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Feminismo histérico, ¡dejen de utilizar a las mujeres!

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Paloma Cervilla.- La utilización política de las mujeres, de cómo deben o no defender su feminismo, la imposición de una única verdad sobre su vida y su trabajo, está derivando en un histerismo que me parece totalmente contraproducente para nosotras.

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Yo no estoy dispuesta a que nadie me imponga la manera de reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres, y que me tilde de facha, retrógrada o no sé cuantos calificativos más porque no me sumo a la huelga y a la manifestación del próximo día 8, ni firmo manifiestos politizados, que a mí no me representan.

No acepto lecciones de feminismo de nadie, y mucho menos de un hombre. Yo soy la primera defensora de la igualdad de hombres y mujeres, y ahí está mi ejemplo, toda mi vida trabajando, sin que nadie me haya tenido que mantener y batallando contra un machismo, que existe, y que la gran mayoría de las mujeres lo hemos sufrido.

Pero de ahí, a que la izquierda me quiera imponer su verdad, adueñarse de nuestra lucha y utilizarnos políticamente, va un trecho por el que no estoy dispuesta a transitar. Lo siento, cada una tenemos nuestra manera de defender nuestra libertad, y la mía no es lanzarme en brazos de una izquierda radical, o no, que me quiere utilizar como bandera electoral.

Si es posible, serénense, y déjense de histerismos políticos. Es mucho más consecuente, y eficaz, un feminismo integrador, en el que se respete a todo el mundo, y en el que cada una coja su bandera, la suya propia, no la que le quieren poner en sus manos los políticos oportunistas.


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La España anestesiada: ¿Una distorsión de la realidad?

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Por Diego Jesús Romero Salado.- En la España anestesiada vivimos en la era digital, donde la “red” nos satura de información hasta tal punto que resulta del todo imposible “digerir” el “big data” que nos invade a diario: el exceso de información es de tal envergadura que los receptores de los sentidos se ven “saturados” hasta tal punto que se invierte en “desinformación”, produciendo un “empacho” que puede alterar el hilo entre emisor-receptor, bloqueando la capacidad de crítica propia del pensamiento libre de cada persona.

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¿Quién no ha oído ante una duda o algún concepto que no recordamos en un momento dado, cosas como: “búscalo en…” Y al resultado de la búsqueda le damos “presunción de veracidad”, cuando antes pensábamos o recurríamos al diccionario o a la enciclopedia de casa. ¿Quién no ha oído que tal información a cerca de las cosas a fin de acreditar su veracidad lo ha escuchado en la Televisión o la ha leído en internet? No será que nos estamos acostumbrando a dar crédito a todo lo que viene del exterior y de esta manera perdemos la sana costumbre de pensar y analizar la información. De esta manera los canales de comunicación digitales están presentes en nuestras vidas desde que nos levantamos hasta que nos dormimos. ¿No estamos, por ello, perdiendo nuestra capacidad de crítica al limitarse nuestro cerebro a recibir información masiva que no es capaz de procesar? ¿Sufrimos una distorsión de la realidad?

No pienso que hasta aquí, resulte baladí reflexionar al respecto, que el propio inventor del psicoanálisis, Albert Einstein, pronosticó que: “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad; el mundo solo tendrá una generación de idiotas”.

Quien suscribe, puede dar testimonio que cuando recibía semanalmente en revista de papel los avances de legislación y jurisprudencia en cuadernos de unas cien páginas aproximadamente de la editorial Aranzadi, o diariamente el periódico de la editorial “La Ley”, le resultaba más fácil estar al día. Muy sencillo, aprovechaba cualquier momento del día para consultar y ojear las hojas, tanto en el despacho, como en casa, como un fin de semana, subrayando con rotulador lo que me resultaba de interés. Esta modalidad hace años que desapareció y en sustitución del papel vinieron las bases de datos en soporte digital y más tarde a través de internet, necesitando de un ordenador o una tablet y terminando cansado de la pantalla y el teclado. Tanta información que resultaba imposible de procesar, a diferencia de antes con el papel. De hecho, quienes me conocen, saben que todavía prefiero leer los periódicos en papel y, a veces, recortar páginas para guardarlas en mis archivos.

