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Europa

La construcción italiana del eje anti Unión Europea

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En la imagen (tomada de la página de Facebook del político italiano), Salvini con su homólogo polaco, Joachim Brudziński, en Varsovia, el pasado día 9.
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Por Soeren Kern.- El ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini, está encabezando un esfuerzo para crear una alianza paneuropea populista para desafiar al establishment proeuropeo respecto al futuro de la Unión Europea. El objetivo es recuperar la soberanía de manos de burócratas no elegidos en Bruselas y transferir competencias clave de la UE de vuelta a las capitales nacionales.

Alemania y Francia, los autoproclamados guardianes de la integración europea, están respondiendo al desafío con un ambicioso contraproyecto para hacer que la Unión Europea sea “una potencia más decisiva en la escena mundial”.

Esta confrontación, que amenaza con dividir la Unión Europea por la mitad, entre los nacionalistas euroescépticos y los globalistas eurófilos, se calentará más en los próximos meses y semanas, de cara a las elecciones al Parlamento europeo a finales de mayo.

Durante una visita a Varsovia el 9 de enero, Salvini, que ahora es el político más poderoso de Italia, dijo que los populistas de Italia y Polonia debían generar “una primavera europea” y forjar un “nuevo equilibrio” para sustituir la influencia de Alemania y Francia en el Parlamento europeo:

“La Europa que se creará en junio será distinta de la de hoy, que está manejada por burócratas. En Europa, siempre se habla del eje franco-alemán. Nos estamos preparando para un nuevo equilibrio y una nueva energía en Europa. Habrá un plan de acción conjunta para inyectar nueva sangre en Europa, nueva fortaleza, nueva energía. Polonia e Italia serán los protagonistas de esta nueva primavera europea, esta reavivación de los valores europeos, con menos burocracia y más trabajo y más familia, y por encima de todo, más seguridad”.

Salvini está intentando crear un nuevo bloque político –acuñado como la “alianza de los soberanistas” (alleanza di sovranisti)– que incorpora a nacionalistas y populistas de toda Europa para concurrir a las próximas elecciones al Parlamento europeo. El objetivo es reafirmar la soberanía nacional al cambiar la composición política del Parlamento europeo, y por extensión, del ejecutivo de la UE, la Comisión Europea, y finalmente el Consejo Europeo, donde los líderes nacionales toman las decisiones más importantes de la UE.

Los miembros del Parlamento europeo supranacional se organizan en grupos ideológicos como en los legislativos nacionales. Hay actualmente ocho grupos políticos en el Parlamento europeo. El mayor es el Partido Popular Europeo, de centroderecha (del que es un pilar clave la Unión Demócrata Cristiana de la canciller alemana, Angela Merkel), seguido de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas, el Grupo Europeo de Conservadores y Reformistas y la Alianza de Liberales y Demócratas de Europa (ALDE). La reciente decisión de En Marche, el partido político del presidente francés, Emmanuel Macron, de unirse a ALDE podría convertirlo en el segundo bloque mayor en el Parlamento europeo, desde su cuarto lugar, tras las elecciones de mayo.

En Polonia, Salvini se reunió con el primer ministro, Mateusz Morawiecki, el ministro del Interior, Joachim Brudziński y con Jarosław Kaczyński, el poderoso líder del partido en el Gobierno, Ley y Justicia (PiS), que actualmente forma parte del Grupo Europeo de Conservadores y Reformistas (ERC). ERC se enfrenta a su posible colapso cuando sus 18 miembros del Partido Conservador británico en el Parlamento europeo abandonen tras el Brexit; esto dejaría al PiS sin posibilidad de formar grupo en el Parlamento europeo. Es improbable que el PiS se una al Partido Popular Europeo, porque el principal partido de la oposición en Polonia, la Plataforma Cívica, es parte de ese grupo. En consecuencia, el nuevo grupo encabezado por Salvini podría ser una opción atractiva para el PiS.

Salvini ya ha convencido a los partidos populistas francés y holandés –Agrupación Nacional, de Marine Le Pen (antes llamado Frente Nacional) y el Partido por la Libertad de Geert Wilders)– para que se unan. Si el PiS, y el Partido de la Libertad, que gobierna en Austria, se subieran a bordo, la alianza euroescéptica de Salvini podría tener hasta 150 eurodiputados. Esto lo convertiría en el tercer mayor grupo del Parlamento europeo y le daría un poder tangible para influir en la legislación de la UE.

