Internacional
La diplomacia occidental consiste en implorar a los terroristas talibanes, blasonando de la más repugnante cobardía
«Lo que hemos visto esta semana en Afganistán representa un punto de inflexión en el declive de Occidente», escribió Ayaan Hirsi Ali el pasado día 18. «América se preocupa más por los pronombres que por el destino de las mujeres afganas».
«El Gobierno afgano debería reunirse con el Talibán y llegar a un acuerdo inclusivo». Aun antes de que Afganistán cayera en manos de los talibanes, el intrépido responsable de la política exterior de la UE, Josep Borrell, ya estaba implorando a los afganos que llegaran a un acuerdo con los islamistas.
Borrell advirtió de que el Talibán se expondría al no reconocimiento, el aislamiento y la falta de apoyo internacionales, así como a la perspectiva de que el conflicto y la inestabilidad continuaran en Afganistán, si tomara el poder por la fuerza y restableciera un emirato islámico.
El Reino Unido, cada vez menos churchilliano, anunció que «trabajará con el Talibán si recupera el poder», tal y como informó el secretario de Estado para la Defensa, Ben Wallace, al Telegraph.En cuanto a los Estados Unidos, desde la Administración Biden llegó una petición extraña, según el New York Times. Por si no hubieran sido suficientemente humillados, funcionarios norteamericanos trataron de obtener garantías del Talibán de que no atacaría la embajada estadounidense en Kabul. A cambio, recibiría ayuda. El embajador Zalmay Jalilzad, representante especial norteamericano para la Reconciliación Afgana, «espera convencer a los líderes talibanes de que la embajada debe permanecer segura, si es que el grupo espera recibir ayuda financiera y de otro tipo por parte de EEUU para un futuro Gobierno afgano».
En el día en que el imperialismo liberal-neocon ha sido derrotado de una vez por todas, los pensamientos del DiEM25 [movimiento político paneuropeo promovido por el propio Varufakis] están con las mujeres de Afganistán. Nuestra solidaridad probablemente represente poco para ellas, pero es lo que podemos ofrecer por ahora. ¡Hermanas, resistan!
Un portavoz del Ministerio de Defensa alemán comentó, a cuenta de la responsabilidad de evacuar al personal afgano: «No les obligamos a colaborar con nosotros».Quizá sea este el colmo de la depravación moral. El más honesto fue Kick Kay, exembajador británico en Kabul, que confesó a la BBC: «Me muero de la vergüenza».
¡Occidentales, resistan!
Por Giulio Meotti
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