También, en la actualidad se nos entregan los expedientes sumariales en formato digital y como no resulta práctico y cansa estar horas delante de la pantalla, tengo que imprimir cientos de páginas.

También recuerdo que las revistas médicas que recibía mi hermano eran en papel con estupendas ilustraciones, como la revista de medicina y humanidades “Jano”, pasando todas a soporte internet. Supongo que a los médicos también les resultaba más cómodo el papel.

Pues bien, para no cansar al lector con más interrogantes, recuerdo que guardé en mis archivos un recorte de prensa que me llamó la atención y que trataba de cómo la opinión ajena puede alterar el juicio mediante un experimento con figuras geométricas, donde la opinión del líder distorsionaba la percepción de la realidad del resto del grupo, hasta tal punto que siendo las mismas figuras, no eran capaces de confiar en su propia percepción, como por arte de magia. Me refiero al “experimento de conformidad” del psicólogo poláco-estadounidense Solomon Asch, o cómo la presión social nos puede.

En el experimento original, Asch forma un grupo compuesto por un estudiante y varios colaboradores del investigador que se hacen pasar por sujetos. La tarea consiste en que el investigador presenta una hoja en la que hay imprimidas tres barras horizontales de diferentes tamaños, y cada sujeto debe decir en voz alta cuál de ellas es la más alta. Los colaboradores están preparados para responder de forma correcta en los primeros ensayos, pero a medida que progresa la situación empiezan a equivocarse y a indicar una barra que claramente no es la más alta.

El sujeto que no sabe qué está ocurriendo comienza respondiendo correctamente, tal como él piensa, pero a medida que los demás insisten en indicar la barra equivocada, sus respuestas comienzan a ser iguales que las de los demás. Así, se concluye que el fenómeno de la conformidad sí es observable en situaciones en las que el estímulo sobre el que hay que emitir un juicio es objetivo.

Al entrevistar a los sujetos que habían pasado por el experimento, explicaron que a pesar de saber con certeza cuál era la respuesta correcta, se amoldaron a las expectativas de los demás por temor a ser ridiculizados de alguna manera. Algunos de ellos incluso afirmaron pensar que las respuestas eran realmente correctas.

De lo correlativo, extrapolando el ensayo a la esfera clásica que estudiábamos en los primeros cursos de derecho constitucional, podríamos poner ejemplos de “distorsiones” sobre el significado de algunas concepciones que hoy en día gran parte de la ciudadanía ha asumido como reales a partir de construcciones de algunos políticos españoles, lo que no en otros países nadie duda. He aquí algunos ejemplos:

“La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles…”

“La Nación es un concepto discutido y discutible” (José Luis Rodríguez Zapatero, 2004)

Artículo 2 la Constitución Española: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles…” [y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas].

Del propio significado de las palabras utilizadas y de una interpretación sistemática, se infiere del texto constitucional que no cabe duda que sólo existe una “Nación”, común e indivisible, sobre la que se residencia la Constitución Española, refrendada por el conjunto del pueblo español el 6 de diciembre de 1978, y, por tanto, emanan los poderes del Estado: no existe más nación que España.

Sin embargo, desde Zapatero hasta nuestros tiempos los nacionalistas independentistas han declarado la independencia de Cataluña, rompiendo el principio de legalidad ex. art. 9.2 de nuestra Carta Magna y desoyendo las resoluciones judiciales emanadas de los Tribunales Españoles, incluido el Tribunal Constitucional, amparándose en que España es un estado plurinacional (expresiones del propio Pedro Sánchez) y que Cataluña es una nación.

A colación hasta el propio Alfonso Guerra calificó, entre otros barones socialistas, de auténtico “golpe de Estado” el Procés catalán, llegando a manifestar que los padres de nuestra Constitución, los cuales redactaron el proyecto de constitución mediante el consenso, fueron ingenuos al pensar que los nacionalistas tendrían bastante con las autonomías (Vid. Tercera de Joaquín Leguina en ABC, 4 de agosto de 2017).

