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Holanda practica la eutanasia a una joven de 17 años que sufría depresión

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Noa Pothoven
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Una joven holandesa de 17 años que sufrió abusos sexuales cuando era una niña ha muerto en su casa, en la localidad de Arnhem, con la ayuda de una “clínica para el final de la vida”. Noa Pothoven murió en una cama de hospital en su sala de estar después de que se le concedió el derecho a la eutanasia.

Noa escribió una autobiografía llamada “Ganar o aprender” sobre sus batallas contra las enfermedades mentales tras ser violada a una edad temprana. Como resultado de aquel terrible suceso, sufrió un trastorno de estrés postraumático, depresión y anorexia.

Noa dijo que quería que su libro ayudara a jóvenes vulnerables que luchan por la vida, y agregó que los Países Bajos no tienen instituciones o clínicas especializadas donde los adolescentes puedan acudir para recibir ayuda psicológica o física.

En las redes sociales, tan sólo un día antes de su fallecimiento, el domingo pasado, Noa hizo pública su decisión. Ella escribió: “Estuve deliberando por un tiempo si debería o no compartir esto, pero decidí hacerlo de todos modos. Tal vez esto sea una sorpresa para algunos, dado mis publicaciones sobre hospitalización, pero mi plan no es impulsivo. Tras años de luchar y pelear, estoy agotada. He dejado de comer y beber por un tiempo y, después de muchas discusiones y evaluaciones, decidí dejarme ir porque mi sufrimiento es insoportable”.

¿Estaríamos lamentando a estas horas la muerte de Noa de no haber sido una europea de origen de raza blanca? ¿Se mostrarían los progres tan comprensivos con la torcida voluntad de la joven de haberse tratado de una inmigrante extraeuropea?

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Mujer, negra, inmigrante y asesina

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Rebeca Argudo (La Razón) Dice Nacho Escolar que hay un discurso del odio hacia Ana Julia Quezada, la asesina confesa de Gabriel Cruz, alentado por el hecho de ser mujer, negra e inmigrante. Y dice el colectivo Afroféminas que se está produciendo un racismo misógino alrededor de este caso. Y digo yo que qué pereza me dan ya.

Supongo que para ellos el hecho de que esta persona asesinara a un niño indefenso de ocho años no tiene nada que ver con esos sentimientos negativos que despierta en gran parte de nuestra sociedad. Ese odio se debe, claro está, al hecho de ser mujer, inmigrante y negra. Única y exclusivamente. Que haya acabado, con sus manitas, con la vida de un pequeño es irrelevante tanto para Escolar como para Afroféminas. Un insignificante dato biográfico que pesa muchísimo menos que el color de su piel o su nacionalidad. Vaya por Dios.

Hago como que me sorprende, porque yo soy muy melodrámatica y no desperdicio ocasión, pero hace ya tiempo que vivo constantemente asombrada. Es más, el asombro es mi nueva zona de confort, de tanto tiempo que hace que no salgo de él. Han dejado de causarme estupor los encajes de bolillos dialécticos de ciertos sectores de una izquierda, en caída libre intelectual, para que la realidad se ajuste exactamente a la idea preconcebida que de ella tienen. En sus preciosas cabecitas posmodernas, todos nosotros (Los Otros) somos una suerte de multitudinaria representación de Ebenezer Scrooge; solo que en lugar de odiar la Navidad y a los niños, odiamos, todos a una, a los negros y a las mujeres. Y a los homosexuales, los transexuales, los asexuales, los veganos, los monitores de pilates y al orfeón donostiarra, si se tercia. No hay minoría, oprimida o sin oprimir, a la que le hagamos ascos en lo que a odiar se refiere. ¡Menudos somos nosotros!

Tratemos de poner orden a todo esto: Ana Julia Quezada es la asesina confesa de un niño. Eso es motivo más que suficiente para que, de entrada, no despierte precisamente las simpatías del público. Fingió preocupación por el niño durante los doce días que duró la búsqueda, apareció consolando al padre, su novio, y participó en las batidas simulando gran sufrimiento y alimentando, incluso, la esperanza de la familia de encontrarlo con vida. No tuvo ni siquiera la humanidad de entregarse y confesar, de acabar voluntariamente con la incertidumbre y el sufrimiento de esa gente. Con todo esto, podría ser perfectamente un hombre blanco, heterosexual y natural de Burgos que, muy probablemente, sería uno de los individuos más odiados del país. Podría ser un enano disléxico, y nadie le odiaría más por su acondroplasia o por su dificultad para combinar con soltura los tonos de su indumentaria. Podría ser un oso panda bebé deslizándose risueño por un tobogán pintado con los colores del arcoíris mientra come algodón de azúcar y cae en una piscina de purpurina (no se me ocurre ahora mismo nada más adorable e hiperglucémico) y España entera, a lo Fuenteovejuna, le tendría ojeriza. Es más, quitando a cuatro histéricos con cuenta en redes sociales y poco conocimiento, al colectivo Afroféminas y a Escolar, no creo que a nadie más le importe demasiado ni que Ana Julia sea dominicana, ni que sea mujer, ni que sea inmigrante, ni que haya ejercido la prostitución. Este dato lo acabo de añadir yo por lo del dramatismo que contaba más arriba, pero ya ves lo que me importa a mí cómo se haya ganado la vida. A la mayoría de los españoles lo que nos importa es que una familia (una como la nuestra, normal y corriente, de infantería) ya no tiene entre ellos a un pequeño inocente, a una criatura que tuvo la mala suerte de cruzarse en el camino de un monstruo (sin colores y sin nacionalidad).

