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España

Gualdrapas

Redacción

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Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, el pasado 12 de noviembre, en la firma del pre acuerdo de coalición

Valdría la pena presenciar por una mirilla la negociación entre el PSOE y ERC para la investidura. No solo por su contenido (que ya de por sí) sino por ver además las maneras de los interlocutores y el lenguaje gestual que usan. Sería como ver un grupo de terapia para políticos atrapados en callejones sin salida.

Está claro que todos quieren el poder y la manera más rápida de conseguirlo es un tripartito. Para ello están trabajando: yo te quito de encima a Puigdemont en Cataluña y tú me quitas de encima a Casado en Madrid. El mejor indicio es lo callado que tienen estos días en los medios a Iceta para que no se le escape ningún término como «indulto» o «relator» y lo estropee todo. El problema es que ambas partes son como dos chiquillos enfrentados que tienen cada uno una piedra en la mano: ambos le dicen al otro que suelte primero la suya antes de hablar.

Pedro Sánchez tiene el conocido peligro de que se desdice con un cuajo enorme de lo prometido tres minutos antes. Su estilo va revestido de la guarnicionería de quién, habiendo sido sorprendido en una grosería, se excusa con un lenguaje ampuloso. ERC, por su parte, se pasa la vida diciendo que no va a hacer una cosa para luego, en el último momento, hacerla y echarle la culpa al otro. Su estilo es altisonante pero filisteo. Son de lágrima fácil y cuanto más asustados están, más grandilocuentes se ponen. Ahora están asustados, porque saben que Puigdemont les tiene cogida la medida y quiere venganza. Tan cerca del premio que perseguían desde hace tiempo y a ver si lo van a perder justo antes de las próximas autonómicas. Todos los púgiles llegan demasiado comatosos después de los resultados de las generales, así que tampoco pueden ponerse muy estupendos, ni andarse con demasiados remilgos si quieren el poder. El que tenga menos escrúpulos tendrá ventaja. ERC tiene a su favor que necesita menos a Sánchez que él a ellos. La ventaja de Sánchez es que está menos marcado por escrúpulos exteriores. Iglesias está tan desesperado como él y no le va a estar soplando en el cogote tanto como harán los de JxCat con Esquerra.

Aquellos catalanes que hemos vivido bajo la Sociovergencia y bajo la Cupvergencia conocemos de largo todas estas escenificaciones y contraprestaciones. Recuerden la ley regional de Códigos del Consumo del 2010, hace ya casi una década, donde el PSC se apuntó con entusiasmo a lo que llamaba el «deber de disponibilidad lingüística», que básicamente consistía en amenazar con obligarles a pagar diez mil euros a aquellos que no estuvieran de acuerdo con las ideas sobre los usos lingüísticos que debían hacerse servir en la zona.

No olvidemos tampoco que ya entonces el ayuntamiento barcelonés quería hacer obligatorias en catalán determinadas comunicaciones internas. ¿Que fue del bilingüismo, del cosmopolitismo, de la diversidad? Nada. Una música de flauta de campaña tan falsa como ahora las prometidas e imaginarias leyes del audiovisual público (para prohibir la manipulación nacionalista en las teles autonómicas) o la ley contra referéndums ilegales. Es decir, que si hace falta para llegar a presidente saltarse el diálogo en el Congreso de todos y negociar en una mesa privada se hará. Simplemente se le cambiará el nombre a la mesa y al supuesto mediador y se nos intentará vender con algún sustantivo rimbombante y nuevo. Todo ese envoltorio será como las gualdrapas, aquellas telas con las que en la Edad Media los caballeros revestían sus monturas para embellecerlas. Pero debajo estará el triste y flaco rocín de siempre.

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España

¡Al fin! VOX trata al PSOE Azul (Antiguo PP) como se merece y advierte: serán «el doble de exigentes» y acusa al PP de «patrocinar guerras sucias» contra Vox

AGENCIAS

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El líder de Vox reclama a los populares negociaciones «serias, sin prisas, con medidas concretas» y plazos y garantías de cumplimiento: «No son de fiar»

 

Santiago Abascal ha ofrecido este lunes una declaración ante los medios de comunicación en la que ha acusado al PP y al PSOE de atacar de forma «permanente» a Vox con «mentiras e insinuaciones» y en concreto a los populares de «patrocinar guerras sucias» contra su formación. Y ha advertido a Alberto Núñez Feijóo de que en las negociaciones, que ahora parece que han quedado en stand by, después de la investidura fallida de María Guardiola y la falta de acuerdo en Aragón para la Mesa de las Cortes, Vox será «el doble de exigente» porque en las urnas los ciudadanos han pedido el doble de Vox.«Después de este maratón de elecciones,(…) podemos concluir que Feijóo ha cometido un grave error impidiendo que se llegasen a acuerdos con Vox tanto en Aragón como en Extremadura que fuesen parecidos a los del PP de la Comunidad Valenciana», ha sostenido Abascal. «Si el PP convocó esas elecciones para no aceptar las exigencias de vox y los extremeños y aragoneses han dicho que quieren el doble de exigencias, nosotros vamos ser el doble de exigentes», ha asegurado.Según ha expresado el líder de Vox, hay un «Gobierno criminal» enfrente y mientras un PP al que ve «absolutamente incapaz» de romper con Pedro Sánchez y de presentar una moción de censura contra él. Y cree que ambos están empeñados en «acabar» con su partido. «Son incapaces de debatir con nosotros sobre los problemas reales de las políticas que han aprobado desde hace décadas y que han impulsado desde Bruselas», ha criticado.

En este contexto ha indicado que es «muy difícil» entablar conversaciones para que haya un acuerdo con el PP y ha reclamado a los populares entablar «negociaciones serias, sin prisas, con medidas concretas» asociadas a presupuestos para poder acometerlas y con plazos y garantías de cumplimiento. «No son de fiar», cree Santiago Abascal.El líder de Vox ha hecho estas declaraciones desde el Parador de Gredos, tras una reunión con el Comité Ejecutivo Nacional, el Comité de Acción Política, los portavoces nacionales y los portavoces autonómicos.Una reunión que se produce a pocos días de las elecciones de Castilla y León, donde a partir de la semana que viene todo apunta a que tendrán que sentarse a hablar con el PP, y tras unos días de tensión a nivel interno, con la reciente expulsión definitiva de Javier Ortega Smith del partido y la apertura de expediente disciplinario a José Ángel Antelo. Ortega Smith este mismo lunes ha anunciado una denuncia contra la Ejecutiva de Vox por la «filtración» de su expediente de expulsión, y recursos contra su expulsión. Y Antelo ha pasado al grupo mixto en la Asamblea de Murcia.Abascal no ha aludido a ninguno de los dos, ya se pronunció al respecto la semana pasada y zanjó: «Nadie está obligado a estar en Vox. Quienes están en Vox están obligados a respetar las normas internas de Vox, sea el presidente o el último afiliado, y eso va a seguir siendo así».Respecto a las «mentiras, demonización y guerra sucia» contra su partido que achaca a Ferraz y a Génova, ha instado al PSOE y al PP a que «pierdan toda esperanza de destruirnos o de pararnos». «Tenemos el apoyo creciente del pueblo español».

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