Sucesos
HABLANDO CLARO: 23 afectados de la «Viruela de los monos» en Madrid: TODOS los afectados son hombres, son jóvenes, son gais y todos han mantenido relaciones homosexuales
El Ministerio de Sanidad, junto a las comunidades autónomas, ha lanzado una alerta sanitaria tras detectar en Madrid varios casos sospechosos de la viruela de los monos, según informa El País. Los casos están pendientes de confirmación a falta de las pruebas genéticas que se están realizando en el Centro Nacional de Microbiología (CNM).
En concreto, la consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid ha especificado que hasta el momento son 23 los posibles casos de esta enfermedad que están siendo analizados, como detalla la Cadena SER.
Todos los casos son de hombres jóvenes
La Directora General de Salud Pública de la Comunidad de Madrid, Elena Andradas, ha explicado que todos los casos que se encuentran bajo estudio presentan características comunes: se trata de hombres jóvenes que han mantenido relaciones sexuales con otros hombres.
“La transmisión del virus suele ser respiratoria, pero por las características de estos 23 casos la transmisión apunta a un contacto con mucosas durante relaciones sexuales. La mayoría corresponden a ese dato. Todos son adultos jóvenes y la mayoría así son, pero no todos. No hay ninguna mujer. Son todo hombres jóvenes”, detalló Andradas.
Enfermedad de origen africano
La viruela de los monos es una enfermedad causada por un virus endémico de zonas selváticas del continente africano, donde varios mamíferos como simios o roedores pueden transmitirla al ser humano. El contagio se suele producir por contacto estrecho, al entrar en contacto líquidos corporales de la persona portadora, aunque también puede ocurrir a través de la saliva.
La incubación suele durar de 6 a 13 días, aunque se puede prolongar hasta los 21. Para esta enfermedad no existe ni tratamiento ni vacuna, pero remite en la mayoría de los casos tras dos o tres semanas de intensos síntomas y molestias.
Síntomas
Los síntomas iniciales son las erupciones cutáneas, sobre todo en la cara. Además, incluyen dolor de espalda, fiebre, dolores musculares, dolor de cabeza, ganglios linfáticos inflamados, escalofríos y afotamiento.
De 1 a 3 días después de la aparición de estos síntomas, el paciente suele desarrollar una erupción que, normalmente, comienza en la cara y se extiende por el resto del cuerpo. La mayoría de las infecciones duran de dos a cuatro semanas.
Estas lesiones cutáneas cambian y pasan por diferentes fases, y pueden parecerse a la varicela o la sífilis. Finalmente forman una costra que luego se cae. Solo 1 de cada 100 infecciones con esta cepa de viruela resultan mortales, aunque las tasas pueden aumentar entre personas que tienen el sistema inmunológico debilitado.
Casos en Reino Unido y Portugal
La alerta del Ministerio de Sanidad llega después de que la Agencia de Seguridad del Reino Unido (UKHSA, por sus siglas en inglés) investiga el origen de siete casos de viruela del mono, una enfermedad poco común de la familia de la viruela, detectados en un periodo de tiempo de nueve días, más concretamente entre el 6 y el 15 de mayo. Portugal, además, ha confirmado tres casos mediantes pruebas PCR.
Este virus es endémico en África occidental y central. Y es que, entre 2017 y 2022 ha matado a ocho personas e infectado a 558 en Nigeria, según el último informe del Centro para el Control de Enfermedades de Nigeria (NCDC).
En pocas ocasiones se detecta en lugares donde no es endémico. El primer paciente diagnosticado en Reino Unido había viajado a Nigeria, pero ahora la Agencia de Seguridad del Reino Unido considera que hay cierto nivel de transmisión comunitaria.
Las autoridades británicas, eso sí, aseguraron que este virus no se transmite “fácilmente entre personas” y el riesgo para la población general de Reino Unido es “bajo”. A su vez, la asesora médica jefe de la Agencia de Seguridad del Reino Unido, Susan Hopkins, manifestó que esto “es raro e inusual” y que la UKHSA está investigando la fuente de esas infecciones porque la evidencia sugiere que puede “haber transmisión comunitaria” del virus de la viruela del simio, propagado por contacto cercano.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
