España
El Tribunal Europeo de Derechos Humanos avala ahora las «devoluciones en caliente» en la valla de Melilla
La Gran Sala del Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha avalado este jueves las expulsiones de dos migrantes subsaharianos tras saltar la valla de Melilla en 2014, porque «se pusieron ellos mismos en una situación de ilegalidad», al acceder «a lugares no autorizados», «aprovechándose de que eran parte de un gran grupo» y «recurriendo a la fuerza».
El fallo a favor de España añade que estas personas «decidieron no utilizar las entradas legales existentes que les permitieran acceder de modo regular al territorio español» y revoca de esta forma la sentencia condenatoria de la Sala de 2017 por «expulsión colectiva sin medida judicial previa».
Los 17 jueces que han dictado sentencia por unanimidad han concluido que España no violó el artículo 4 del Protocolo 4 sobre la prohibición de expulsiones colectivas, ni el artículo 13 sobre el derecho a un recurso efectivo del Convenio Europeo de Derechos Humanos.
Sin responsabilidad para España
El fallo, contra el que no cabe recurso y que esperaban con atención los gobiernos europeos, dice que Estrasburgo «no puede hacer responsable al Estado de la ausencia en Melilla de una vía de recurso legal que les hubiera permitido recurrir la expulsión». La ausencia de esa vía legal «no constituye por sí misma una violación del artículo 13 del Convenio».
El tribunal recuerda además que los demandantes tuvieron la posibilidad de acceder «de forma real y efectiva» a España solicitando un visado o protección internacional; o bien a través del puesto fronterizo de Beni-Enzar tras pasar varios meses en el monte Gurugú, a apenas 13km de los puestos habilitados para ello. Así, los jueces afirman que los dos subsaharianos «decidieron no utilizar las entradas legales existentes que les permitieran acceder de modo regular al territorio español».
Según la sentencia, los dos migrantes alegaron que no pudieron solicitar asilo en España porque fueron perseguidos por la policía marroquí. Y aunque los jueces cuestionan estos hechos, consideran que en ningún momento dichos «obstáculos» fueron responsabilidad de España.
Cambio de criterio
Los 17 magistrados que componen la Gran Sala del TEDH han celebrado una vista pública para deliberar si confirmaban la condena que ya impuso a España en octubre de 2017 por haber expulsado desde Melilla a Marruecos a N.D, de Mali, y a N.T., de Costa de Marfil, contraviniendo el Convenio Europeo de Derechos Humanos.
N.D. y N.T., de 31 y 32 años, llegaron a Marruecos en 2013 y 2012, pasaron meses en el monte Gurugú y tras el intento en el que fueron devueltos a Marruecos en 2014, consiguieron finalmente entrar en España a través de Melilla. Contra ambos fueron dictadas sendas órdenes de expulsión. N.D. fue retornado a Mali en marzo de 2015, mientras que la actual situación de N.T. se desconoce.
El TEDH consideró entonces que fue «una expulsión de carácter colectivo», puesto que ambos fueron devueltos sin haber tenido previamente acceso a un procedimiento con todas las garantías y se les privó de la posibilidad de interponer un recurso.
El tribunal tiene pendientes dos demandas similares contra España, presentadas en 2015 y 2017 por tres subsaharianos, que alegan expulsión colectiva «con malos tratos» y sin posibilidad de recurso en Melilla y Ceuta.
¿Qué son las devoluciones en caliente?
Las devoluciones sumarias -conocidas como devoluciones ‘en caliente’- encontraron acomodo normativo en la Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como ‘ley mordaza’, mediante la figura jurídica del «rechazo en frontera», para referirse al acto de entregar sobre la marcha a Marruecos a los migrantes interceptados en el salto del vallado fronterizo que separa Ceuta y Melilla del país africano y fue puesta en marcha 2015 con el Gobierno de Mariano Rajoy al frente.
España fue condenada a indemnizar con 10.000 euros a dos personas que fueron devueltas a Marruecos tras entrar en España a través de la valla de Melilla, al considerar que se produjo una expulsión colectiva contraria a la Convención Europea de los Derechos Humanos. Esta decisión fue recurrida por el Gobierno de Mariano Rajoy, un recurso que el Ejecutivo de Pedro Sánchez decidió mantener.
Un fallo que aguardaban el Gobierno y el Constitucional
En 2016, el PSOE se comprometió a paralizar estas devoluciones, si bien estando ya en el Gobierno defendió la necesidad de esperar al pronunciamiento definitivo de Estrasburgo antes de hacerlo. Al mismo tiempo, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, defendió la decisión de mantener el recurso del PSOE contra la sentencia.
En el Gobierno esperaban el veredicto final de la Gran Sala para poder «disponer de una respuesta armonizada a nivel europeo» porque, según sostiene el Ministerio del Interior, el control de los flujos migratorios es una cuestión que atañe a toda Europa, dado que la frontera sur no deja de ser frontera de la UE, y necesita por ello de «soluciones consensuadas».
El Ejecutivo «respeta y acata» el fallo, según fuentes del Ministerio del Interior consultadas por Efe. Por su parte, la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC) ha pedido un cambio en la legislación en materia migratoria que clarifique «el protocolo de actuación de los agentes» ante la entrada irregular de personas a España.
También el Tribunal Constitucional mira al TEDH para pronunciarse sobre el recurso que el PSOE y otros grupos interpusieron contra la Ley de Seguridad Ciudadana.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
