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España, un país al borde de la bancarrota

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Imágenes como ésta son cada vez más frecuentes en las calles españolas.
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RC.- En la historia contemporánea de España (dos últimos siglos), nunca se había conocido una situación económica y moral tan desastrosa como la que enfrenta el país en estos momentos, sin una guerra o una revolución de por medio. De hecho, ha habido revoluciones y guerras que no han llevado a la economía nacional hasta este punto.

El régimen del 78 ha endeudado al país a espaldas de los intereses de los gobernados. Los partidos han agredido y expoliado a sus votantes, y todo para financiar sus redes clientelares y los intereses de los oligarcas del Ibex.

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La estabilidad de nuestra economía no es que penda de un hilo, es que vivimos literalmente en tiempo de descuento. Una situación de pánico que puede hacer estallar nuestra burbuja de deuda mucho antes de lo previsto, lo que nos recuerda dónde estamos en realidad: en un nivel de endeudamiento exterior y de las AA.PP. inasumibles que llevarán a España a la suspensión de pagos antes o después. Nos están vendiendo una recuperación irrisoria sostenida por ríos de deuda y especulación.

En 1975, después de 15 años de desarrollo fulgurante que nos convirtió en la octava potencia económica mundial, y después de haber realizado más inversiones públicas que en toda la historia anterior, la deuda era cero, lo que demuestra lo que España es capaz de hacer cuando su economía la dirige gente competente y honrada, y lo que ocurre cuando está en manos de indocumentados y corruptos cuya única patria es el dinero. Al final del PSOE de González, después de haber saqueado 250.000 millones de euros de las cotizaciones sociales (entonces no había cajas separadas) para financiar gasto corriente y desmantelar la industria nacional, la deuda de las AA.PP. era de 410.000 millones de euros. Al final de Aznar, que vendió a precio de saldo todas las grandes empresas públicas, 478.000 millones. Con Zapatero 956.000, y a fin de 2014, ¡1.526.000 millones!

En solo tres años Rajoy incrementó la deuda total en 570.000 millones de euros, el 145% del PIB oficial, equivalente al endeudamiento de los 33 años de 1975 a 2008. En esos tres años no hubo creación, sino destrucción de riqueza: el PIB a precios de mercado de 2014 fue inferior en 17.000 millones de euros al de 2011. ¿Y en qué han despilfarrado estos inútiles esa deuda monstruosa? La mitad en pagar los agujeros de la oligarquía del Ibex, que en agradecimiento nos cobran 48.000 millones de euros anuales de más por los bienes y servicios que suministran a las AA.PP., y la otra mitad para financiar la gigantesca red clientelar, que en agradecimiento, desde los grandes capos hasta el último concejal con poder para adjudicar o recalificar, se lo están llevando crudo. En 1975 la renta per cápita de Irlanda era igual a la nuestra: hoy es un 38% más.

El resumen es que España está mucho más cerca del colapso que de la recuperación, porque no es solo que lo debido es ya imposible de devolver, es que la deuda sigue creciendo sin pausa porque el modelo territorial hace imposible nivelar las cuentas. Y así seguirá hasta que todo este entramado de despilfarro y corrupción como jamás ha existido ni en España ni en Europa acabe saltando por los aires. El peor de los males que un gobierno, incluidas las dictaduras totalitarias, puede causar a la sociedad gobernada consiste en el sacrificio consciente de las generaciones futuras. Ese sacrificio no solo incluye la ausencia de perspectivas económicas para nuestros hijos y nietos, sino también la más absoluta miseria moral. Los políticos de la democracia están consiguiendo lo que parecía imposible: que la opulencia de unos pocos se logre con la miseria actual y futura de toda una nación.

Ningún gran partido de los que se presentan el 10-N plantea una reducción drástica del gasto público, solo paños calientes. ¿Pero en manos de quién está España? Es como si pensaran que esta orgía de gasto no tiene fin. Se equivocan radicalmente: los ganadores de las elecciones culminarán la quiebra de España, porque es obvio que este disparate no podrá durar otros cuatro años, aunque antes nos arruinarán a impuestos, llevarán a la miseria y al hambre a más millones aún, degradarán los sueldos miserables de los nuevos empleos, si es que antes no nos meten en un corralito y se quedan con nuestros ahorros.

