Opinión
«Gratis total»
Pedro Sánchez y su gurú Iván Redondo echaron un vistazo al mercado y vieron que son (somos) más los ciudadanos que cobramos del erario público que los que aportan. Quiebra en estado puro, pero qué más da! . Hay que ser prácticos.
En consecuencia, había que dirigir los tiros hacia ese mayoritario segmento social. Al fin y al cabo, suman también mayoría de votos.
Para qué, pues, reunirse con los que pagan: Autónomos, Padres de Familia, Colegios Profesionales, Trabajadores, Funcionarios, etc.
Nada, nada, a reunirse con los que cobran: Activistas (con LGTBI a la cabeza), ONG,s, y demás parafernalia. Estos son los que suman, los que cuentan.
De entrada, gratuidad en las guarderías, reducción al límite en la vivienda, sanidad universalmente gratuita, meses de baja por maternidad (y paternidad), eliminación de tasas universitarias para “ellas” (“ellos”, que sigan pagando) y para que no falte “de ná”: mensualidad de subsistencia por importe similar al que un trabajador autónomo percibe después de cuarenta años cotizando al jubilarse. Y ayuda a vivienda y escolaridad gratuíta.
Aunque éste nuevo “cobrante” no haya cotizado en su vida, ni trabaje, ni vaya a trabajar (para qué?). Aunque haya entrado ilegalmente en España, qué más da. Ésta es tierra de acogida. Judíos, moros y cristianos. España unida. Unidad de destino en lo universal.
Según costumbre, los 370 puntos programáticos propuestos no llevan su correspondiente memoria económica. Ni falta que hace. Se le da a la maquinita de hacer billetes y ya está. Déficit en aumento, déficit desbocado, déficit total.
Aunque el déficit supere lo que anualmente se genera (PIB). No importa, ya vendrán “los otros” a igualarlo y solucionar el problema…con cargo a los trabajadores paganinis. Los de siempre. Los de toda la vida.
Subiremos los impuestos a los ricos, aduce el dúo pensante monclovita. En lo que no han caído es que la mayoría de los ricos tienen sus dineros a buen recaudo (fuera). Y los pocos que aquí moran (con Felipe González a la cabeza), a través de las SICAV y su 1% de tasa impositiva. Que ya está bien!
Lo de Cataluña, como siempre, merece capítulo aparte. Nada de referéndum de autodeterminación.
Faltaría más! . Aunque si se profundiza en el asunto, se llega a la conclusión de que si se independizasen, las pensiones las seguiría pagando “Espanya”, como sucede con los jubilados que han trabajado/cotizado en otro País.
Acabáramos!. Mal negocio. Así que, mejor dejarlo como está. En modo prófugo o encarcelado. Sale más barato.
En fin, que como cantaba Julio Iglesias, la vida sigue igual. Gratis total.
España cañí.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