“España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia«.

Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo.

La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y las Regiones.”

(Art. 1 de la Constitución Española de 1931): Como se puede leer ni en la Constitución de la II República se recogía más nación que España, empleándose el término “regiones” en vez de “nacionalidades”, ocurriendo lamentablemente los mismos episodios independentistas que recientemente hemos vivido en Cataluña.

“La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.” (Constitución política de la Monarquía Española, promulgada en Cádiz a 19 de marzo de 1812).

Otro ejemplo: Artículo 32.1 de la Constitución Española:

“El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica.”

En la teoría clásica se predicaba y era doctrina pacífica que los padres de la Constitución se referían al matrimonio entre hombre y mujer; sin embargo, el Tribunal Constitucional interpretó que se incluía también el matrimonio entre hombre-hombre y mujer/mujer. Un precepto tan claro que no admitía dudas, se interpretó de forma diferente a la que se entiende según tenor literal.

Y así podríamos seguir poniendo ejemplos, como el discutido derecho de los padres contemplado en el art. 27.3 de la Constitución:

“Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.

A lo que en referencia al denominado “pin parental” la ministra de Educación, Isabel Celaá, llegó ha afirmar que “no podemos pensar que los hijos pertenecen a los padres” (sic).

Así las cosas, extraigo que en la España adormecida, algo parecido nos está ocurriendo como a los voluntarios que participaron en el experimento de conformidad del famoso psicólogo Solomon Asch, utilizándose los canales de comunicación (Televisiones, Radio, etc.) como instrumento de ingeniería social por parte del socialismo desde hace lustros, de tal manera que sin darnos cuenta no nos estamos dando cuenta que lo que de verdad pretende el socialismo es cambiar los valores de la sociedad española, como recientemente leí en una editorial del diario ABC.

De esta manera, creo que estamos ya ante la distopía de Orwell versus “Ministerio de la Verdad” y el “Gran Hermano” nos vigila y nos impone hasta la aberración de la memoria histórica por la historiografía y los dictados del “socialismo totalitario” frente al libre pensamiento. Y lo peor en esta España anestesiada es el conformismo y tibieza frente a estas cuestiones de los líderes que representan el arco opuesto.

Todo un contrasentido a la libertad humana y el libre desarrollo de la personalidad humana, que además puede ser reprendida por los mecanismos del propio Estado, por lo que ya ni dudamos ni pensamos: René Descartes no se hubiera atrevido a dudar.


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Fuimos hechos para estos tiempos

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Clarissa Pínkola Estés.- Mis amigos, no se desanimen. Fuimos hechos para estos tiempos. Recientemente he sabido de muchas personas que están profundamente confundidas y con toda razón. Ellas están preocupadas por el estado de las cosas en el mundo en este momento. La nuestra es una época en la que casi a diario sentimos asombro y rabia justificada ante las últimas degradaciones efectuadas en contra de lo que la gente visionaria y civilizada piensa que es lo más fundamental, sagrado e importante.

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Tienen toda la razón al sentirse como se sienten. El cinismo y la arrogancia de la que hacen gala los que cometen o validan actos atroces contra los niños, los ancianos, la gente común, los pobres, los desvalidos, y los indefensos, nos dejan estupefactos. Sin embargo, les ruego, les pido a ustedes, seres gentiles, que por favor no permitan que su espíritu se consuma lamentando estos tiempos difíciles. En especial, no pierdan la esperanza. Principal y particularmente por el hecho de que nosotros fuimos hechos para estos tiempos. Sí. Durante años hemos estado aprendiendo, practicando, entrenando y esperando este momento para librar la batalla…

Yo me crié en los Grandes Lagos y reconozco cuando lo veo, un buque construido para resistir tormentas. En cuanto a las almas despiertas, nunca ha habido tantas y tan capaces como las que hay en estos momentos en las aguas del mundo. Ellas están totalmente aprovisionadas y son capaces de reconocerse entre sí como nunca antes en la historia de la humanidad … Miren más allá de la proa; hay millones de botes de almas justas en las aguas junto con ustedes. A pesar de que sus costados puedan estremecerse por los fuertes golpes de las olas de este tormentoso mar, yo les aseguro que las largas vigas que van de su proa a su timón, provienen de un bosque antiguo. Que la madera de fibra larga de la que está compuesto su casco es conocida por soportar tormentas, por mantenerse firme y unida, y por avanzar a pesar de las circunstancias.

