Zapatero ofreció a ETA una institución común entre Navarra y País Vasco, según las actas de la banda - ALERTA NACIONAL
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Zapatero ofreció a ETA una institución común entre Navarra y País Vasco, según las actas de la banda

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El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ofreció a ETA durante las negociaciones con la banda la creación de un órgano común para País Vasco y Navarra, la legalización de Batasuna, no detener etarras, liberar a De Juana Chaos y otros presos enfermos, acabar con la Doctrina Parot y solucionar el problema financiero de la banda terrorista a través de una organización internacional para que dejaran de enviar cartas de extorsión.

Así consta en las actas de la banda a las que ha tenido acceso Europa Press después de que fuera levantado, por parte de la Audiencia Nacional, el secreto del sumario sobre la investigación de la negociación entre el Ejecutivo socialista y la banda terrorista ETA.

Esta documentación le fue incautada al etarra Francisco Javier López Peña «Thierry», tras su detención el 20 de mayo de 2008 en Burdeos. Ahí se relata desde el primer encuentro mantenido por Josu Ternera y Jesús Eguiguren, junio de 2005 en Ginebra hasta las negociaciones políticas y técnicas que llevaron a cabo el Gobierno y la banda, el PSE y Batasuna tras el atentado de la T-4. Las actas incluyen las reuniones de Oslo y las nueve previas de Ginebra.

Según estas actas, en las negociaciones que se produjeron entre los días 18 y 21 de mayo de 2007, unos meses después del atentado de la T-4 -30 de diciembre de 2006- que costó la vida a dos personas, el Ejecutivo de Zapatero puso sobre la mesa el acuerdo de Loyola, que preveía la creación de un órgano común con atribuciones ejecutivas para País Vasco y Navarra.

Lo hizo en la ronda de contactos que se celebraron esos días en los que se establecieron dos mesas, una de partidos y otra técnica entre Gobierno y ETA y en las que participaron: 2 miembros de Batasuna; dos de ETA; dos del PSOE; 2 del Sinn Fein, dos del Gobierno de Irlanda y uno del Gobierno de Noruega.

Los socialistas lanzaron esta propuesta después de que Batasuna reiterara en la mesa política -de PSOE y la izquierda abertzale- la petición de un Estatuto de Autonomía para las «cuatro provincias», lo que incluía Navarra. En esa ronda de encuentros, exigían al PSOE que tomara el compromiso de reconocer el derecho de autodeterminación y un referéndum para decidir sobre un estatuto «a cuatro».

Dos policías con carnet de Moncloa

Los representantes socialistas lo rechazaron pero a cambio, pusieron sobre la mesa el acuerdo de Loyola, que fue pactado a finales de 2006 -tras dos años de negociaciones secretas- entre el PNV, Batasuna y el PSE. En el apartado 4 de ese acuerdo, los firmantes se comprometieron a «promover la creación de un órgano institucional común para los cuatro territorios comprendidos en dichos ámbitos (País Vasco y Navarra)».

Pero no se logró el acuerdo y ETA afirmó que habían llegado a un punto de ruptura en el proceso de negociación al no haber acuerdo político. Pocos días después, el 5 de junio de 2007, ETA rompía la tregua.

No obstante, en las citadas actas se hace constar que en noviembre de ese mismo año, dos policías «con carnet y membrete “presidencia del Gobierno”» se dirigieron a Santiago Orue, amigo y chófer de Otegi, para darle el mensaje de la «necesidad de hablar» y «llegar a un acuerdo antes de enero».

Arreglar «el problema del dinero»

Sin embargo, antes de esta fase final, Eguiguren y Josu Ternera habían tenido multitud de encuentros que dieron comienzo en el hotel Wilson de Ginebra en junio de 2005 y habían continuado en Oslo en noviembre del mismo año, en los que habían pactado desde los tiempos de los comunicados hasta la declaración de Zapatero cuando se produjera el anuncio del «alto el fuego permanente», que tuvo lugar el 22 de marzo de 2006.

Tras la declaración de tregua por parte de ETA, el presidente del Gobierno anunció el inicio del diálogo con la banda. Dio para ello un plazo de 6 meses y comenzó una serie de reuniones ese mismo mes.

