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Opinión

La falsa abnegación o el suicidio colectivo de Occidente

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Un capellán norteamericano afirmaba hace casi ochenta años en una revista militar, Military Review, fruto de su experiencia personal en el servicio castrense, de que las actividades religiosas constituyen en el cuartel y en el campo el mejor preventivo contra los trastornos psiconeuróticos.

Al releer las diferencias que existen entre subordinación y abnegación, no puedo hacer otra cosa que recordar que la abnegación es también una virtud militar y consiste en la renuncia que hace uno de sus pasiones, de su voluntad, ideas, gustos y hasta de su vida en defensa de la patria. Durante mucho tiempo fueron habituales a los españoles no pocos de sus rasgos característicos entre los que Valdecasas señala “su impasible resistencia al dolor y el aguante callado del sufrimiento, las pesadumbres o las privaciones”, en base a unas creencias cristianas que se propagaron por todo el Imperio español, influyendo en el devenir de la civilización occidental porque “los hombres que disponen de su vida influyen en los acontecimientos”.

Pero, de cualquier modo, la abnegación es muy habitual y menos penosa para quien se aparece como una cruz más pesada que la del martirio.

La vida militar ajena a toda práctica de culto o de devoción, ofrece probablemente un flanco descubierto. Sin embargo, se equivocan aquellos al suponer que sólo reside, la abnegación, en el Ejército como queda demostrado en las reacciones de la sociedad occidental, no de los políticos, ante los atentados que estamos sufriendo por parte de unos “creyentes en la batalla final”, en la que las banderas del islam ondearían en la sede del Vaticano.

Creo que la virtud de la abnegación es la que Marañón adjudicaba al “investigador raído y al escritor famélico y al maestro sin categoría social” al decir de ellos que son “en realidad y ante la historia la verdadera aristocracia de la tierra”. Marañón se olvidaba entonces del militar; y, sin embargo, es evidente que se puede ser un buen médico, un primoroso escritor y un extremado maestro sin barrunto siquiera de abnegación. Pero la profesión militar y la profesión religiosa implican ineludiblemente una íntima vocación de abnegación y de heroísmo si han de vivir con dignidad en sus reglas. Fuera de ellas la abnegación viene impuesta por su carácter de consejo evangélico, y es precepto religioso que obliga, en ocasiones, sin excusa de riesgo y con la sola eximente de la absoluta imposibilidad, razones tan poco frecuentes y, tan módicas las exigencias de la sociedad en este punto, que, de hecho, se pueden servir todos los demás oficios y profesiones sin que la ausencia de tal virtud reste eficacia a la obra.

Comparar la abnegación en el culto islámico con el culto cristiano es caer en el desengaño y la tragedia que es consecuencia de la errada vocación, capacidad que tiene el hombre de crear a la larga el amor, tan sólo con el material de la convivencia que les hemos ofrecido y de la buena voluntad que hemos demostrado de alcanzarla.

En contra de lo que se postula en la Alianza para las Civilizaciones, me viene al recuerdo el nombre que recibe una teoría acerca de las relaciones internacionales, “El choque de civilizaciones”. Tal como se conoce hoy en día, fue formulada en un artículo de Samuel Huntington publicado en la revista estadounidense Foreign Affairs en 1993, y transformado posteriormente en un libro en 1996.

Con fundamento en la distribución de las grandes religiones describe la existencia actual de nueve civilizaciones: subsahariana, latino americana, sínica, hindú, budista, nipona, occidental, ortodoxa e islámica.

Para él, durante la guerra fría los países se relacionaban con las dos superpotencias como aliados, satélites, clientes, neutrales o no alineados, sin embargo, después de la guerra fría Huntington pensaba que los países se relacionarían como Estados miembro de cada civilización, como estados centrales, países aislados, países escindidos o países desgarrados. ¿Les suena esto de algo? Para Huntington las relaciones entre civilizaciones variarían normalmente de lo distante a lo violento, situándose la mayoría de las veces entre ambos extremos, siendo la confianza y la amistad raras, como sucede en los tiempos actuales y ejemplarizada en la guerra abierta que mantiene la civilización islámica con la occidental y la ortodoxa; no digamos ya, como ejemplo, que el islam está prohibido en la civilización nipona.