Fidesz (Alianza Cívica Húngara), el partido del primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, sigue siendo parte del Partido Popular Europeo, que se ha resistido a las peticiones de expulsar a Orbán por sus puntos de vista euroescépticos y contrarios a la inmigración. El portavoz de Orbán, Zoltan Kovacs, alabó los planes de Salvini de crear una alianza populista:

“El eje Varsovia-Roma es un gran acontecimiento en el que están depositadas grandes esperanzas. Me gustaría que Europa tuviese una fuerza política a la derecha del PPE, un eje Roma-Varsovia, capaz de gobernar, capaz de asumir la responsabilidad y de oponerse a la inmigración”.

Sin embargo, Orbán no ha estado dispuesto a abandonar el Partido Popular Europeo. Algunos observadores han sugerido que está inclinado a permanecer en el PPE porque, al ser el grupo más poderoso del Parlamento europeo, lo blinda de las represalias de sus opositores pro UE.

En cualquier caso, Salvini y Orbán han prometido crear un “eje antiinmigración” con el objetivo de contrarrestar las políticas proinmigración de la Unión Europea. En una reunión en Milán el 28 de agosto, Orbán y Salvini se comprometieron a trabajar juntos con Austria y el Grupo de Visegrado –la República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia– para oponerse a un grupo proinmigración de países de la UE liderado por el presidente francés, Emmanuel Macron.

En una rueda de prensa conjunta, Salvini dijo:

“Hoy empieza un viaje que seguirá en los próximos meses hacia una Europa diferente, a un cambio en la Comisión Europea, en las políticas europeas, que sitúa en el centro el derecho a la vida, al trabajo, a la salud, a la seguridad, todo lo que las élites europeas, financiadas por [el multimillonario húngaro y filántropo George] Soros, y representadas por Macron, niegan”.

Nos acercamos a un punto de inflexión histórico a nivel continental. Me asombra el estupor de una izquierda política cuya única razón de ser es ya desafiar a los demás, que cree que Milán no debería acoger al presidente de un país europeo, como si la izquierda tuviese la autoridad de decidir quién tiene derecho a hablar y quién no, y que después se pregunta por qué ya nadie les vota.

Esta es la primera de una larga serie de reuniones para cambiar los destinos, no sólo de Italia y Hungría, sino de todo el continente europeo.

Orbán añadió:

“Las elecciones europeas se celebrarán pronto, y deben cambiar muchas cosas. En este momento hay dos bandos en Europa: uno está liderado por Macron, que está a favor de la inmigración. El otro está encabezado por los países que quieren proteger sus fronteras. Hungría e Italia pertenecen al segundo”.

Hungría ha demostrado que podemos frenar a los inmigrantes por tierra. Salvini ha demostrado que se puede frenar a los inmigrantes por mar. Le damos las gracias por proteger las fronteras de Europa.

Hay que devolver a los inmigrantes a sus países. Bruselas dice que no podemos hacerlo. También dijeron que era imposible frenar a los inmigrantes por tierra, pero lo hicimos.

Salvini y yo parecemos compartir el mismo destino. Es mi héroe.

Alemania y Francia han respondido al desafío redoblando la integración europea. El 10 de enero, The Times de Londres informó de que Merkel y Macron se disponen a firmar el llamado “Tratado de Aquisgrán”, que “marcará el comienzo de una nueva era de integración” al “forjar una defensa compartida, y políticas exteriores y económicas en un pacto ‘gemelo’ sin precedentes, considerado prototipo del futuro de la Unión Europea”. Según The Times:

“Se alentará que regiones a ambos lados de la frontera franco-alemana formen “eurodistritos” cuyos servicios de agua, electricidad y transporte público se fusionen. Berlín y París pondrán dinero para incentivar a esas áreas transfronterizas, que podrían incluir hospitales compartidos, empresas conjuntas o proyectos medioambientales. Algunos funcionarios definieron estos experimentos como una placa de Petri para la integración de la UE”.