En momentos oscuros, hay una tendencia a virar en dirección al padecimiento causado por lo que está mal o sin arreglo en el mundo. No se enfoquen en eso. Hay una tendencia también a insistir y debilitarse por estar encallados en lo que está fuera de su alcance, en lo que aún no ha podido ser. No se enfoquen en eso tampoco. Eso es como dejar pasar el viento sin levantar las velas. Se nos necesita, eso es todo lo que podemos conocer. Y a pesar de que encontremos resistencia, también nos encontraremos con almas grandes que nos levantarán, nos amarán y guiarán, y vamos a reconocerlas cuando aparezcan. ¿No dijiste acaso que eras un creyente? ¿No has dicho que te dejarías guiar por la voz de un Ser superior? ¿No pediste ser agraciado? ¿No recuerdas que estar en gracia significa entregarse a la autoridad de un Ser superior?

La tarea de arreglar el mundo entero de una sola vez no es nuestra, sino la de extender nuestra mano para sanar la parte del mundo que está a nuestro alcance. Cualquier pequeño acto que un alma pueda hacer para ayudar a otra alma, para asistir a una porción de este pobre y sufrido mundo, será de gran ayuda. No está a nuestro alcance conocer qué acto, ejecutado por quien, hará que la masa crítica se vuelque hacia un bien perdurable. Todo lo que se necesita para lograr un cambio dramático, es una acumulación de actos, por lo que debemos seguir añadiendo, añadiendo a, añadiendo más, continuar añadiendo. Sabemos que no hace falta que “todos en la Tierra” vivamos por la justicia y la paz, sólo se necesita un pequeño y decidido grupo que no se dará por vencido durante el primero, el segundo o el centésimo vendaval.

Una de las acciones más pacíficas, poderosas y de gran alcance que puedas llevar a cabo para intervenir en un mundo tormentoso es levantarte y mostrar tu alma. Un alma en la cubierta brilla como el oro en tiempos oscuros. La luz del alma lanza chispas, destella, construye señales de fuego, y provoca que los materiales que deban hacerlo, se incendien. Exponer la linterna del alma en tiempos oscuros como éstos – ser feroz y mostrar misericordia hacia los demás, ambos, son actos de inmenso coraje y altamente necesarios. Las almas que sufren captan la luz de las almas que están totalmente iluminadas y dispuestas a demostrarlo. Si deseas ayudar a calmar el tumulto, esta es una de las cosas más relevantes que puedas hacer. Siempre habrá momentos cuando te sientas desanimado. Yo también he sentido desesperación muchas veces en mi vida, pero no la voy a invitar a sentarse junto a mi; No la voy a entretener. No le permitiré comer de mi plato. La razón es la siguiente: Hasta en mis más recónditos huesos tengo internalizado algo, al igual que tú. Es que no puede haber ninguna desesperación cuando recuerdas a qué has venido a la Tierra, a quien sirves y quién te envió aquí. Las buenas palabras que decimos y las buenas acciones que hacemos no son las nuestras: Son las palabras y obras de Aquel que nos ha traído hasta aquí. En ese espíritu, espero que escribas esto en tu pared:

Cuando un gran barco está amarrado en el puerto está seguro, no puede haber ninguna duda de ello. Pero los grandes barcos no fueron construidos para eso.

Esto lo escribo con mucho amor y una oración para que recuerdes de quien, y para qué has venido a esta hermosa, y necesaria Tierra.

Con amor.

*Original en Inglés, traducción de Helio Borges


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¿Qué coño es eso de la escritura?