No existe en el mundo ningún modelo de Estado cuya estructura territorial suponga un despilfarro anual del 10% del PIB. Cuyo nivel de nepotismo y corrupción, tanto institucional como personal, alcance los niveles de nuestro país. Cuyas regiones se hayan erigido como auténticos Estados independientes, con decenas de miles de leyes diferentes, lo que hace más difícil el movimiento de mercancías y la instalación de empresas entre los países de la UE, y dotándose con todas las instituciones propias de un Estado de verdad, desde parlamentos a todo lujo a servicios meteorológicos. Todo multiplicado por 17.

Solo más y más impuestos, como si ello fuera a servir para financiar lo infinanciable. Aparte de que hemos llegado al límite de exacción fiscal sobre las familias y la pymes, estamos en el máximo de toda la OCDE, y donde la fantasía de “acabar con el fraude fiscal”, que ha aportado “decenas de miles de millones”, es exactamente eso, una fantasía. Las bases imponibles son las que son y de donde no hay no se puede sacar. El problema de España no son los ingresos, son los gastos desaforados de un modelo de territorial disparatado y corrupto hasta la médula; y todos los partidos están por mantener el modelo y el gasto y robar al pueblo hasta que todo el sistema salte por los aires, que saltará, no lo duden.

Empecemos por Teresa Ribera, ministra no de ‘Energía’ sino para la ‘Transición Ecológica’, una memez no ya marxista-ecologista sino lo siguiente, pero no es una broma, empobrecerá gravemente a las familias y dañará la competitividad de la nación, llevando el precio de la energía al nivel más alto del mundo desarrollado. Esta irresponsable pretende cerrar el carbón y las nucleares, ya lo hicieron en los ochenta desmantelando cuatro centrales nucleares gigantes, lo que ha encarecido en forma permanente el recibo de la luz en 2.700 millones de euros año. Pero los españoles tenemos mala memoria y peor información.

Si gana Pedro Sánchez y su Gobierno socialista cierra, como pretende, las centrales de carbón y las nucleares, ese disparate nos costaría a los españoles 8.700 millones de euros anuales. Adicionalmente, plantean la subida de impuestos a la producción eléctrica en 800 millones, por las emisiones de CO2 y ‘daños medioambientales’, en total 9.500 millones de euros equivalente a un 50% de subida en el recibo de la luz, que ya hoy es el segundo más caro de Europa. Pero esto no es todo, Sánchez quiere añadir además los impuestos ‘ecológicos’ a las gasolinas, a los gasóleos, al gas y a la electricidad, “porque no afecta a los trabajadores”. Solo en carburantes supondrán un incremento de impuestos de 3.900 millones de euros.

A todos estos hachazos fiscales, que empobrecerán a millones, se unen subidas programadas de 6.500 millones de euros a los ‘ricos’, es decir, a los trabajadores especializados y la clase media, 3.000 millones de impuestos a los bancos, que trasladarán de inmediato a los clientes, y una subida histórica de 12 puntos de la imposición al ahorro de las familias. España se situará así a la cabeza de la OCDE en presión fiscal sobre la clase media. Esto, unido a la finalización en diciembre de la compra de deuda por el BCE, casi el único comprador actual de la deuda española, y al inicio de subida de tipo en 2019, creará unas condiciones económicas y financieras insostenibles para obtener en los mercados los 230.000 millones de euros que necesitamos anualmente para no suspender pagos.