Según las actas de Thierry, en el primer encuentro de esa fase, el 22 de junio de 2006 -las actas apuntan a la presencia de Javier Moscoso-, el Gobierno anunció que estaban trabajando para que Batasuna fuera legal en septiembre-octubre de ese mismo año y comunicó a la banda que habían pedido a la Guardia Civil, a la Policía y a la Policía francesa que no hicieran detenciones. «Ha sido muy difícil hacerlo», admitieron tras reconocer que la Guardia Civil «solo obedece al Duque de Ahumada». Justificaron también la labor de los jueces alegando que son «instrumento del PP».

Sin embargo, afirmaron que la Fiscalía había tenido una «actuación positiva» salvo en una ocasión y recordaron que el Gobierno había cambiado al Fiscal General -nombró a Cándido Conde-Pumpido-.

Los enviados del Gobierno admitieron también que habían sido un «accidente grave» las detenciones del Faisán -bar en el que había una base de extorsión de ETA y cuyas detenciones dieron lugar a una investigación por un chivatazo policial a la citada red- y reconocieron que el ministro, en aquel momento Alfredo Pérez Rubalcaba, tenía un montón de cartas de extorsión que no se habían hecho públicas y que además, desde el Gobierno, estaban diciendo que no les constaba que la banda estuviera pidiendo dinero.

Esta respuesta del Ejecutivo a ETA es coincidente con la respuesta que altos cargos de Interior dieron en su momento a Europa Press al preguntar por las cartas de extorsión que seguían recibiendo los empresarios a pesar de la tregua: «Será la misma carta que está dando vueltas», aseguraron para restarle importancia.

No obstante y a pesar de que el Ejecutivo negara la llegada de cartas, reiteraron el reproche a ETA por este hecho y plantearon a la banda, como contrapartida, «arreglar el problema del dinero» mediante una organización internacional u otras opciones.

Los enviados del Gobierno dieron a la banda toda esta retahíla de argumentos después de que los terroristas reprocharan en ese encuentro las detenciones que se habían producido en Francia, que ni jueces, ni policías estaban de brazos cruzados y que Zapatero hubiera anunciado que solo hablaría con ETA de disolución y futuro de sus integrantes.

En las reuniones que se produjeron entre junio y septiembre de 2006, -en las que también participó el exjuez y exvocal José Manuel Gómez Benítez- el Ejecutivo también se comprometió a dejar sin efecto la Doctrina Parot («es cosa del Constitucional y pueden derogarla», dice el acta), a acercar a presos al País Vasco y a dar la libertad condicional a Iñaki de Juana Chaos, condenado a 3.000 años de cárcel, de los que cumplió 18, por su participación en 25 asesinatos.

Sobre este último, las actas reflejan que lo harían «por medio del hombre de la Iglesia» y primero le llevarían a rehabilitación en un hospital de Madrid «manteniendo su situación de libertad en secreto».

Pero ETA exigió acuerdos políticos, no solo sobre los presos. Lo puso como condición para pasar a la tercera fase y emitió un comunicado anunciando que el proceso estaba en crisis. En octubre de 2016 se volvieron a reunir 4 enviados del Gobierno y dos de ETA para «tratar los accidentes» que se convirtió en un cruce de reproches.

La banda acusa al Gobierno del 90 por ciento de los incumplimientos y este alegó que por «dar el aviso del Faisán hay un alto policía encausado y casi el jefe de seguridad del PSOE», ofrecen salidas de presos enfermos graves, incluso el de Bolinaga, uno de los secuestradores de Ortega Lara.

En noviembre, ETA vuelve a amenazar con romper, el 20 de diciembre se filtran informaciones sobre las reuniones; hay un encuentro Gobierno-ETA sin éxito en el que ya no está Josu Ternera; el 29 de diciembre Zapatero anuncia que la situación es mejor que hace un año y al día siguiente se produjo el atentado de la T-4 en Barajas.


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Colaboraciones

La opinión de un «hombre de derechas, católico y heterosexual» sobre los Goya

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Javier Vigil de Quiñones Parra.- Me gusta el cine, me encanta, de hecho, no recuerdo haber visto una película que no haya podido acabar, porque todas, por fútiles que puedan parecer, siempre dejan un poso en el corazón, un consejo, advertencia, recuerdo o reflexión.

