España
Guardias civiles piden al Gobierno material antidisturbios para hacer frente a los asaltos fronterizos: “La situación es insostenible”
Agentes de la Guardia Civil reclaman al Ejecutivo de Pedro Sánchez que les entregue material antidisturbios para poder hacer frente a los repetidos asaltos por parte de inmigrantes a las vallas que separan el territorio español del marroquí.
“Reclamamos que se permita el uso de medios para el control de masas, como escudos que puedan repeler los productos que arrojan contra ellos, y material antidisturbios que contenga estas entradas masivas”, afirmó la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) a través de un comunicado.
De lo contrario, la AUGC cree “que esta escalada de violencia pueda llegar a poner incluso en peligro la vida de algún agente”.
Una queja que también comparte la Asociación Pro Guardia Civil (APROGC), que considera la situación “insostenible”.
“¿Hasta cuándo? ¿Para cuándo los medios personales y materiales necesarios? ¿Por qué en Ceuta o en Melilla, donde son atacados de forma cada vez más coordinada, organizada y violenta, no? ¿Por qué no se pueden defender?”, se preguntan desde esta asociación.
Además, la APROGC considera que el despliegue de agentes en la zona es “claramente insuficiente”.
Esta asociación destacada que el material antidisturbios se puede utilizar “legalmente”.
“Que no tengamos que esperar y lamentar un suceso de consecuencias fatales para empezar a tomar medidas”, indican desde la APROGC.
El portavoz estatal de la Unión de Guardias Civiles, José Manuel Manrique, destacó al medio que los inmigrantes lanzaron “piedras y ácidos, excrementos y orina” a los agentes, dejando a siete agentes heridos “aunque habrían podido ser más”.
“Que no miren de lado, que miren de frente a lo que sucede ahí abajo, en la frontera”, requirió Manrique al señalar que los inmigrantes utilizan “prácticas cada vez más agresivas”, desde “objetos punzantes de fabricación propia” hasta “lanzallamas caseros”, poniendo “en riesgo creciente la integridad de los guardias civiles”, que sienten “rabia” e “impotencia”.
El 22 de agosto se produjo una entrada de 116 migrantes durante un intento de salto masivo de más de 300 personas en la valla fronteriza de Ceuta.
Según el relato del Gobierno, la mayor parte de los inmigrantes que no consiguieron cruzar fueron repelidos por las autoridades marroquíes.
Durante el asalto fueron heridos siete agentes españoles después de que los inmigrantes lanzaran recipientes de plástico con excrementos, sangre, cal viva y ácidos.
Siete agentes recibieron atención hospitalaria.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
