Sucesos
La Mafia Judicial Española, o el nauseabundo caso de Kote Cabezudo. Por Mario Díez
La mafia es a los jueces españoles lo que una playa al verano. No se comprende lo uno sin lo otro. Que la judicatura española es un nido de mafiosos resulta ya de una evidencia tristemente indecente. Tan indecente como el conformismo ciudadano que lo perpetúa.
Esta semana nos desayunábamos con la noticia de un juez imputado por cobrar un soborno de 200.000 euros para condenar por prevaricación a otro juez, porque le resultaba incómodo al poder político y mediático. Y sí, lo condenaron. Y sí, lo apartaron de la judicatura. Hoy 25 años después se destapa aquel escándalo. Y es que la mafia viene de lejos.
Cuando Felipe González allá por 1985 modificó la Ley para que fueran los políticos quienes nombraran mayoritariamente a los Jueces del Consejo General del Poder Judicial, que a su vez elegirían a los Magistrados integrantes de los más altos Tribunales, sentó las bases de la mafia. Desde entonces vivimos en una mera apariencia de separación de poderes, con los altos magistrados arrodillados ante el poder político e incapaces de sacarse de la boca las pollas de quienes los ponen y los quitan.
¿Cómo no se les cae la cara de vergüenza cuando se habla de ellos en términos de progresistas o conservadores? La Justicia se idealiza con los ojos vendados y una balanza en equilibrio. Y aquí en España los miembros del Consejo General del Poder Judicial se etiquetan en función de si la polla que llevan en la boca es del PP (conservadores) o del PSOE (progresistas). Y no pasa nada…
La mafia judicial en torno a Kote Cabezudo
Viendo el calibre del proceder mafioso del Juez Bacigalupo untado hace 25 años por el poder mediático, ¿qué podían esperar las víctimas de Kote Cabezudo acreditadas las conexiones políticas y judiciales de su agresor? La principal herramienta que tiene en sus manos la mafia judicial es la prerrogativa de la interpretación de la Ley. Y créanme, cualquier juez sabe que puede retorcer a su antojo la Ley por vía de su interpretación a fin de dictar la resolución que más le convenga a él o a quien espera algo de él. Así procedió durante cinco largos años la Magistrada Ana Isabel Pérez Asenjo hasta que finalmente fue apartada de la Instrucción por no perseguir los delitos de Kote Cabezudo.
Lo que tenemos hoy es que el Magistrado Augusto Maeso Ventureira y las Magistradas María José Barbarín Urquiaga y Ana Isabel Moreno Galindo por vía de la interpretación de la Ley, dictaminan que una niña que con 16 años permanece inerte mientras es penetrada por Kote Cabezudo en el transcurso de una sesión fotográfica profesional, lo soportaba porque lo quería. Y dictaminan eso después de que conozcamos por boca de un testigo que su colega de la Audiencia Provincial la Magistrada Yolanda Domeño acudía a fiestas de adultos en casa de un importante político donde Kote Cabezudo llevaba chicas. Después de que conozcamos que Kote Cabezudo al marido de esta Magistrada le permitía ir a su estudio y observar escondido tras un biombo cómo perpetraba sus abusos. Después de conocer que incluso en ocasiones le dejaba participar de ello.
La interpretación de la Ley
Ya lo dijo Kote Cabezudo. Tengo a ertzainas. A militares. Tengo a presentadores de televisión. A políticos. Empresarios… No importa. Siempre nos quedarán los Jueces. Siempre cabrá la interpretación de la Ley.
La interpretación de la Ley, el martillo de la mafia judicial. Eso sí, hay interpretaciones que marcarán a los mafiosos por los siglos de los siglos. Y quedará la Justicia Poética. Quedará la dignidad de las víctimas. Y el conocimiento puro y duro de los hechos. Porque hay sentencias que solo sentencian a quienes las dictan.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