Ambos países presionarán para que Alemania tenga asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, junto a Francia, EEUU, China, Rusia y Gran Bretaña, los aliados victoriosos de la Segunda Guerra Mundial.

Francia y Alemania también prevén hablar con una sola voz en Bruselas, estableciendo posturas comunes ante las cumbres de la Unión Europea clave, para intentar que el bloque tenga un poder más decisivo en la escena mundial. El tratado está concebido para lanzar la señal de que Francia y Alemania defenderán los valores del multilateralismo en un momento en que el orden liberal mundial está bajo amenaza. Tanto el presidente Macron como Merkel han expresado su frustración por el auge del populismo y el nacionalismo, y las vacilaciones de Europa frente a problemas como el cambio climático y la inmigración masiva […].

El breve documento se firmará el 22 de enero en Aquisgrán, el antiguo balneario alemán cerca de la frontera con Bélgica y los Países Bajos. Se espera que lo ratifiquen los dos parlamentos nacionales ese mismo día.

El lugar elegido está cargado de simbolismo. Aquisgrán, conocido como Aix-la-Chapelle en Francia, fue la capital imperial franca con Carlomagno, y ha estado alternativamente en manos de Alemania y Francia varias veces.

Los extractos filtrados del nuevo acuerdo de Aquisgrán definen la “armonización” de las regulaciones de las empresas y una política coordinación en materia de economía entre los estados, guiada por un consejo conjunto de expertos.

El texto lleva la impronta del deseo de Macron de utilizar el consenso franco-alemán para animar a la UE a ser más asertiva como potencia global.

Los dos gobiernos acordarán celebrar “consultas periódicas a todos los niveles antes de las principales reuniones europeas y preocuparse de establecer posturas comunes y emitir comunicados conjuntos”. Y añade: “Defenderán una política común exterior y en materia económica fuerte y eficaz, que fortalecerá y hará crecer la unión económica y monetaria”.

Sienta una base de trabajo para una defensa franco-alemana y un consejo de seguridad que actuará como “grupo de dirección política”, en el que ambos lados influyen entre las posturas mutuas […]. En el frente militar, el tratado consagra la ambición de formar “una cultura común y despliegues conjuntos” en el extranjero.

El Tratado de Aquisgrán se enfrentará sin duda a la oposición nacional en ambos países. En Francia, sacudida por las protestas del movimiento de los “chalecos amarillos”, Marin Le Pen desdeñó el nuevo tratado diciendo que era un dictado “desequilibrado” de Alemania. Alexander Gauland, líder del partido antiinmigración Alternativa para Alemania (AfD), lo describió como “una erosión de nuestra soberanía nacional”.

La AfD está dividida en su postura hacia Salvini. Aunque la cúpula de AfD ha alabado a Salvini por su apoyo a la soberanía nacional y su oposición a la inmigración masiva, Alice Weidel, líder de AfD en el Bundestag, ha sido tajantemente crítica con la gestión económica del Gobierno italiano:

“Roma ya ha acumulado una deuda de casi 2,3 billones de euros. Los italianos ricos han transferido desde entonces sus bienes al extranjero” […].

Cuando la UE rechaza el borrador del presupuesto de Italia, el ministro del Interior, Salvini, se enfada: “Nadie quitará ni un solo euro de este presupuesto, del bolsillo de los italianos”. Al parecer, pasa por alto el hecho de que Italia habría sido insolvente desde hace mucho sin la ayuda de la UE. ¿Cómo puedes vender a los europeos que, en el futuro, entre 400.000 y 500.000 italianos se jubilarán de manera anticipada, y que también habrá un ingreso mínimo y un impuesto fijo? Estos son beneficios bienestaristas con los que otros Estados miembros de la UE no pueden ni soñar.

Los bienes medios de los hogares italianos se sitúan nada menos que en los 240.000 euros, mientras que en Alemania sólo son 66.000 euros. Italia concede amnistías a los evasores fiscales, apenas reconoce impuestos a la propiedad y tiene un impuesto de sucesión absurdo. En su lugar, recurre a la solidaridad europea o al Banco Central Europeo para cancelar la deuda. Alemania sería otra vez el pagador. ¡Estos romanos están locos!

