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Opinión

La exhumación de Franco es un delito de odio

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La sentencia del supremo va más allá de analizar la urgencia del Decreto Ley, autoriza la exhumación y para mayor despropósito indica el lugar donde Francisco Franco debe enterrarse y aún más, para un mayor disparare el fallo regula la licencia de obra, manifestando que no es necesaria para sacar los restos de Franco.

Si nos atenemos a la regulación que el Código Penal sobre los delitos de odio, la exhumación de los restos de Francisco Franco, encaja en los elementos objetivos y subjetivos de ese delito.

Ya desde el Gobierno de Zapatero con su Ley de Memoria Histórica, hasta el Decreto-Ley del Gobierno de Pedro Sánchez ejecutando torticeramente el mandato de la Ley de la Memoria Histórica y haciendo cumplir una sentencia del Tribunal Supremo ponen de relieve ese odio a Francisco Franco y al franquismo.

A través de los medios de comunicación se ha ido lapidando y criminalizando a Francisco Franco y al franquismo.

Eso es lisa y llanamente un delito de odio.

Concatenando con el delito de odio, se ha producido la vulneración del principio constitucional de seguridad jurídica y con ello se han cargado el Estado de Derecho.

La Ley de Memoria Histórica, vulnera las leyes de amnistías, la Ley de Memoria Histórica, vulnera una transición (calificada de ejemplar) que dio origen a la actual Constitución.

El Decreto-Ley, vulnera los principios esenciales de esta figura, de urgente necesidad, después de cuarenta años.

La sentencia del supremo va más allá de analizar la urgencia del Decreto Ley, autoriza la exhumación y para mayor despropósito indica el lugar donde Francisco Franco debe enterrarse y aún más, para un mayor disparare el fallo regula la licencia de obra, manifestando que no es necesaria para sacar los restos de Franco.

Ni el concordato con la Santa Sede, ni la inviolabilidad de una Basílica, ni los derechos constitucionales de una familia se han respetado.

Es un escándalo de tal magnitud que quedará para la historia de España, el comportamiento miserable e ilegal de unos políticos que aprobaron una ley, vulnerando el principio de seguridad jurídica, de unos gobiernos movidos por el odio, distinto de la reparación, y de un Tribunal Supremo plegado al gobierno de turno y a la presión mediática de criminalizar a Franco y al franquismo.

Mención aparte merece el comportamiento de una Iglesia, que para no perder sus privilegios, ha actuado con una tibieza sin límites, traicionando a su protector, vendiendo su alma al diablo.

Un país que tergiversa la historia y que se mueve por el odio y que no respeta a los muertos ni el estado de derecho, está abocado a su destrucción.

La sentencia demuestra el nivel político y no jurídico de los Magistrados del Supremo.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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