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Kobe Bryant, leyenda de los Lakers y de la NBA

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Kobe Bryant fue un legendario baloncestista que militó en Los Ángeles Lakers durante 20 años, hasta su retirada en 2016. Nacido el 23 de agosto de 1978 en Filadelfia (Estados Unidos), era hijo de Joe y Pamela Bryant, que eligieron el nombre de Kobe por el tipo de carne de buey que comieron en un restaurante poco antes del nacimiento del jugador.

Su padre, apodado «Jellybean», también estuvo ocho temporadas en la NBA en equipos como Houston Rockets, Philadelphia 76ers o San Diego Clippers.

En 1991, tras la retirada de su padre, volvieron a Estados Unidos y empezó a jugar en el equipo del instituto Lower Merin de Pennsylvania. Sus buenas actuaciones le permitieron salir elegido con el número 13 en el draft de la NBA de 1996. Los Charlotte Hornets tenían los derechos para incorporar al jugador, pero lo traspasaron a los Lakers.

En sus primeros años en la franquicia fue suplente, aunque ya en 1998 formó parte del equipo All Star de la Conferencia Oeste, convirtiéndose, con 19 años, en el jugador más joven de la historia en ese partido.

Con la contratación de Phil Jackson como entrenador, Bryant comenzó a jugar como titular y el equipo mejoró sensiblemente con su aportación y la de Shaquille O’Neal, tanto que ganaron tres títulos consecutivos entre el año 2000 y 2002 después de llevar doce años sin conquistar el anillo de la NBA. En 2002, el escolta de Filadelfia fue incluido en el quinteto ideal de la competición y ganó su primer MVP en el All Star.

En 2003 fue acusado de abuso sexual, aunque finalmente la presunta víctima, una joven de 20 años, decidió no declarar en el juicio y la fiscalía retiró los cargos.

El bache del equipo entre 2003 y 2004 propició muchos cambios, entre ellos la salida de Shaquille O’Neal, Gary Payton, Karl Malone y el entrenador Phil Jackson, que fue sustituido por Rudy Tomjanovich. Bryant pasó a ser el líder del equipo y llegó a ser el segundo máximo anotador de la liga, promediando 27,6 puntos por partido. Pero la temporada fue un fracaso porque Los Ángeles Lakers no consiguieron ni clasificarse para los playoffs.

En la temporada 2005-06, Jackson volvió al equipo y Bryant batió el récord de anotación de un jugador de los Lakers al conseguir 81 puntos en el partido que jugaron en el Staples Center ante Toronto Raptors. Una cifra que además le convirtió en el segundo jugador de la historia de la competición en anotar más puntos en un encuentro, por detrás de los 100 de Wilt Chamberlain en 1962.

En 2006 decidió cambiar el número de su camiseta, sustituyendo el 8 por el 24, el que llevaba en su etapa de estudiante. Un año después amenazó con dejar el equipo aunque la situación se recondujo coincidiendo con sus mejores años en el conjunto angelino.

En 2008, con Pau Gasol ya en los Lakers, fue elegido MVP de la temporada y el equipo llegó de nuevo a la final del campeonato, que perdió ante los Boston Celtics.

Fue el preámbulo de dos nuevos títulos para él y para su equipo. En 2009 venció en la serie final a Orlando Magic, con Bryant como MVP, y en 2010 frente a Boston Celtics logrando su segundo trofeo de mejor jugador de las finales de la NBA.

En 2012, Phil Jackson volvió a dejar el equipo y su puesto lo ocupó Mike Brown. Los resultados no mejoraron y, después de un mal inicio de la temporada 2012-2013 fue sustituido por Mike D’Antoni, con el que los Lakers siguen su crisis de juego, lo que llevó a Bryant a decir, el 2 de enero de 2013, que eran un equipo viejo y lento.

El 13 de abril de 2013, los Lakers anunciaron que Bryant estará entre seis y nueve meses de baja por la rotura del tendón de Aquiles que se produjo un día antes en el partido frente a Golden State Warriors. Volvió a jugar el 8 de diciembre de ese año, días después de renovar por dos temporadas. Diez días después, una lesión en la rodilla izquierda le alejó de las canchas por lo que restaba de temporada, por lo que se perdió el Partido de las Estrellas y el Mundial de España 2014.

En enero de 2015 sufrió una lesión en el hombro derecho y puso fin a esa campaña. El periodo de recuperación fue de nueve meses. El 29 de noviembre de 2015 anunció su retirada tras 20 años en los Lakers. El 14 de febrero siguiente jugó su decimoctavo y último Partido de las Estrellas, de ellos 15 como titular, cifra récord, y en el que le tocó defender a su buen amigo Pau Gasol, ya en los Bulls.

El 13 de abril de 2016 disputó su último encuentro en el Staples Center angelino, en el que anotó 60 puntos en su enfrentamiento contra los Jazz (101-96). Sin embargo, el equipo firmó su peor balance histórico (17-65). El equipo de Los Angeles retiró los dos dorsales con los que jugó, el 8 y el 24, el 18 de diciembre de 2018.

Apodado «Black Mamba», en el momento de su retirada era el tercer máximo anotador en la historia de la NBA (ahora es cuarto), con 33.643 puntos, por delante de Michael Jordan, y sus más de 48.500 minutos en la cancha le situaron en sexta posición de esa clasificación. Además de su récord anotador de 81 puntos, en 24 partidos superó los 50 tantos.

Nueve veces ha integrado el quinteto defensivo del año y en 11 formó parte del primer «cinco» de la NBA. Ha ganado dos medallas de oro olímpicas con Estados Unidos, en 2008 en Pekín y en 2012 en Londres.

En agosto de 2016 presentó su propio fondo de inversiones, el Bryant Stibel, con un capital de 100 millones de dólares para invertir en empresas de tecnología, medios de comunicación y datos, proyecto en el que trabajaba con el empresario Jeff Stibel, con quien ya había invertido en varios negocios de ese tipo desde 2013.

La ciudad de Los Angeles proclamó en 2016 el 24 de agosto el «día de Kobe Bryant» (24/8), por los dos dorsales que lució en el equipo angelino. Casado con Vanessa Laine, de ascendencia mexicana, tuvieron tres hijas. El matrimonio creó la fundación Kobe and Vanessa Bryant Family Foundation (KVBFF), dedicada a mejorar las vidas de jóvenes y familias necesitadas.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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