Connect with us

A Fondo

Gerard Bellalta explota: «Me cago en vuestra puta madre. Mientras el virus chino mata y arruina a los españoles, andáis de chachipiruli en los balcones»

Avatar

Published

on

Gerard Bellalta i German.- Quiso Dios que hoy celebre mi 60 cumpleaños, coincidiendo con el día de la Victoria. Quiso Dios que esa onomástica victoriosa coincida hoy con una nación derrotada y cretinizada, con el instinto de la supervivencia tan atrofiado que hasta está dispuesta a morir aplaudiendo a sus verdugos.

 

 

Este es el resumen de lo visto hoy en cualquier televisión cebada con dinero público (da igual el canal que mires y me temo que también da igual el día que lo veas):

Los españoles están felices. Aplauden en sus balcones, han descubierto a sus vecinos, uno canta, otro baila, otro hace una tarta, otro monta la discomóvil. Ahora el vecino ya no da por culo.

Mientras el virus chino está matando y arruinando a millones de españoles por culpa del Gobierno, a muchos de vuestros familiares y amigos, andáis de chachipiruli en los balcones, gozosos del arresto domiciliario al que habéis sido sometidos para pagar la negligencia criminal de la canalla en el poder.

Hoy se pasa por encima del número de muertos. Ni mención al teniente coronel del Ejército fallecido por coronavirus, ni al mando de la Guardia Civil muerto en idénticas circunstancias, ni a la madre de Miguel Ángel Blanco, doblemente víctima del terror. Nada. Hoy todo son noticias de abuelos de más de 80 años que han superado el coronavirus, que me alegra, pero que me me han recordado al taxista de los atentados de Barcelona. Hoy todo el mundo ha tuiteado el alta de su abuelo. ¡Qué casualidad! Y cantado la canción del Dúo Dinámico reinterpretada por un puñado de artistas progres que se harán de oro a vuestra costa.

Por lo que veo, la gente está feliz pese a perder su trabajo. Los autónomos no dicen nada. Deben estar encantados con el porvenir de miseria que les espera. La mafia gubernativa ha cobrado la cuota de autónomos a mas de tres millones de españoles que no podemos trabajar por causas de fuerza mayor, mientras aprueban una subvención de 15 millones de euros a las televisiones en abierto (grupos Atresmedia y Mediaset); es decir, a la gentuza propagandística del régimen. Seguir cebando al Ferreras les importa más a estos criminales que el porvenir de miles de pequeños y medianos empresarios.

 

Estas empresas fueron los medios de comunicación más rentables durante 2019, con ganancias de 118 y 211 millones de euros.

Claro está que mantener el nivel de adoctrinamiento cuesta dinero, y qué mejor manera de financiarlo que con nuestra cuota.

El personal de hospitales carece de medios para atender a los pacientes, pero se les ve felices. Salen contentos a aplaudir mientras les graban las televisiones. Algunos aparecen hasta con guitarras. Ninguno aprovecha la presencia de las cámaras en directo para cagarse en la puta madre del Gobierno que los tiene con bolsas de basura como batas. Todos contentos.

Las familias de los fallecidos literalmente no existen. No hay imágenes de fallecidos ni del dolor de sus familias, si es que a este pueblo maldito le importa ya la muerte de algún familiar directo. Al único que he visto que entrevistaban casualmente tenía un cuadro con un lazo amarillo detrás y hablaba de su tío. No de un padre, ni de un hijo. Debe de ser que el pariente más cercano que fallece ha sido un tío de 85 años.

La gente a la que han aplazado operaciones, o a que directamente les han dicho que no los pueden ingresar porque si los hospitalizan seguramente no salgan vivos… tampoco existen. Tampoco tienen nada que decir.

Las familias de esos miles de ancianos a los que han dejado morir en residencias geriátricas sin recibir tratamiento médico, tampoco aparecen. Muchos de ellos se movilizaron cuando lo del chapapote, y ahora callan miserablemente cuando se ordena que se deje morir a sus mayores.