Sin embargo, además de cinéfilo, soy un hombre de derechas, católico, heterosexual, clásico –según dice mi novia– y ferviente seguidor del Real Madrid, ya puestos a decir verdades. Y pese a todos estos atributos, no soy de esos «algunos que creen que el cine no es cultura», ni defiendo el fascismo, ni persigo a los gays con un palo, ni creo que «el paleolítico es el futuro», ni niego el derecho a dar digna sepultura a cuantos tengan muertos en cunetas, ni creo que Mariano sea peor o mejor nombre que Pedro o Pablo y, pese a todo, no puedo sino sentirme señalado como votante no afín por estas y otras muchas alusiones y chanzas, indubitadamente políticas, que se profieren, cada año, desde el plató de la gala de los Goya.

Los premiados, casi como obligado guiño al gremio que no les haga parecer sospechosos. Los organizadores, estos más culpables porque lo rumian y preparan durante meses, como acicate y lisonja a la mano que les da de comer.

Me gusta el cine, de hecho, me encanta, pero no recuerdo una gala de los Goya sin propaganda, porque, por festiva que parezca, y aunque así se merezca, siempre deja mucho sermón, mucho puño en alto y mano en el corazón, que enardece a la camaradería y anima a la afición, pero que al «resto» solo nos deja un poso de tristeza y exclusión.


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Cine y Televisión

La reflexión de Fernando Aramburu sobre las víctimas de ETA que el cine español ignoró en los Goya

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Málaga entera se echó a las calles en el año 2000 para condenar el asesinato del concejal del PP José María Martín Carpena por ETA
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La gala de los Goya se convirtió en un mitin del cine español contra la oposición al Gobierno de Pedro Sánchez y a favor de reivindicar todo tipo de cosas, desde las lenguas cooficiales al feminismo o la lucha contra el cambio climático. También se habló de la Memoria Histórica y de la Guerra Civil. Pero ninguno de los presentes tuvo a bien recordar una memoria más reciente: la de las víctimas de ETA. Y eso que tenían una ocasión excepcional. La gala de los Goya se celebró en el Palacio de los Deportes Martín Carpena. Y ese Martín Carpena del que el sábado ningún ganador del Goya se acordó fue asesinado por ETA el 15 de julio de 2000. Este lunes, el escritor Fernando Aramburu se quiso acordar del político asesinado por los terroristas con una lúcida reflexión.

«La gala de los Goya, como se sabe, se celebró en el palacio Martín Carpena de Málaga. Martín Carpena… Martín Carpena… ¿De qué me suena este nombre? ¿Alguno de los refulgentes y felices asistentes hizo alusión a esta persona?»

Para los que el sábado acudieron al Martín Carpena, responderemos a las preguntas de Fernando Aramburu por si algún cineasta quiere recordar este lunes la memoria del hombre que dio su vida por defender la democracia frente a la barbarie terrorista, y al que Málaga honró poniendo su nombre al pabellón que acogió el sábado los Goya.

José María Martín Carpena recibió seis disparos en la puerta de su casa por parte del terrorista Igor Solana Matarrán, que durante una hora estuvo esperando en el portal a que el concejal del Partido Popular saliera camino del pregón de la Biznaga. Martín Carpena fue sorprendido a traición, ya que no llevaba escolta porque la banda asesina no le había amenazado antes. El atentado hizo que toda Málaga se echara a la calle en repulsa del terrorismo, para honrar a su concejal y para dar su cariño a la mujer e hija de Martín Carpena, que fueron testigos directos de su muerte.

La gala de los Goya se convirtió en un mitin del cine español contra la oposición al Gobierno de Pedro Sánchez y a favor de reivindicar todo tipo de cosas, desde las lenguas cooficiales al feminismo o la lucha contra el cambio climático. También se habló de la Memoria Histórica y de la Guerra Civil. Pero ninguno de los presentes tuvo a bien recordar una memoria más reciente: la de las víctimas de ETA. Y eso que tenían una ocasión excepcional. La gala de los Goya se celebró en el Palacio de los Deportes Martín Carpena. Y ese Martín Carpena del que el sábado ningún ganador del Goya se acordó fue asesinado por ETA el 15 de julio de 2000. Este lunes, el escritor Fernando Aramburu se quiso acordar del político asesinado por los terroristas con una lúcida reflexión.

