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Europa

La construcción italiana del eje anti Unión Europea

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El ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini (iza.), junto con su homólogo polaco, Joachim Brudzinski, en Varsovia, 9 de enero de 2019.

Por Soeren Kern.- El ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini, está encabezando un esfuerzo para crear una alianza paneuropea populista para desafiar al establishment proeuropeo respecto al futuro de la Unión Europea. El objetivo es recuperar la soberanía de manos de burócratas no elegidos en Bruselas y transferir competencias clave de la UE de vuelta a las capitales nacionales.

Alemania y Francia, los autoproclamados guardianes de la integración europea, están respondiendo al desafío con un ambicioso contraproyecto para hacer que la Unión Europea sea “una potencia más decisiva en la escena mundial”.

Esta confrontación, que amenaza con dividir la Unión Europea por la mitad, entre los nacionalistas euroescépticos y los globalistas eurófilos, se calentará más en los próximos meses y semanas, de cara a las elecciones al Parlamento europeo a finales de mayo.

Durante una visita a Varsovia el 9 de enero, Salvini, que ahora es el político más poderoso de Italia, dijo que los populistas de Italia y Polonia debían generar “una primavera europea” y forjar un “nuevo equilibrio” para sustituir la influencia de Alemania y Francia en el Parlamento europeo:

“La Europa que se creará en junio será distinta de la de hoy, que está manejada por burócratas. En Europa, siempre se habla del eje franco-alemán. Nos estamos preparando para un nuevo equilibrio y una nueva energía en Europa. Habrá un plan de acción conjunta para inyectar nueva sangre en Europa, nueva fortaleza, nueva energía. Polonia e Italia serán los protagonistas de esta nueva primavera europea, esta reavivación de los valores europeos, con menos burocracia y más trabajo y más familia, y por encima de todo, más seguridad”.

Salvini está intentando crear un nuevo bloque político –acuñado como la “alianza de los soberanistas” (alleanza di sovranisti)– que incorpora a nacionalistas y populistas de toda Europa para concurrir a las próximas elecciones al Parlamento europeo. El objetivo es reafirmar la soberanía nacional al cambiar la composición política del Parlamento europeo, y por extensión, del ejecutivo de la UE, la Comisión Europea, y finalmente el Consejo Europeo, donde los líderes nacionales toman las decisiones más importantes de la UE.

Los miembros del Parlamento europeo supranacional se organizan en grupos ideológicos como en los legislativos nacionales. Hay actualmente ocho grupos políticos en el Parlamento europeo. El mayor es el Partido Popular Europeo, de centroderecha (del que es un pilar clave la Unión Demócrata Cristiana de la canciller alemana, Angela Merkel), seguido de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas, el Grupo Europeo de Conservadores y Reformistas y la Alianza de Liberales y Demócratas de Europa (ALDE). La reciente decisión de En Marche, el partido político del presidente francés, Emmanuel Macron, de unirse a ALDE podría convertirlo en el segundo bloque mayor en el Parlamento europeo, desde su cuarto lugar, tras las elecciones de mayo.

En Polonia, Salvini se reunió con el primer ministro, Mateusz Morawiecki, el ministro del Interior, Joachim Brudziński y con Jarosław Kaczyński, el poderoso líder del partido en el Gobierno, Ley y Justicia (PiS), que actualmente forma parte del Grupo Europeo de Conservadores y Reformistas (ERC). ERC se enfrenta a su posible colapso cuando sus 18 miembros del Partido Conservador británico en el Parlamento europeo abandonen tras el Brexit; esto dejaría al PiS sin posibilidad de formar grupo en el Parlamento europeo. Es improbable que el PiS se una al Partido Popular Europeo, porque el principal partido de la oposición en Polonia, la Plataforma Cívica, es parte de ese grupo. En consecuencia, el nuevo grupo encabezado por Salvini podría ser una opción atractiva para el PiS.

Salvini ya ha convencido a los partidos populistas francés y holandés –Agrupación Nacional, de Marine Le Pen (antes llamado Frente Nacional) y el Partido por la Libertad de Geert Wilders)– para que se unan. Si el PiS, y el Partido de la Libertad, que gobierna en Austria, se subieran a bordo, la alianza euroescéptica de Salvini podría tener hasta 150 eurodiputados. Esto lo convertiría en el tercer mayor grupo del Parlamento europeo y le daría un poder tangible para influir en la legislación de la UE.

Fidesz (Alianza Cívica Húngara), el partido del primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, sigue siendo parte del Partido Popular Europeo, que se ha resistido a las peticiones de expulsar a Orbán por sus puntos de vista euroescépticos y contrarios a la inmigración. El portavoz de Orbán, Zoltan Kovacs, alabó los planes de Salvini de crear una alianza populista:

“El eje Varsovia-Roma es un gran acontecimiento en el que están depositadas grandes esperanzas. Me gustaría que Europa tuviese una fuerza política a la derecha del PPE, un eje Roma-Varsovia, capaz de gobernar, capaz de asumir la responsabilidad y de oponerse a la inmigración”.