Entre tanto, miles de españoles mueren estos días de insuficiencia respiratoria y estadísticamente no engrosan la lista de víctimas del coronavirus. ¿Y sus familias? Chitón, no sea que les quiten la paguita a costa de hipotecar el futuro económico de todos los españoles.-

Pues que bien todo, ¿no? Va a ser que no. ¡Yo me cago en vuestra puta madre, españoles cobardes y malditos!

*Gerard Bellalta es un empresario catalán

Advertisement
1 Comment

1 Comment

  1. Avatar

    Kenofalte

    02/04/2020 at 21:21

    vete a la mierda imbécil

Leave a Reply

Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A Fondo

Los dos minutos de odio. Por Diego Fusaro

Avatar

Published

on

Quienes hayan leído 1984 de George Orwell (una lectura muy recomendable siempre, y más aún en nuestra época tan orwelliana), recordarán sin duda la emblemática figura de Emmanuel Goldstein.

Él es el principal enemigo del Partido que gobierna Oceanía.

Debido a su oposición al Gran Hermano, todos los días, a partir de las 11:00, en todas las oficinas y lugares públicos, se celebran manifestaciones de histeria colectiva contra él: los «dos minutos de odio», como los califica la obra maestra de Orwell. Las masas hipnotizadas por la propaganda del Gran Hermano suspenden toda actividad para manifestar histéricamente su odio hacia Emmanuel Goldstein, del que no saben nada más que lo que el partido les dice a diario sobre él, presentándolo precisamente como el enemigo por excelencia, como la amenaza que pone en peligro la paz de su mundo.

También en este caso, como en muchos otros, la fantasía distópica de Orwell parece superada con creces por nuestro presente completamente distópico. También el Occidente actual, rectius uccidente, tiene su Emmanuel Goldstein, que sin embargo se llama Vladimir Putin.

A todas horas, la radio, la televisión y los periódicos de la civilización falsamente democrática del Gran Hermano repiten propagandísticamente que él es el enemigo, el peligro máximo, la amenaza suprema para el paraíso occidental Y las masas tecnonarcotizadas y teledependientes se prestan con estúpida euforia a esta representación de histeria colectiva, exhibiéndose en otras tantas variaciones tragicómicas de los dos minutos de odio de la memoria orwelliana.

Es una práctica antigua y probada del poder hacer creer que la contradicción y el enemigo están al otro lado del muro, en el espacio exterior con respecto a la sociedad totalmente administrada por el propio poder: de este modo, desviando siempre la mirada de las contradicciones internas de nuestra sociedad, se produce una unificación ficticia del interior, llamado a cooperar en función de la resistencia al enemigo exterior, del que tal vez, como hoy (pero lo mismo vale para Emmanuel Goldstein), se dice que está listo para invadir nuestra civilización.

Al igual que en la novela de Orwell, siempre hay un Emmanuel Goldstein detrás de cada contradicción, detrás de cada distorsión, detrás de cada mal, y lo mismo ocurre hoy en día en el orden discursivo dominante, que siempre y de nuevo señala a Putin —el nuevo Emmanuel Goldstein— como responsable de todos los males.

¿Alguien se atreve a discrepar de la Unión Europea de la vestal de los mercados apátridas Ursula von der Leyen?

Debe haber detrás la longa manus de Putin. ¿Alguien se atreve a criticar las políticas imperialistas de las barras y estrellas? Debe ser un agente secreto enviado por Putin a Occidente. ¿Alguien se atreve a cuestionar los equilibrios de la globalización neoliberal, cada vez más asimétrica? Por necesidad, es un infiltrado solapado de la Rusia de Putin. Releer a Orwell puede ser realmente beneficioso para un despertar colectivo del hechizo hipnótico de la sociedad del espectáculo y la manipulación milimétrica de las conciencias.

Apaguen la radio y la televisión, lean a Orwell. Quien se lo sugiere es, por supuesto, un espía enviado por Emmanuel Goldstein…

Por Diego Fusaro

Continue Reading
Advertisement
Advertisement Enter ad code here