España
La hipótesis del centésimo mono (y 2): cómo se aborta una reacción española en cadena
Por Laureano Benítez Grande-Caballero.- El neutrón se dirigió veloz hacia el átomo de uranio 235, y, con una sola embestida, lo dividió en dos, transformándolo en uranio 236, el cual, muy inestable, se descompuso, generando un átomo de bario 144, y otro de criptón 89… y, además, otros tres neutrones, que, como veloces espermatozoides atómicos, buscaron ávidamente otros núcleos que bombardear y partir, para producir una reacción en cadena apocalíptica, una bomba megatónica capaz de arrasar al mismísimo Tártaro… a no ser, claro, que solo se deje vivo uno de esos tres neutrones, absorbiéndose los otros dos mediante barras de control hechas de boro o cadmio. Esta eliminación de neutrones es lo que impide la fatal reacción en cadena descontrolada, la consecución de la masa crítica.
En el artículo anterior sobre el tema de cómo se puede formar la masa crítica para que se desarrolle una rebelión de las masas http://www.alertadigital.com/2019/12/29/la-hipotesis-del-centesimo-mono-1-puede-espana-llegar-a-alcanzar-su-masa-critica/, expusimos la teoría del «centésimo mono», la cual guarda un evidente paralelismo con el fenómeno físico de la reacción en cadena, pues con él podemos metaforizar el proceso por el cual los pueblos pasan a la acción con el fin de oponerse a los sistemas que les oprimen. De este modo, podríamos hablar incluso de la hipótesis del «centésimo neutrón».
Es fácil de explicar: tenemos unos neutrones rojigualdas cabreados, hartos, indignados con la inmundicia luciferina de la dictacracia española; son pocos, pero suficientes para dirigirse veloces contra una institución cualquiera de la putrecracia española… estos neutrones patrios son capaces incluso de romper esa institución, esa ley, esa medida tiránica, incluso de esta ruptura pueden emanar otros neutrones dotados de velocidad y precisión, capaces de romper otras instituciones, otras corruptelas, otros abusos de la casta impresentables de los politicastros…
Pero, oh mis amigos, hete aquí que un gobierno superlobotomizador, sabiendo que esos neutrones ―previamente españolizados― iban a cañonear sin piedad las instituciones megacorrompidas, y su reacción en cadena haría estallar en mil pedazos la putidemocracia que el globalismo nos endosó en el 76, elimina esos neutrones libres que se dirigían como kamikazes contra el sistema, y la previsible rebelión, la explosión atómica, degenera en petardito, en azucarillos y aguardiente, en agua de borrajas, en fuegos de artificio, en protesta de fogueo… y, entonces, vuelta a Netflix, a los goles, a las patatas bravas: Hu-Hu…
La clave está en las barras de control encargadas de eliminar los amenazadores neutrones patrióticos, y en el agua pesada que los enlentece. Este mecanismo de ingeniería social con que el sistema globalista aborta la masa crítica de la rebelión en cadena es también sencillo de exponer: consiste en dividir, pero no el átomo, sino los mismos neutrones, para que jamás tengan el poder suficiente para hacer tambalearse las estructuras del poder.
Porque el globalismo rampante y atosigante, el globalismo nauseabundo que impera en la España orweliana ―y en todo Occidente― tiene como estrategia de combate predilecta la división de la sociedad en grupos enfrentados, en bandos irreconciliables, que, ocupados como están por vencer a sus adversarios, por levantar barricadas contra sus presuntos enemigos, son incapaces de unirse para marchar contra el sistema como un solo hombre. De esta forma, pierden de vista que todos tienen un enemigo común, que es precisamente quien crea esas fronteras artificiales en los grupos humanos. El corolario final de esta estrategia es que apenas consiguen quedar en combate algunos neutrones libres, y éstos, además, no tienen la suficiente energía para asaltar ninguna muralla atómica.