La abnegación, en contra de lo que se postula en la actualidad por la civilización occidental, no exige una abdicación de la inteligencia; antes pide su ejercicio para henchir las funciones, aparentemente vanas, de un contenido eficaz. Tampoco requiere una ascética renunciación total; no excluye el deseo de la ajena estimación, que es noble inclinación natural, cuyo útil ejercicio es de necesidad para el que sirve a la patria ya sea en la milicia o fuera de ella. Porque le falta su socorro, la sociedad occidental, padece con tanta intensidad la amargura de su propia incapacidad para luchar contra aquellos que se han armado moralmente en otras civilizaciones, que hoy, derrama acritud exhibiendo la aridez de un ideario lastimado.

Y es que al que se deja ganar por la ambición como es el caso de los responsables de mantener pura la civilización occidental, arguyendo falsa humanidad, se le da poco de la utilidad general, o del escolástico bien común, y pone en lo más alto de sus preocupaciones lo que estima su bien particular, que, en muchos casos, sólo es su inmediato bien personal, tocado con “un distintivo de amor propio que afrenta sus deseos”.

No, no es abnegación lo que nos muestran nuestros dirigentes en la civilización occidental. Hay un sentido de la medida que es compañero constante de la abnegación. “El hidalgo, como el gentleman-escribe Valdecasas- huye de todo lo que puede trascender a vanidad. Hay en ellos un temple que les lleva a rechazar no sólo los honores que parezcan excesivos para la propia misión dentro de la vida social, sino hasta cualidades que acusarían con relieve excesivo la propia personalidad”.

La dejación de nuestros dirigentes, aparentemente desinteresada, de derechos, puede ser en el fondo un censurable incumplimiento de deberes que, si no exigimos, nos llevará al suicidio colectivo.

*Teniente coronel de Infantería y doctor por la Universidad de Salamanca

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Cutre sanchismo bolivariano, corrupto y caprichoso. Por Jesús Salamanca Alonso

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«Esa penetración en las instituciones se ha hecho de forma cutre, rácana y con intención de engorde de bolsillos, a pesar del desprestigio que ello supone…»

 

Ya no lo pueden ocultar. Se les ha visto enseguida el pelo de la dehesa y han mostrado un alto grado de chulería, bandolerismo e inusual acomodo sin importarles la ciudadanía. Con muy mala fe y peores intenciones, el sanchismo de bragueta caliente ha penetrado en las instituciones como elefante en cacharrería. Y lo han hecho con la colaboración y aquiescencia de esos pequeños partidos asalvajados, sin perspectiva, sin futuro y con miedo a quedar fuera del parlamento; me refiero a los socios del sanchismo, hoy corrompido por los cuatro costados, sin nada que ofrecer y mucho que penar por sus desmanes, presuntos delitos, comisiones ilegales, mordidas brutales, enriquecimiento ilícito, contrabando de joyas y cuentas opacas entre otras gracietas. Ayer decíamos que «el que paga por llegar, llega para robar». Y así ha sido. ¿Ha cambiado algo de ayer a hoy?

Esa penetración en las instituciones se ha hecho de forma cutre, rácana y con intención de engorde de bolsillos, a pesar del desprestigio que ello supone, el riesgo de ser juzgado y la garantía de ser un pasante más de centro penitenciario. Solo apreciaremos una brisa de esperanza cuando el castigo de la prisión acoja a los comisionistas, golpistas, francotiradores del deshonor, corruptos, titulares de «offshore» y abusadores aprovechados del Erario Público. Tranquilos que en Hacienda también se refugian algunos, como se ha podido comprobar. ¿Acaso creen que la cúpula del ministerio de Hacienda, recién dimitida, ha dado el paso por deporte? «Átate los machos, María Jesús, que empiezan a sonar esquilas, vociferar denunciantes y llegar documentación a quien debe basarse en ella y después condenar».

La situación política de corruptos, acosadores y jueces responsables se pone interesante. No hay más que fijarse en la judicialización del sobre de Víctor de Aldama. En este sentido, Donald Trump se ha comprometido a que, de no decir la verdad la «cacatúa» venezolana, acabará en prisión. Pero ha ido más lejos el «amenazador» presidente, de ahí que haya comprometido su palabra. Antes o después, y tras ser buenos amigos, Aldama y Delcy han acabado como el rosario de la Aurora. Para quien no lo sepa, o no lo recuerde, Delcy Rodr´guez ha sido la primera responsable de asesinatos, abundante narcotráfico, procuradora de presuntas riquezas con destino a Rodríguez Zapatero y ha saqueado el petróleo venezolano para dárselo a Cuba, lo que ha supuesto un incontable enriquecimiento para ella. Con ese petróleo no se podía traficar.

