Opinión
La izquierda en descomposición. Por Teodoro León Gross

Después de morir más de cien mil almas con una de las peores cifras planetarias de la pandemia, de dos estados de alarma inconstitucionales, después de servir en bandeja el Sáhara a Marruecos renunciando a una de sus últimas fronteras morales, después de meses con las mayores facturas de electricidad en los hogares españoles sin estrategia para las familias vulnerables, después de la mayor matanza de inmigrantes en la frontera de España con imágenes que avergüenzan al mundo, después de sumarse a una guerra y aumentar el gasto militar, después de contribuir a que etarras vuelvan a las calles vascas a cambio de un presupuesto y además mercadear con el Código Penal poniendo muy barato que se repita el 1-O al redefinir los tipos penales a la medida de los intereses delictivos, después de provocar la rebaja de condenas a agresores sexuales… La mayor protesta en España la ha promovido un sindicato médico en Madrid contra la política sanitaria entre gritos de asesina a la presidenta madrileña. Ayuso es el No a la guerra de esta generación. Tal vez dé para una gala de los Goya, pero este suerte de autorretrato de la izquierda delata un desmoronamiento irreparable. Detrás de la devaluada etiqueta progresista queda una maquinaria de poder capaz de disfrazarse con cualquiera de las máscaras morales que retrata Edu Galán en su último ensayo, pero es una izquierda en descomposición.
Y hay y habrá más.
En una democracia no ya sobresaliente sino incluso defectuosa –retroceso experimentado por España en el ranking de referencia de The Economist bajo el Gobierno Sánchez– difícilmente no dimitiría una ministra que, después de haber desoído numerosos informes al hacer una ley fallida, promoviera una norma que rebajase condenas de agresores sexuales tras haber negado que pudiera suceder lo que sí ha sucedido. Sí es sí. Irene Montero garantizó a los ciudadanos que «no se conoce ni una sola reducción de pena, y no se van a conocer» para concluir que eso era «propaganda machista». Mintió o demostró una negligencia palmaria anteponiendo el impacto del eslogan epatante al rigor la técnica jurídica. Pero, con toda seguridad, en ninguna democracia se tragarían ataques al poder Judicial desde el poder Ejecutivo para justificar su fracaso: «Hay jueces que no están cumpliendo la ley» y la explicación una vez más es «machismo». La continuidad de Irene Montero en el cargo es imposible –repetir mil veces ¡machista! no conlleva un bonus de contador a cero– aunque se trate de un disparate inevitable porque Sánchez asume que no tiene funciones sobre los ministros de Iglesias después de subarrendarle un 25% del Gabinete.
«La podemización del sanchismo no tiene enmienda con Sánchez ahí»
El Gobierno, muy consciente del esperpento corrosivo, ha salido a afear esto a Irene Montero –tal cual, ¡a afear!, como si se tratara de recordarle las reglas de etiqueta en un club de golf– pero en el Gobierno no pueden soslayar que esas críticas gravísimas a los jueces han salido del propio Gobierno, por boca de una ministra y su secretaria de Estado asilvestrada clamando «¡es una vergüenza! Fórmense, señores jueces, fórmense». No se trata de un tuit montonero de Pablo Echenique sino una ministra y una secretaria de Estado, y por tanto sus palabras también representan a la parte socialista, porque el Gobierno es un órgano colegiado dirigido por el presidente, aunque ellos simulen ser hemisferios autónomos. Por demás, es un espejismo que en el Gobierno haya unos ministros zarrapastrosos bajo la etiqueta de Unidas Podemos a los que tienen que soportar los socialistas con malestar apesadumbrado. De hecho, los ataques al poder Judicial se han sucedido también con las siglas del PSOE, en particular después de declarar la inconstitucionalidad del estado de alarma, y esta misma semana han vuelto a calificar de «honrados y honestos» a los condenados a prisión por el escándalo de los ERES atribuyendo a «una cacería política» las condenas certificadas del Tribunal Supremo. Como sostiene Pablo Iglesias, y ahí sí con razón, en el PSOE se ponen estupendos con los jueces sólo hasta que efectivamente les toca. En ese punto se les acaban los escrúpulos.
La podemización del sanchismo no tiene enmienda con Sánchez ahí. Su mandato, entre otras señas de identidad, se reconocerá por legislar bárbaramente. No ya abusando del decreto ley o de las normas ómnibus de cajón de sastre para jugar a las muñecas rusas ocultando reformas vergonzantes, sino con proposiciones de ley obviando a los órganos consultivos bajo una ansiedad exprés cortoplacista, despreciando el apoyo de expertos… La perspectiva general es bananera, mientras el Gobierno despacha petulancia envenenando al sistema con la sombra constante del lawfare para sostener que el problema de España es un poder judicial facha, machista y, si se tercia, antidemocrático.
Este Gobierno, por supuesto, no se va a deshacer: PSOE y Unidas Podemos exprimirán el poder hasta el final, por más que entre los socios haya un desprecio mayúsculo y en la extrema izquierda se libre una guerra cada vez menos soterrada, y cada vez más descarnada, más allá de Iglesias y Yolanda Díaz. Pero no se están destruyendo… no es eso. Se están descomponiendo.
España
Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».
Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.
Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.
Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?
Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.
Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.
En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.
Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.
Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.
Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.
El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.
Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.