Para acabar de arreglarlo, en el primer trimestre de 2019 se ha batido el récord de endeudamiento, con 16.300 millones de euros, el 5,6% del PIB, cifra que no coincide con la de déficit, en torno al 3%, lo que significa que están camuflando gasto corriente como de capital que no computa como déficit, y los próximos trimestres serán peor, por el agravamiento de la desaceleración ya iniciada. Y las pensiones no solo están quebradas, como acaba de afirmar el Tribunal de Cuentas, es que son infinanciables: 3.000 millones más de déficit por una inflación mayor de lo esperado, 9.000 para pagar la extraordinaria en unos días, y lo mismo en diciembre, más un agujero mensual de 1.000 millones de euros (10.500 millones de gasto y 9.500 millones de ingresos por cotizaciones sociales) que tiene que ser cubierto por el Estado. Nos van a aplastar a impuestos, mientras dedican ríos de dineros a los golpistas catalanes, al PNV y a los ‘sin papeles’.

Y luego los bancos, cargados de deuda pública hasta las orejas, y no solo de España sino también de Italia, los segundos tenedores de deuda italiana después de Francia y equivalente al 5% del PIB. Y con más de un 20% del PIB de deuda española, su supervivencia depende de que el Estado se la devuelva, pero con un ratio de deuda total/PIB del 137% (no el camelo del 98% de la deuda PDE, con que Gobierno y medios engañan a los ciudadanos), eso es algo metafísicamente imposible. Tanto bancos como aseguradoras están solos ante el peligro de la deuda de las AAPP, y a partir de diciembre, sin San BCE que venga a ayudarlos. Parece que nunca pasa nada y que los problemás se solucionan solos, nada más falso, pasará, no lo duden, y cuando pase será a velocidad de vértigo.

Pero si en lo económico vamos directos a un largo y oscuro valle de sombras, en lo político el tema es infinitamente más grave, porque es la unidad de la nación más antigua de Europa y la tercera del mundo la que Sánchez está a punto de destruir. En su ignorancia oceánica, Sánchez habla de un Estado federal sin saber que los estados federales se han dado voluntariamente esa forma para integrar partes que estaban separadas, lo que no es el caso de España. Menos sabe aún que en los estados federales el gasto no centralizado es de un tercio del gasto total, mientras que en España es ya de dos tercios.

Pero, sobre todo, tiene que pagar el peaje a los enemigos de España que le mantendrán como presidente. En el minuto uno quitó el control de gasto para que los golpistas de la Generalitat puedan financiar cómodamente toda su maquinaria propagandística de odio, la persecución y discriminación implacables a los no nacionalistas, la reapertura de ‘embajadas’, y la preparación de un nuevo golpe de Estado. Van a acercar a los golpistas presos, y amnistiarlos después, como en febrero del 36. Esto ha producido una euforia tal entre los independentistas que el ‘conseller’ de Exteriores de la Generalitat ofrece ya la nacionalidad catalana a Baleares, Aragón y Valencia.

En definitiva, somos un país al borde de la bancarrota económica y la hecatombe social. Que Dios nos coja confesados.


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Uso de plantillas en la gestión de proyectos
Infografía ofrecida por Wrike – Software Para Administracion De Proyectos


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El ATRACO socialista: Sánchez, Yolanda y Escrivá fulminan a 3 millones de autónomos: el que ingrese 250 euros al mes pagará una cuota de 120

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Por supuesto, la reforma será gradual y en un periodo de 9 años. ¡Sólo faltaba!


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VOX pide a los españoles «salir a defenderse de la subida masiva de impuestos» que prepara el Gobierno

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VOX ha denunciado la «subida masiva de impuestos» que planea el Gobierno de Pedro Sánchez. El Ejecutivo socialcomunista ha enviado a Bruselas una subida de impuestos que afectará a todas las clases sociales, incluidas las clases medias y bajas para elevar los ingresos públicos.

El Gobierno de Pedro Sánchez subirá los impuestos al diésel, los billetes de avión, gases fluorados, plástico, residuos, además de eliminar los beneficios fiscales de los planes de pensiones y aplicar las tasas Google y Tobin. Y por supuesto, la imposición de peajes en las autovías y el incremento de las cotizaciones sociales a los sueldos de más de 49.000 euros, entre otros.

En total, según informa el diario ABC este domingo, el Gobierno de Pedro Sánchez planea recaudar 80.000 millones de euros en impuestos.