Quiero pensar que Ignacio Escolar a lo que se refería, con bastante poco tino, es a que algunas personas han aprovechado las circunstancias para dar salida a su racismo y a su misoginia en sus manifestaciones, sobre todo en redes sociales. Y es cierto que se han leído ciertas exposiciones en ese sentido, algunos insultos haciendo referencia al color de la piel o a su condición de inmigrante, pero en absoluto me parece que sean sintomáticas de nuestra sociedad o dignas de mención, más allá de la reprobación o la crítica concreta y singular. Intentar que esos casos puntuales pasen por representativos del sentir general de todo un país me parece, como poco, irresponsable. Irresponsable y alarmista. Y a lo mejor un poquito oportunista también, ya puestos.

En “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”, Oliver Sacks cuenta, entre otros, el caso del doctor P., un entrañable profesor de música que percibía los elementos que conformaban una escena por separado, identificándolos independientemente pero no como parte de un todo, siendo incapaz de reconocer la escena al completo. Además, solo era capaz de recordar los objetos situados a su derecha.

Hasta tal punto llegaba su incapacidad para identificar un objeto por encima de las partes que lo conformaban que, en una ocasión, confundió la cabeza de su esposa con su propio sombrero. En otra, su zapato con su pie. Hay veces, demasiadas últimamente, en las que creo encontrar al doctor P. en algunos de nuestros personajes más hipermotivados y supervitaminados. Parecen encontrar en toda escena social los mismos elementos, los que su agnosia les permite identificar, obviando por completo otras informaciones igual de válidas e importantes para conformar una visión global de la realidad, para percibirla y analizarla como el cuerpo poliédrico que es. Todos, siempre, intentando colocarse la cabeza de su señora donde debería ir su sombrero.

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Ejército

Defensa suma otros 200 soldados a las tareas contra la gota fría

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Inundaciones por la gota fría en La Vega Baja (Alicante), donde la UME ha rescatado a 450 personas.
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El Ministerio de Defensa ha aumentado en las últimas 24 horas en 200 el número de soldados que actúan entre la provincia de Alicante y la Región de Murcia para atajar los efectos de la gota fría, hasta sumar unos 1.400 efectivos.

Estas cifras han sido aportadas este domingo por la ministra en funciones, Margarita Robles, en una visita a la base logística y al puesto de mando avanzado de la UME en Orihuela donde ha calificado la situación de “catástrofe enorme”, acompañada por el president de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig.

Del total de soldados, unos 800 pertenecen a la UME y también hay más de un centenar del Mando de Operaciones Especiales (MOE), más conocidos como los ‘boinas verdes’, además de otros efectivos de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire.

Entre las unidades que han llegado, están equipos de buzos procedentes de Valencia y de otros puntos de Alicante, que a su vez han sido reemplazados en sus lugares de origen por efectivos provenientes de Zaragoza, ante posibles emergencias en sus zonas.

Este contingente militar dispone de unos 400 vehículos para los rescates y tratar de reconducir las aguas.

En lo que se lleva de episodio de gota fría, el Ejército ha rescatado a 550 personas en las diferentes poblaciones del sur de Alicante, en la comarca de la Vega Baja, de las cuales 480 han sido evacuadas a pie o en embarcaciones y las 70 restantes por aire, en helicóptero.

Además, en la Región de Murcia se han evacuado a otras 160 personas, según los datos aportados por el Ministerio de Defensa.

La base logística de la UME en Orihuela se sitúa en el colegio público Miguel Hernández, que ha sido cedido por el ayuntamiento para facilitar las tareas.

