España
Inmigración musulmana: cuidado
Por Ramón Reig.- Diré algo políticamente incorrecto, pero que a esta edad me lo puedo permitir: la inmigración musulmana es inasimilable, y con ella estamos recurriendo a nuestro suicidio como cultura”. Con estas palabras concluyó una entrevista que hace poco le hicieron al novelista y ensayista Juan Eslava Galán en El Mundo. Se puede decir más alto, pero no más claro. Y yo estoy de acuerdo con él, no sé si puedo decirlo a mi edad porque soy más joven que él –no mucho más- pero es que ya hay que empezar a perder el miedo a hablar y temer que te tachen de islamófobo, cuando uno tiene derecho a simpatizar o no con quien o con lo que crea conveniente, siempre que no se emplee la violencia y se ofrezcan argumentos. El mío principal está claro: la teocracia y el totalitarismo islámico atentan contra los valores de mi cultura, unos valores que han costado mucha sangre y aún cuestan.
Con que de mil inmigrantes uno sea un fundamentalista, ya está justificado que haya que mirar con lupa a quienes entran en territorio propio y más si lo hacen clandestinamente, gracias a la caridad de unos señores y señoras que se dedican a lavar sus conciencias recogiendo menesterosos del mar y luego endosarles la responsabilidad de darles una vida digna a los gobiernos que no sólo los representan a ellos sino a todos los demás ciudadanos, muchos de los cuales –como Eslava Galán- no deseamos musulmanes en Europa. Oigan, hagan lo difícil, lleven sus barcos a las costas de Estados Unidos que son los principales causantes del desastre actual en el mundo árabe. Y si les cogen lejos, a algunas de sus bases militares que las hay por todas partes.
En Radio Nacional de España (RNE) todos los domingos por la madrugada ofrecen programas para diversas religiones, entre ellas la musulmana. Ahí están, expresándose con toda libertad, hablando de grupos de mujeres en Órgiva (Granada) que, desde el catolicismo, se han convertido al sufismo, cuyas opiniones sobre el papel de la mujer se supone que deberían levantar la cólera de las feministas que intentan destruir a celebridades como Plácido Domingo. Pero callan. ¿Dónde está la correspondencia en el mundo musulmán? Salvo excepciones, el dominio coránico es total, los grupos de comunicación se ven afectados en su programación por las prohibiciones gubernamentales, tan unidas a la religión. En Europa, millones de personas han muerto para que se le dé a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, aunque aún quede mucho camino por recorrer en el tema de la separación religión-estado. No quiero que esas conquistas se vean amenazadas por personas que le tienen un evidente miedo a la libertad, que no conocen o apenas conocen los espíritus liberales del Renacimiento, de la Ilustración y del Romanticismo del siglo XIX.
Ya me siento alarmado con lo que dijo Eslava Galán: “a esta edad me lo puedo permitir”. ¿Qué significa eso? Pues que incluso en esta sociedad a la que llamamos democrática no se puede hablar libremente a cualquier edad porque te pueden crucificar verbalmente, te pueden golpear o apuntarte en una invisible lista negra para no darte trabajo por xenófobo. Los nuevos sanedrines puritanos se las gastan así. Entonces, si estos son los demócratas, ¿qué podría pasar en una Europa musulmana? O, mejor dicho, ¿qué está pasando ya en algunas zonas? ¿Qué sería de la vieja Europa que aún tiene mucho que enseñar al resto del planeta por eso, por vieja? En efecto, como también afirmó Eslava, que se fuera a la mierda, a pesar de que estoy seguro de que el Islam poco a poco camina hacia occidente y su mercado –ya está en él- pero las resistencias al cambio tardan mucho en desaparecer, son peligrosas y se contagian.
A veces tengo la esperanza de que Europa conduzca hacia su cultura –que aún precisa tantas mejoras- a las personas de principios coránicos, pero si pienso que la personalidad se forma entre los 0 y los 6 años, como mucho, sólo me quedan los bebés y los que llegan en los vientres de sus madres. Pero de educar a esas criaturas se van a encargar sus madres, en primer lugar. En caso de duda, a favor del reo que en este caso es Europa, todo sin negar la necesidad de escuchar las aportaciones que puedan hacernos para mejorar lo que ya tenemos, pero para ir hacia adelante, no hacia atrás. No puedo olvidar, por ejemplo, que a filósofos vinculados al Califato de Córdoba les debemos conocer mejor a Aristóteles, entre otras aportaciones.
Vía El Correo de Andalucía
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
