciona la máquina de matar?. Inmediatamente después del internamiento en prisiones o campos de trabajos forzados, los practicantes de Falun Dafa son sometidos a análisis médicos exhaustivos y la información resultante se ingresa en una base de datos. Prácticamente el PCCh ha creado como advierten los expertos, un verdadero “banco de órganos vivos”. Cuando el comprador aparece, los “donantes compatibles” son llevados al quirófano para morir. En otras palabras, la fundación de un sistema estatal para matar a sus ciudadanos a beneficio del estado v con el fin de enriquecerse.

“El aparato de seguridad estatal lanzo la campaña para eliminar Falun Gong in 1999. En 2001 más de un millón de practicantes encarcelados en el sistema Laogai (el sistema de campos de internamiento para la reeducación mediante trabajos forzados), fueron sometidos a test médicos específicos y los hospitales chinos tanto militares como civiles, comenzaron a expandir sus unidades de trasplante”, declara el periodista Ethan Gutmann, autor de importantes investigaciones en este asunto.

Y la demanda era inmensa, ya que los tiempos de espera para un órgano compatible se computan en semanas, mientras que en el mundo civilizado, los enfermos esperan años en las listas para obtener un órgano y ser trasplantados.

Con las prisiones llenas de “mercancía humana”, esta nueva industrio macabra, creció de forma exponencial con centros de trasplante estableciéndose uno tras otro en toda China.

Muchos de los “clientes” venían del extranjero, convirtiéndose con o sin su voluntad en cómplices de los crímenes. Un “fenómeno desconocido para el mundo” –el “turismo de trasplantes”-con destino a China, el país con órganos disponibles bajo pedido, para todos aquellos que están dispuestos a pagar el precio.

“Si vas a China para un trasplante de hígado, -durante las tres semanas que estarás allí-, significa que está planificado ejecutar a alguien. Deberán encontrar un prisionero sano con el grupo sanguíneo correcto, compatibilidad de tejidos y el tamaño de hígado necesario, y el prisionero debe estar listo para la “extracción” en el plazo comprometido con el “turista de trasplantes”.

Aunque el conocimiento público del asunto es limitado, por intereses varios (económicos políticos, etc.), la sustracción forzada de órganos a los prisioneros de conciencia· en China ha provocado resonancia internacional. Incluso el Parlamento Europeo ha adoptado resoluciones condenando y exigiendo al gobierno chino el acabar con esta industria macabra.

Y en varios países como Israel, Taiwán, España, Austria e Italia las acciones del régimen comunista han forzado cambios en la legislación, prohibiendose en todos estos países, lo que se denomina como “turismo de trasplantes”.

Un informe independiente sobre la sustracción forzada de órganos publicado en junio 2016 revela una realidad horripilante; Los hospitales chinos especializados en estas operaciones, han trasplantado entre 60.000 y 100.000 órganos anualmente desde el año 2000. Si tomamos en consideración el hecho de que la persecución ya dura veinte años, los números acumulados son tremendamente impactantes.

”El régimen chino está totalmente implicado en el asesinato en masa de gente inocente” dice uno de los autores de la investigación, David Matas, un renombrado abogado de derechos humanos que describe el “genocidio medico“ del PCCh como “una forma de maldad sin precedentes en este planeta”.

Parte de esta realidad puede verse en el documental “Genocidio médico: Crímenes en masa ocultos en la industria de trasplante de órganos en China”.

RESISTENCIA PACIFICA

Han pasado más de dos décadas desde que Jiang Zemin inició la campaña para exterminar a los seguidores de Falun Dafa. Y a pesar de que el dictador esperaba erradicar la práctica en tres meses, en realidad sucedió lo contrario. Falun Dafa no solo no desapareció, sino que se expandió por todo el mundo a más de 110 países. A lo largo de los años, ha recibido miles de premios y reconocimientos y su fundador ha sido nominado cinco veces al premio Nobel de la Paz por su contribución a la humanidad mediante los principios y beneficios de la práctica.

Los practicantes de Falun Dafa han dado al mundo un ejemplo de coraje y dignidad con su resistencia pacífica pero firme frente a la brutalidad del régimen chino. Muchos de ellos, asumiendo riesgos personales, trabajaron sin descanso para exponer y detener estas atrocidades.

La distribución de material informativo para contrarrestar la propaganda estatal, el exponer públicamente tanto local como internacionalmente a los oficiales y “verdugos“ involucrados en la persecución, acciones legales, protestas pacíficas ante las embajadas y consulados chinos alrededor del mundo, peticiones a Naciones Unidas firmadas por millones de personas, etc – estos son algunos de los varios métodos de los seguidores de Falun Dafa para combatir la campaña de exterminio.

