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España pasa por encima de Francia para meterse en la final del Europeo Sub21 de Italia

Redacción

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España logró el pase a la final del Europeo Sub21 de Italia al imponerse por 4-1 a Francia. El combinado nacional dio un recital de fútbol, dominio y sobriedad para ganarse el derecho de pelear por el título. Magistral partido de Fabián Ruíz, Oyarzabal y Fornals para liderar a un grupo de jugadores que están llamados a hacer grandes cosas… y no sólo con la Sub21.

Pero vamos por partes, el árbitro de las semifinales se empeñó en ser protagonista. Georgi Kabakov falló en las dos decisiones más importartes del duelo. Primero no señaló una clara pena máxima a favor de España por mano de Ballo Touré y, en el añadido del primer acto, señaló un riguroso penalti al ver que Oyarzabal se caía dentro del área de los galos. No hubo ni VAR ni amago de ir a revisar las acciones. El árbitro dejó claro en el partido sólo mandaba él, pero dejó en el aficionado la sensación de que quiso compensar una acción con la otra.

Aparcando la controversia generada por el búlgaro Kabakov, el combinado de Luis de la Fuente fue notablemente superior a su rival. El gol de Mateta no hizo que a los españoles les temblaran las piernas y de ellos fue la posesión del balón. Sivera se mostró seguro en las pocas llegadas de los franceses y Júnior Firpo hizo lo que quiso por su banda. Como cuchillo en mantequilla, el lateral izquierdo ganó una y otra vez línea de fondo ante la desperación de su par. Lástima que sus centros no encontraran nunca rematador.

Marc Roca fue el encargado de poner justicia en el marcador. Bernardoni, que unas jugadas antes había evitado el empate con varias intervenciones de auténtico crack, no pudo hacer nada en el remate a bocajarro del español. La rompió el chaval con rabia para dar alas a los chicos de De la Fuente. Los dos equipos ya pensaban en el descanso y llegó el estricto penalti señalado en la caída de Oyarzabal. El propio ‘txuri-urdin’ no perdonó… y todos a vestuarios.

Un jugadón para la estocada

Justo en el inicio del segundo acto llegó el tercero. Y de qué manera llegó el tercero. El balón le cayó a Oyarzabal que, con pausa, mete un balón al hueco para de Fabián Ruíz, que frenándose ante la carrera del defensor galo, asiste con un pase raso para que Dani Olmo marcara a puerta vacía. Una maravilla que fue demasiado para el combinado de Sylvain Ripoll.

Los tímidos arreones de Francia para intentar poner emoción a la semifinal quedaron neutralizados con el cuarto de Mayoral. El ‘9’ de La Rojita se sacó un derechazo de primeras tras un pase de genio con el exterior de Fornals. Qué bien hizo el West Ham al fichar al centrocampista antes de este Europeo.

Con el 4-1 imperando en el luminoso del estadio Tricolore de Reggio Emilia, la selección española se dedicó a ralentizar el partido y a controlar a un combinado galo que se dedicó más a dar patadas que a buscar la más mínima reacción. Con el partido visto para sentencia Luis de la Fuente decidió dar descanso a Oyarzabal, Ceballos y Fabián. Tres jugadores que necesitará el seleccionador el próximo domingo si quiere levantar el título en la final ante Alemania.

Al igual que se vió ante Polonia, España se ha puesto seria y ha desplegado un juego maduro y serio. De toque y posesión. Capaz de neutralizar a cualquier rival. De mantener el rival y de apostar otra vez por el descaro, esta grupo de futbolistas puede hacer algo grande no sólo en la final ante los germanos, sino también en el futuro más inmediato con la absoluta. ‘Mamma mía’ qué generación.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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