El canciller austriaco, Sebastian Kuurz, estuvo de acuerdo. Tuiteó:

“No entiendo la propuesta presupuestaria que #Italia ha enviado a #Bruselas. Desde luego, no vamos a pagar las #deudas y las promesas electorales populistas de otros”.

Al menos desde la crisis de #Grecia, está claro que el exceso de deuda es peligroso. Además, las personas pobres y socialmente débiles pagarán el precio más alto por esta política. Por lo tanto, hemos puesto por fin término a la política de #deuda en Austria y reportado un superávit de presupuesto a Bruselas.

Por lo tanto, esperamos que el Gobierno italiano cumpla con las reglas existentes. Los criterios de Maastricht se aplican a todos.

Salvini promovió por primera vez la idea de una red paneuropea de partidos nacionalistas en julio de 2018, después de que su partido, la Lega, formara una coalición de gobierno con su antiguo archirrival, el partido antisistema Movimiento Cinco Estrellas (M5S):

Para ganar, tuvimos que unir a Italia; ahora tenemos que unir a Europa. Estoy pensando en una Liga de las Ligas de Europa, que aúne a todos los movimientos por la libertad y la soberanía que quieran defender a sus ciudadanos y sus fronteras.

Salvini está trabajando ahora en un programa común, de diez puntos, que aún se tiene que terminar de definir. En una rueda de prensa conjunta en Varsovia, Salvini dio más detalles:

“Le propuse al líder del PiS, Jarosław Kaczyński ­­–y tengo la intención de proponérselo a otros–, un pacto para Europa, un contrato con compromisos específicos, un programa de diez puntos basado en el modelo del contrato que firmamos en Italia. Este acuerdo nos permitiría superar las diferencias entre partidos y tradiciones geográficas y culturales. Me gustaría que hubiese una alianza común entre los que quieren salvar a Europa. Este objetivo será el primero y el más importante en el próximo Parlamento europeo […].

Proponemos un programa que se ofrezca a otros partidos y ciudadanos de Europa, basado en ciertos temas, como el crecimiento económico, la seguridad, la familia, las raíces cristianas europeas… temas que algunos en Bruselas han negado. […].

Hemos empezado una trayectoria de ideas en el Parlamento europeo que será distinta a la del duopolio socialista y del centro derecha que siempre ha gobernado Europa […]. La única certeza que tengo sobre las elecciones europeas es que los socialistas y los comunistas siempre serán menos en Bruselas, y ya han hecho demasiado daño […].

Si queremos cambiar la UE, debemos ser ambiciosos, pensar a lo grande. Nuestro objetivo es estar presentes en todos los países europeos y trabajar con otras fuerzas soberanistas […]. Sé que muchos países tienen interés en el cambio. Esta es una ocasión histórica: es hora de reemplazar el eje franco-alemán con una alianza ítalo-polaca”.

 

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Europa

Diego Fusaro, impulsor del nuevo partido Vox Italiae: “Sin soberanía nacional, no puede haber democracia ni derechos sociales”

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Diego Fusaro
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Carlos X. Blanco.- Diego Fusaro, uno de los filósofos más escuchados y leídos en este momento en Italia y en toda Europa, ha concedido una entrevista exclusiva a La Tribuna del País Vasco con motivo de la irrupción de un nuevo partido político soberanista, identitario y transversal en su país. En esta conversación, Fusaro matiza su vinculación con esa nueva fuerza política y aclara su ideario.

– ¿Qué es Vox Italiae? ¿Un nuevo partido político en Italia? ¿Un movimiento ciudadano que reconstruya la ruptura “populista” entre la Lega y el M5S?