Me gustaría saber qué ha tenido que ver Delcy Rodríguez en la muerte de Paco Suárez. Tal vez, todo. No lo puede negar. Quizá nada tuvo que ver Zapatero. Yo no le creo capaz, pero no pongo la mano por un sanchista ni para colgar su abrigo. Están empezando a recoger lo que han sembrado. La delincuencia sanchista me agobia, delinquen más deprisa de lo que puedo abarcar. Hoy me entero que PDVSA estaba defendida por Baltasar Garzón; conste que lo cuenta el «Pollo» Carvajal, el mismo que acusa a Garzón de haberse «llevado mucho dinero», pero ni da pruebas ni lo aclara ni lo explica, ¿será que esa información no me ha llegado o es que tira la piedra y disimula la mano?

Tras las fechorías de Delcy, se nota que ha ganado en inseguridad sobre su persona. ¿Venían las «joyas de Nefertiti» en alguna de las cuarenta maletas del aeropuerto? Ha demostrado que colaboró con el PSOE a tiempo total, desde callar trapacerías hasta ocultar las mentiras que se han dicho sobre la falsa liberación de presos por parte de Zapatero y el episodio de Edmundo González, pasando por la posible entrega de mina de otro y joyas sin controlar tras expropiarlas, al menos es lo que cuenta el «Pollo», que más tiene de gallo que de cobardica. Eso, sí, el expresidente, Rodríguez Zapatero, que no vuelva a hablar de liberación de presos bolivarianos porque no lo ha hecho.

Esa falsa liberación y sus amenazas a presos del helicoide, tan solo son palabras vacías del ministro Albares para tapar su propia inutilidad en el exterior. No coincide lo dicho por el «joyero» Zapatero con lo que cuentan los presos y la ciudadanía venezolana. Al «Zapa», como le llaman en Caracas, le consideran una de las personas que más ha colaborado con el régimen y más daño ha hecho a los venezolanos, de ahí su miedo a que hablen Corina Machado, Trump, Edmundo González, Diosdado Cabello y el «Pollo» Carvajal. Ya solo le falta decir a Rodríguez Zapatero que el helicoide y la tumba eran un «resort», un invento de la oposición y un chiringuito financiero para los presos políticos, con ahorro obligatorio.

¿De dónde venía el dinero de las comisiones y mordidas de Rodríguez Zapatero y sus hijas? Canta, canta, José Luis, que te va a arder la lengua. Se habla de unos trabajos, llevados a cabo por las «góticas», que no tenían el valor de lo que ingresaban. ¿Y pensaba ZP que no se iban a investigar esas cantidades astronómicas? Todos sanchistas y «zapateristas» nos toman por imbéciles hasta que alguien los orina en la oreja para que crean que llueve. José Luis estaba convencido que nadie le metería mano por haber sido presidente. Demostraba ser un chulo de estantería, sin más, como Patxi López ante las preguntas del considerado y profesional de la comunicación, Vito Quiles.

A la vista de lo sucedido, estamos ante un mentiroso compulsivo y lo hemos visto en el tema de las joyas: ha dado varias versiones diferentes y difíciles de creer. Es tan torpe que, con tal de que nos creamos sus inventados relatos, lo mismos le da planchar huevos que freír corbatas o arrastrar catedrales. Si bien es tan chapucero y mentiroso como Sánchez, también es falso, corrupto y zángano, además de irresponsable. ¿A quién se le ocurre pringar a sus hijas en su trama, sabiendo que pueden acabar en prisión como él? El tiempo dará fe de cuanto digo. De momento, la doy yo. Al «Bambi» se le ha caído el sombrajo. Hoy tiene menos credibilidad que la directora general de la Guardia Civil, el DAO y la fiscalía general del Estado juntos.

¿Tendrá Zapatero la hombría, categoría moral y dignidad de renunciar al doctorado que la Universidad de León (ULE) le regalo por desconocimiento de sus fechorías y abusos posteriores? ¿Qué mérito y merecimiento tenía este señor? ¿Tendrá dignidad Fernández Mañueco para exigir a la ULE que le retire el doctorado?

Supongo que algo tendrá que decir la Junta de Castilla y León de este caso y de las acusaciones de corrupción al todavía presunto, y tal vez futuro imputado por la UCO, exalcalde soriano.

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