Europa
Italia: la legalización masiva de los inmigrantes es suicida

Por Giulio Meotti.- Al describir Italia, Gerald Baker, exeditor jefe del Wall Street Journal, escribió hace poco:
«En gran parte del país (…) la despoblación está avanzando. Se han movido a los espacios vacíos olas de inmigrantes, muchos del norte de África y Oriente Medio. Los inmigrantes han llenado vacíos fundamentales en la fuerza laboral, pero la transformación de las ciudades italianas ha dejado cada vez más ciudadanos resentidos, temerosos por su identidad.»
Después llamó a esta transformación «una especie de declive occidental pionero». Los efectos de la inmigración masiva ya son radicalmente visibles en muchas escuelas de primaria de Italia. Sólo en los últimos días, han salido a la luz ejemplos de dos grandes ciudades.
El primero fue en Turín, la cuarta ciudad mayor de Italia, donde ahora hay escuelas de primaria sin siquiera un solo niño italiano: «En todas las clases —explicó la directora de colegio Aurelia Provenza—, el porcentaje de extranjeros es muy alto, equivalente al 60% del número total de alumnos».
El segundo ejemplo procede de Bolonia. «En el jardín de infantes de mi hijo hay un grave problema de integración. Tengo que llevármelo», dice Mohamed, un marroquí de 34 años que llegó a Italia cuando tenía 4 años.
«No quiero considerarme racista, yo mismo que soy marroquí, pero el Ayuntamiento debe saber que la integración no se consigue poniendo más de 20 niños extranjeros en las clases.»
En el momento de la matrícula, explicó Mohamed, había visto dibujos con banderas de todas las nacionalidades en la escuela, pero «cuando llegó al colegio el primer día, nos encontramos en una clase donde todos los niños eran extranjeros. Los profesores incluso tienen dificultades para pronunciar el nombre de los niños».
Ahora hemos llegado a una paradoja: los inmigrantes están sacando a sus hijos de las clases donde está aumentando la segregación bajo el multiculturalismo. «El rendimiento escolar cae cuando las clases superan el 30% de extranjeros; es un umbral crucial que se debe evitar o vigilar», dijo Costanzo Ranci, profesor de Sociología Económica y autor de un reciente informe.
Los dos casos anteriores han sido objeto de mucho debate público. En Italia, en el último mes, el número de inmigrantes llegados desde África aumentó tras haber descendido durante la mayor parte de los dos últimos años. El centro de recepción de inmigrantes de la isla de Lampedusa, la primera línea en la crisis migratoria de Italia, está ahora en estado de «colapso» a causa del rápido aumento de las llegadas. Todo el sur de Italia está ahora intentando lidiar con los inmigrantes.
Según las proyecciones de la División de Población de la ONU, la población del África subsaharianas será del doble en treinta años, sumando mil millones de personas más y representando más de la mitad del crecimiento de la población mundial entre hoy y 2050. Italia, que ya tiene la tercera mayor población de inmigrantes de Europa, está experimentando una crisis «insoportable» y se enfrenta a un verdadero riesgo de «africanización», como lo llamó Stephen Smith en su libro, The Scramble for Europe (La desbandada de Europa).
Hay muchas voces de preocupación. El cardenal Robert Sarah, autor de un nuevo libro, The Day Is Now Far Spent (Ya se ha agotado el tiempo), sobre la crisis de Occidente, compara el actual influjo de inmigrantes a las invasiones bárbaras que acabaron con el Imperio romano. Si las políticas migratorias de Europa no cambian, advierte Sarah, Europa será «invadida por extranjeros, como Roma fue invadida por bárbaros».
Si Europa desaparece, y con él los incalculables valores del Viejo Continente, el islam invadirá el mundo y cambiaremos completamente nuestra cultura, nuestra antropología y nuestra visión moral.
Un think tank italiano, Fondazione Fare Futuro, también predijo que, debido a la inmigración masiva y a las distintas tasas de natalidad de los cristianos y los musulmanes, al final del siglo la mitad de la población italiana podría ser musulmana. En sólo diez años, el número de inmigrantes en Italia aumentó el 419%.
La población nativa italiana ya se está reduciendo rápidamente. Sin los extranjeros, los nativos italianos morirían cada año a un ritmo del doble (615.000) de los nacimientos (380.000). Eurostat, la oficina de estadística oficial europea, calcula que para 2080, una quinta parte de los italianos será de origen inmigrante (11 millones de los 53 millones de Italia).
Un reciente informe de la oficina de estadística nacional italiana señaló que el país está en una «recesión demográfica» que no se veía desde la Primera Guerra Mundial, y 250.000 jóvenes italianos han huido del país. «Italia exporta jóvenes licenciados e importa inmigrantes», escribió Il Giornale. Se espera que Italia pierda el 17% de su población para 2050 y —sin la inmigración, incluso—, la mitad para finales de siglo.
Un informe de Cáritas-Migrantes documentó hace poco que, desde 2014, el descenso del número de italianos es equivalente a la población de una gran ciudad italiana, por ejemplo, Palermo (677.000). Sin embargo, este radical descenso no ha sido ni mucho menos compensado por los inmigrantes.