Solve et coagula ―disolver y coagular― reza el principio fundamental de la alquimia, y curiosamente ―por no decir otra cosa― estas dos palabras aparecen en la representación de Baphomet, figura mediante la cual se muestra al mismísimo Satanás, el cual, en su apariencia de macho cabrío hermafrodita, lleva escrita la palabra Solve en el brazo derecho ―que señala hacia arriba―, y la palabra Coagula en el descendente brazo izquierdo. Estas dos palabras quieren manifestar que algo debe ser primero descompuesto o destruido para poder luego poder componer o construir algo nuevo. ¿Qué se quiere descomponer?: la civilización cristiana occidental, vertebrada en estados-Nación; ¿qué se quiere construir?: pues el Nuevo Orden Mundial, totalmente luciferino.
De ahí la insufrible pestilencia de Europa, y mucho más de España, pues en nuestros pagos huele a muerto mucho más que en otros lados ―Holanda y Suecia son cadáveres ya, pero al menos no tienen a los carroñeros bolivarianos al frente―.
¿Cómo se opera esta descomposición, esta anulación de los centésimos monos y los centésimos neutrones capaces de desmantelar tanta carroña insoportable? ¿Cómo se nos divide, para imposibilitar la consecución de la masa crítica necesaria para la rebelión en cadena? ¿Cuáles son esos grupos sociales a los que se hace combatir unos contra otros en guerras artificiales?: heteros contra homos, mujeres contra hombres, animales contra humanos, veganos contra carnívoros, bicicletas contra coches, rojos contra azules, izquierda contra derecha, milicianos contra patriotas, ecologistas contra todos, Barcelona contra Real Madrid…
Divididos, enfrentados, agarrados a estandartes varios, canturreando las consignas del NOM, las banderías por él creadas para descomponer la sociedad tienen como fin sembrar el Kaos, inundar las sociedades de confusión, de desorden, para que las masas aborregadas, con tal de superar tanto desconcierto, con el fin de salir de este laberinto de anarquía, clamen por el Gobierno Mundial, y por su profeta, que no es otro que el Anticristo.
Porque junto a la búsqueda e incitación de los conflictos bélicos, el programa mundialista también contiene una estrategia diseñada para manipular y controlar a las sociedades, socavando sus valores y principios para desmoronarlas desde dentro mismo del sistema, fomentando su corrupción y depravación. Como decía Adam Weishaupt, ―el fundador de los Illuminati― «una vez que la sociedad esté depravada con lo superficial, los humanos perderán toda su fe».
Como dijo un destacado miembro del mundialismo perteneciente al Club Bilderberg, «La destrucción creativa es nuestro segundo nombre, tanto en nuestra propia sociedad como en el exterior. Destruimos el viejo orden todos los días, desde los negocios hasta la ciencia, la literatura, el arte, la arquitectura, el cine, la política y el derecho […] Deben atacarnos para sobrevivir, del mismo modo que nosotros debemos destruirlos para desarrollar nuestra misión histórica».
Esta «destrucción creativa«, basada en la creación de conflictos en el seno de la sociedad para minarla interiormente, tiene como clave de bóveda el fomento de un «espíritu de belicosidad», estrategia diseñada por Edward Bernays, sobrino de Freud, considerado como el padre de la actual Ingeniería Social utilizada como herramienta por el NOM ―eufemísticamente llamada “Relaciones Públicas”, para disminuir su carga totalitaria―.
Como resultado de esta despiadada ingeniería social, tenemos a un pueblo antaño gallardo y valeroso, corajudo y valiente, convertido en un rebaño amorfo de corderitos que votan a sus verdugos, a quienes les prometieron subir los impuestos para mantener opíparamente a sus enchufados, a quienes dijeron que iban a pactar con los golpistas, a quienes dejaron entrever claramente que nos quitarían derechos y libertades fundamentales, a defraudadores fiscales, a espekuladores con pisos VPO, a plagiadores de tesis, a tiorras perturbadas de implacable menopausia, a leninitos amarquesados, a ineptos chupópteros, a profanadores de cadáveres, a mentirosos compulsivos, a corruptos cum laude, a antipatriotas, a correveidiles de Soros, a abrazaotegis… ¿para qué seguir?
Y en esas estamos, españolitos de petanca y pandereta, de calamares y cervecita, de golitos y salvamés… Pero, ojo, mucho ojo, porque luego irán a por usted, pero ya será tarde, y lloraremos como mujeres lo que no quisimos defender como hombres… como españoles.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