-Vox Italiae es, en la realidad italiana, el primer partido soberano, populista y socialista. En Italia tenemos partidos globalistas de derecha (Forza Italia de Berlusconi), partidos globalistas de izquierda (Pd de Matteo Renzi y las otras formas de la izquierda fucsia y arco iris), partidos soberanistas y liberales (Lega, Fratelli d’Italia). No hay ningún partido que sea a la vez soberanista, populista y socialista, keynesiano y no thatcheriano, partido para las clases trabajadoras y no para el capital. Este partido es Vox Italiae. La soberanía es sin duda la condición de la democracia, pero no es suficiente. La soberanía se dice de muchas maneras: Bolsonaro -un servidor de los Estados Unidos, un liberal puro- no es Putin, Putin no es Morales, etc. Por cierto, no tiene nada que ver con Vox España, que es soberanista pero liberal. Después de la desintegración del gobierno gialloverde, hubo una tragedia: el gialloverde era populista y soberanista, con identidad y tendencias socialistas. Ahora el Movimiento 5 Estrellas ha vuelto a fluir hacia la izquierda cosmopolita fucsia y la Liga hacia la derecha liberal azul. Cualquiera que sea el bando que gane, gana el liberalismo.

– ¿Tiene usted ambiciones políticas?

  • No soy miembro del partido, sino sólo el inspirador teórico: nunca he tenido carnets y no quiero tenerlos. Soy un libre pensador, no un político. No he fundado el partido, ni tampoco lo dirijo.

– Su movimiento “Vox Italiae” se presenta como una crítica a Salvini. ¿Podría concretar esa crítica?

  • La Liga de Salvini es un partido soberanista y basado en la identidad, contrario a la UE, pero también es un partido liberal y atlantista. Nosotros somos soberanos, identitarios, contra la UE y también contra el liberalismo y la OTAN. Estamos a favor de un internacionalismo de Estados soberanos, democráticos y socialistas, libres del atlantismo y abiertos al eurasianismo. La Liga, en cambio, mira a Washington y su modelo económico es Thatcher, no Gramsci y Keynes.

– ¿Cómo se coordinaría “Vox Italiae” con las fuerzas y partidos políticos italianos actualmente existentes?

  • No somos ni de derechas ni de izquierdas. Estamos a favor de un socialismo democrático que defienda al pueblo italiano, sobre todo a las clases trabajadoras: sin soberanía nacional, no puede haber democracia ni derechos sociales. Por esta razón, los amos cosmopolitas aspiran a destruir la soberanía nacional: destruir las democracias y los derechos sociales. Por eso, la recuperación de la plena soberanía económica, monetaria (no al euro), militar (no a la OTAN) es la condición sine qua non para tener una democracia obrera socialista. Precisamente porque no somos ni de derechas ni de izquierdas, nos aliaremos con todos aquellos que – citando a Gramsci – han venido por una u otra vía para oponerse al capitalismo global.

-¿Cree que es difícil romper la inercia del esquema “izquierda-derecha” que tanto parece beneficiar al globalismo y al “europeísmo”?

Es muy difícil romper la dicotomía entre la izquierda y la derecha, porque es la base del orden liberal.  Mejor que el totalitarismo glamour del mundo liberal: te permite ser libremente lo que quieras, mientras seas liberal-liberalista. No se permiten otras posiciones. Por eso Italia es hoy emblemática: con el fucsia de izquierdas del Movimiento 5 estrellas y el azul-verde de derechas de la Liga, lo que existe no es sino un liberalismo cosmopolita de izquierdas y un liberalismo soberano de derechas. Pero el liberalismo siempre está ahí, en cualquiera de los casos. Se genera una alternancia sin alternativa. El liberalismo siempre gana, no importa si es fucsia o color azulejo. Tenemos que ir más allá. Para derribar el orden dominante, necesitamos una nueva geografía de la política: los de abajo vs. los de arriba, pueblo vs. elite, siervo vs. amo (Hegel).

Vox Italiae tiene como objetivo servir a los intereses de los más desfavorecidos, del pueblo, del siervo: soberanía nacional, más Estado y menos mercado, más derechos sociales y menos competitividad, etc.

Obviamente, dirán que esto es “rojipardo”: así que el pensamiento único difama a cada izquierda que no es fucsia globalista y a cada derecha que no es azul liberal. A la derecha, dirán que somos rojos. A la izquierda, que somos negros. La verdad es que no somos ni fucsia ni azul aciano (bluette). El pensamiento único -que también descartaría a Gramsci y Fidel Castro como rojipardos- no sólo es políticamente correcto. También es cromáticamente correcto. Sólo acepta tonos homogéneos con el arco iris globalista, que es un falso arco iris: esconde el gris del nihilismo de la civilización post-metafísica de los mercados y del relativismo absoluto en el que se basa.