Como resultado de estos esfuerzos incansables, muchos ciudadanos chinos han visto más allá de la propaganda y falsedades difamatorias del PCCh y en repetidas ocasiones, han actuado para apoyar a los practicantes de Falun Dafa. Aun mas, algunos de aquellos que han perseguido a los practicantes de Falun Dafa han cambiado de actitud radicalmente: Freedom House y otras fuentes han mostrado casos, en los que miembros de las fuerzas de la ley o servidores civiles en determinados lugares, han protegido activamente a adherentes de Falun Dafa y han rechazado arrestarlos por su actividades de información publica.

La exposición pública de estas atrocidades ha activado en China una tendencia constante y cada vez mayor, de renuncias al partido Comunista Chino y sus organizaciones afiliadas que esta sacudiendo al PCCh desde su interior.

A nivel internacional, hay también un buen número de apoyos fuertes y públicos contra la persecución.

A pesar de ello, los crímenes siguen sucediendo.

Sólo podremos tener justicia cuando los que no han sido heridos por la injusticia se sientan tan afectados como los que sí lo son“

– Solón, líder ateniense del siglo VII


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CHINA: ¿Qué esconde el mayor régimen dictatorial del planeta? (PRIMERA PARTE)

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A una mujer embarazada de siete meses la colgaron de una tubería. Sus dos manos atadas con una cuerda áspera pasada por una polea unida a la tubería. Retiraron el taburete que tenía bajo sus pies para que la mujer quedara suspendida en el aire. La tubería a 3-4 metros sobre el suelo. Uno de los extremos de la cuerda era sujetada por los guardias. Cuando los guardias tiraban de la cuerda, la mujer quedaba suspendida en el aire, mientras que al soltarla caía bruscamente al suelo. Esta mujer embarazada fue torturada de este modo hasta que perdió su bebe aún no nacido. Más sádico y cruel fue que forzaron a su marido a presenciar la tortura personalmente.“

La historia anterior no es parte de una película de terror. Sucedió en el campo de trabajos forzados de Wanjia en China y no es un caso aislado. Como esta mujer que perdió a su bebe y que vio de cerca la muerte, desde 1999, millones de víctimas inocentes han sufrido una persecución de tal brutalidad que supera cualquier lógica humana, solo porque estaban practicando Falun Dafa.

Los crímenes cometidos por el Partido Comunista chino (PCCh) contra quienes practican Falun Dafa, son conocidos desde el año 2001 y recogidos en una serie de artículos periodísticos que le valieron el premio Pulitzer a su autor. Pero eso solo fue el principio. Después, esas aseveraciones fueron investigadas, contrastadas y denunciadas en sus informes por el holandés Theo Van Boven desde el año 2001 al 2004 y el Austriaco Manfred Nowak del año 2004 al 2010, quienes fueron Relatores especiales de Naciones Unidas sobre la tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes y también una parte muy importante del mérito de haber denunciado estas aberraciones corresponde a Asma Jahangir, una abogada Pakistaní que fue Relatora Especial para ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias de agosto de 1998 a julio de 2004 (ver puntos 37 y 76 de uno de sus informes), y Relatora Especial de Naciones Unidas para la Libertad de Religión y Pensamiento de agosto de 2004 a julio de 2010.

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Aunque más de una decada ha pasado desde entonces, el mundo aún no sabe realmente lo que sucede detrás de la fachada en China , porque el Régimen comunista tiene como prioridad el mantener estas atrocidades bien ocultas a los ojos extraños. ¿Cuál es la razón para esto?. El que se conocieran sería devastador para la legitimidad e incluso la propia existencia del Partido que ha regido durante 70 años ya, un país cuya civilización y cultura habían florecido durante 5000 años.

Vamos a tratar de ir tras el telón que oculta estos crímenes a la humanidad y exponer los factores que lo han provocado.

FALUN DAFA

En los años 90, los parques del país más populoso del mundo estaban llenos de personas que practicaban unos ejercicios serenos profundamente arraigados en la cultura tradicional china. De todas las prácticas y escuelas de este tipo en ese momento, una sobresalió entre todas. No solo floreció sino que provocó cambios profundos en la sociedad china: Falun Dafa también conocido como Falun Gong.