VOX ha denunciado esta subida de impuestos y ha hecho un llamamiento a los españoles pidiéndoles que salgan a defenderse. «El Gobierno prepara una subida masiva de impuestos a servicios básicos durante la mayor crisis del siglo. Contra los abusos de la izquierda que nos sangra a impuestos para mantener sus privilegios, salgamos a defendernos», dice el partido presidido por Santiago Abascal.

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ANÁLISIS: La deuda nacional de EE. UU. ha superado el tamaño de la economía y provocará un gigantesco CRACK mundial

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Para combatir la pandemia, las autoridades estadounidenses gastaron enormes sumas, pero no hay suficiente dinero en el presupuesto, tuvieron que recaudar fondos en el mercado.

Como resultado, la deuda nacional alcanzó los 28 billones de dólares, esto es más que el PIB de Estados Unidos. ¿Es posible pedir prestado tanto y cuál es el riesgo en el material?

Pozo de la deuda

Estados Unidos se ha endeudado cada vez más desde la crisis de 2008. Bajo Obama, las obligaciones de deuda aumentaron en nueve billones, bajo Trump en otros siete. En 2018, ya era del 78% del PIB, un nivel que el Banco Mundial llama peligroso.

Según las previsiones, se suponía que la deuda nacional superaría el tamaño de la economía estadounidense en diez años. Pero esto sucedió mucho antes, debido a la pandemia y los enormes costos de sustentar la economía nacional. Según estimaciones independientes, las autoridades inyectaron casi $ 9 billones en la economía el año pasado.

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Y aquí está el resultado: la deuda pública alcanzó los 28 billones de dólares, o el 101% del PIB. Esto fue solo inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, en 1946, – 106%.

El jefe de la Fed, Jerome Powell, no parece ver esto como un gran problema.

Los enormes préstamos durante la pandemia sirvieron como puente para cruzar el abismo económico: cuarentenas, caída del gasto de los consumidores, retrasos en los envíos, hoteles vacíos y millones de desempleados. Los préstamos baratos permitieron pagar a los empleados en lugar de despedirlos y mantener los activos en funcionamiento. Los préstamos también financiaron las prestaciones por desempleo para los trabajadores despedidos para que pudieran pagar sus facturas y comprar alimentos”, dice.

Sin embargo, según el exjefe de Hacienda Larry Summers, el incentivo fue excesivo.

Los políticos han comparado la lucha contra el coronavirus con el gasto militar, vertiendo billones en la economía. Al mismo tiempo, los ingresos presupuestarios colapsados ​​no molestaron a nadie “, dijo.

Aún más

A medida que empeora la situación con la reposición del tesoro, el endeudamiento tiene que ser aún mayor: el enorme déficit presupuestario se cubre principalmente con la venta de bonos del gobierno.

En el año fiscal 2020 (finalizado el 30 de septiembre), el déficit se triplicó con creces a 3,1 billones de dólares. Y cuando se “cuenten” todas las medidas para combatir el coronavirus, habrá cuatro billones. Y no puede prescindir de nuevos préstamos.

Según el Comité para un Presupuesto Federal Responsable, con una lenta recuperación económica después de la pandemia, una deuda del 117% del PIB será para el 2025.

Hasta ahora, esto no preocupa a los inversores y no impide que Estados Unidos se endeude cada vez más; después de todo, es barato.

El gobierno emite valores de tesorería, pagarés o bonos con diferentes vencimientos. Y el mercado es prácticamente ilimitado, ya que se considera el activo más seguro”- indica The Wall Street Journal.

Como señala el senador John Thune, “no estamos particularmente preocupados por el tema de los préstamos en este momento“. El argumento es que las tasas de interés son bajas.

El dinero parece ser gratis. Pero este no es el caso”, enfatiza el congresista.

Que sigue

JP Morgan Asset Management explica que no es la deuda en sí lo que es importante, sino el costo de su servicio.

A pesar del fuerte crecimiento, el servicio de las obligaciones de la deuda es ahora mucho más barato que, por ejemplo, a mediados de la década de 1990 o principios de la de 2000, cuando la deuda estaba por debajo del 50% del PIB y el gobierno trabajaba con un superávit presupuestario“, los analistas del banco.