«La gala de los Goya, como se sabe, se celebró en el palacio Martín Carpena de Málaga. Martín Carpena… Martín Carpena… ¿De qué me suena este nombre? ¿Alguno de los refulgentes y felices asistentes hizo alusión a esta persona?»

Para los que el sábado acudieron al Martín Carpena, responderemos a las preguntas de Fernando Aramburu por si algún cineasta quiere recordar este lunes la memoria del hombre que dio su vida por defender la democracia frente a la barbarie terrorista, y al que Málaga honró poniendo su nombre al pabellón que acogió el sábado los Goya.

José María Martín Carpena recibió seis disparos en la puerta de su casa por parte del terrorista Igor Solana Matarrán, que durante una hora estuvo esperando en el portal a que el concejal del Partido Popular saliera camino del pregón de la Biznaga. Martín Carpena fue sorprendido a traición, ya que no llevaba escolta porque la banda asesina no le había amenazado antes. El atentado hizo que toda Málaga se echara a la calle en repulsa del terrorismo, para honrar a su concejal y para dar su cariño a la mujer e hija de Martín Carpena, que fueron testigos directos de su muerte.


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Religión

La conversación de Kobe Bryant con un sacerdote que le cambió la vida

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Los focos eran parte de su vida. Dentro de la cancha que rodeaban la pista de Los Ángeles Lakers, y también fuera, donde perseguían a una de las estrellas más importantes de la NBA. Nunca sabremos si Kobe Bryant jugó en ‘los ángeles’ por casualidad, pero además de tener una carrera brillante en el baloncesto, tuvo una experiencia de fe junto a un sacerdote, que le cambió la vida y que puso por firma a Dios.

El domingo 27 de enero Bryant se reunía con los verdaderos ‘ángeles’, tras fallecer junto a su hija de 13 años en un accidente de helicóptero. Su carrera ha estado repleta de éxitos, pero también de crisis importantes. Y una de ellas, desembocó en un suceso relacionado con la fe católica y Dios.

Kobe nació en Filadelfia en el año 1978. Vivió algunos años en Italia, acompañando a su padre en su carrera como jugador de Basket. De vuelta a EEUU y tras terminar el instituto -donde batió todos los records en su equipo de baloncesto- decide presentarse al Draft de la NBA. Es con 21 años cuando Bryant conoce a Vanessa Laine, la mujer que se convertiría en la mujer de su vida.

La crisis de Bryant

Diez años después llegaría esta crisis. Bryant recibió una denuncia por violación y su mujer comenzó los trámites del divorcio. Y pese a que parecía que el drama iba a tener una solución inminente, a los pocos meses, la familia Bryant sorprendió al mundo al anunciar su reconciliación. Kobe se disculpó en público y su mujer cortó con el proceso de divorcio.

En una entrevista que Bryant concedió a GQ relató que “lo único que realmente me ayudó durante ese proceso –soy católico, fui criado católico, mis hijas son católicas– fue hablar con un sacerdote”. Y esta conversación con un cura, fue lo que desencadenó un gran cambio en su vida.

“De hecho fue algo gracioso: él me mira y dice ‘¿lo hiciste?’. Y yo digo ‘por supuesto que no’. Entonces me pregunta ‘¿tienes un buen abogado?’. Y yo estoy como que ‘uh, sí, él es fenomenal’. Así que entonces él dijo ‘déjalo ir. Sigue adelante. Dios no te va a dar nada que no puedas manejar, y está en sus manos ahora. Esto es algo que no puedes controlar. Así que déjalo ir’. Y ese fue un punto de inflexión”, dijo Bryant.

Kobe Bryant ha sido un gran luchador en la pista. Lo ha ganado absolutamente todo, pero su batalla trascendía de su trabajo en la NBA. Quiso luchar por su familia, por su mujer y las cuatro hijas que tuvo con ella, y apostó por ello, cuando todo estaba en contra.


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