Sociedad
Iker Jiménez silencia a los periodistas ‘progres’ que se burlaron de él: Cuarto Milenio bate su récord de audiencia
Iker Jiménez logra récords de audiencia
‘Cuarto Milenio’ ha regresado a la parrilla de Cuatro y lo ha hecho batiendo su propio récord. Iker Jiménez llevaba 175 días sin aparecer frente a su programa debido a la pandemia del Covid-19 y anoche, regresó con unas cifras que ha confirmado que todos los periodistas ‘progres’ que se burlaban de él estaban equivocados.
Iker Jiménez fue acusado de «alarmista», se le criticó e incluso algunos se mofaron de sus informaciones relacionadas con el Covid-19, pero el tiempo le ha dado la razón y aquellos avisos que lanzó a principios de marzo, se cumplieron, confirmando que Iker Jiménez estaba mejor informado que la mayoría.
El programa registró una audiencia de 1,7 millones de espectadores, una cifra espectacular que ha disparado aún más la popularidad de un periodista que arrancó el programa poniendo finos a todos los que le criticaron : «O le haces caso a tus fuentes y sales aquí alarmando, o te pliegas a lo oficial y te ríes de las mascarillas y dices que es solo una gripe o que solo habrá dos o tres casos».
«Es normal que a finales de enero, a primeros de febrero, muchos no nos creyeran porque éramos una nave a contracorriente. Ahora no nos pueden decir a nosotros que hayamos dicho otra cosa. Nosotros no nos hemos cambiado la chaqueta, no hemos dicho A y luego B», se defendió un magistral Iker Jiménez, que a lo largo del programa emitió imágenes exclusivas de Wuhan.
amos a seguir contándoles la verdad, nos dé palos la izquierda, la derecha, el centro o el medio volante, nos da exactamente igual». El veterano presentador de Cuarto Milenio, Iker Jiménez, arrancaba así el domingo su primer programa post-confinamiento. Sin pelos en la lengua, y como no podía ser de otra forma, «sin leer», el periodista dedicó la emisión a contestar a todos aquellos que le acusaron de ser «alarmista» y generar «psicosis» allá por el mes de marzo.
De políticos a periodistas pasando por un amplio número de usuarios de redes sociales. Muchos fueron los que se rieron del comunicador y su equipo cuando comenzaron a tratar el tema del coronavirus como un «grave problema a nivel mundial» a finales de enero y principios de febrero: «Cuando todavía no se sabía lo de Italia, las diferentes informaciones me llegaban a mí, a mi casa, diciendo ‘Iker, prepara a la gente porque esto viene’», explicaba.
Contar la verdad nunca es alarmismo», señala el presentador de ‘Cuarto Milenio’
En cuanto a esto, Jiménez lanzó un dardo al Gobierno dando a entender que dicha información acerca del virus y su potencial peligro ya estaba en manos de aquellos que debían ocuparse de tomar decisiones, pero que eligieron decir que se trataba solo de «una gripe».
«O le haces caso a tus fuentes y sales aquí, ‘alarmando’ o te pliegas y te ríes de las mascarillas, dices que es una gripe y que solo habrá dos o tres casos», explicaba. Y es que, según el presentador, esta crisis sanitaria ha servido para «desnudar las vigas del sistema» y mostrar que «al público no hay que taparle las cosas como a un rebaño», porque «contar la verdad nunca es alarmismo».
Y sí, si bien es cierto que se cumplieron todas sus predicciones, también es un hecho objetivo que tras estas declaraciones hubo una inminente cancelación de sus emisiones.
Este tema generó varias teorías, consolidándose la existencia de «censura» por parte de Mediaset como la más extendida, algo que quiso aclarar también: «Yo tengo el partido de mi público y mi programa, he dicho cosas por las que me han dicho que soy de derechas y también todo lo contrario. Me debo a lo que investigo, y hago un programa sin leer. Mediaset nos lleva dejando hacerlo mucho tiempo. Esa es la muestra de libertad más absoluta», zanjaba así los rumores acerca de la presión externa.
Pero no hay mal que por bien no venga, y, en este caso, a Iker Jiménez su cese temporal le sirvió para descubrir que podía convertirse en un auténtico youtuber de éxito. Los números hablan, y demuestran que sus programas Milenio Live y La estirpe de los libres alcanzaron en ocasiones picos de 100.000 usuarios en directo, y varios vídeos superaron incluso el millón de visualizaciones.
En ellos el presentador y su mujer, la también periodista Carmen Porter, continuaron tratando el tema del virus y lanzando teorías e hipótesis sobre diferentes aspectos pero siempre en la misma línea: «No nos pueden decir a nosotros que hayamos dicho otra cosa. Nosotros no nos hemos cambiado la chaqueta, no hemos dicho A y luego B”, justificaba en directo.
Una chaqueta que, a pesar de traer verdades demostradas y contrastadas, no ha gustado a muchos de sus fieles seguidores, que se suman al negacionismo y echan en cara al presentador no haber desarrollado una teoría acerca de ello.
Sobre esto, y respondiendo a sus críticas, el conductor explicaba que, desde su perspectiva como productor, hubiese sido «más cómodo» hacer un programa «conspiranoico y de misterio» sobre la enfermedad, porque ese tratamiento «triunfa enormemente”. Pero, según este, «su discurso no se sostiene», y desde su programa no piensa jugar «con la salud de las personas».
Por el momento, Iker Jiménez se proclama vencedor en esta ‘guerra’, porque además de la razón que el tiempo le ha ido otorgando, el público parece estar más dispuesto que nunca a seguir y valorar nuevas informaciones, o al menos eso muestran los datos. Y es que, el programa del domingo, donde el equipo se adentró en un laboratorio de máxima seguridad y pudo tener a pocos centímetros el genoma del SARS-CoV-2, se coronó como el más visto en 14 años, con más de 1,7 millones de personas respaldando su regreso.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