Sin embargo, Orbán no ha estado dispuesto a abandonar el Partido Popular Europeo. Algunos observadores han sugerido que está inclinado a permanecer en el PPE porque, al ser el grupo más poderoso del Parlamento europeo, lo blinda de las represalias de sus opositores pro UE.

En cualquier caso, Salvini y Orbán han prometido crear un “eje antiinmigración” con el objetivo de contrarrestar las políticas proinmigración de la Unión Europea. En una reunión en Milán el 28 de agosto, Orbán y Salvini se comprometieron a trabajar juntos con Austria y el Grupo de Visegrado –la República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia– para oponerse a un grupo proinmigración de países de la UE liderado por el presidente francés, Emmanuel Macron.

En una rueda de prensa conjunta, Salvini dijo:

“Hoy empieza un viaje que seguirá en los próximos meses hacia una Europa diferente, a un cambio en la Comisión Europea, en las políticas europeas, que sitúa en el centro el derecho a la vida, al trabajo, a la salud, a la seguridad, todo lo que las élites europeas, financiadas por [el multimillonario húngaro y filántropo George] Soros, y representadas por Macron, niegan”.

Nos acercamos a un punto de inflexión histórico a nivel continental. Me asombra el estupor de una izquierda política cuya única razón de ser es ya desafiar a los demás, que cree que Milán no debería acoger al presidente de un país europeo, como si la izquierda tuviese la autoridad de decidir quién tiene derecho a hablar y quién no, y que después se pregunta por qué ya nadie les vota.

Esta es la primera de una larga serie de reuniones para cambiar los destinos, no sólo de Italia y Hungría, sino de todo el continente europeo.

Orbán añadió:

“Las elecciones europeas se celebrarán pronto, y deben cambiar muchas cosas. En este momento hay dos bandos en Europa: uno está liderado por Macron, que está a favor de la inmigración. El otro está encabezado por los países que quieren proteger sus fronteras. Hungría e Italia pertenecen al segundo”.

Hungría ha demostrado que podemos frenar a los inmigrantes por tierra. Salvini ha demostrado que se puede frenar a los inmigrantes por mar. Le damos las gracias por proteger las fronteras de Europa.

Hay que devolver a los inmigrantes a sus países. Bruselas dice que no podemos hacerlo. También dijeron que era imposible frenar a los inmigrantes por tierra, pero lo hicimos.

Salvini y yo parecemos compartir el mismo destino. Es mi héroe.

Alemania y Francia han respondido al desafío redoblando la integración europea. El 10 de enero, The Times de Londres informó de que Merkel y Macron se disponen a firmar el llamado “Tratado de Aquisgrán”, que “marcará el comienzo de una nueva era de integración” al “forjar una defensa compartida, y políticas exteriores y económicas en un pacto ‘gemelo’ sin precedentes, considerado prototipo del futuro de la Unión Europea”. Según The Times:

“Se alentará que regiones a ambos lados de la frontera franco-alemana formen “eurodistritos” cuyos servicios de agua, electricidad y transporte público se fusionen. Berlín y París pondrán dinero para incentivar a esas áreas transfronterizas, que podrían incluir hospitales compartidos, empresas conjuntas o proyectos medioambientales. Algunos funcionarios definieron estos experimentos como una placa de Petri para la integración de la UE”.

Ambos países presionarán para que Alemania tenga asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, junto a Francia, EEUU, China, Rusia y Gran Bretaña, los aliados victoriosos de la Segunda Guerra Mundial.

Francia y Alemania también prevén hablar con una sola voz en Bruselas, estableciendo posturas comunes ante las cumbres de la Unión Europea clave, para intentar que el bloque tenga un poder más decisivo en la escena mundial. El tratado está concebido para lanzar la señal de que Francia y Alemania defenderán los valores del multilateralismo en un momento en que el orden liberal mundial está bajo amenaza. Tanto el presidente Macron como Merkel han expresado su frustración por el auge del populismo y el nacionalismo, y las vacilaciones de Europa frente a problemas como el cambio climático y la inmigración masiva […].

El breve documento se firmará el 22 de enero en Aquisgrán, el antiguo balneario alemán cerca de la frontera con Bélgica y los Países Bajos. Se espera que lo ratifiquen los dos parlamentos nacionales ese mismo día.

El lugar elegido está cargado de simbolismo. Aquisgrán, conocido como Aix-la-Chapelle en Francia, fue la capital imperial franca con Carlomagno, y ha estado alternativamente en manos de Alemania y Francia varias veces.

Los extractos filtrados del nuevo acuerdo de Aquisgrán definen la “armonización” de las regulaciones de las empresas y una política coordinación en materia de economía entre los estados, guiada por un consejo conjunto de expertos.

El texto lleva la impronta del deseo de Macron de utilizar el consenso franco-alemán para animar a la UE a ser más asertiva como potencia global.

Los dos gobiernos acordarán celebrar “consultas periódicas a todos los niveles antes de las principales reuniones europeas y preocuparse de establecer posturas comunes y emitir comunicados conjuntos”. Y añade: “Defenderán una política común exterior y en materia económica fuerte y eficaz, que fortalecerá y hará crecer la unión económica y monetaria”.