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Manuel I, Cabezas González*. La lectura y la escritura. Después de haber respondido a la pregunta ¿Qué coño es eso de la lectura?, hoy vamos a responder a una pregunta complementaria: “¿Qué coño es eso de la escritura?”. Entre estas dos actividades existe una interacción dialéctica muy estrecha, como lo aseveramos los didáctólogos y ratifican los profesionales de la escritura.

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En efecto, para los didactólogos, la lectura y la escritura pueden ser consideradas la misma cosa o dos aspectos de la misma cosa. No se puede concebir la una sin la otra. Así, es imposible imaginar a un escritor que no haya sido y sea un “gourmand” y un “gourmet” de la lectura. Además, la lectura es el único procedimiento para llegar al lugar donde un aprendiz de escritor puede encontrar reunidos todos los conocimientos necesarios para poder redactar textos. Por eso, la lectura es la única forma eficaz de aprender a escribir. Quintiliano, en “De Institutione oratorie”, ya afirmaba que, para llegar a ser un buen escribidor, era necesario leer mucho. Finalmente, esta relación dialéctica y coadyuvante entre lectura y escritura quedó recogida en el aforismo latino, que reza así: “qui escribit bis legit” (quien escribe lee dos veces, lee mejor).

Por su lado, los profesionales de la escritura (i.e. aquellos escribidores que viven de la pluma) son unánimes y tienen la misma opinión: “La única forma de aprender a escribir es leer” (Esther Tusquets); “Los mejores maestros se encuentran, sin ninguna duda, en la estantería. No se puede aprender a escribir si no se lee” (Elvira Lindo)”; “Forzado a dar consejo a quien quiere escribir, sugiero seis cosas: 1. Leer. 2. Leer. 2. Leer. 3. Leer. 4. Leer. 5. Leer. 6. Leer” (Alberto Mangel); “El trabajo, la dedicación y las lecturas son el camino más directo para tener éxito en la escritura” (Pérez-Reverte). Ellos, los escribidores, lo tuvieron y lo tienen claro.

Por lo que respecta a la escritura, como he constatado y constato cada vez con más frecuencia en mi actividad docente en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), los bachilleres que llegan a la misma tampoco poseen una competencia escritural adecuada. Ésta, como la competencia lectora, tiene también más lagunas o agujeros que un queso gruyer. Por eso, vamos a bordar tres cuestiones en relación con ella: ¿En qué consiste la competencia escritural? ¿Qué hay que hacer para redactar un texto? Y ¿cómo se puede adquirir dicha competencia?

Competencia escritural. Podemos describir la competencia escritural o textual como la capacidad que permite al ser humano actuar lingüísticamente, en situaciones de comunicación que exigen el uso de la lengua escrita para redactar textos. Ahora bien, como en el caso de la lectura, producir textos es una actividad compleja y, por lo tanto, difícil. De ahí que la Comisión Europea y los Gobiernos de Francia y Quebec hayan preparado documentos para subsanar las lagunas en la competencia textual de los funcionarios de todos los niveles de las Administraciones.

Y si nos remontamos al pasado, podemos citar también a Aristóteles, que redactó su Retórica (arte de hablar de forma elegante y con corrección) para explicar precisamente cómo había que proceder para preparar tres tipos de textos (políticos, jurídicos y epidícticos), que debían ser verbalizados en tres situaciones concretas de comunicación oral (el ágora, ante los tribunales de justicia y en las festividades oficiales). Además, desde Aristóteles y a lo largo de la historia (excepto durante el Romanticismo y en la actualidad), la enseñanza de la retórica fue siempre una de las enseñanzas fundamentales y obligatorias.

Metodología o proceso de producción de un texto. ¿Cómo proceder para redactar verdaderos textos que sean, además, legibles y cooperadores? Para responder a esta pregunta, podemos establecer una analogía entre lo que implica “producir un texto” y “elaborar un plato” (por ejemplo, un estofado de ternera). En ambos casos se deben realizar cronológicamente una serie de acciones equivalentes. En la preparación del estofado de ternera, en primer lugar, hay que buscar y preparar todos los ingredientes; luego, hay que verificar que no nos falta nada; sólo después podemos, respetando un orden, empezar a combinar los ingredientes para elaborar el plato; en cuarto lugar, debemos verificar que el plato es comible o rectificarlo, si es necesario (añadir sal, pimienta, etc.); finalmente, debemos emplatarlo y servirlo en la mesa.