Si las tasas suben (y será así cuando termine la crisis, las expectativas de crecimiento económico y el aumento de la inflación son factores decisivos aquí), los pagos de intereses netos en relación con el PIB pasarán del 1,3% actual al 3,2%.

Ésta es una situación algo diferente. Según algunas estimaciones, en 2028, los estadounidenses gastarán una quinta parte del presupuesto estatal solo en intereses de la deuda.

Además, aproximadamente la mitad de la deuda pública de Shatov pertenece a inversores extranjeros, y China ocupa el segundo lugar entre los acreedores. Beijing tiene 1,1 billones de dólares en bonos del Tesoro y ocasionalmente amenaza con venderlos.

Si tal escenario se realiza, la Fed comprará valores del mercado para mantener bajas las tasas y el bajo costo de servicio de los préstamos. Pero esto solo tendrá un efecto a corto plazo.

Tarde o temprano, los inversores perderán la confianza en la capacidad del gobierno de los EE. UU. para reembolsar los fondos prestados, comenzar a vender valores y exigir tasas de interés más altas. Esto tendrá serias implicaciones económicas.

El aumento de las tasas reducirá el valor de mercado de los bonos gubernamentales en circulación. Como resultado, varias instituciones financieras (fondos mutuos, fondos de pensiones, bancos, compañías de seguros y otros tenedores de deuda pública) incurrirán en pérdidas. Todo terminará en una ola de quiebras y otra crisis financiera.

Análisis: América tiene un nuevo jueves negro por delante

Las medidas para restringir la vida de las personas y el funcionamiento de las empresas con el pretexto de la llamada pandemia han asestado graves golpes a las economías de casi todos los países.

Según estimaciones del FMI, el año pasado el PIB mundial se contrajo un 3,5%. Al mismo tiempo, el PIB de China siguió aumentando, aunque el crecimiento fue modesto, solo un 2,3%, y la economía estadounidense entró en territorio negativo, su PIB cayó un 3,5% durante el año.

La caída de la economía estadounidense estuvo acompañada por el rápido crecimiento del mercado financiero (bursátil). Ésta es una anomalía.

29 de marzo El Financial Times publicó un artículo Las acciones de Wall Street experimentaron el repunte más fuerte desde 1936. El artículo contiene las valoraciones de los analistas de Deutsche Bank sobre la situación del mercado de valores estadounidense. El índice bursátil estadounidense S&P 500 para los 12 meses desde el 23 de marzo de 2020 saltó un 74,9%. Este es el mayor crecimiento anual desde 1936. A principios de marzo del año pasado, comenzó a introducirse el régimen de encierro en Estados Unidos, los índices bursátiles comenzaron a caer rápidamente. El proceso se detuvo el 23 de marzo de 2020. La razón fueron las enérgicas declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el Congreso de Estados Unidos, el Tesoro y la Reserva Federal. Ese mismo mes, el Congreso de Estados Unidos aprobó un paquete de ayuda de 2,2 billones de dólares para empresas y ciudadanos estadounidenses. La Reserva Federal ha bajado la tasa clave al nivel de 0-0,25% y ha encendido la imprenta a plena capacidad.

Por primera vez en más de un siglo de historia de la Reserva Federal de los Estados Unidos, el Banco Central de Estados Unidos comenzó a participar en la compra de valores corporativos. El esquema de compra fue construido inteligentemente: tales valores no se tomaron en cuenta en el balance de la Reserva Federal. Se crearon empresas especiales SPV (Vehículos de propósito especial), cuyo capital se formó a expensas de los fondos del Tesoro estadounidense. Y la Fed otorgó préstamos a empresas de SPV, que entraron en el mercado financiero y compraron valores corporativos, manteniendo a flote a las empresas estadounidenses. Otro participante apareció en el esquema: la corporación de inversión  BlackRock , la compañía de administración de activos más grande del mundo. Las autoridades estadounidenses llegaron a un acuerdo con ella para que BlackRock gestionará los activos de las empresas SPV. De este modo, la corporación privada estaba facultada para administrar el dinero público. La primavera pasada, surgió el triunvirato financiero de la Reserva Federal – Tesoro – BlackRock y comenzó a inflar burbujas en el mercado de valores de EE. UU.