Sienta una base de trabajo para una defensa franco-alemana y un consejo de seguridad que actuará como “grupo de dirección política”, en el que ambos lados influyen entre las posturas mutuas […]. En el frente militar, el tratado consagra la ambición de formar “una cultura común y despliegues conjuntos” en el extranjero.

El Tratado de Aquisgrán se enfrentará sin duda a la oposición nacional en ambos países. En Francia, sacudida por las protestas del movimiento de los “chalecos amarillos”, Marin Le Pen desdeñó el nuevo tratado diciendo que era un dictado “desequilibrado” de Alemania. Alexander Gauland, líder del partido antiinmigración Alternativa para Alemania (AfD), lo describió como “una erosión de nuestra soberanía nacional”.

La AfD está dividida en su postura hacia Salvini. Aunque la cúpula de AfD ha alabado a Salvini por su apoyo a la soberanía nacional y su oposición a la inmigración masiva, Alice Weidel, líder de AfD en el Bundestag, ha sido tajantemente crítica con la gestión económica del Gobierno italiano:

“Roma ya ha acumulado una deuda de casi 2,3 billones de euros. Los italianos ricos han transferido desde entonces sus bienes al extranjero” […].

Cuando la UE rechaza el borrador del presupuesto de Italia, el ministro del Interior, Salvini, se enfada: “Nadie quitará ni un solo euro de este presupuesto, del bolsillo de los italianos”. Al parecer, pasa por alto el hecho de que Italia habría sido insolvente desde hace mucho sin la ayuda de la UE. ¿Cómo puedes vender a los europeos que, en el futuro, entre 400.000 y 500.000 italianos se jubilarán de manera anticipada, y que también habrá un ingreso mínimo y un impuesto fijo? Estos son beneficios bienestaristas con los que otros Estados miembros de la UE no pueden ni soñar.

Los bienes medios de los hogares italianos se sitúan nada menos que en los 240.000 euros, mientras que en Alemania sólo son 66.000 euros. Italia concede amnistías a los evasores fiscales, apenas reconoce impuestos a la propiedad y tiene un impuesto de sucesión absurdo. En su lugar, recurre a la solidaridad europea o al Banco Central Europeo para cancelar la deuda. Alemania sería otra vez el pagador. ¡Estos romanos están locos!

El canciller austriaco, Sebastian Kuurz, estuvo de acuerdo. Tuiteó:

“No entiendo la propuesta presupuestaria que #Italia ha enviado a #Bruselas. Desde luego, no vamos a pagar las #deudas y las promesas electorales populistas de otros”.

Al menos desde la crisis de #Grecia, está claro que el exceso de deuda es peligroso. Además, las personas pobres y socialmente débiles pagarán el precio más alto por esta política. Por lo tanto, hemos puesto por fin término a la política de #deuda en Austria y reportado un superávit de presupuesto a Bruselas.

Por lo tanto, esperamos que el Gobierno italiano cumpla con las reglas existentes. Los criterios de Maastricht se aplican a todos.

Salvini promovió por primera vez la idea de una red paneuropea de partidos nacionalistas en julio de 2018, después de que su partido, la Lega, formara una coalición de gobierno con su antiguo archirrival, el partido antisistema Movimiento Cinco Estrellas (M5S):

Para ganar, tuvimos que unir a Italia; ahora tenemos que unir a Europa. Estoy pensando en una Liga de las Ligas de Europa, que aúne a todos los movimientos por la libertad y la soberanía que quieran defender a sus ciudadanos y sus fronteras.

Salvini está trabajando ahora en un programa común, de diez puntos, que aún se tiene que terminar de definir. En una rueda de prensa conjunta en Varsovia, Salvini dio más detalles:

“Le propuse al líder del PiS, Jarosław Kaczyński ­­–y tengo la intención de proponérselo a otros–, un pacto para Europa, un contrato con compromisos específicos, un programa de diez puntos basado en el modelo del contrato que firmamos en Italia. Este acuerdo nos permitiría superar las diferencias entre partidos y tradiciones geográficas y culturales. Me gustaría que hubiese una alianza común entre los que quieren salvar a Europa. Este objetivo será el primero y el más importante en el próximo Parlamento europeo […].

Proponemos un programa que se ofrezca a otros partidos y ciudadanos de Europa, basado en ciertos temas, como el crecimiento económico, la seguridad, la familia, las raíces cristianas europeas… temas que algunos en Bruselas han negado. […].

Hemos empezado una trayectoria de ideas en el Parlamento europeo que será distinta a la del duopolio socialista y del centro derecha que siempre ha gobernado Europa […]. La única certeza que tengo sobre las elecciones europeas es que los socialistas y los comunistas siempre serán menos en Bruselas, y ya han hecho demasiado daño […].

Si queremos cambiar la UE, debemos ser ambiciosos, pensar a lo grande. Nuestro objetivo es estar presentes en todos los países europeos y trabajar con otras fuerzas soberanistas […]. Sé que muchos países tienen interés en el cambio. Esta es una ocasión histórica: es hora de reemplazar el eje franco-alemán con una alianza ítalo-polaca”.

 

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