El proceso a seguir para redactar un texto es similar y no es algo nuevo. Hace más de 2.000 años, Aristóteles, en su Retórica, ya explicó, desde un punto de vista analítico y pedagógico, el camino y las etapas que hay que recorrer. En primer lugar, hay que transitar por la etapa de la “euresis”: búsqueda, reunión y preparación de todas las informaciones necesarias para elaborar el texto. Es lógico que, antes de empezar a escribir o a hablar, sepamos de qué vamos a hablar y qué vamos a decir. En efecto, “el sabio no dice nunca todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice” (Aristóteles) y se debe procurar que “la palabra dicha o escrita no se adelante al pensamiento” (Pítaco de Mitilene). Hecho esto, hay que recorrer la etapa de la “taxis”: organización o estructuración de las informaciones reunidas y preparadas; i.e. hay que dotar al texto en gestación de una estructura. Preparadas y estructuradas las informaciones, es pertinente hacer una parada (“verificación I”) en el proceso de producción del texto para evaluar lo que se ha hecho en las dos primeras etapas. Se trata de un control de calidad para que el producto final sea aceptable tanto desde el punto de vista del contenido como de la estructuración. Estas tres primeras etapas constituyen la “pre-escritura” o preparación o planificación del texto a producir, que exige 2/3 del tiempo dedicado a la escritura del texto.

Sólo después de esto, se puede pasar a la “lexis”: redacción de la primera versión del texto. Esta primera redacción del texto es una labor complicada, compleja y difícil. Un síntoma de esto son las pausas y las relecturas, que hacemos a lo largo de la redacción, para no perder el hilo de nuestro texto. La quinta etapa (“verificación II”) debe ser dedicada a la revisión-evaluación de las sucesivas versiones del futuro texto, revisión que implica relecturas sucesivas del mismo para detectar incorrecciones de todo tipo (contenido y forma) y proceder a subsanarlas. En fin, la etapa final es la “hipocrisis”: la “mise en page” (distribución del texto en la página de papel, en una situación de comunicación escrita) o la “mise en voix” (verbalización del texto, en una situación de comunicación oral).

El bálsamo de Fierabrás. ¿Cómo se adquiere la competencia escritural y cómo se pueden subsanar las deficiencias y lagunas que tienen los estudiantes universitarios y, en general, la ciudadanía española? La escritura, como la lectura, es también algo que se enseña y se debe aprender para que alguien se convierta en alfabeto. Ahora bien, ante las lagunas en esta competencia, tanto en los jóvenes universitarios como en el público en general, debemos concluir que o bien no se ha enseñado o bien se ha enseñado mal y, por lo tanto, no se ha adquirido. El único bálsamo de Fierabrás, la única poción mágica capaz de curar las dolencias lingüísticas escriturales es inyectando en vena el “coronavirus de la lectura”.

En efecto, el lugar donde están las únicas enseñanzas necesarias y eficaces para ello son los buenos textos, redactados por escribidores competentes. Sin buenas lecturas y sin la práctica constante de la lectura, es imposible adquirir una competencia escritural funcional, operativa y ortodoxa. Ahora bien, para conseguirlo, el papel de la familia, de la escuela y de los medios de comunicación es fundamental. Como dice un refrán francés, « c’est en forgeant qu’on devient forgeron »: sólo con el “libro, ese amigo fiel” y la práctica de la lectura se podrá conseguir que los estudiantes universitarios y la ciudadanía, en general, seamos cada vez más alfabetos y menos analfabetos.

*Doctor en Didactología de las Lenguas y de las Culturas. Profesor titular de Lingüística y de Lingüística Aplicada. Departamento de Filología Francesa y Románica (UAB)


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