* Entrevista publicada en La Tribuna del País Vasco, medio con el que Alerta Digital acordó intercambiar algunos de sus contenidos para enriquecer y mejorar nuestras respectivas ofertas informativas.

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Europa

El nuevo gobierno italiano rompe con la política de puertos cerrados del exministro Salvini y permite el desembarco de inmigrantes en Lampedusa

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Por primera vez, el nuevo gobierno italiano rompe con la política de puertos cerrados del exministro Matteo Salvini y permite al Ocean Wiking, con 82 personas rescatadas frente a las costas Libias, desembarcar en Lampedusa. El ministerio del Interior ha asignado la isla como puerto seguro. Los inmigrantes de la nave de Sos Mediterranee y Médicos sin fronteras serán repartidos entre varios países europeos. Francia y Alemania acogerán, cada uno, el 25% de las personas, y en Italia se quedará el 10%.
El resto será dividido entre los países que han mostrado disponibilidad, entre ellos Irlanda. El alcalde de Lampedusa, Salvatore Martello, ha destacado que la isla se ha mostrado siempre disponible a la acogida de inmigrantes, pero en este caso ha protestado porque el Ocean Winking se encuentra más cerca de Sicilia, donde, en su opinión, se tenía que haber realizado el desembarco. «Nuestra isla no puede ser la solución a todos los problemas», ha dicho el alcalde Martello.

Ley Salvini, superada

Cabe destacar que la decisión supone no tener en cuenta la vigente ley de seguridad que promovió Matteo Salvini. Esta normativa impide a los barcos de las ONG entrar en aguas territoriales italianas, con la posibilidad de imponer multas hasta de un millón de euros. Pero esta ley de seguridad será modificada. El gobierno de Giuseppe Conte inicia así una nueva política de inmigración, concertada con la Unión Europea, permitiendo el desembarco de inmigrantes, con la condición previa de que haya un reparto entre diversos países europeos. Todavía no se ha definido el mecanismo y los requisitos para el reparto de los inmigrantes en casos futuros. El acuerdo se fijará en la reunión que mantendrán los ministros del Interior de Italia, Francia, Alemania y Malta, el próximo día 23 en La Valeta. Dos semanas después, en una reunión de los ministros de Justicia e Interior en Luxemburgo se perfilará un acuerdo definitivo, al que se espera se adhieran otros países de la UE.

Cambio radical

El cambio de política de Italia sobre inmigración es el fruto inmediato del viaje realizado por el primer ministro Conte a Bruselas el pasado miércoles. Tras su entrevista con la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, Conte declaró que la nueva estrategia del gobierno italiano es aceptar los desembarcos de las naves de las ONG y de medios militares que intervienen en el Mediterráneo, con la garantía de que la mayor parte de los inmigrantes serán acogidos en diversos países de la Unión. Según Giuseppe Conte, será difícil que en el futuro haya países europeos que den la espalda al compromiso de afrontar conjuntamente el problema de la inmigración: «Habrá naciones reacias a compartir la llegada de inmigrantes, pero quien no participe tendrá que pagarlo económicamente de forma consistente».

Conte explicó también que «a partir de ahora la gestión de la repatriación de inmigrantes se gestionará a nivel europeo, y no mediante acuerdos bilaterales». Se contempla también la posibilidad de reactivar la operación Sophia, con medios militares de diversos países para intervenir en el Mediterráneo.

El gran objetivo del gobierno italiano es cambiar el viejo Tratado de Dublín, que establece que el inmigrante debe pedir asilo en el primer país europeo en el que pisa tierra. Desde que entró en vigor este reglamento hace casi 30 años, mucho ha cambiado en relación con los flujos migratorios. De ahí la necesidad de un cambio en el acuerdo de Dublín, para que toda Europa se vea implicada con la llegada de inmigrantes.