La inmigración vuelve a ser una cuestión política. Sólo unas semanas después de formar gobierno con el Movimiento Cinco Estrellas, el Partido Demócrata está promoviendo la llamada «ciudadanía por derecho de nacimiento», una promesa de revertir la estricta política migratoria del exministro del Interior, Matteo Salvini. En latín, a este derecho a la ciudadanía se le llama ius culturae. La nueva ley permitiría a los menores de 12 años extranjeros convertirse en ciudadanos tras sólo cinco años en un colegio de Italia. El proyecto de ley lo está defendiendo Laura Boldrini, expresidenta del Parlamento italiano, autora de estas famosas declaraciones: «El estilo de vida de los inmigrantes será el nuestro». ¿Se integrarán los italianos, en estas escuelas de primaria, en la nueva cultura de los inmigrantes?
El actual Gobierno sabe perfectamente lo que está en juego. «Desde ahora a 2050 y 2060, tendremos que enfrentarnos a la cuestión histórica de los 50 o 60 millones de personas que llegarán al mundo Mediterráneo», dijo hace poco la diputada Nicola Morra, miembro de la mayoría gubernamental.
El gobierno se está jugando literalmente el futuro de Italia.
Italia es el país europeo más expuesto a la presión migratoria de África. Con una población nativa que ya se está reduciendo, si Italia se abre a la legalización general de los inmigrantes, deberíamos al menos ser conscientes de que será un suicidio cultural.
(Gatestone Institute)
España
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El portaaeronaves Juan Carlos I se renueva con 50 equipos para su nueva propulsión y 35.000 metros de cableado
La gran revisión del buque insignia ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas
Tras casi cuatro meses de trabajos, el buque insignia a L-61 Juan Carlos I estará puesto a flote este lunes 10 de noviembre, antes de iniciar las pruebas de mar previstas para la primera quincena de diciembre, según ha informado la Armada española.
El proyecto, uno de los más relevantes desde la entrega del buque a la Armada en 2010, ha movilizado a más de 300 profesionales y cerca de 40 empresas especializadas , reflejando la magnitud técnica y humana de la actuación. Los trabajos comenzaron el 17 de julio, con la entrada del buque en dique seco , y han incluido actuaciones críticas para garantizar su operatividad durante la próxima década.
El punto central de la modernización ha sido el reemplazo completo del sistema de propulsión, un proceso de alta complejidad que permitirá optimizar el rendimiento energético del buque. Se han desmontado los Pods existentes, desinstalado 48 equipos del sistema anterior e instalado 50 nuevos equipos para sustituir su propulsión de última generación.
El proyecto ha implicado el tendido y conectado de más de 35.000 metros de cableado —tanto de fuerza como de control— y la reutilización y reconexión de otros 31.000 metros ya existentes. Estas tareas aseguran la integración total del nuevo sistema y su compatibilidad con los sistemas eléctricos y de control del buque.
La inmovilización ha incluido un programa de trabajos de varada de gran envergadura: tratamiento de superficies del casco y la superestructura, revisión de hélices transversales, estabilizadores, anclas y cadenas, y la renovación de ánodos y sistemas de protección catódica (ICCP) . También se ha intervenido en el sistema antiincrustante MGPS, se han sustituido o revisado más de 200 válvulas de fondo y se han limpiado y pintado casi 80 tanques y sentinas.
Entre las labores más complejas destacan también las de mantenimiento de los grupos generadores diésel, que han sido sometidas a un «overhaul» completo para garantizar la confiabilidad y disponibilidad necesarias para alimentar los nuevos sistemas de propulsión.
Modernización total
El capitán de corbeta Héctor Arias Macías, jefe de Máquinas del buque, ha subrayado la importancia técnica y humana del proyecto: «La modernización efectuada en el buque se traduce en una mayor confiabilidad de los sistemas y en una mejora sustancial de las condiciones de vida a bordo».
Según explica, las mejoras en habitabilidad se reflejarán en «las zonas de esparcimiento, aseos y cocinas, que se han renovado por completo junto con las cámaras frigoríficas». Arias ha destacado además «la empatía y profesionalidad con la que todo el personal y las empresas implicadas han afrontado el proyecto», y ha reconocido que «ver al buque de nuevo a flote, tras cuatro meses en dique seco, listo para la siguiente misión, nos llena de orgullo e ilusión». Imagen del L-61 al frente de un grupo naval. Armada Española 
Por su parte, Joaquín Pery Bohórquez, jefe de programa de Navantia, ha subrayado «la magnitud de esta inmovilización, tanto en términos de empleo en la Bahía de Cádiz, como en el trabajo conjunto con la Armada para garantizar la plena operatividad del buque y la mejora de la habitabilidad para la tripulación».
Pery ha destacado que «han sido meses de intenso trabajo en los que Navantia se ha involucrado para entregar a tiempo y con la calidad que la Armada requiere», en una actuación que consolida la experiencia del astillero gaditano en el mantenimiento de grandes unidades navales.
El Juan Carlos I, puesto en servicio en 2010, es el buque de mayor tamaño y capacidad de la Armada Española, con una eslora de 231 metros, una cubierta de vuelo apta para aviones AV-8B Harrier II Plus y helicópteros, y capacidad para transportar un batallón completo de Infantería de Marina con sus vehículos y equipos.
Con esta modernización, el buque insignia de la Armada refuerza su papel como plataforma estratégica de proyección anfibia y aérea, preparada para afrontar las nuevas misiones nacionales e internacionales que le sean encomendadas.






