España
La nueva fiscal general del Estado le dijo a Villarejo que vio a «tíos del Supremo y la Fiscalía con menores» en Colombia
Dolores Delgado será la nueva fiscal general del Estado a propuesta de Pedro Sánchez. Su nombramiento no está exento de polémica, no sólo porque pase de ser ministra de Justicia a fiscal general del Estado, sino porque tras acceder al ministerio se enfrentó al escándalo de las grabaciones del ex comisario Villarejo.
La entonces fiscal contó cómo vio a «una serie de jueces y fiscales españoles con menores de edad» en un viaje de trabajo a Cartagena de Indias (Colombia).
Baltasar Garzón es quién da pie a la conversación, contando una anécdota que le ocurrió en esa ciudad colombiana. Comenta que en varios de sus viajes compró camisetas en la antigua aduana, y que en su última visita uno de los comerciantes le reconoció: «Hombre, otra vez por aquí señor Garzón».
Esta historia sin importancia lleva la conversación hasta otros asuntos más turbios. Dolores Delgado interviene en este momento decidida a contar una historia que vivió en persona:
Delgado: “Tenemos un viaje a Cartagena de Indias y vamos una magistrada de la Audiencia Nacional…”.
Comisario: “¿Hicisteis algo?”
Delgado: “No… calla, calla. De chicas iba la magistrada esa y yo. Luego íbamos con una serie de gente del Supremo, de no sé qué y de tal… de la Fiscalía General, catedráticos, pitos y flautas”.
Según moncloa.com, la ministra de Justicia se está refiriendo al Programa Aula Iberoamericana, un foro de formación e intercambio dirigido a jueces y magistrados de toda Iberoamérica.
Los miembros de la delegación judicial española, según Delgado, se dedicaron a evitar a las únicas dos mujeres del grupo y rechazaron salir con ellas.
Delgado: “Y estos tíos, ‘missing’ en combate. Y vamos nosotras dos, y ‘solicas’, y me decía esta vámonos a comprar esmeraldas y bueno, si tú quieres, vamos y tal y cual. Intentamos quedar con ellos y nos decían que no. Nos vamos a cenar, ella y yo solas, palabra de honor, y nos vamos a tomar mojitos allí a un sitio que nos dicen que vayamos. Y nos vamos allí las dos. Estamos ‘sentadicas’ las dos solas y cuál es nuestra sorpresa cuando vemos al grupo de tíos del Supremo, de la Fiscalía General…”
Comisario: “Con 17 años, eh…”
Delgado: “¡Menores de edad! Se levantaron a toda pastilla cuando nos vieron, empezaron con el agobio de que nos habían visto”.
Comisario: “Nosotros, lo primero que preguntamos es si votan. Y si votan…tras”
Delgado: “Y las explicaciones: camareras del hotel que nos han dado pena y han venido y no se qué”.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