La capitalización de mercado de las empresas estadounidenses de tecnología de la información creció con especial rapidez. Así, Apple ha crecido en casi 1 billón. dólares, Nvidia duplicó su precio. Tesla se convirtió en el poseedor del récord, habiendo subido de precio más de nueve veces en un año.

La principal razón de estos “milagros” en el mercado de valores es que el triunvirato de la Fed, el Tesoro, BlackRock tiene como objetivo inflar la capitalización de mercado del “selecto” grupo de corporaciones estadounidenses con las que se supone que ocurrirá el Gran Reinicio .

Recientemente, el Congreso de los Estados Unidos aprobó otro paquete de ayuda de $ 1,9 billones de dólares para la economía y los ciudadanos estadounidenses.  El 31 de marzo, el presidente de los Estados Unidos presentó un plan de inversión en la economía por otros 2,2 billones de dólares, calculado para 8 años (hasta 2030). El plan incluye medidas para reconstruir la infraestructura vial, invertir en ciencia, Internet de alta velocidad, energía verde, ampliar los programas de asistencia médica y social para los estadounidenses y más. Se prevén aumentos de impuestos, pero los costos adicionales no pueden cubrirse por completo y la deuda pública seguirá creciendo.

Muchos expertos estadounidenses confían en que la “plaga” está cerca de terminar. Ya existen valoraciones optimistas sobre el desarrollo de la economía estadounidense en el mediano plazo. En febrero, la Oficina de Presupuesto del Congreso de Estados Unidos anunció que el PIB del país crecerá un 3,7% este año. También puede encontrar estimaciones más optimistas: 5 por ciento o más del crecimiento del PIB. Dicen que la economía estadounidense alcanzará a China en términos de crecimiento económico.

No comparto este optimismo. El panorama es muy similar a la situación en los Estados Unidos en 1928 y la primera mitad de 1929. América en ese momento estaba dividida en dos. En el mundo de la economía real (industria, agricultura, construcción), había todos los signos de una recesión. La producción industrial y agrícola dejó de crecer, en algunos lugares hubo una disminución. Hay signos de sobreproducción. Los indicadores del número de quiebras se situaron por encima de la media. Y en el mercado de valores de EE. UU. reinó la emoción, se observaron tendencias alcistas en todas partes (juego alcista), cada vez fluía más dinero a las bolsas de valores (una parte significativa provenía de la misma economía real, condenándola al hambre monetaria). La fiesta del intercambio terminó abruptamente el 24 de octubre de 1929 (“Jueves Negro”). Y luego todo rodó hacia abajo.

Por supuesto, no existe una similitud completa entre finales de la década de 1920 y la situación actual. En los Estados Unidos en ese momento, había un patrón oro, es decir, el Banco Central de Estados Unidos no podía imprimir dólares tanto como quería. Y el Tesoro no podía permitirse vivir endeudado, había restricciones estrictas sobre el tamaño del déficit presupuestario y la cantidad de préstamos del gobierno. Hoy, no existen tales restricciones.

A finales del siglo XX, se creía que la capitalización de mercado de una empresa no debía ir más allá de los límites equivalentes aproximadamente a los beneficios de la empresa durante diez años. Era una norma de seguridad no escrita que guiaba a los inversores cuerdos. La empresa estadounidense FactSet ha calculado que en los últimos 20 años este ratio para las empresas estadounidenses que cotizan en bolsa casi ha duplicado el estándar mencionado. Y las acciones en el sector de TI se cotizan ahora a 25 veces las ganancias netas por acción esperadas. No se puede llamar de otra manera que jugar con fuego.

Estados Unidos tiene un nuevo Jueves Negro por delante. Surge la sospecha de que alguien realmente que Estados Unidos desaparezca del mapa mundial como superpotencia. Las mismas sospechas fueron expresadas en un momento por  Jacques Attali , Patrick Buchanan y  Samuel Huntington .

Natalia Dembinskaya y Valentin Katasonov


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