España
La España de Pedro Sánchez: confinamiento para españoles y barra libre para inmigrantes
Tenemos la sensación -la fuerte sensación- de que este gobierno de maleantes comunistas está disfrutando mucho con el control que les ha llegado sobrevenido por la pandemia sobre el común del populacho español.
No lo decimos por nada: pero es inaceptable, a poco que se piense y se razone, el número creciente de medidas liberticidas, opresoras, despóticas, irrazonables, idiotas, incoherentes, malignas, estúpidas y, ante todo, INÚTILES que el desGOBIERNO Central y sus mamporreros autonómicos han estado y están perpetrando contra la población española que, efectivamente tonta, o no, es la que les ha puesto en el Gobierno, manipulaciones y minipucherazos aparte.
Se confina a la gente los fines de semana, como por ejemplo en Cataluña, en base a la suposición de que los contagios se están produciendo por las noches, en los locales de copas, y los fines de semana. A los responsables -a los irresponsables, queremos decir- de tomar medidas de este calibre parece que no les alcanzan las neuronas para saber que de toda la vida de Dios, el individuo o individua que sale de copas un viernes, también sale el jueves. Pero claro: el jueves, el SARS2-Covid19 está de vacaciones. Hay que joderse con los expertos.
Pero un momento: ¿Que expertos? si aquí lo que hay es una recua, una piara de políticos sin desasnar y medio analfabetos que imponen medidas atroces y criminales basándose en el único criterio de sus propios genitales: cuando confinar a la gente un sábado hace que se les ponga dura, pues confinan a la gente. Es como con los «disturbios»: da igual que Mohamed sea moro de raza pura, asalte un comercio y venda en internet la mercancía: la culpa es de VOX y los revoltosos, también del partido verde. Creo que de VOX son los cafres que día sí, dia también, desembarcan en Canarias, a los cuales el gobierno está manteniendo en hoteles de LUJO a 85 euros la noche. Con un par. Pero eso sí; con un par y sin mascarillas. Porque la inmigración ilegal ni se para, ni se deteniene, NI SE CONFINA. Los menas campan como quieren por las calles desiertas, asaltando, violando y acosando a las mujeres… las cuales ni obtienen ni obtendrán ni UNA SOLA LÍNEA de apoyo por parte de las feministoides desquiciadas que luchan contra el Patri-Arcado. Que, suponemos, debe de ser el mal que aqueja a la Patri cada vez que se mira al espejo. O así. Las Arcadas de Patri. Patri-Arcado. ¿Lo pillan?
Y, mientras tanto, el barquito de OPEN ARMS descarga cada dos por tres su «carga biológica» que compra a los vendedores de seres humanos de África del Norte. Porque claro, comprar esclavos para traerlos a Europa se hace para liberarlos. Por supuesto que eso NO CAUSA que los traficantes capturen más esclavos. Que va. Para nada, oiga.
¿Y que se apuestan que en unos días nos confinan otra vez en nuestros domicilios? Es evidente que el Presidente está deseándolo. Los políticos están cachondos con la idea de ese poder que hace que millones de personas tengan que encerrarse en sus casas… ummm el poder…
E iremos a peor. Tan a peor que esperamos y deseamos la gente despierte y se rebele: porque ya no somos ni pueblo ni ciudadanos. Ahora somos esclavas del harén de Pedro Sánchez y del Chepudo andrajoso de Galagapar.
Carlota Sales. Funcionaria de Justicia.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
