Sociedad
Intelectuales progres intentan frenar el monstruo censurador que ellos mismos crearon
Por Mamela Fiallo (R).- Mediante una carta abierta, 153 prominentes académicos, escritores e intelectuales, en su mayoría de izquierda, pidieron detener la radicalización en la censura promovida por los activistas de causas de «justicia social». Pues advierten que la libertad de escribir, de opinar, está en peligro.
«El libre intercambio de información e ideas, el elemento vital de una sociedad liberal, se está volviendo cada vez más restringido», se declara en la carta, advirtiendo «una intolerancia de puntos de vista opuestos, una moda por la vergüenza pública y el ostracismo y la tendencia a disolver cuestiones políticas complejas en una certeza moral cegadora».
«Rechazamos cualquier elección falsa entre justicia y libertad, que no puede existir sin la otra», continúa. «Como escritores, necesitamos una cultura que nos deje espacio para la experimentación, la toma de riesgos e incluso los errores», agrega.
El clima de la «interseccionalidad» desatado por Black Lives Matter, cuyos fundadores confluyen el transfeminismo y la justicia racial, ha logrado desde el retiro de libros hasta el despido de escritores, de la mano de campañas masivas de rechazo.
Y no se limita al escarnio contra figuras de derecha que cuestionan el ideario colectivista y las políticas identitarias, ya afecta a los propios progresistas, izquierdistas e incluso feministas.
Por ejemplo, la autora de Harry Potter, JK Rowling, está siendo acusada de «transfobia» por decir que las personas que menstrúan solían ser llamadas mujeres.
En el 2020 decir algo tan obvio y biológicamente demostrable equivale a un crimen de odio y la acusación frontal de «transfobia». Pues reducir la feminidad a la biología es vista como un ataque a las personas transexuales, travestidas y transgénero que se identifican como mujeres.
La necesidad de un mensaje de autocrítica por parte de intelectuales progresistas queda expuesto por el hecho que una de las firmantes de la carta ya tuvo que pedir disculpas. Jennifer Finney Boylan, activista trans, resaltó la presencia de intelectuales socialistas como Noam Chomsky y las feministas Gloria Steinem y Margaret Atwood. Pero lamentó desconocer la presencia de otros firmantes. Entre ellos se destaca precisamente la «transfóbica» JK Rowling.
«La turba en Internet puede ser despiadada»
La revista libertaria Reason, de la mano de un video del comentarista John Stossel, explicó el alcance de la cultura de cancelación y las restricciones al debate propugnadas por los activistas de extrema izquierda.
Se refirieron como «turba de internet» a las campañas de activistas que convocan el despido de profesionales, la censura como norma e incluso el retiro masivo de libros.
Destacaron el ejemplo de Harald Uhlig, profesor de la Universidad de Chicago y jefe de la Revista de Economía Política. Cientos de activistas convocaron su renuncia, incluso economistas prominentes como Janet Yellen y Paul Krugman se unieron a la turba. Krugman llamó a Uhlig «otro hombre blanco privilegiado que evidentemente no puede controlar su impulso de menospreciar las preocupaciones de los menos afortunados».
¿Su «crimen»? Haber dicho que fue un error de Black Lives Matter sumarse a la campaña para desfinanciar a la policía.
«No había nada racista o discriminatorio en cómo lo dijo», sostiene el editor senior de la revista Reason, Robby Soave, quien cubre las recientes protestas. «Pero debido a que tiene algunas opiniones diferentes de los manifestantes, debe ser racista», asegura.
Soave señala que lo más grave del accionar de estos activistas es que propugnan una ideología donde la opinión distinta es asumida como peligrosa, al punto que justifican la censura como acción de legítima defensa.
Incluso resaltan cómo profesionales han sido despedidos por el accionar de sus familiares, como el caso de un futbolista desvinculado por lo que su esposa dijo contra Black Lives Matter en Instagram.
«Artistas y escritores advierten sobre un clima intolerante»
Por ello, más de un centenar de intelectuales, en particular escritores, se sumaron al reclamo. La mayor parte son de izquierda, progresistas, incluso el historiador mexicano Enrique Krauze.
Pero no cuentan con el respaldo de sus coidearios. The New York Times publicó una nota titulada Artistas y escritores advierten sobre un «clima intolerante». La reacción fue rápida. La nota del NYT recopila críticas hacia los autores e incluye la acusación, estos sienten temor por perder su relevancia.
La carta deja muy en claro que no busca deslegitimar el accionar de Black Lives Matter ni ninguna protesta civil. Simplemente temen el carácter persecutorio que ha tomado.
La censura fortalece a Trump y la derecha
Como progresistas que son, los firmantes de la carta advierten cómo la radicalización de la izquierda beneficia a la derecha, en particular al presidente de los EE.UU.
«Las fuerzas del iliberalismo están ganando fuerza en todo el mundo y tienen un poderoso aliado en Donald Trump», exclaman. E invitan a sus coidearios a no permitir que la resistencia se endurezca en su propio tipo de dogma o coerción, «que los demagogos de derecha ya están explotando».
«La inclusión democrática que queremos se puede lograr solo si hablamos en contra del clima intolerante que se ha establecido en todos los lados», afirman.
«El libre intercambio de información e ideas, el alma de una sociedad liberal, se está volviendo cada vez más restringido. Si bien hemos llegado a esperar esto en la derecha radical, la censura también se está extendiendo más ampliamente en nuestra cultura: una intolerancia de puntos de vista opuestos, una moda para la vergüenza pública y el ostracismo, y la tendencia a disolver cuestiones políticas complejas en una ceguera moral cegadora», agregan.
La carta de estos intelectuales nos remonta al poema de Neimöller, religioso luterano perseguido por el nazismo en su etapa final. El escrito advierte cómo guardó silencio cuando otros eran los perseguidos y destaca la importancia de señalar la persecución ideológica antes que te toque a ti.
De lo contrario, sucederá igual que la conclusión del poema de Neimöller: «cuando vinieron por mí ya era demasiado tarde».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