A diferencia de otras prácticas que solo mejoran la condición física, Falun Dafa enfatiza especialmente la mejora del carácter moral del individuo al observar una serie de enseñanzas basadas en tres principios universales, verdad, benevolencia y tolerancia. Así, en unión a los ejercicios de Falun Dafa, los practicantes tratan de alinear sus pensamientos y acciones en su vida diaria a estos valores fundamentales por medio de una especie de disciplina interior, llamada “cultivación” en la cultura tradicional china.

Presentado al público en general en mayo de 1992, Falun Dafa desplego –gracias a sus beneficios–, una evolución sin precedentes en la sociedad y en solo unos pocos años, uno de cada 13 ciudadanos chinos practicaba estos ejercicios.

De hecho, los beneficios para la sociedad eran incluso reconocidos por el gobierno chino. Asi el primer estudio médico global realizado en Beijing en esa época por iniciativa gubernamental, demostró que Falun Dafa ahorraba al estado 3270 yuan por persona y año, un dinero que cuantificaba los gastos médicos que ya no eran necesarios.

El ahorro en gastos médicos no era la única razón por la que Falun Dafa era merecedor del aprecio por parte del estado, ya que además de mejorar la salud, los ciudadanos chinos que practicaban Falun Dafa, mejoraban su carácter moral constantemente, permitiéndoles ser más diligentes y ordenados en forma y en fondo en sus trabajos diarios.

Así que Falun Dafa pronto se convirtió en la práctica de esta naturaleza más extendida  en la historia de china, contribuyendo significativamente a la estabilización de una de las sociedades más complicadas del mundo. En 1998 el número de practicantes según estadísticas oficiales, rondaba entre 70-100 millones y estaba en aumento. Superaba en practicantes al número de miembros del Partido Comunista Chino (PCCh).

Y entonces algo paso que rompió a China.

UNA DECISIÓN QUE CONMOCIONO AL MUNDO

Aunque Falun Dafa por su propia naturaleza era totalmente apolítico, pacífico y traía significativos beneficios al país, el líder del PCCh Jiang Zemin decidió erradicar la práctica por completo.

El líder del PCCh de acuerdo a varios analistas, estaba muy insatisfecho con la popularidad de la práctica que tenía más adherentes que el Partido y como todo dictador, estaba preocupado por tan elevado número de personas que pensaban libremente sin tener en cuenta la propaganda oficial. Aún más, los principios de Falun Dafa, eran vistos como una oposición directa a la filosofía de la violencia y lucha de clases promovida por el Partido.

Así el 20 de julio de 1999, Jiang Zemin, desato el terror contra sus propios compatriotas. Lo que siguió fue una campaña brutal para erradicar Falun Dafa que recordaba a la gran Revolución Cultural de Mao. El deseo de Jiang era desterrar Falun Dafa de la faz de la tierra en tres meses.

Todo comenzó con una gran campaña en los medios para destruir la excelente reputación de la práctica que hasta entonces era reconocida y premiada incluso por el propio gobierno chino. Los seguidores fueron difamados, presentados como personas peligrosas, algunos con tendencias suicidas y el régimen incluso llegó a ir tan lejos como para teatralizar un gran incidente como la autoinmolación en la plaza de Tianamen. Al mismo tempo el aparato de censura de internet bloqueo la posibilidad de que la gente supiera realmente lo que estaba sucediendo.

Por tanto mientras los medios estatales mostraban a los practicantes con la peor cara, el aparato represivo del estado actuaba con todos sus recursos. Muchos practicantes se despertaron siendo echados a la fuerza de sus casas para ser llevados sin juicio alguno o con simulacros de juicio, a prisiones, campos de trabajo forzados y centros de lavado de cerebro.

Aun mas, el PCCh creo un órgano específico dedicado únicamente a perseguir a los practicantes de Falun Dafa, “la oficina 610”, un órgano extrajudicial que actúa sin restricción alguna y que recuerda mucho a la Gestapo nazi.

Cientos de miles de personal de todos los estratos sociales fueron llevados a la cárcel, -junto con verdaderos criminales- para ser “reeducados”, aun sin haber cometido falta alguna.

En unos pocos años, desde que se inició la campaña de exterminio, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha documentado en sus informes decenas de miles de casos de graves torturas.

“Los informe describen escenas horrorosas en las que los detenidos, muchos de ellos unidos a Falun Gong, mueren como resultado de los maltratos, negligencia médica o atención medica inadecuada. La crueldad y brutalidad de estos actos de tortura superan cualquier descripción”, dijo en diciembre de 2003, Asma Jahangir, Relatora Especial de la ONU para ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias.

(CONTINUARÁ)


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