(ABC)

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Europa

La Fundación Fare Futuro alerta en un informe que en 2100 media Italia podría ser musulmana

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Foto de archivo de Roma, capital de Italia
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La Fundación Fare Futuro lanza la alarma demográfica en Italia: «Los musulmanes residentes en este país son 1,58 millones, pero podrían llegar a ser la mitad de la población en el año 2100». En enero 2019, los musulmanes representaban el 30,1 % de los extranjeros residentes en Italia; les siguen en porcentaje los cristianos ortodoxos con el 29,7 % (1,56 millones), y en tercer lugar los católicos que son 977.000 (18,6 %). La mayor parte de los musulmanes extranjeros residentes en Italia proceden de Marruecos (440.000), Albania (226.000), Bangladesh (141.000), Egipto (111.000) y Pakistán (106.000).

El informe sobre la islamización de Europa, el primero en su género, realizado por la Fundación Fare Futuro con el apoyo del gabinete de estudios del partido derechista Fratelli d’ Italia (Hermanos de Italia) acaba de ser presentado en una sala del Senado en Roma. Obviamente no es un dato cierto que «en el 2100 los musulmanes podría ser la mitad de la población italiana», como indica el informe, pero sí son ciertos dos datos que sirven para apoyar la posibilidad de ese escenario: En primer lugar, el índice de natalidad. «Las inmigrantes musulmanas tiene una tasa de fertilidad muy superior, el doble, que el de la italianas». Es un hecho conocido que «los italianos no tienen hijos», están prácticamente a la cola de Europa. En segundo lugar, «el 78 % de los inmigrantes que solicitan asilo o que llegan sin papeles son musulmanes».

«Favorecer la inmigración con nuestros orígenes»

El informe destaca que «los extranjeros musulmanes residentes en Italia han aumentado en 127.000 con respecto al 2018, mientras que los cristianos, por el contrario, han disminuido en 145.000. El análisis refleja preocupación y dudas sobre la capacidad de integración de los musulmanes. El 85 % de los italianos considera que «los inmigrantes tendrían que hacer un curso de lengua italiana y de educación cívica antes de ser regularizados», «el 60 % piensa que el velo que portan la mayor parte de las mujeres musulmanas lo hacen por presión de la familia», «el 80 % de los italianos pide que se castigue como un delito la predicación del odio y la justificación de actos de terrorismo», y «un 56 % de los entrevistados estima que la predicación en las mezquitas debería hacerse en italiano para que pueda ser entendida».

Las dudas sobre el interés de los musulmanes para integrarse en la sociedad italiana son muchas: «El 55 % de los entrevistados cree que la mayor parte de los musulmanes quiere vivir en Italia manteniendo su identidad musulmana, aunque admitan la ley italiana; mientras, el 27 % de los italianos está convencido de que el objetivo principal del musulmán es vivir en Italia siguiendo sus propias leyes separadamente».
En la introducción al informe, la diputada Giorgia Meloni, líder de Hermanos de Italia, escribe que «si es necesaria una cierta cuota de inmigración, se debe favorecer a quien tiene orígenes italianos o europeos, o bien la que procede de Estados que han demostrado que no crean problemas de integración o de seguridad».

«El islam es incompatible con Occidente»

Desde luego, la cuestión de la integración de los musulmanes es un largo debate en Italia y perdurará. Muy escéptico se mostró siempre el profesor Giovanni Sartori, uno de los mayores expertos en ciencia política, con prestigio internacional, reconocido con el premio Príncipe de Asturias: «El Islam es incompatible con Occidente. Sus regímenes son teocracias que se fundan en la voluntad de Alá, mientras que en Occidente se basan en la democracia, en la soberanía popular». A Sartori le gustaba recordar lo que ocurre en los países europeos: «Los musulmanes de tercera generación no solo no se han integrado, sino que son los más rebeldes. Odian a Occidente porque no tienen trabajo y muchos se sienten atraídos por el islam fanático».

En su último libro «La carrera hacia ningún lugar», Giovanni Sartori explicaba por qué la integración de musulmanes en sociedades no islámicas no se ha logrado: «El islam no tiene capacidad de evolución», como se puede ver, por ejemplo, en la India, «donde hay 14 millones de musulmanes, muy pobres y maltratados, que después de mil años, resisten sin integrase, enemigos eternos de los hindúes». «Esta experiencia ejemplar –concluía Sartori- debería ser estudiada por nuestros izquierdistas y contrasta con el facilismo con el que nosotros hablamos de integración».

(Fuente: ABC)

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