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Colaboraciones

El honor de las señoras gallinas

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Por Alberto González Fernández de Valderrama.- El vídeo que se ha viralizado por las redes sociales difundido por la asociación “Santuario Animal Almas Veganas”, que muestra su granja avícola donde las gallinas viven separadas de los gallos para evitar que éstos las violen, marcará un antes y un después en la historia de los colectivos animalistas y feministas de España (que ambos marchan del brazo como buenos hijos del pensamiento de la izquierda). Porque ese ruido que ha provocado tal noticia no es sino el pistoletazo de salida en la carrera hacia la cumbre del disparate humano, una carrera en la que la izquierda ha tomado la delantera, sabiendo que tarde o temprano la derecha acomplejada irá asumiendo sus postulados.

No nos extrañemos, pues, de los frutos que iremos viendo nacer de esta chifladura. Por lo pronto, acabamos de ver a estas defensoras de la dignidad animal manifestarse en Barcelona contra el ordeño de las vacas: ¿cómo puede permitirse que un hombre abuse de una señora vaca tocándole los pechos sin que ésta le haya dado expresamente y por escrito su consentimiento? Como los animales no tienen voz, estas activistas se sienten llamadas a poner la suya para defender su dignidad, conscientes de que forman una misma familia con aquéllos, apenas diferenciada por unos pocos genes. Y quizás tengan razón, porque no hay duda de que muchas de ellas tienen un gran parecido genético con ciertas especies animales. Por ejemplo: algunas son muy zorras; y lo digo -como pueden suponer- por la gran astucia que demuestran al conseguir toda clase de subvenciones o puestos bien remunerados en chiringuitos ideológicos sostenidos con dinero público, ese que no es de nadie porque flota en el éter o se forma con el rocío de la mañana. Otras son como víboras venenosas y otras –el sector más feminista y menos animalista del colectivo- son como ejemplares hembras de mantis religiosas, esas insectas que devoran a sus machos cuando se cansan de ellos, único caso en el que la naturaleza es realmente sabia y no procede corregirla.

Pero volvamos al tema de las gallinas. ¿Cuál será el paso siguiente que estas veganas defensoras de la virtud darán en su denodada lucha por la protección de sus derechos fundamentales?. Es fácil imaginarlo conociendo a fondo el pensamiento de la izquierda. Tardaremos poco en verlas rabiar, patalear y hasta desnudarse dentro de una iglesia para llamar la atención de la sociedad y concienciar a los políticos de que es necesario poner freno a esta violencia de género gallináceo impulsando la creación en todas las granjas avícolas de talleres de educación sexual para gallos. No faltarían candidatas interesadas en dedicarse a esta nueva profesión, sobre todo militantes de Unidas Podemos y sus filiales autonómicas, y de esta manera el Gobierno – y perdón por la expresión- mataría dos pájaros de un tiro: podría crear nuevos entes públicos que reducirían las cifras del paro vaciando nuestros bolsillos, y podría congraciarse con este partido en estos momentos en que necesita sus votos para jorobar a los españoles con la dictadura frentepopulista que se ha empeñado en imponernos. Ahora bien: si resulta un poco complicado educar a los gallos después de tantos años de dejarlos actuar a sus anchas por nuestra sociedad patriarcal de reminiscencias franquistas…¿qué dificultad no habrá para tratar de educar sexualmente a esos animales que son nuestros primos hermanos: los monos?

De todos es sabido que son cochinos a rabiar. El pudor me impide entrar en detalles de todos conocidos. Porque aquí unos y otros, unas y otras, practican un sexo compulsivo que no respeta ni a los menores de la familia: los monitos, monescos o monámbulos, como se les quiera llamar, ahora que el idioma empieza a ser plenamente democrático y es el pueblo llano el que limpia, fija y da esplendor a la lengua española, castellana o “de este país”; no como antes que era competencia de unos académicos a los que el pueblo no había elegido. Pero todo se acaba consiguiendo con esfuerzo; y así veremos algún día a monos, gallos, toros, cerdos y en general a todos los animales machos reconvertidos en ejemplares ciudadanos, respetuosos con sus hembras y demás familiares.

El problema es que estas activistas, al ser de izquierdas y odiar todo lo que huele a religión cristiana, no tienen como modelo de conducta al bueno de San Francisco de Asís, que llamaba hermanos a los lobos y los educaba para que comieran de su mano; a quien tienen como paradigma del amor fraternal hacia los animales es al emperador romano Calígula, que tanto amaba a su caballo que lo nombró senador.

Ignoro lo que un caballo puede aprobar en un Parlamento, pero mucho me temo que si algún día y gracias a la labor de estas veganas, nuestras Cámaras se llenan de animales de todo pelaje, tendremos gobierno de la izquierda por los siglos de los siglos. No sé si llegaremos a este extremo, pero estoy seguro de que nos acercaremos mucho, y de que algún día oiremos a los hombres decir a las mujeres para reprocharles su excesiva virtud: “Eres más estrecha que las señoras gallinas”.

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